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CELEBRACIÓN DE LA
CONFIRMACIÓN
I. RITOS
INICIALES
MONICIÓN INICIAL
Conviene dar comienzo con una monición que
ambiente lo que se va a celebrar. En ella es importante hacer:
-
Una referencia a la celebración litúrgica del día, cuando sea el
caso.
-
La mención al sacramento que se va a celebrar.
-
La mención también de quién presidirá la celebración y, en todo,
caso, del obispo cuando preside un presbítero.
Sugerencias:
a) Un grupo de chicos y
chicas de nuestra parroquia (de nuestras parroquias de...) recibirán
hoy el sacramento de la Confirmación de manos de nuestro obispo N.
(del obispo auxiliar de nuestra diócesis, N.) (del delegado de
nuestro obispo, el vicario episcopal N.).
b) El motivo de nuestro
encuentro es la celebración del sacramento de la Confirmación que...
chicos y chicas de nuestra(s) comunidad(es) recibirán de manos de
nuestro obispo N. (del obispo auxiliar de nuestra diócesis, N.) (del
delegado de nuestro obispo, el vicario episcopal N.)
c) Por eso celebramos con
alegría esta fiesta, presididos por nuestro obispo N. (el obispo
auxiliar de nuestra diócesis, N.) (el delegado de nuestro obispo, el
vicario episcopal N.).
CANTO DE ENTRADA Y PROCESIÓN
Las personas que van a ser confirmadas podrían
entrar formando parte de la procesión. También podría llevarse al
principio el recipiente con el santo crisma, que se coloca en un lugar
adecuado del presbiterio.
SALUDO DEL PRESIDENTE
PALABRAS DE SALUDO AL OBISPO (VICARIO)
Si se quiere, el presidente de la comunidad puede
dirigir unas palabras de saludo al obispo o a su delegado, pero
siempre muy breves y sin adelantar el mensaje de la palabra o aquello
que aparecerá en otras moniciones o momentos de la celebración.
ACTO PENITENCIAL
Se hace como en la misa. Parece recomendable que
se use la fórmula 3ª.
No hay que olvidar que la intención de esta
fórmula no es tanto pedir perdón por cosas concretas (Porque…: Señor,
ten piedad), sino la de alabar a Cristo, que es quien hace posible el
perdón (Tú, que…: Señor, ten piedad).
De su lectura se encarga el/la monitor/a de la
celebración.
Sugerencia:
Podrían los/las jóvenes
hacer una lista de aquello que han descubierto de Jesucristo durante
sus años de catequesis, y hacerlo aparecer aquí. Si son muchas las
menciones pueden agruparse en tres partes (conviene que no sean muy
extensas las menciones). Por ejemplo:
-
Tú, amigo de los pobres, cercano a quien
pecaba…: Señor, ten piedad.
-
Tú, que eres nuestra luz, nos has
transformado…: Cristo, ten piedad.
-
Tú, que estás siempre con nosotros, nos
enseñas a amar de verdad…: Señor, ten piedad.
También podría hacerse el rito de la aspersión del
agua, pero lo vamos a sugerir en un momento posterior.
GLORIA
Se puede cantar (recitar) siempre, salvo que las
rúbricas lo excluyan (eucaristía de los domingos de Adviento y
Cuaresma). Siendo éste un himno venerable y una de las más antiguas
piezas de la liturgia, la nueva Introducción del Misal excluye
expresamente la posibilidad de sustituirlo por otro canto de alabanza.
Sugerencia:
Puede cantarse por toda la
asamblea o a dos coros, también hay formas responsoriales, aunque
algunos entendidos es la forma que menos prefieren para este himno.
ORACIÓN COLECTA
En el misal existen unas oraciones propias para la
eucaristía de la confirmación (pp. 851-857). No obstante, conviene
recordar lo que dice la rúbrica de la pág. 847: «(La misa propia)
puede utilizarse cualquier día del año, fuera de los domingos de
Adviento, Cuaresma y Pascua, de las solemnidades, del Miércoles de
Ceniza y de la Semana Santa». En estos días los textos son los
propios del día.
Sugerencia:
Pueden seleccionarse de
entre las oraciones propuestas las que parezcan más adecuadas aunque
pertenezcan a formularios (A,B,C) diferentes.
