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Voy a empezar por decir
que, no es posible, no es posible abordar ni siquiera de manera presumida,
todos los aspectos y las cuestiones que encierra ese titulo, el hecho de
la resurrección de Jesús.
El
hecho de la fe de los cristianos que, en ese momento la historia de la
humanidad, haya un grupo de personas, hombres y mujeres, que creen que la
vida de Jesús, no terminó de cualquier manera, sino que fue resucitado
por Dios, no es posible. Menos posible todavía el detenernos a analizar
los matices de las diversas posiciones de los exegetas y de los teólogos,
sobre cuestiones que a lo mejor ni se sospecha lo debatidas que son, en este
momento.
Entonces, ¿cuál es mi intención?, pues muy práctica, yo voy a tratar de
exponer, de forma breve, y de forma muy resumida, lo que a mi juicio, al
menos inicialmente ha de ser tenido en cuenta para entender de manera
correcta, la fe de los cristianos que se atreven a decir que Jesús es una
figura única puesto que no sólo su vida sino también su muerte, encierra
algo realmente original.
Luego si queréis, en el diálogo, podremos incidir sobre cuestiones o
detenernos en cuestiones que por razones que sean, pueden interesar más.
Voy
a seguir un esquema muy sencillo para situar bien las cosas, voy a tratar de
hacer ver la importancia que tiene el hecho de la resurrección, y lo voy a
hacer de esta manera, recordando cuatro datos del Jesús real, del Jesús
histórico.
Todos los investigadores están hoy de acuerdo en que el núcleo esencial del
programa de Jesús fue el anuncio del Reino de Dios. Jesús vivió
convencido de que con él, comenzaba algo nuevo en la historia de la
humanidad, llegaba lo que él decía con su lenguaje, el Reino de Dios. Pero
no vino nada especial, se le mató. Da la impresión de que la cruz, la
ejecución de Jesús, lo que sigue demostrando es que allí el que sigue
reinando es Pilatos, allí sigue reinando Roma, el Sanedrín, dónde está el
Reino de Dios. La cruz deja como en evidencia el fracaso de Jesús. Jesús
quizá fue un profeta bueno, pero equivocado. De tal manera de que en la cruz
no se le mata sólo a Jesús, se le mata también a su proyecto, su proyecto,
su alternativa.
Segundo dato.
Dentro de su mensaje, Jesús, ciertamente proclamaba el perdón de Dios. Dios
es amigo de pecadores y por eso él vive así, ofreciendo gratuitamente el
perdón. Para Jesús el perdón de Dios no necesita el sacrificio de expiación
del templo, tampoco para Juan, pero Jesús dio un paso más sobre Juan el
Bautista y pensó que no hacia falta, ni siquiera el bautismo del Jordán. El
estaba convencido de que el perdón de Dios es gratuito y por eso comía con
pecadores y se acercaba a la gente excluida e impura, no con exigencias de
moralista sino como un amigo. Dato realmente sorprendente, ¿de dónde tenía
Jesús esa seguridad de que Dios es así?. Sin embargo a este Jesús se le
mata, se le ejecuta y como decían las Escrituras: “todo hombre que cuelga de
la cruz es un hombre maldito”. Entonces, ¿quién ha sido Jesús?. Ofrecía
perdón a todos y no hay perdón para él, no hay misericordia para él. ¿Dónde
está el Dios de los últimos, el Dios de los perdidos, si Dios no interviene
para salvar a Jesús?.
Tercer dato.
Jesús
había anunciado que lo que él llamaba el Reino de Dios. Lo único decisivo es
la compasión, el amor al necesitado, y se había atrevido a poner por encima
de toda la ley, esto: “lo que hay que buscar siempre es el Reino de Dios y
su justicia, que reine la justicia de ese Dios, todo lo demás es añadidura,
incluso la Torá, el templo, el sábado”. Sí, eso decía Jesús pero la
crucifixión, la ejecución de Jesús, parece mostrar que allí, lo que sigue
siendo fuerte, es la Ley. Y sabéis que en una de las redacciones de las
pasiones, un evangelista pone en boca de los judíos, esta frase: “nosotros
tenemos una Ley y según esa Ley, tiene que morir”.
Entonces, ¿dónde está todo el mensaje de Jesús, esa Ley de Jesús, “el
amor” que en la mente de Jesús está por encima de la Ley, si la Ley al final
es más fuerte que todo lo que Jesús ha predicado?. Todo va quedando
cuestionado.
