EL EVANGELIO DE LUCAS

Ciclo C

 

 

Introducción

 

1. Evangelio de la alegría

Conclusiones

 

2. Evangelio de la salvación

- Jesús, salvador

- El "hoy" de la salvación

- Salvación integral

 

3. Evangelio de la misericordia

- El perdón a los pecadores

- La curación de los enfermos

- Acogida a los samaritanos

- Defensa de la mujer

 

4. Evangelio del Espíritu

 

5. Evangelio de la oración

 

6. Evangelio de los pobres

 

7. Las exigencias del seguimiento

 

8. Jesús, el Señor (La escena de Emaús)


 

EL EVANGELIO DE LUCAS

José Antonio Pagola

 

 

Introducción

A lo largo del nuevo año litúrgico iremos leyendo domingo tras domingo el evangelio de San Lucas. El evangelio, sin duda, más accesible, más atractivo, más gozoso. Un evangelio que nos puede ayudar a alimentar y enriquecer nuestra fe.

No me voy a detener a hablar del autor de este evangelio; es tradicional atribuir este evangelio y los Hechos de los Apóstoles a un médico cristiano, compañero de Pablo, llamado Lucas. No voy a hablar tampoco de la fecha en que fue escrito (después del año 70) ni de los destinatarios (el libro está dedicado a un cristiano llamado Teófilo para que difunda el escrito entre cristianos provenientes del paganismo).

No vamos a hablar tampoco de la estructura de este escrito. San Lucas es el primer escritor cristiano que describe la historia de la salvación con un cierto orden. Por eso, concibe su obra centrándola en dos grandes partes:

El primer escrito (el Evangelio) se centra en Jesús de Nazaret;

el segundo (Hechos de los Apóstoles) se centra en la Iglesia.

Estos dos escritos están unidos y relacionados entre si. Es importante el lugar central que ocupa Jerusalén: el evangelio está todo él centrado y orientado hacia Jerusalén; allí sucederán todos los hechos salvíficos: la muerte, la resurrección, las apariciones pascuales, la Ascensión; ahí culmina la acción salvífica de Jesús.

En los Hechos se observa una dirección inversa: la acción salvadora de la Iglesia se difundirá a partir de Jerusalén: "seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra" (Hc 1, 8).

En esta misma línea, la Ascensión de Jesús ocupa un lugar central: En el evangelio, la Ascensión aparece como la culminación de la vida de Jesús. Jesús sube al cielo bendiciendo solemnemente a sus discípulos; ellos se postran en tierra, reciben la bendición y se vuelven a Jerusalén y "estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios" (Lc 24, 50-53).

En los Hechos, por el contrario, la Ascensión aparece como el inicio de la vida de la Iglesia (Ac. 1, 6-14). Jesús les dice: "recibiréis la fuerza del Espíritu Santo... y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría, y hasta los confines de la tierra" (8). Después de la Ascensión, los apóstoles vuelven a Jerusalén, al cenáculo, a esperar la venida del Espíritu y comenzar la acción evangelizadora.

Nosotros nos vamos a centrar en la primera parte de esa gran obra de Lucas y vamos a destacar los principales rasgos teológicos del evangelio de Lucas. Si captamos bien esos rasgos y escuchamos la llamada que se encierra en este evangelio, este escrito de S. Lucas se puede convertir en fuente de gracia y de conversión en este nuevo año cristiano.


 

1. El Evangelio de la alegría

 

El Evangelio de Lucas es una invitación a vivir la fe de manera gozosa. Este escrito es realmente una Buena Noticia: la salvación de Dios se hace presente en medio de los hombres.

Se suele decir que los sinópticos "exponen" el mensaje de Jesús. S. Lucas "evangeliza", ofrece la Buena Noticia. Lucas emplea diez veces el término "evangelizar" mientras Marcos y Juan nunca; Mateo una vez.

