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La Acción Católica propone austeridad en la Primera Comunión
y la continuidad formativa
El Movimiento
Junior de Acción Católica en España pide que la Primera Comunión que celebran en
este período numerosos niños se viva «como un momento crucial de una pastoral
que debe tener continuidad» y recuerda que «la coherencia cristiana exige
una celebración alegre pero austera».
Así se expresa el movimiento, dedicado a la evangelización de la infancia.
Reflexiona sobre el momento en que los niños «dicen por primera vez sí a
Jesucristo participando de la comunión que nos hace ser uno con la Comunidad».
Pero la primera Eucaristía no significa un final, sino que «debe enmarcarse
en un proceso formativo continuo que posibilite la maduración progresiva de la
persona».
Y es que «enlaza, por una parte, con el Bautismo por el que fuimos
incorporados a la Iglesia y, por otra, con la futura Confirmación que nos afirma
como cristianos adultos para proclamar nuestra adhesión libre y responsable a la
fe en Jesucristo, en el seno de la comunidad eclesial», explica.
«Por eso consideramos muy importante que el proceso catequético y formativo
vivido por los niños y niñas tenga continuidad, favoreciendo el desarrollo
de una tarea que no finaliza, sino que debe enlazar con nuevas etapas que exigen
esfuerzo y creatividad pastoral para que las personas continúen su crecimiento».
Ello «supone un reto» «para las familias que asumen la responsabilidad
de educar a sus hijos en la fe cristiana y de convertir sus hogares en un
espacio catequético y evangelizador continuo».
Pero también «exige a la Iglesia, a través de la comunidad parroquial y de
diversas realidades pastorales, especialmente las que trabajan con la infancia,
una voluntad de continuar con esa labor educativa y evangelizadora».
Supone igualmente «para todos los cristianos en general, un compromiso serio
en la transmisión de valores como única forma de hacer vida las convicciones que
nos caracterizan como cristianos».
Por su parte «los niños y niñas deben descubrir que el sacramento de la
Eucaristía no es un momento puntual, sino un hito en un recorrido que nos
conduce a una fe más plena».
El movimiento recuerda a la comunidad eclesial y a la sociedad de que estamos
ante un «acto de profundo significado religioso más allá de otras
implicaciones que pueda traer consigo».
«Sin negar el carácter festivo de la primera Eucaristía, manifestamos que la
coherencia cristiana exige una celebración alegre --por sí misma “expresión de
la fe de toda la comunidad”-- pero austera, una fiesta donde el auténtico
regalo es la presencia de Jesucristo que nos hace hombres y mujeres nuevos más
allá de cualquier adorno tan frecuente en una sociedad altamente consumista
donde otros niños y niñas no tienen lo más básico para vivir», advierte.
Considera que «nuestra forma de vivir la primera Eucaristía es un modo de
testimoniar el sentido que la celebración tiene, denunciando cualquier intento
mercantilista de ciertos sectores sociales que buscan la oportunidad de hacer
negocio y en el que, incoherentemente, tantas veces participamos».
«Sólo desde un planteamiento coherente podemos ser fieles a Jesucristo y
prestar nuestro testimonio a una sociedad que sigue necesitando la presencia de
personas dispuestas a hacer de su vida un servicio».
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