II. LITURGIA DE
LA PALABRA
LECTURAS
Es el momento de la «palabra de Dios» y sólo de
ella. Es totalmente contrario al espíritu de este momento de la
celebración el incluir aquí la lectura de otros textos distintos a los
bíblicos.
En los días mencionados en la oración colecta, las
lecturas se toman de la misa del día. En los demás casos se toman del
leccionario para la confirmación. (Leccionario VIII).
Sugerencia:
Cuando las rúbricas
permiten elegir las lecturas, éstas pueden ser también otras que no
figuran en el leccionario del sacramento, pero que para el grupo
pueden tener resonancia especial.
No obstante, es bueno que
esos textos se busquen en los leccionarios oficiales y se lea la
versión de los mismos que aparece en ellos.
Si hubiese que leer una
lectura que no se encuentra exactamente en los leccionarios o para
evitar cambios de libros si se hacen en euskera y castellano,
conviene no olvidar que la palabra de Dios nunca se ha de leer desde
papeles, folletos, etc. En esos casos es mejor introducir
(“disimular”) la hoja en el libro y leer mostrando siempre el libro.
Las lecturas se proclaman siempre desde el ambón
de la palabra, lugar único en el templo y reservado sólo para esta
función.
No es conveniente que sean los mismos confirmandos
quienes hagan las lecturas. Ellos tienen otros cometidos. La palabra
de Dios va especialmente dirigida a quienes se confirman y deben
escucharla con atención.
Salvo en los días especiales mencionados arriba,
puede leerse una sola lectura antes del evangelio.
Hay que recordar que el Salmo responsorial también
es palabra de Dios y que no puede sustituirse con cualquier canto. No
será difícil encontrar una antífona que se pueda cantar o un salmo que
la comunidad conozca de memoria.
En cuanto a las moniciones, conviene no
multiplicarlas innecesariamente. Quizá sea posible una monición
general que introduzca a todas las lecturas. Hay que recordar que las
moniciones deben ser breves y no repetir lo que después dirá la
lectura.
Sugerencia: Monición
general a las lecturas
Comenzamos la lectura de
la Palabra de Dios. Las palabras de los apóstoles y los profetas,
las palabras de Jesucristo en el Evangelio, son siempre luz para
nosotros. Y por eso hoy, en esta fiesta, queremos prestarles
especial atención. Para que penetren dentro de nosotros, y nos hagan
vivir muy a fondo la vida nueva del Espíritu. Con fe, y en actitud
de oración, escuchemos la Palabra de Dios.
III. LITURGIA DEL
SACRAMENTO
PRESENTACIÓN DE QUIENES SE VAN A CONFIRMAR
Después de la lectura del evangelio, y antes de la
homilía del obispo, tiene lugar la presentación de los que van a ser
confirmados. Si el obispo, para administrar la Confirmación, debe
trasladarse a una sede distinta de la que ocupaba hasta ahora, el
traslado se realiza en este momento, antes de la presentación.
La presentación la hace uno de los responsables de
la catequesis (puede ser el mismo párroco, o un catequista). En cuanto
sea posible, será conveniente, aun en el caso de que sean muchos,
nombrar a todos/as los que se van a confirmar (si son de distintas
parroquias pueden nombrarse por bloques: de la parroquia N.N...; de la
parroquia NN...). Y, también en cuanto sea posible, quienes van a ser
confirmados subirán al presbiterio o se pondrán al pie del mismo,
acompañados de los padrinos y madrinas.
PALABRAS DE QUIENES SE CONFIRMAN
Después de la presentación, puede resultar
significativo que alguna de las personas que van a ser confirmadas
suba a explicar brevemente, en nombre de todos, lo que les mueve a
pedir este sacramento.
Las ideas que pueden aparecer en esta
“presentación de motivos” pueden ser: el camino realizado con el grupo
de catequesis y el interés con que se ha participado en él; el deseo
de confirmar una fe cristiana recibida en la edad infantil, en el
bautismo; lo que para ellos significa ser cristiano, en cuanto
adhesión personal a Jesucristo y en cuanto a trabajo, al servicio de
un mundo más digno y humano; el convencimiento de que sin la fuerza de
Dios (el Espíritu) no podemos hacer nada; el deseo de ser miembros
plenos de la comunidad de los creyentes.