Todo el evangelio está impregnado de alegría. Desde el comienzo, la llegada del Salvador a la vida es motivo de alegría:

- Ya el nacimiento del Bautista es motivo de gozo: "será para ti gozo y alegría y muchos se gozarán en su nacimiento porque será grande ante el Señor" (1, 14); pero, sobre todo, la llegada de Jesús viene anunciada y precedida por la alegría: Es la invitación primera que escucha María antes que cualquier otra cosa: "Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo" (1, 28); ya, antes de nacer, Jesús el Mesías comienza a contagiar y difundir alegría mesiánica; así lo siente Isabel: "apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno" (l, 44).

Cuando nace Jesús, este es el gran anuncio del Angel: "No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor" (2, 11). La llegada de Dios a nuestra vida, la presencia salvadora de Cristo en nosotros no ha de ser motivo de turbación, preocupación, miedo, nerviosismos sino fuente de alegría mesiánica.

La vida de Jesús difunde por donde pasa alegría. Lucas insiste en que los milagros que Jesús realiza, las curaciones, despiertan en el pueblo la alegría y la alabanza a Dios. El pueblo se alegra porque sienten que "Dios los está visitando".

Después de la curación de la mujer encerrada: "toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía" (13, 17);

después de la resurrección del hijo de la viuda de Naím: "alababan a Dios diciendo: un gran profeta ha surgido entre nosotros y Dios ha visitado a su pueblo" (7, 16).

El ciego de Jericó "recobró la vista y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alababa a Dios" (18, 43).

En Lucas, Jesús es el profeta de la alegría, el portador del gozo de un Dios Sanador.

- Por eso, cuando Lucas habla de Dios, insiste en la alegría de Dios cuando un pecador se arrepiente. Basta recordar esas tres parábolas maravillosas de Lucas en el capítulo 15:

La oveja perdida: "habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión" (15, 7);

dracma perdida: "Del mismo modo, os digo, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta" (5, 10);

el hijo perdido: "Convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado" (15, 32).

La conversión en nuestra vida, la acogida de Dios, antes que renuncia, exigencia, sacrificio, es fuente de vida más gozosa, más plena y gratificante. Por eso también, los habitantes de Jerusalén o, mejor, "toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto. Decían: Bendito el Rey que viene en nombre del Señor" (19, 37-38). Los pequeños lo entienden y Jesús se alegra (10, 2l ).

- Cuando los discípulos, tristes y asustados por su pecado, se encuentran con el Resucitado, no se atreven a creerlo "a causa de la alegría" (24, 41). Al subir Jesús al cielo, se vuelven a Jerusalén "con gran gozo" y "estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios" (24, 53).

 

Conclusiones

l. El evangelio de Lucas crea en el lector alegría cristiana. Es una invitación a vivir a Cristo como Buena Noticia, como experiencia gozosa.

2. Es una invitación a vivir la presencia de Dios en nuestra vida como algo bueno y gozoso. Acoger a Dios es gratificante, a pesar de sus exigencias, que Lucas no va a ocultar. La conversión es algo bueno, hace bien, es motivo de fiesta.

3. Es un evangelio que invita al agradecimiento, a la alabanza, a la acción de gracias. Es el evangelio más adecuado para la celebración litúrgica. Es el único evangelio donde se nos ofrecen los grandes cánticos de salvación (el Benedictus, el Magmificat, el Gloria, el Nunc dimittis).

4. Introducirse en el evangelio de Lucas exige aprender a vivir la fe de manera gozosa.


 

2. El Evangelio de la Salvación

 

En el fondo de esa alegría está la gran noticia de nuestra salvación: todo el vocabulario de S. Lucas insiste en la salvación. Es el único sinóptico que le llama a Jesús "Salvador" (1, 47; 2, 11; Ac 5, 31; 13, 23). Es el sinóptico que más emplea el verbo "salvar" (17 veces en Lc y 13 en Ac = 30 veces). Lo mismo sucede con el término "salvación" (1, 69, 71.77; 19, 9).

- El tema central del evangelio es Cristo el Salvador, el que trae la salvación: ya, desde el comienzo se nos dice que María "se alegra en Dios mi Salvador" (l, 47).

El Bautista llega "para dar a conocer a su pueblo la salvación y el perdón de los pecados" (1, 77).

El Angel anuncia en Belén: "os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador" (2, 11).

