Domingo de Pascua de Resurrección

 

¡HA RESUCITADO!  

 

Motivación de la reunión

Iniciamos hoy la fiesta más grande de nuestra fe: la fiesta que durará 50 días, donde celebramos, recordamos y hacemos presente a Jesús Resucitado.

En esta cincuentena pascual, como en una gran fiesta ininterrumpida, anticipamos la fiesta definitiva que nos espera en la nueva Jerusalén y que nos describe el Apocalipsis: “¡Aleluya!, porque ha establecido su reinado el Señor..., porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha embellecido y se le ha concedido vestirse de lino deslumbrante de blancura” (Ap 19,6-7).

 

Proclamación del evangelio

Juan 20, 1-9 

Comentario al evangelio

El evangelio dice que esta limpia y espléndida mañana es el amanecer del primer día de la semana... No es el último día de la Semana Santa. Porque todo se ha renovado. Estamos en la nueva creación. En un gran amanecer, aunque para María Magdalena aún estaba oscuro, porque ella creía que la muerte había triunfado y buscaba el cadáver de Jesús. Se han llevado al Señor...: todavía no entiende que la nueva vida y la nueva historia no están ya en el sepulcro. Pero “el otro discípulo vio y creyó”. Triunfó la vida. Estamos en el Día nuevo, la nueva Pascua y la nueva creación.

Decía Juan XXIII: “¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya! Este saludo nos presenta un radiante programa. No muerte, sino vida. No divisiones, sino paz. No egoísmo, sino caridad. No mentira, sino verdad. No lo que deprime, sino lo que es luz, pureza y respeto mutuo”.

Para la reflexión

Por el testimonio de nuestra Comunidad, ¿cómo se nota en nosotros la fe en Jesús Resucitado? ¿Los demás pueden experimentar por medio de nosotros que Dios es un Dios que ama la vida? 

 

Para la oración

CRISTO GLORIOSO

Hay cristianos que toman reacciones histéricas,

como si el mundo hubiese escapado

de las manos de Dios.

Por esto actúan violentamente,

como si lo arriesgasen todo.

 

Pero creemos en la historia.

El mundo no es un azar que va hacia el caos.

No tememos nada nuevo, porque todo lo nuevo

ha empezado ya a suceder,

cuando Cristo ha resucitado...

 

Jesucristo, nos alegramos de tu triunfo definitivo.

De que la historia no sea más que un devenir

hacia tu triunfo total.

 

Con nuestros cuerpos aún en la brecha,

y con el alma rota,

te gritamos un primer “hurra”,

hasta que se desencadene la eternidad.

 

Tu dolor ya pasó.

Tus enemigos han fracasado antes de nacer.

Tú eres el Rey de la sonrisa definitiva.

¡Qué nos importa la espera!

Aceptamos con ilusión la lucha y la muerte,

Porque Tú, nuestro Amor, no mueres.

 

Marchamos detrás de Ti, por un camino de eternidad.

Tú estás con nosotros y eres nuestra inmortalidad.

 

Señor triunfador de los siglos,

quita todo rictus de tristeza de nuestros rostros.

No estamos embarcados en un azar:

la última palabra ya es tuya.

 

Más allá del crujir de nuestros huesos,

ya ha empezado el “Aleluya” eterno.

Que las mil gargantas de nuestras heridas

se sumen ya a tu salmodia triunfal.

 

Y enséñanos a proclamar tu optimismo

por todo el mundo.

Porque Tú enjugarás las lágrimas de los ojos

de todos, y para siempre,

y la muerte desaparecerá.

 

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