Esta explicación de lo que para ellos significa la
Confirmación que reciben, puede hacerse también, como una especie de
“manifiesto”, antes de la despedida de la celebración.
HOMILÍA
RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES
Después de la homilía del presidente conviene
guardar unos instantes de silencio. A continuación, de pie, quienes se
han de confirmar renuevan sus promesas bautismales.
Sugerencia para el
comienzo de la renovación:
Al ser la Confirmación un
sacramento de la iniciación cristiana, conviene que el cirio pascual
esté encendido.
Quienes se confirman
podrían (recordando el bautismo) encender un cirio del cirio
pascual, o bien los padrinos y madrinas lo encienden y se lo pasan a
ellos. Con el cirio encendido renuevan sus promesas bautismales.
Esta renovación tiene dos partes: la renuncia al
mal y la profesión de fe.
La parte de la renuncia al mal admite la
posibilidad de adaptación sobre los formularios propuestos en el
Ritual. Puede hacerse con un texto que leen los/as jóvenes o por medio
de preguntas a las que responden. Si se usa la primera fórmula
conviene que alguien lea el texto desde un micrófono para que la
asamblea entienda lo que todos están leyendo a la vez.
En el apéndice del Ritual hay varias fórmulas que
pueden servir de modelo.
En cuanto a la segunda parte, todos los
formularios incluyen la misma fórmula. Es decir, la profesión de fe
sólo se debe hacer con las fórmulas aprobadas.
Durante el proceso de catequesis se deben explicar
a los jóvenes los artículos del Credo para que renueven
conscientemente su fe. Nada excluye que ellos mismos elaboren una
fórmula que se puede utilizar en una celebración de la palabra u
oracional antes de la Confirmación. Pero esto no es aplicable a la
celebración litúrgica.
Sugerencia:
La profesión de fe también
puede hacerse rezando todos los confirmandos el Credo, según la
fórmula breve preferentemente, si es ésta la que han trabajado
durante las catequesis.
Hay formularios que incluyen también algunas
preguntas dirigidas al compromiso que supone la recepción del
sacramento.
Sugerencia de
formulario adaptado:
¿Estáis dispuestos a
luchar contra el pecado que se manifiesta en el egoísmo; la envidia;
la venganza; la mentira; el pensar sólo en nosotros mismos; el
desinterés hacia los demás y especialmente hacia quienes sufren?
* Sí, estoy dispuesto/a.
¿Estáis dispuestos: a
perdonar cuando os hagan una injuria; a amar incluso a quienes no os
quieren bien; a ayudar a los que os necesiten, sean quienes sean; a
trabajar al servicio de un mundo más digno para todos sin
distinciones?
* Sí, estoy dispuesto/a.
¿Creéis en Dios, Padre
todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?
* Sí, creo.
¿Creéis en Jesucristo, su
único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió,
fue sepultado, resucitó de entre los muertos, y está sentado a la
derecha del Padre?
* Sí, creo.
¿Creéis en el Espíritu
Santo, Señor y dador de vida, que hoy os será comunicado de un modo
singular por el sacramento de la Confirmación, como fue dado a los
apóstoles el día de Pentecostés?
* Sí, creo.
¿Creéis en la santa
Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los
pecados, en la resurrección de los muertos, y en la vida eterna?
* Sí, creo.
Y, de acuerdo con el
Evangelio de Jesucristo, ¿queréis confiar en Dios en todas las
circunstancias de la vida?
* Sí, quiero.
¿Trataréis a todas las
personas como hermanos y hermanas vuestros, sin hacer distinciones
por razón de cultura, modo de pensar, raza o nivel económico?
* Sí, los trataré.
¿Queréis vivir como
Jesucristo vivió?
* Sí, quiero.
¿Trabajaréis para que
llegue a todos los seres humanos la vida y la salvación de Dios?
* Sí, trabajaré.
Ésta es nuestra fe. Ésta
es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar en Cristo
Jesús, Señor nuestro.
Después de la renovación toda la asamblea se pone
de pie y afirma esta fe por medio de un canto. Mientras tanto, el
presidente rocía con agua bendita a quienes se confirman y a toda la
asamblea.
Si se ha hecho el gesto de los cirios, los
confirmandos los apagan ahora.