Cuando el anciano Simeón toma en sus brazos a Jesús, canta. "Ahora, Señor, puedes según tu palabra dejar que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvación" (2, 30).

Jesús, antes que nada, es "la salvación de Dios", en él vemos, tocamos, palpamos la salvación que Dios nos ofrece.

- Lucas insiste en su teología en otro aspecto muy original: el Hoy de la salvación. Siempre hay un tiempo, un "hoy" en el que se nos ofrece la salvación de Dios. Más aún. Cristo es el gran hoy de la salvación.

En Cristo se nos está ofreciendo siempre, hoy, ahora, la salvación de Dios: "Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador" (2, 1 1);

en la sinagoga de Nazaret: "Esta Escritura que acabáis de escuchar se ha cumplido hoy" (4,2 l).

Después de la curación del paralítico, daban gloria a Dios diciendo: "Hoy hemos visto cosas increíbles" (5, 26);

en Jericó: "Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede yo en tu casa" (19, 5), "Hoy ha llegado la salvación a esta casa" (19, 9).

En la cruz: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso" (23, 43).

La salvación se nos ofrece en un "hoy". No hay que esperar más. No hay que retrasar su acogida. Hoy es la salvación.

- Se trata de una salvación integral, que abarca a toda la persona, cuerpo y espíritu. Lucas habla de la salvación como algo que, significa al mismo tiempo sanar y salvar. Incluso, cuando no hay relación con el curar: Mujer pecadora: "Tu fe te ha salvado. Vete en paz" (7, 50);

el leproso agradecido: los diez han sido curados, pero solo el que vuelve dando gracias escucha estas palabras: "Levántate y vete. Tu fe te ha salvado" (7, 19).

Se trata pues de una salvación total, integral, que se produce en lo más profundo de la persona. Es salvación de la muerte: a Jairo, jefe de la sinagoga: "No temas; solamente ten fe y se salvará" (8, 50); es salvación del maligno, del mal que se apodera de la persona: el endemoniado de Gerasa es "salvado" (8, 36); es salvación del pecado (7, 50= la mujer pecadora) y, sobre todo, a Zaqueo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa... pues el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido" (19, l0).

 

Conclusiones

1. Antes de llamar a la conversión, el evangelio de Lucas nos recuerda la salvación. Antes que moralista, Lucas es evangelizador: Cristo, antes que Ley es Salvación.

2. Más concretamente, Cristo es el que llega a nuestra vida a salvar lo que se está echando a perder; a resucitar lo que se está muriendo en nosotros; a sanar lo que está enfermo; a liberar del pecado que nos está matando; a salvar del mal que se ha apoderado de nosotros.

3. Este evangelio nos invita a descubrir en nosotros la necesidad de salvación. Nos llama a vivir la fe como una experiencia de salvación. Una salvación que se nos va ofreciendo ahora, hoy, en cada momento y que no hemos de rechazar.


 

3. El evangelio de la misericordia

 

Esta salvación que anuncia Lucas es fruto de la misericordia y la ternura de Dios. Todo el evangelio de Lucas es el anuncio de la bondad, la misericordia y la gracia de Dios. Así se canta desde el comienzo: Magnificat: "Su misericordia alcanza de generación a generación a los que temen" (l, 50), "Acogió a Israel su siervo, acordándose de su misericordia" (1, 54).

Es la misericordia la que mueve a Dios a lo largo de la historia: Benedictus: había actuado ya "haciendo misericordia con nuestros padres" (1, 72) y ahora "por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, nos visitará la Luz que viene de lo alto" (l, 78).

 Todo proviene de la misericordia de Dios. Así se explica el discurso programático de Nazaret: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva; a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor (4, 18-19). Esta misericordia de Dios encarnada en Jesús se manifiesta de diversas maneras:

  •  El perdón a los pecadores

Hemos recordado ya esas tres parábolas del cap. 15 donde se destaca la alegría de Dios al recuperar al pecador. Son también típicas las inolvidables escenas lucanas del perdón a la mujer pecadora (7, 36-50) y a Zaqueo (19, 1-10). Es Jesús, amigo de publicanos y prostitutas.