Y por
último, por no alargarme, sobre todo, lo más grave, parece que Jesús
ciertamente confió absolutamente en Dios, incluso parece que se le llamó
Abba. Para él esta era la Buena Noticia, la llegada de un Dios Padre.
Jesús había confiado totalmente en él, pero en la cruz Jesús grita, o al
menos se le hace gritar, con las palabras de un salmo: “Dios mío, Dios
mío, ¿por qué me has abandonado?”. Entonces, ¿dónde está ese Dios de
Jesús?. O no existe Dios o no es el Padre de Jesús. Es decir, la ejecución
de Jesús, lo dejó todo en cuestión, todo quedó colgando.
Al
final, en la cruz no sólo se le mata a Jesús, es que se mata todo el
sentido, el significado, el proyecto de su vida, y queda ahí un interrogante
gravísimo, ¿quién ha sido este hombre, un profeta bueno pero equivocado, ha
sido un soñador?. ¿Hay en él algo original, algo definitivo? ¿Quién lo puede
decir?. Si los discípulos abandonaron a Jesús, no fue sólo por cobardía,
sino por coherencia, porque vieron que incluso parecía que Dios no se
identificaba con aquel hombre. Si todo hubiera quedado ahí, probablemente no
habría escuela de teología, no estaríamos aquí, de Jesús se hubiera hablado,
ciertamente, porque su vida es sorprendente, pero no hubiera surgido un
movimiento cristiano. El único que podría decir si en Jesús se encerraba
algo definitivo o no, tal vez era Dios, pero una vez de que le han matado a
Jesús, ¿qué se puede esperar ya?.
Hacia
el año 55, sin embargo, tenemos un testimonio de Pablo de Tarso, un hombre
que habla de su propia experiencia y que, escribiendo a esa comunidad del
puerto de Corinto, les dice así: Si Cristo no resucitó, vana es vuestra
fe, es vacía, dice el término griego, vuestra fe es vacía, no tiene
fundamento, y vana es también nuestra predicación. Y continua, y si
solamente, para esta vida, tenemos puesta nuestra esperanza en
Cristo, un líder, alguien que nos enseña a vivir, somos, para esta vida,
los más desgraciados de todos los hombres. Pero él reacciona, pero no,
Cristo resucitó de entre los muertos.
¿Qué
preguntas nos podemos hacer y tratar de exponer en una hora, en tres cuartos
de hora?.
Primera cuestión: Bueno, hemos empezado a hablar de la resurrección pero
estamos utilizando una palabra cuyo contenido preciso, nadie conocemos. En
principio, resurrección será algo que está más allá de la muerte, después de
la muerte, y resulta que nosotros, ni siquiera conocemos qué es lo que
sucede en la muerte, la podemos observar externamente, ser testigos, ver que
la persona ha muerto, ver que ya ha dado el encefalograma plano, pero, ¿qué
ha pasado en esa persona?, ¿qué es lo que ha sucedido en la muerte?. Sólo
nos lo podría decir el muerto, pero no suelen hablar, de tal manera que
hasta el misterio de la muerte, el límite de la vida, nos desborda, no lo
conocemos,
¿Cómo
nos atrevemos a hablar de resurrección?, ¿qué sabemos nosotros de
resurrección?. Entonces la primera pregunta es muy sencilla, los primeros
que empezaron a hablar de Cristo resucitado, ¿qué querían decir? ¿cómo
entendieron la resurrección de Jesús?. Tampoco ellos saben lo que es la
resurrección de Jesús, no lo saben, utilizan un lenguaje metafórico, sobre
todo emplean dos términos, dicen que Dios ha levantado, a Jesús de la
muerte, o que lo ha despertado; su lenguaje es puramente metafórico,
pero, ¿de qué están hablando?.
