UNA
PALABRA DE ALIENTO’
Comunicado de José Antonio Pagola sobre los escritos contra su
libro “Jesús. Aproximación histórica”
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN
(GUIPUZCOA).
ECLESALIA, 07/01/08.- En
los primeros días de este nuevo año de 2008, han aparecido
publicados en la página web de la diócesis de Tarazona diversos
escritos contra mi libro «Jesús. Aproximación histórica»
y contra mi persona. Son cinco firmas diferentes, pero repiten
al unísono la misma condena utilizando incluso las mismas frases
y expresiones. Como es natural, son muchos los que me preguntan
cómo estoy, cómo lo estoy viviendo y qué esta sucediendo. A
todos los que, en estos momentos, se interesan por mí y sufren
conmigo les quiero decir una palabra de aliento.
1.
Lo primero que quiero expresaros es que, en el fondo, todo esto
me está haciendo bien. Me purifica, me obliga a agarrarme a
Jesús y me está llevando a identificarme un poco más con él. Si
acierto a vivirlo desde Jesús, esto puede ser una gracia grande
para mí, la gran oportunidad de entregarme totalmente a él y
seguirle fielmente hasta donde sea necesario.
2.
Estoy tratando de vivir todo este proceso desde dentro. Pocas
veces había orado con tanta verdad ciertos salmos. Pocas veces
había celebrado la eucaristía tan identificado con ese Jesús
«entregado» por los demás. Estoy repitiendo mucho el salmo 86:
en estos momentos me parece escrito especialmente para mí.
Durante el día, repito esas invocaciones breves que aparecen en
los evangelios y que me ayudan a vivir unido a Jesús. «Señor, tú
lo sabes todo. Tú sabes que te quiero». «Te seguiré adonde
vayas». «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». «Padre, si
es posible, pase de mí este cáliz. Pero no se haga lo que yo
quiero, sino lo que quieres tú»… En fin, hago lo que puedo. En
Jesús encuentro fuerza y paz. ¿Qué importa que me consideren
hereje y arriano? Sólo Dios, ese Dios encarnado en Jesús, conoce
lo que hay en mi corazón.
3.
Algo que estoy trabajando mucho dentro de mí estos días son los
sentimientos hacia quienes me condenan. Estoy escuchando desde
dentro las palabras de Jesús a sus seguidores: «No juzguéis a
nadie… No condenéis a nadie. Perdonad». Conozco bien los
sentimientos de Jesús. Por eso rezo por los que me rechazan. Lo
hago con nombres y apellidos. Pienso de verdad que, en el fondo,
no saben lo que están haciendo. No quiero dejar entrar en mi
corazón reacciones, sospechas, prejuicios o sentimientos que
nunca saldrían del corazón de Jesús. Le pido a él que me ayude a
poner un poco de luz, de cordura humana y de sensatez evangélica
en este tipo de conflictos que, en buena parte, brotan a causa
de la profunda crisis que estamos sufriendo todos, sin saber
exactamente cómo caminar hacia un futuro más fiel al Evangelio.
4.
Quiero vivir todo esto desde una actitud de conversión a Dios.
Con ser muy importante, creo que nuestro problema principal no
es la precisión teológica en la formulación de la doctrina de la
Iglesia. Lo primero es despertar y potenciar nuestra conversión
a Dios, siguiendo de cerca los pasos, las actitudes y el
espíritu de ese querido Jesús en el que se ha encarnado y
revelado. Creo que, alimentando entre nosotros la mutua
descalificación y condena, no estamos caminando hacia la
conversión que necesitamos en la Iglesia.
5.
Naturalmente, estoy sufriendo. Es normal. Sufro, sobre todo, al
ver sufrir a las hermanas con las que vivo, a mis seres
queridos, a mis amigas y amigos. A veces, no sé que decirles, ni
cómo explicarles lo que está sucediendo. A algunos los veo
desconcertados y apenados. Se me parte el alma. Pienso también
en lo que pueden sufrir pronto el obispo de Tarazona y quienes
me condenan, al menos si leen y escuchan lo que se está diciendo
contra ellos. ¿Es necesario este tipo de sufrimiento? ¿Es el
sufrimiento exigido por nuestra conversión a Jesús? No lo sé. Yo
lo quiero vivir tratando de humanizarlo y orientarlo hacia la
búsqueda de una Iglesia más fiel al evangelio.
6.
Sufro al vivir en estos momentos una experiencia extraña que
nunca antes había conocido. Siento que algunos sectores de la
Iglesia quieren acallar mi voz y apagarla. Según ellos, hace
daño a la Iglesia. Quiero escucharlos sinceramente para ver si
me ayudan a ajustar mejor mi mensaje al espíritu del evangelio
de Jesús. Por ahora, todo esto no me desalienta sino que me
estimula. Jesús me está llevando a amar cada vez más a la
Iglesia. Por eso, no me contento con una Iglesia cualquiera. La
quiero ver cada día más fiel a Jesús, más llena de su Espíritu.
Por eso, seguiré empeñado en esta tarea, escuchando a quienes me
ayuden a vivir de manera más evangélica y aportando, por mi
parte, mi pequeño «grano de mostaza». Por fin, Jesús me está
dando fuerzas para amar más a la Iglesia que a mi propia
tranquilidad, mi imagen o mi prestigio personal.
7.
Mientras tanto, estos días voy preparando mi espíritu para
responder a tanto ataque y condena. Quiero encontrar el tono
evangélico adecuado y palabras buenas, claras, constructivas y
esperanzadoras. Lo importante para mí no es defender mi libro.
Es fruto muy querido de muchos años de reflexión y meditación,
pero no deja de ser una aportación modesta dentro de la ingente
tarea de conversión que le espera a la Iglesia en los próximos
años, si quiere sobrevivir entre nosotros. Lo que busco es que
no seamos los teólogos ni los obispos los que cerremos a la
gente sencilla las puertas para encontrarse con Jesucristo, el
único que puede salvar a nuestra Iglesia. Me esforzaré por
mostrar mi verdad humana, cristiana y teológica con mi vida, más
que con mis escritos. (Eclesalia Informativo autoriza y
recomienda la difusión de sus artículos, indicando su
procedencia).
José Antonio Pagola
Fiesta de la Epifanía del Señor