A lo largo de toda la Pasión, Jesús aparece concediendo el perdón: a Pedro: "El Señor se volvió y miró a Pedro" (22, 61);

al buen ladrón: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso" (23, 43);

a sus verdugos: "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen" (23, 34).

La pasión y muerte de Jesús está impregnada de perdón y misericordia hacia los hombres.

 

  • La curación de los enfermos

Lucas presenta las curaciones como gestos de misericordia más que manifestaciones de su poder. Escena de la mujer encorvada: "Al verla, Jesús la llamó y dijo: Quedas libre de tu enfermedad" (13, 12).

Al hidrópico: "Jesús le tomó y le curó" (14, 4)

Los diez leprosos le gritan: "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros", y Jesús actúa (17, 11-19).

 

  • Acogida a samaritanos y extranjeros

El evangelio de Lucas manifiesta una atención y simpatía particular hacia los samaritanos y extranjeros. Ya Jesús en su parábola lo pone como ejemplo de ternura y misericordia: el samaritano es el que sabe tener misericordia del herido (10, 30-37).

De los diez leprosos, el único que vuelve dando gracias es el samaritano (17-16).

Cuando en un pueblo de samaritanos no le acogen y los discípulos quieren fuego del cielo para que los destruya, Jesús les reprende (9, 51-55).

Jesús se manifiesta misericordioso hacia los odiados extranjeros.

 

  • Defensa de la mujer

El evangelio de Lucas es el evangelio de la defensa de la mujer

-En este evangelio aparecen personajes femeninos de fuerza extraordinaria. María (en contraposición a José en Mateo); Isabel, Ana, la viuda de Naim, la pecadora de la casa de Simón, sus amigas Marta y María, la mujer anónima que alaba a su madre, María Magdalena, etc. Al mismo tiempo, Lucas omite hábilmente la presencia de otras mujeres que pueden desdecir (Herodías, la hija de Herodes; la mujer de Pilato, la madre ambiciosa de los hijos del Zebedeo, la cananea, etc.)

- Lucas tiene un interés especial en presentar a Jesús curando a mujeres enfermas (la suegra de Simón, la hemorroisa, la mujer encorvada). Las libera del demonio como a María Magdalena (8, 3). Tiene misericordia de ellas: la pecadora (7, 36-50); la viuda de Naim (7, 11-17); las que encuentra camino de la cruz (23, 27-31).

- La mujeres son "seguidoras " de Jesús: "Le acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades": María de Magdala; Juana, mujer de Cusa; Susana y "otras muchas que le servían con sus bienes". Mujeres sanas a su servicio. Jesús quiere para ellas lo mejor: la escucha de la Palabra (escena de Marta y María: 10, 38-42).

- Son mujeres modelo como la viuda que echa todo lo que tiene como donativo (21, 4), incluso son símbolo de Dios en la parábola (15, 8-10). Dios bajo rasgos de mujer.

- Son ellas las primeras en anunciar el mensaje pascual aunque no son creídas por los discípulos (24, 22).

- Todo ello destaca la bondad y cercanía hacia los seres más débiles y marginados. Por otra parte, habría que destacar la bondad y dulzura que se respira en no pocas escenas lucanas: viuda de Naim (7, 11-17); la pecadora (7, 36-50); Zaqueo (19, 1-10); el buen ladrón (23, 39-43). La parábola del Buen Samaritano (10, 25-37).

 

Conclusiones

1. Es un evangelio que invita a acoger el perdón y la misericordia de Dios como un regalo del amor infinito de Dios. Lo que atrae en este evangelio es la Bondad de Dios encarnada en Jesús.

2. Es una invitación a la confianza. Todo el que se sienta perdido, el que se vea mal, el que se reconozca pecador, puede confiar.

3. Dios es el defensor de los desvalidos, los necesitados, los sin derecho, los que son despreciados o marginados.


 

4. El evangelio del Espíritu

 

La salvación de Dios nos llega por la fuerza del Espíritu. Jesús es portador del Espíritu de Dios. El aliento renovador y creador de Dios. Es otro rasgo típico de este evangelio.