Voy a
hacer un recorrido, es claro que estos hombres y mujeres, cuando hablan de
la resurrección de Jesús, no están pensando en un retorno de Jesús a su vida
anterior, es decir, que en ningún momento piensan que la resurrección de
Jesús es la vuelta a esta vida, al mundo terrestre, para volver de nuevo a
morir un día, ya de manera irreversible. Por lo tanto cuando hablan de
resurrección no están hablando, sin más, de la resucitación o de la
vivificación de un cadáver, no confunden nunca, la resurrección de Jesús,
con esos otros episodios que nosotros les llamamos la resurrección de
Lázaro, la resurrección de la hija de Jairo, del hijo de la viuda de Naín,
no, no confunden en absoluto, Jesús no regresa a esta vida, entra en la
Vida de Dios; y esto hoy los exegetas lo afinan muy bien y ven
como, por ejemplo describe, San Juan, el evangelista, una cosa es hablar de
lo que llamamos la resurrección de Lázaro, hoy técnicamente le llaman
re-vivificación, y es que, recordareis como, con mucha ironía, el cuarto
evangelista nos dice que cuando Jesús gritó: “Sal fuera”, salió el
muerto, no el resucitado. Salió el muerto. ¿Sabéis cómo salió Lázaro?, atado
de pies y manos, con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Volvió a
esta vida, dónde nada se ve claro, dónde todo es esclavitud, dónde todo es
tiniebla.
En
cambio cuando habla de la resurrección de Jesús, dice que el sudario y
las vendas, quedan allí. Jesús no ha salido del sepulcro con sus vendas,
ha pasado a otra vida y siempre hablarán así. Por eso no solamente hablan de
resurrección, los primeros predicadores dicen que, Jesús ha sido exaltado
a la Vida de Dios, está a la derecha del Padre, etc. Quizá Pablo es el
más preciso, cuando nos dice que, Jesús, resucitado de entre los muertos
ya no muere más, su vida es ahora un vivir para Dios, es otra cosa; así
que nunca confunden las cosas y piensan que Jesús ha venido a esta vida, por
mucho que en los relatos aparecen, los cuales nos puedan despistar o hacer
pensar otra cosa.
Segundo.
Tampoco confunden nunca la resurrección con una especie de supervivencia de
algo, del alma inmortal de Jesús. Sabéis que en muchas culturas hay esta
idea, muere la persona pero, su alma que es inmortal, sobrevive; para ellos,
Jesús no es un alma inmortal, no es un fantasma, no es un espíritu
desencarnado, ellos hablan de alguien vivo, lleno de vida, liberado de la
muerte, con todo lo que constituye la personalidad. Para ellos Jesús no es
un trozo que queda ahí, todavía permanente, no, no, Jesús ha alcanzado ya la
plenitud de la vida, están hablando de eso, aunque no saben ni como es.
Tercero.
No
confunden, tampoco nunca, la resurrección con algo, que a lo mejor nosotros,
imaginamos así al tener una visión dualista, muy griega, de la persona como
un compuesto de alma y de cuerpo, siempre nos parece que el ser humano,
incluso ahora, cuando ha entrado en crisis el dualismo griego, sin embargo
en la persona hay, hay una cosa física que es tangible, somática, el cuerpo,
la corporalidad, y luego hay otro elemento, pues no sé, algo que está en la
persona pero que ya no están en el cadáver, pues será el alma, el espíritu,
el aliento. Esta es nuestra visión dualista, y entonces desde ahí, con toda
tranquilidad, los catecismos que yo estudié, entendían la muerte como la
separación del alma y del cuerpo, ¿qué pasa cuando uno se muere?, que el
alma se le escapa, y ¿qué pasa en la resurrección de Jesús?, que se vuelven
a unir el alma y el cuerpo; recuerdo que en el catecismo decía: para
nunca más morir, todavía me acuerdo.
Nada
de esto en los primeros cristianos, no pueden pensar esto porque su visión
es totalmente distinta, ellos no distinguen entre estos dos elementos, el
alma y el cuerpo, ellos tienen una visión unitaria de la persona, y cuando
una persona se muere, se muere totalmente, todo lo que es él, se muere y se
va al mundo de la muerte, dónde ya no hay vida. Entonces la resurrección de
ninguna manera es una especie de operación biológica, de la unión del alma y
del cuerpo, es un acto creador de Dios que lo introduce en su propia
Vida, aunque ellos no entiendan lo que es eso.
Cuarto.
Tampoco confunden nunca la resurrección con una especie de permanencia de
Jesús, por lo menos en el recuerdo. Sabéis que se ha dicho lo que se
despertó en ese momento, fue la fe de los discípulos. Se hizo famosa
la frase de Bultmann: Jesús ha resucitado en la fe de los discípulos, lo
que ha resucitado es la imaginación. Los discípulos que vuelven a creer
que tiene que estar vivo, se resisten a creer que haya muerto. Nosotros
podemos pensar lo que queramos, pero todos los textos, sin ninguna duda,
están hablando de la resurrección como algo que le ha sucedido al muerto
Jesús, no es algo que ha sucedido en el interior de los discípulos, en su
conciencia, en su subjetividad, en su imaginación, en su fe, no, el que
ha resucitado es Jesús. Otra cosa es que creamos o no, pero cuando
hablan de la resurrección, están hablando de algo que ha acontecido en el
muerto Jesús de Nazaret. Otra cosa es que después se haya despertado la fe
de los discípulos.