IMPOSICIÓN DE MANOS
Para que este gesto se haga de manera
significativa conviene pensar bien el modo de realizarlo según el
número de quienes se confirman y las posibilidades del lugar.
Puede introducirse por medio de una breve
monición.
Sugerencia:
Después de la profesión de
fe, el obispo (el representante del obispo), repitiendo el mismo
gesto que usaban los apóstoles, va a imponer sus manos sobre estos
chicos y chicas pidiendo al Espíritu Santo que los consagre como
piedras vivas de la Iglesia de Jesús. Unámonos a su plegaria y
oremos en silencio al Señor.
Este gesto se hace en silencio. Podría tocarse
suavemente con algún instrumento la música de algún canto al Espíritu.
La imposición puede hacérsela a cada joven
individualmente.
Primero el presidente dice la invitación a la
oración «Oremos, hermanos, a Dios Padre…», (luego se imponen las manos
a cada joven) y, con las manos extendidas sobre todo el grupo dice la
oración «Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo…».
CRISMACIÓN
También se puede introducir con una breve monición
si es que no se ha añadido a la que introduce la imposición de las
manos.
Sugerencia:
Hemos llegado al momento
culminante de la celebración. El obispo (el representante del
obispo) impondrá la mano en la frente de los que serán confirmados,
marcándolos con la unción del óleo santo y el signo de la cruz.
[Del mismo modo que un
perfume impregna el cuerpo con su fuerza y su buen olor, la
crismación con este aceite perfumado hace sensible la actuación de
Dios con estos jóvenes y les infunde su Espíritu: su gracia los
impregnará profundamente, y los hará semejantes a Cristo, que
significa el Ungido, el Mesías].
Si se canta durante la crismación está bien que,
antes de comenzar la canción, todos los presentes puedan escuchar la
fórmula del sacramento dos o tres veces.
El padrino o madrina está junto a quien se
confirma y pone su mano derecha en su hombro. El nombre puede decirlo
quien se confirma o su padrino/madrina. En algunos casos puede ser
bueno que el presidente tenga una lista escrita con los nombres.
Sugerencia:
En algunas comunidades, en
este momento, junto al padrino/madrina también se ponen junto a
quien se confirma su catequista, sus padres, algún representante del
consejo parroquial… formando como un círculo a su alrededor. Es el
modo de significar que ese/a joven no está solo/a y que es acogido/a
en el mundo de los adultos y en la comunidad de los creyentes,
dispuestos a compartir su fe con él/ella.
El Crisma debe presentarse en un recipiente digno.
Debe ser aceite consagrado en la última Misa Crismal (los óleos han de
renovarse todos los años). Si algún presbítero más colabora en la
crismación debe recibir el recipiente de quien preside.
La crismación debe hacerse de modo significativo,
mojando el dedo en el mismo aceite y no en algodones con un poco de
aceite. La unción no debe secarse.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Si se quiere que quienes se confirman redacten las
intenciones de oración, será conveniente pensar antes una pauta, para
que tengan el carácter universal propio de este momento de la
celebración, y no se centren sólo en los deseos de mejora personal y
cristiana de los confirmados.
Es importante que las peticiones sean breves y se
redacten todas siguiendo el mismo esquema:
-
Por…, para qué…
-
Por…
-
Para qué …
-
Qué…
Hay que recordar que corresponde al presidente
hacer la invitación a la oración. Ésta se dirige a la asamblea y no a
Dios (Oremos, hermanos y hermanas, a Dios Padre…).
La oración conclusiva del presidente se dirige
directamente al Padre o al Hijo, según la Persona mencionada en la
invitación.
Sugerencia:
Conviene que, si no todas,
algunas de las peticiones las lean algunos de los recién confirmados
y estén redactadas en primera persona del plural (por quienes hoy
nos hemos confirmado…)
IV. LITURGIA DE
LA EUCARISTÍA
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
Es conveniente que algunos de los confirmados
lleven las ofrendas para preparar la mesa de la Eucaristía. Al
hacerlo, sin embargo, habrá que evitar al máximo la hipertrofia que a
menudo sufre este momento de la celebración, que se llena con
“ofrendas simbólicas” que terminan ahogando lo que es fundamental: que
vamos a preparar las mesa para celebrar el banquete del Señor.