- Ya desde el principio es el Espíritu el que prepara la llegada de la salvación. Son importantes los cuatro personajes proféticos que actúan bajo la fuerza del Espíritu:

Juan: "estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre" (1, 15);

Zacarías, su padre, canta el Benedictus "lleno del Espíritu Santo" (1, 67);

Isabel, al llegar María, "quedó llena del Espíritu Santo" (1, 41);

en Simeón "estaba el Espíritu Santo" (2, 25).

Es el Espíritu Santo el que va actuando en las personas preparando la llegada del Salvador.

 

- Naturalmente, el Mesías es concebido por la fuerza de ese Espíritu Santo: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios" (1, 35).

- En el bautismo, el Espíritu Santo baja sobre Jesús (3, 22). Jesús "es llevado por el Espíritu al desierto" (4, 1); vuelve a Galilea "por la fuerza del Espíritu" (4, 14) y anuncia que toda su actuación liberadora y salvadora está dirigida por ese Espíritu: "El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido..." (4, 18).

- Jesús "se llenó de gozo en el Espíritu Santo" (10, 21) para dar gracias a Dios que se revela a los pequeños. Jesús promete a sus discípulos el Espíritu Santo que les "enseñará" qué conviene decir (12, 12) y que les ayudará con su poder a cumplir su misión (24, 49). Por eso, el Espíritu es el gran regalo que hay que pedir. "Si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!" (11, 13).

Naturalmente, es la efusión de ese Espíritu Santo sobre el grupo de discípulos en el cenáculo el que da origen a la Iglesia que, para Lucas es la comunidad del Espíritu. (Ac 2, 17-21).

 

Conclusiones

1. Este evangelio es una invitación a dejar un lugar más real al Espíritu en nuestra vida. Un lugar para la fuerza de Dios, su gracia, su intervención, su don, lo gratuito, lo que proviene de El y no de nuestros esfuerzos.

2. Invitación a dar importancia al Espíritu más que al rito, a la costumbre, a la norma, a la repetición, a la rutina. Ser dóciles al Espíritu de Cristo.

3. La comunidad cristiana se construye a partir del Espíritu de Jesús. Se evangeliza extendiendo el Espíritu de Jesús. Se construye el Reino de Dios introduciendo el Espíritu de Jesús.


 

5. Evangelio de la oración

El evangelio de Lucas insiste como ningún otro en la oración. Es otro rasgo característico.

- Jesús es presentado como un hombre de oración, alguien que vive desde dentro, en invocación al Padre, en acción de gracias, en alabanza. Así, en el bautismo: "Se bautizó también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo..." (3, 2l).

Al elegir a los doce: "se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios; cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió doce de entre ellos" (6, 12);

antes de la confesión de Cesarea: "Mientras él estaba orando a solas, se hallaban con él los discípulos y él les preguntó" (9, 18);

bendice a Dios porque se revela a los pequeños (10, 21-22);

antes de enseñarles el Padre nuestro: "estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, enséñanos a orar..." (11, 1);

en la transfiguración: "Subió al monte a orar y mientras oraba, el aspecto de su rostro se transformó" (9, 28-29);

ora por Pedro: "Simón, Simón..., yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca" (22, 31-32).

En Getsemaní (22, 39-45). En la cruz ora por sus verdugos (23, 46).

Toda la vida de Jesús, sus gestos, su actuación, su amor a los últimos, todo procede de esa vida interior de Jesús.

 

- Jesús exhorta constantemente a sus discípulos a vivir en oración: "Estad en vela orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está por venir, y podáis estar en pie, delante del Hijo del Hombre" (21, 34-36). Ver también 22, 40-46. Después de enseñar el Padre nuestro, invita a la oración constante y narra la parábola del amigo inoportuno (11, 5-13).

- Lucas nos ofrece también catequesis inolvidables sobre la oración: la parábola del juez y la viuda (18, 1-8) y del fariseo y el publicano (18, 9-14).

- No hemos de olvidar por otra parte, el carácter litúrgico y festivo de este evangelio: Los cuatro cantos litúrgicos (Gloria, Magnificat, Benedictus, Nunc dimitis). Todo el evangelio está incluido en un clima litúrgico y de oración. Empieza con una solemne oración en el Templo (1, 8-13) y termina con la alabanza de los discípulos en el Templo (24, 52-53).