¿Entonces, se puede decir, positivamente, cómo imaginaban la resurrección?.
Pues de manera sencilla voy a decir esto: lo primero que se observa en las
primeras comunidades, es que no les gusta decir que Jesús ha resucitado, no
entienden, un muerto no se puede resucitar a sí mismo, entonces esta
expresión aparece muy tardíamente. No es lo primero, lo que dicen es que
Jesús ha sido resucitado por Dios. Entienden la resurrección, como
una intervención de Dios Creador. Por decirlo de una manera sencilla,
alejándome de la terminología propia de ellos, se puede decir esto: ellos
imaginan que en la muerte, Jesús se ha encontrado con Dios, en el interior
mismo de la muerte. Dios le estaba esperando, para liberarlo de la
destrucción, para vivificarlo y para introducirlo en su propia vida.
De
tal manera que, hay expresiones que se ve que entienden la resurrección como
un hecho creador, pero atención, yo enseguida voy a introducir una
observación que complica bastante las cosas, puede complicar y confundir, lo
voy a decir de manera sencilla, pero no os podéis imaginar los debates que
hay detrás. Los exegetas, los teólogos hoy, afinan bien las cosas y dicen,
no os asustéis, dicen esto: “la resurrección no es un hecho histórico,
pero es un hecho real”. Es decir, la resurrección, precisamente porque
es el paso a una vida que desborda nuestra historia, lo que nosotros podemos
comprobar y verificar, la resurrección no es un hecho más, como tantos otros
que suceden aquí, a tal hora ocurre esto, etc. y los podemos comprobar,
verificar, estudiar, analizar, por su misma definición. El pasar de esta
vida a la Vida de Dios, se nos escapa, por lo tanto tenemos que
encontrar otra terminología, no es propiamente un hecho histórico como
tantos otros, pero para los creyentes es un hecho real, algo que se ha dado,
algo que ha acontecido, incluso, Moltman, uno de
los grandes teólogos de la resurrección, dirá: para los creyentes, no es
sólo un hecho real, sino que es el hecho más real, el que sostiene toda la
historia, el que da sentido para nosotros, el que da sentido a
todo.
Y los
alemanes que tienen todo ese lenguaje tan rico, bueno pues van a decir, los
teólogos alemanes, que la resurrección no es un hecho real de salvación,
aunque no es un hecho empírico como pueden ser otros. Pero esto era también
para los discípulos, por eso, no hay ningún texto que diga que se ha visto
la resurrección de Jesús. Esa imagen del Greco y de otros, de Jesús saliendo
del sepulcro, etc., sabéis que no aparece en los evangelios, nadie dice que
Jesús salió del sepulcro, lo dice un texto, mejor dicho, el evangelio de
Tomás, un evangelio apócrifo tardío, legendario, pero nadie se atreve a
decir que han visto la resurrección, porque la resurrección no es un hecho
que se ve, ya veremos.
Entonces para ver un poquito y como hablaban de algo que se les escapa, pues
podemos estudiar el más importante, el que habla de su propia experiencia.
Es Pablo de Tarso, el único que habla de lo que a él le paso. Al tratar de
describir la resurrección, dice cosas como estas: Jesús ha sido
resucitado por la fuerza de Dios. Para un judío, la fuerza de Dios,
la “dinamis”, dice él, de Dios. Ha sido él, el que con su fuerza, le ha
rescatado de la muerte y por eso dice: “a Jesús le tenemos que llamar,
Señor”. ¿Por qué?, porque los judíos de cultura griega, traducían la
palabra Yahvé, por esta palabra, “Señor”. Jesús está lleno de la
fuerza de Dios, hasta tal punto que le podemos dar el mismo nombre que los
hebreos de habla griega, daban a Yahvé, está como divinizado porque está
lleno de toda la fuerza de Dios.
Utiliza otro lenguaje, Jesús ha sido resucitado por la gloria de Dios,
un término muy importante, la gloria, que no quiere decir alabanza,
exaltación, no, gloria quiere decir, “la fuerza creadora de Dios o la fuerza
salvadora de Dios; dónde Dios demuestra lo grande que es. Cuando Dios se
pone a actuar muestra su gloria, su grandeza y por eso, San Pablo
tranquilamente dice que Jesús resucitado tiene un cuerpo glorioso.