Tiene que quedar muy resaltado el pan y el vino
con los que celebraremos la Eucaristía (todo el pan y el vino, no sólo
una parte y llevar luego el resto de la credencia), y si queremos
añadir luego algo más que represente nuestra propia ofrenda que se une
al pan y el vino, debe ser una verdadera ofrenda: será ofrenda, del
modo más propio, todo lo que se ofrezca para aquellos que más vivo
reflejo son de Jesucristo, que son los pobres, y lo serán mucho menos
los instrumentos de estudio o de recreo que los oferentes se llevarán
luego otra vez para su casa (y nótese que esa impropiedad de las
ofrendas alcanza su punto máximo cuando se ofrece una biblia: ¿qué
sentido tiene “ofrecer” la Palabra cuando ésta acaba de ser leída,
proclamada, escuchada, celebrada?).
También, si se desea, puede resaltarse el inicio
de la liturgia eucarística mediante la ornamentación más acentuada del
altar (algunas velas y flores añadidas a las que ya haya).
Y, si a pesar de todo, se quisiera presentar
alguna “ofrenda simbólica”, habría que evitar en todos los casos
hincharla además con reflexiones: debe presentarse con mucha
discreción, con una monición general que tenga como objetivo básico la
introducción a la liturgia de la Eucaristía.
Sugerencia de monición:
Podéis sentaros
(pausa). Una vez celebrada ya la Confirmación entramos en la
última parte de nuestro encuentro, el momento en el que, por la
Eucaristía, se hará presente entre nosotros Jesucristo, nuestro
alimento. Él nos convoca, nos invita a su mesa. Él viene a nosotros
para ser nuestro compañero de camino, nuestra fuerza para vivir.
Preparemos ahora la mesa
de Jesucristo. Con el pan y el vino presentamos también todo lo que
somos, y nuestra voluntad de vivir unidos a él, siguiendo su camino.
(Por eso, añadimos al pan y el vino una ofrenda para ayudar a...*).
Con espíritu de acción de gracias, comencemos la Eucaristía.
* En algunos casos, los
jóvenes deciden que la colecta de la eucaristía y lo que ellos han
recogido se destine a alguna causa solidaria. Eso es lo que sí debe
advertirse en la monición.
PLEGARIA EUCARÍSTICA
Antes del diálogo introductorio al prefacio se
puede hacer una breve monición. Éste es el momento de mencionar los
motivos de acción de gracias, mejor que al final, porque la plegaria
eucarística es la gran oración de acción de gracias. Después, con el
diálogo, el presidente da comienzo a la plegaria que él sólo recita en
nombre de toda la asamblea.
Es muy importante que la plegaria eucarística
quede resaltada, sobre todo con los cantos: diálogo del prefacio,
santo, aclamación de la consagración, Amén final. Si no se
resaltase, quedaría como un apéndice rápido al final de la
Confirmación y de las ofrendas...
Prefacio
Hay un prefacio propio cuando se utilizan las
oraciones propias de la misa de confirmación.
Santo
Es un canto colectivo de toda la asamblea
presente. Esta pieza sobrepasa a todas las demás del Ordinario en
dignidad e importancia. Su texto bíblico hace que sea un himno
particularmente sagrado y, junto con el salmo responsorial, es el más
antiguo de los cantos de la misa.
Los expertos en música litúrgica consideran que
suprimir el texto bíblico del Santo, reducirlo o sustituirlo
por un canto cualquiera, aunque sea de alabanza, es de los fallos más
garrafales de la liturgia.
Formulario de la plegaria
¿Qué plegaria utilizar? Desde luego, una de las
del Misal. Las palabras de la consagración introducidas en cualquier
oración inventada no la convierten en plegaria eucarística.
Quienes toman parte en la celebración tienen
derecho a que la plegaria eucarística, que ellos, en cierto sentido,
ratifican por medio del «Amén» final, no sea alterada o plenamente
matizada por el gusto personal del que la ha compuesto o del que la
recita. De aquí la necesidad de utilizar solamente los textos de la
plegaria eucarística aprobados, que manifiestan más clara y
plenamente el sentido eclesial. (Carta Eucharistiae
participationem, n. 10)
Las plegarias II, III y IV tienen un memento
propio para la confirmación. También podrían cantarse dos breves
aclamaciones al Espíritu, una después de la epíclesis sobre el pan y
el vino y otra después de la epíclesis sobre la comunidad.