 

Conclusiones

1. Este evangelio es una invitación a desarrollar y cuidar más la oración, la comunicación con Dios, la escucha del Misterio, para superar el vacío interior, la frivolidad, la superficialidad de la vida. Atención a lo interior, al Espíritu.

2. La vida cristiana auténtica nace de lo interior, no de lo puramente espontáneo, no de lo externo, de la costumbre, de la acomodación, de la moda, de la presión social, sino de Dios.


 

6. El Evangelio de los pobres

 

- El evangelio de Lucas es "el evangelio de los pobres", el "evangelio social" por excelencia. "Me ha enviado anunciar a los pobres la Buena Nueva" (4, 18). "Felices los pobres, los que tenéis hambre ahora, los que lloráis ahora..." (6, 20-21).

- Tienen importancia dos textos programáticos de gran importancia:

1) El Magnificat que nos proclama un Dios revolucionario que mira la pequeñez de su tierra, "derriba a los poderosos de sus tronos y exalta a los humildes, colma de bienes a los pobres y despide a los ricos sin nada" (1, 52-53); 2) Las palabras de Isaías leídas en Nazaret (4, 18-19).

- Jesús, personalmente, es el Profeta pobre que "no tiene donde reclinar su cabeza" (9, 58). Hace una crítica durísima en parábolas inolvidables: La del pobre Lázaro y el rico sin entrañas (16, 19-31) y la del rico insensato (12, 16-21). La advertencia de Jesús es clara: "No podéis servir a Dios y al dinero" (16, 13).

- Solo se puede seguir a Jesús por la línea del desprendimiento y la solidaridad: Al joven rico: "Aún te falta una cosa. Vende todo cuanto tienes y repártelo entre los pobres... luego, ven y sígueme" (18,22). "Cualquiera que no renuncie a sus bienes, no puede ser discípulo mío" (14, 33). La escena de Zaqueo, repartiendo sus bienes nos muestra que se sigue a Jesús compartiendo (19, 8).

 

Conclusiones

1. El evangelio es una invitación a vivir de manera crítica en medio de la sociedad del consumo. El evangelio es una crítica del acaparar, acumular, tener, la posesión alocada, la riqueza sin corazón. Y una invitación al dar, el compartir, el solidarizarse con el necesitado.

2. La fuente de la verdadera alegría, el "tesoro" no está en lo que se posee, sino en el Espíritu, la salvación, la misericordia, el don de Dios. Desde ahí se puede vivir de manera austera, sencilla, solidaria.


7. Las exigencias del seguimiento

 

Lucas, el evangelista de la Buena Noticia, la Bondad y misericordia de Dios, no oculta las exigencias de la salvación y la responsabilidad ante la llamada de Cristo.

- Hay una dualidad trágica que atraviesa todo el evangelio lucano. Se puede responder de manera positiva o negativa al evangelio.

Recordemos, ante el anuncio del Angel Gabriel, la incredulidad de Zacarías y la fe de María (1, 20-45).

En el Magnificat los ricos son despojados y quedan vacíos mientras los pobres son exaltados (1, 51-53).

Jesús es anunciado como "signo de contradicción " que "está puesto para caída y para elevación de muchos en Israel" (2, 34).

Recordemos también la presentación de Lucas de las cuatro bienaventuranzas (6, 20-23) y las cuatro maldiciones (6, 24-26).

Este mismo interés por el contraste o la dualidad aparece constantemente en el evangelio: la actuación tan opuesta del fariseo Simón y la mujer pecadora (7, 36-50); la actuación tan distinta del mal y del buen ladrón (23, 39-43). Lo mismo se observa en parábolas de Jesús recogidas sólo por Lucas: la diferente actuación del hijo mayor y del menor (15, 11-32); el contraste entre la oración del fariseo y la del publicano (18, 9-14); el contraste entre el pobre Lázaro y el rico Epulón (16, 19-31).

- Por otra parte, Lucas insiste como ningún otro en la radicalidad del seguimiento, precisamente porque se trata de responder al Amor total. Por eso, pone un acento especial de radicalidad en la terminología.

