San José, esposo de la Virgen María

19 de Marzo
 

 

2Sam 7,4.5a.12-14a.16: Profecía mesiánica de Natán.

Rom 4,13.16-18.22: La fe del patriarca Abrahán.
 

Mt 1,16.18-21.24a: Las dudas de José el justo. (O bien: Lc 2,41-51a: Jesús perdido y hallado en el templo).

 

PROYECCIÓN ECLESIAL DE SAN JOSÉ

B. Caballero
 

1. San José: vocación de servicio.

En el largo proceso de la salvación de Dios, que incluye la encarnación de su Palabra personal en la raza humana, las lecturas bíblicas de hoy destacan estos tres nombres, que son tres eslabones de la cadena:

1°. Abrahán, padre del pueblo de la antigua alianza y modelo perenne de creyentes (2° lect.).

2°. David, origen de una dinastía heredera de la promesa mesiánica, que culmina en Cristo (1 ° lect.).

3°. José, de la casa de David y esposo de María que es la madre virginal de Jesús (evang).
 

San José conecta linealmente con la dinastía mesiánica no sólo por razón del árbol genealógico sino, y sobre todo, por el dinamismo de la obediencia de su fe. Ésta le impulsa a aceptar una misión oscura, aunque fundamental en los planes de Dios sobre la salvación humana: ser el padre legal de Jesús, llamado Mesías e hijo de David. En los primeros pasos de su matrimonio con María, José es sometido a prueba por Dios, y él da una respuesta incondicional de fe, aceptando el designio divino sobre su propia persona, tal como se lo revela el ángel del Señor.

Es de lamentar lo poco que los evangelios nos dicen de san José; no obstante, es lo suficiente para definirlo como un hombre signo y misión. Su talla humana se agiganta desde la fe que lo animó. En el lenguaje bíblico decir de una persona que es "justo y bueno" es decirlo todo: justicia y santidad según Dios.

Absoluta honradez y rectitud, que en José de Nazaret se concretan en una serie de cualidades modélicas para el creyente de todo tiempo: Respeto ante el misterio de Dios, operado en María; fidelidad a toda prueba de un hombre que se fía de Dios; integridad y honradez silenciosas; vacío de sí mismo y laboriosidad sin protagonismos; y sobre todo, disponibilidad absoluta, fruto de la obediencia de su fe, para la vocación de servicio y la misión que el Señor le confía: ser el padre legal de Jesús, como esposo que era de María.

Todo esto crea el atractivo peculiar de la figura de san José, a pesar de no ser él esa clase de personas que no pueden faltar en una enciclopedia o anuario mundial, en un almanaque o índice onomástico "quién-es-quién", o en las nominaciones para un óscar de protagonista o famoso. Sin embargo, su figura silenciosa está arraigada muy profundamente en el pueblo cristiano, muchos de cuyos miembros llevan su propio nombre.
 

2. Los múltiples patronazgos de san José demuestran su relevancia eclesial, pues brotan de su condición de hombre signo y expresan su vocación de servicio a la misión confiada. Así, es tenido por patrono tanto de la Iglesia universal y de los seminarios donde se preparan los llamados al sacerdocio para el servicio del pueblo de Dios, como del amplio mundo del trabajo.

a) Patrono de la Iglesia. Así fue declarado por el papa Juan XXIII, recogiendo el sentir de la tradición eclesial. Ser patrono significa no sólo ser custodio y protector, sino también modelo y guía en el seguimiento de Cristo. Del mensaje de las lecturas bíblicas de hoy se desprende que si el patriarca Abrahán es padre y modelo de fe para todos los creyentes en Dios, como dice san Pablo, igualmente lo es san José para todo cristiano, para todo el que cree en Cristo y lo sigue.

Entre las múltiples razones por las que se le atribuyen a san José el patrocinio y ejemplaridad eclesial podemos apuntar éstas como más fundamentales:

1ª. Por ser cabeza de la Sagrada Familia, que fue la primera Iglesia doméstica.

2ª Su condición de esposo de María, la madre del Señor, y de padre legal de Jesús le confiere una paternidad espiritual que se prolonga sobre la Iglesia que Cristo fundó.

3ª La vocación de José de Nazaret se resume en su servicio al plan salvador de Dios, realizado en la persona y misión de Jesús; pues bien, esta misión de Cristo fue transmitida por él a la Iglesia. Así tiene ésta en san José un perfecto modelo de servicio a la misión.

b) Seminarios y vocaciones sacerdotales. En la perspectiva de la misión eclesial destacamos hoy la vocación y ministerio de los sacerdotes al servicio del pueblo fiel. Ellos son los dispensadores de los misterios de Dios a sus hermanos los hombres mediante la palabra, la solicitud pastoral y los sacramentos, entre los que tienen relieve especial la Eucaristía y la Reconciliación. Sacados de entre los hombres y del seno de la comunidad cristiana, Cristo configura a los sacerdotes a su propia persona y funciones mediante el sacramento del orden y el carisma del sacerdocio ministerial. Así participan y prolongan el sacerdocio de Cristo, quien se formó y creció en el seno de una familia de Nazaret como el primer seminario de la Iglesia.

Por eso la festividad de san José tiene una referencia a los seminarios y centros de formación de futuros sacerdotes y misioneros, pues éstos encuentran en san José un protector y un modelo de entrega a la obra de Cristo, que es el reino de Dios. La paternidad espiritual de san José y su castidad son ejemplo y estímulo para los sacerdotes que optan generosamente por una paternidad espiritual de los fieles, como vocación de amor a los hombres sus hermanos y como expresión de un seguimiento radicalmente evangélico de Cristo.

c) El mundo del trabajo. Finalmente la figura de san José, trabajando día a día al lado de María y de Jesús mismo, para el sustento de su familia, incide en la realidad cotidiana y universal de la actividad laboral en todas sus formas. El trabajo, tanto en su valor de realización personal como en su proyección social de servicio a la comunidad humana, tiene un signo válido y perenne en la figura ejemplares de san José, un hombre del mundo del trabajo. Su ejemplo ilumina la espiritualidad cristiana del trabajo al servicio del reino de Dios en la sociedad.

Te bendecimos, Padre, por la figura sublime de san José, patrono de la Iglesia, de los seminarios y del mundo del trabajo. Su ejemplo nos estimula en el seguimiento de Cristo Jesús.

Su fe a toda prueba, su vocación incondicional de servicio, su humildad, obediencia, fidelidad, honradez y laboriosidad, nos marcan el paso silencioso por el camino de la vida cristiana.

Concede, Señor, a tu Iglesia, continuar la misión de Jesús, bajo la protección de san José y siguiendo su modelo de acción. Suscita en tu pueblo muchas y buenas vocaciones sacerdotales. Y bendice la obra de nuestras manos, para que santifiquemos el trabajo de cada día al servicio de tu reino de paz y amor. Amén.

 

 


 

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