¡Qué bonito, ¿verdad?!. Un cuerpo glorioso, que no significa un cuerpo
refulgente, no, no, significa que Jesús resucitado tiene una personalidad
grande, llena de la misma vida y fuerza de Dios.
Utiliza otro lenguaje, que Jesús ha sido resucitado por el aliento, por el
Espíritu de Dios, por el aliento Creador. Entonces lo mismo, dice: Jesús
resucitado tiene un cuerpo espiritual. Para nosotros es una
contradicción, pero es que él no está pensando en un cuerpo inmaterial,
etéreo, no, Jesús está, tiene una personalidad llena de la fuerza de Dios.
Nos
basta para darnos cuenta en qué terminología y en qué paradigma se sitúan
ellos.
Bueno, pero nos podemos hacer una segunda pregunta, muy importante, ¿y cómo
se les ocurrió decir esto?. Es decir, ¿qué es lo que pasó?, ¿qué es lo que
pudo suceder para que unos discípulos y discípulas?. Llegaran a convencerse
de que Jesús, precisamente Jesús, no el Bautista, no otros, del Bautista se
dijo algo, pero, ¿qué pudo ocurrir para que de Jesús se llegara a la
convicción de que había sido resucitado por Dios?. ¿qué paso?, ¿dónde se
apoyaron?, ¿qué experiencia vivieron para llegar a esa convicción, que hoy
se puede constatar que tuvieron?. ¿Se puede después de XX siglos rastrear
algo?
Primero voy a poner un pequeño esquema, elemental, para ver cómo ha podido
funcionar la mente de estos primeros creyentes. El esquema es muy sencillo,
muy complejo, pero yo lo voy a presentar sencillo.
Primer dato.
Estos
hombres y mujeres, las mujeres más de cerca, los hombres de más lejos, han
podido comprobar que Jesús ha muerto, de esto no ha dudado nadie; Jesús fue
ejecutado, de esto no ha dudado nadie. Primer dato, Jesús ha muerto, lo
han matado.
Segundo dato.
Sin
embargo, al poco tiempo, estos hombres han vivido “algo”, han vivido algo
que ellos no pueden expresar más que diciendo que, ellos tienen la impresión
de que se les presenta vivo, a pesar de que saben que ha muerto. Y no lo
pueden evitar, piensan que está vivo, segundo dato.
Tercer dato.
Tienen que discurrir, se hacen una pregunta, elemental, si Jesús fue
ejecutado y fue muerto y ahora a nosotros se nos presenta vivo, ¿qué ha
pasado?. En ese intervalo, ¿qué ha podido suceder?, esta es la pregunta.
Y
cuarto dato.
¿Cuál
es la respuesta?, ellos acuden a los elementos que tienen a mano, y estos
hombres son, hombres y mujeres que creían que al final hay resurrección;
en el último día, hay resurrección. No de todos, sino de los justos. Y
entonces empiezan a sospechar, si Jesús está muerto, pero ahora se nos
presenta vivo, es que él se ha adelantado, él es el primer justo de entre
los muertos, el primero que ha resucitado, él ya ha llegado al futuro, ya ha
llegado al último día. Y fijaros qué expresiones dicen, una vez de entender
el esquema se puede entender, siempre dicen esto: Jesús ha sido
resucitado de entre los muertos, de entre todos los muertos que están como
esperando el último día, hay uno que ya ha sido resucitado, de entre los
muertos. No dicen, Jesús ha resucitado al muerto Jesús, sino,
ha sido resucitado de entre los muertos.
Pablo
dice otra cosa tremenda: Jesús es el Primogénito de todos los que han
muerto, es el primero de los que han llegado a la resurrección. Este es
el esquema. Y ¿qué es ese algo?, porque yo rápidamente he dicho, vivieron
“algo”, ¿qué es ese algo?. Voy a hacer una cosa un poco telegráfica para
que nos demos cuenta, qué es lo que podemos observar.
Primero.
Como
os he dicho y no me voy a detener más, estos hombres son honestos, ellos no
han visto la resurrección y por eso, ninguno se presenta como testigo de la
resurrección, aunque solemos utilizar ese lenguaje, no, ellos hablan del
ya resucitado, ellos se han encontrado con el resucitado y no describen
ni analizan la resurrección.