Hay que seguir a Jesús "sin mirar atrás" (9, 62):

hay que renunciar a uno mismo y tomar la cruz "cada día" (9, 23);

hay que seguir a Jesús "dejándolo todo" (5, 11)

"renunciando a todos los bienes" (14, 33).

- Es notable, el tratamiento que da al seguimiento: (9, 57-62).

 

Conclusiones

1. El evangelio de la Bondad de Dios no es un tranquilizante que dispensa de las exigencias y del esfuerzo del seguimiento. Al contrario creer en el Amor es lo más radical y exigente.

2. El Evangelio es Buena Noticia para los pobres y creyentes, es Mala Noticia para los increyentes y ricos.


8. Jesús, el Señor

 

- El protagonista del evangelio de Lucas es el Señor, el Kyrios. Así es presentado desde el comienzo: "Os ha nacido... un Salvador que es el Cristo Señor" (2, 11).

Jesús no es sólo un personaje histórico. Es el Señor resucitado, que sigue vivo en la comunidad. A partir, sobre todo, del episodio de Naim (7, 13), Lucas lo designa constantemente así: el Señor.

- Lucas pretende que el lector vaya abandonando otros señores, otros bienes, centros de interés, etc., para quedarnos con el único Señor.

- Nos recuerda, además, que estamos leyendo el evangelio de alguien que sigue vivo. Sus palabras no son el testamento de un difunto que ya pasó. Son palabras vivas de alguien que nos sigue hablando ahora a nosotros con palabras de vida eterna. Los hechos que leemos no son la biografía de alguien que murió, son los gestos salvadores de alguien que ahora está lleno de vida y de fuerza salvadora, alguien que ahora puede sanar y salvar mi vida.

Hay en Lucas un interés en que leamos su Evangelio no como algo de ayer, sino como HOY, para nosotros.

- Desde esta perspectiva adquiere una importancia especial la escena pascual de Emaús: (24, 13-35).

- Los discípulos de Emaús reflejan nuestra situación actual: Aparentemente tienen todo lo que les podría llevar a una fe gozosa: conocen las Escrituras, han escuchado el Evangelio, han conocido la Cruz, han escuchado el mensaje pascual anunciado por las mujeres. Todo es inútil. Les falta la experiencia personal, el encuentro con Cristo vivo en sus vidas. Hay un doble camino.

- La escucha de la Palabra de Jesús. Mientras caminan tristes y desalentados, recuerdan a Jesús, discuten y conversan sobre él. Y Jesús, el Resucitado, se hace presente en su caminar. Allí donde un grupo de personas habla de Jesús, hace memoria de él; Jesús, de alguna manera, se hace presente, aunque su presencia no sea reconocida. Más tarde, sentirán que "su corazón ardía" (24, 32). Es una presencia de alguien que acompaña en el camino; presencia que no es fácil de captar (ojos estaban retenidos); presencia crítica (Jesús les corrige); presencia que ilumina sus vidas (les enseñaba); presencia que despierta en ellos la esperanza y el ardor (32).

Lucas quiere que todos los creyentes desalentados lean así su evangelio hasta que "arda su corazón".

- La cena del Señor. Es necesaria, además, la Cena para descubrir al Señor no sólo como alguien que ilumina nuestra vida con su Palabra, sino como alguien que alimenta nuestra vida con su pan. Detenerse en el camino a descansar, reunirse como amigos y hermanos a cenar, pronunciar la bendición a Dios, y dejarse alimentar por Jesús. Es en esa cena donde se puede descubrir al Señor como alguien que nos alimenta. Basta reconocerlo aunque sea unos instantes. Esa experiencia alimenta la vida del creyente y le da fuerza evangelizadora: "contaron lo que les había pasado por el camino" (24, 35).

 

Este nuevo año litúrgico, caminaremos acompañados por el evangelio de Lucas.

Tal vez, al escucharlo sentiremos arder nuestro corazón.

Tal vez, al celebrar la Eucaristía cada domingo, lo reconoceremos.

Tal vez, nos atreveremos a contar a alguien con nuestra vida y con nuestra palabra

"lo que nos ha pasado por el camino y cómo lo hemos conocido al partir el pan".

 

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