SABEMOS EL CAMINO
José Antonio Pagola
Sólo habían convivido con él dos años y unos meses, pero junto a él
habían aprendido a vivir con confianza. Ahora, al separarse, Jesús
lo quiere dejar bien grabado en sus corazones: «No os turbéis.
Creed en Dios. Creed también en mí». Es su gran deseo.
Jesús comienza entonces a decirles palabras que nunca han sido
pronunciadas así en la tierra por nadie: «Voy a prepararos
sitio en la casa de mi Padre». La muerte no va a destruir
nuestros lazos de amor. Un día estaremos de nuevo juntos. «Y
adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Los discípulos le escuchan desconcertados. ¿Cómo no van a tener
miedo? Si hasta Jesús que había despertado en ellos tanta confianza
les va a ser arrebatado enseguida de manera injusta y cruel. Al
final, ¿en quién podemos poner nuestra esperanza última?
Tomás interviene para poner realismo: «Señor, no sabemos
adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?». Jesús le
contesta sin dudar: «Yo soy el camino que lleva al Padre».
El camino que conduce desde ahora a experimentar a Dios como Padre.
Los demás no son caminos. Son evasiones que nos alejan de la verdad
y de la vida. Esto es lo fundamental: seguir los pasos de Jesús
hasta llegar al Padre.
Felipe intuye que Jesús no está hablando de cualquier experiencia
religiosa. No basta confesar a un Dios demasiado poderoso para
sentir su bondad, demasiado grande y lejano para experimentar su
misericordia. Lo que Jesús les quiere infundir es diferente. Por eso
dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
La respuesta de Jesús es inesperada y grandiosa: «Quien me ha
visto a mí, ha visto al Padre». La vida de Jesús: su bondad,
su libertad para hacer el bien, su perdón, su amor a los últimos…
hacen visible y creíble al Padre. Su vida nos revela que en lo más
hondo de la realidad hay un misterio último de bondad y de amor. Él
lo llama Padre.
Los cristianos vivimos de estas dos palabras de Jesús: «No
tengáis miedo porque yo voy a prepararos un sitio en la casa de mi
Padre», «Quien me ve a mí, está viendo al Padre».
Siempre que nos atrevemos a vivir algo de la bondad, la libertad, la
compasión… que Jesús introdujo en el mundo, estamos haciendo más
creíble a un Dios Padre, último fundamento de nuestra esperanza.
Anuncia el camino de Jesús. Pásalo