PADRE NUESTRO
El Padre nuestro es uno de los más grandes
tesoros de la Iglesia, por ser la oración del Señor. Por eso,
deberíamos guardarla, cuidarla y protegerla de la manipulación de
cualquier desaprensivo.
Es una oración que corresponde hacerla a toda la
asamblea unida sin que ningún coro le usurpe este derecho, por muy
bella que sea la melodía que tienen preparada.
Las disposiciones del Misal no permiten en
absoluto que la Oración del Señor sea sustituida, retocado su texto o
parafraseado, ni en el caso de que se respete el texto del Señor
intercalándolo entre paráfrasis (como es el caso del Padrenuestro
denominado "gallego"). Todas estas alteraciones, dentro de la
Eucaristía, oscurecen el mensaje primordial de esta oración que, en
ese momento, tiene la función de prepararnos a la comunión.
RITO DE LA PAZ Y FRACCIÓN DEL PAN
Los dos momentos tienen su importancia, pero la
liturgia da prioridad a la fracción del pan. Por lo tanto, el gesto de
la paz no debe privar de su lugar al gesto de partir el pan que debe
ser visto por toda la asamblea mientras se canta o recita el
Cordero de Dios.
Por la norma litúrgica elemental de que nunca
deben hacerse dos gestos a la vez, el presidente no realiza la
fracción del pan hasta que todos hayan terminado de darse la paz.
Tampoco el canto de paz, si lo hubiera, debería ser tan largo que
obligara al presidente a esperar para hacer la fracción.
Lo normal es que cada cual dé la paz a quienes
tiene más cerca. El presidente también se la da a quienes tiene cerca
en el ámbito del presbiterio, sin abandonarlo.
V. RITO DE
CONCLUSIÓN
Después de la comunión es conveniente dejar unos
momentos suficientes de silencio y de oración, durante los cuales no
se haga absolutamente nada más (es decir, que no se preparen los
recordatorios que haya que repartir luego, ni se vayan los encargados
correspondientes a preparar el posible refresco que se ofrezca al
terminar la misa). Será después de haber orado en estos momentos de
silencio cuando deberán empezar a movilizarse los que deban hacerlo.
Si como conclusión de la celebración se prevén
algunos elementos extraordinarios que puedan resultar algo largos,
será mejor colocar esos elementos antes de la poscomunión cuando la
asamblea está aún sentada; sin embargo, si se quieren situar en el
lugar que les sería propio, después de la oración poscomunión y antes
de la bendición, habrá que decir a la asamblea que vuelva a sentarse,
para que no resulte pesado.
-
Un primer elemento que se puede introducir aquí, si no se ha
hecho, como indicamos en su momento, después de la presentación de
los confirmandos y antes de la homilía, es la intervención de alguno
de los que han recibido el sacramento, como un “manifiesto” que
proclame, en nombre de todos, lo que la Confirmación ha significado
para ellos.
-
Otro elemento especialmente interesante a introducir en este
momento es un saludo y estímulo a los nuevos confirmados por parte
de alguno de los confirmados en años anteriores. Se trata de
decirles que el paso que han dado es importante y valioso, que deben
tenerlo como punto de referencia para seguir adelante en su ser
jóvenes y ser cristianos, que la fuerza del Espíritu de Jesús tiene
que marcar sus vidas, y que es especialmente importante que se
mantengan unidos formando grupo, para hacer más sólido ese camino
hacia delante. Si los grupos de jóvenes confirmados, en aquel lugar
concreto, acostumbran integrarse en algún grupo o movimiento
determinado, será conveniente también mencionarlo e invitar a
participar en él.
-
Finalmente, también se puede distribuir ahora el recordatorio de
la celebración, si se quiere dar algún relieve especial a esa
distribución (si no, es mejor distribuirlo a la salida). Si se
reparte ahora, no debe hacerse durante la poscomunión, ni durante
las distintas intervenciones de las que acabamos de hablar, sino en
unos momentos exclusivamente dedicados a dicha distribución.
Sugerencia:
Un recuerdo posible sería
fabricar unas cartulinas con los distintos dones del Espíritu, una
oración y una explicación en consonancia con ese don.
La celebración termina, como siempre, con la
bendición final del obispo y la despedida. El canto final puede
cantarse antes de la fórmula ritual de despedida o después.
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