Segundo.
Inmediatamente analizando y estudiando los recursos y procedimientos que
emplean, se ve con toda claridad que estos, es una experiencia difícil de
comunicar, no saben cómo decirla, a ellos mismos les ha desconcertado y no
saben. Entonces utilizan un lenguaje que es contradictorio y dicen cosas
como estas, que Jesús es el de antes pero no es el mismo; está con
ellos pero no le pueden retener; es alguien real y concreto, pero ya no
pueden convivir con él como en Galilea. Es un lenguaje que es único, son
géneros literarios sorprendentes, ellos mismos se dan cuenta de que lo están
diciendo mal, pero es que no lo saben decir mejor, es que no saben expresar
mejor lo que ellos han vivido, algo absolutamente inesperado.
Tercero.
Es
una experiencia compartida, no la ha vivido sólo una persona, no sabemos el
orden, quién es exactamente, cómo, dónde, cuándo, pero desde luego, todos
los análisis llevan hacia una experiencia compartida por varios. Osea, no se
ha impuesto una tesis, que hace quince, veinte años, un tal Wilians M., puso
en marcha que pensaba y bueno, hubo gente que le siguió, pensaba que el
único que había tenido la experiencia, que había vivido algo, era Pedro y
Pedro era el que contagió a los demás. Hoy todavía lo sostienen algunos pero
el consenso sigue estando por una experiencia compartida.
Se
puede analizar más, se observa también que es una experiencia que sobre todo
se ha vivido en el contexto de la comida, de una comida. Siempre Jesús come
con ellos, ante ellos, con los discípulos de Emaús hace una cena, en
Tiberiades se ve que le están esperando; luego dice en los Hechos de los
Apóstoles “los que comimos y bebimos con él”. ¿Qué hay detrás de
eso?, no me puedo detener.
Cuarto.
Hay
una palabra técnica, que se ha estudiado muchísimo y es que, la palabra
técnica, diría yo, para hablar de la experiencia, es una palabra que
significa que Jesús se dejó ver, suelen traducir a veces, “se
apareció”, yo lo de aparecer no lo suelo decir porque parece que se aparecen
las brujas, los fantasmas, las apariciones del resucitado, como también se
aparece la Virgen y…, yo hablo de “encuentros”. Bueno, este verbo,
¿qué significa?, se ha estudiado como no os podéis imaginar.
Fundamentalmente, dos cosas, significa que Él se dejó ver. Es decir,
que la iniciativa, de lo que ellos viven, no está en ellos, no se han puesto
en trance, no han preparado, no han hecho algo para ver si se nos presenta,
es una cosa imprevista que se les impone, que les desconcierta y poco a poco
les saca del desconcierto, la iniciativa es de Jesús.
Y
quieren decir otra cosa, aparte de todas las resonancias bíblicas que hay
detrás de esa formula, y es que, todos sabemos, cuando se nos muere una
persona, se nos escapa, se nos oculta, ya no sabemos dónde está, estabas
hablando con esta persona hace cinco minutos, ya ha muerto, ya no podrás
comunicarte, se te ha perdido. Pues si se deja ver, es que Jesús ha salido
del misterio de la muerte y puede de nuevo comunicarse con ellos y esto es
lo que les sorprende, hasta tal punto que es la fórmula que machaconamente
dirá Pablo: “También a mí se me dejó ver”, también se dejó ver a
este, al otro, es la manera de decir de ellos.
Nosotros, hombres y mujeres de este siglo nos interesa, tenemos una
conciencia psicológica, etc., ¿no podríamos decir algo más?. Vamos a ver,
¿qué eran visiones externas, internas, le veían con los ojos, con la
imaginación, con la conciencia, con la fantasía? Desde luego, si hoy Jesús
resucita, iría gente corriendo con video, etc. pero, ¿saldría en el video,
no saldría?. Estuvieron todavía hace dos años repartiéndose estampas, de una
religiosa negra, que dicen le había sacado una foto a Jesús resucitado y se
vendía, claro, todo eso se vende bien.
¿Qué
dicen ellos?. Evidentemente no hablan de esto, todas estas preguntas son
absurdas, estamos hablando de una experiencia que es la de Alguien que
está vivo y que se comunica con esta vida. Pero, ¿cómo hablan ellos?,
Pablo, por ejemplo dice, “fue un regalo”. Es un regalo, es algo que
le coge a toda la persona. Y cuando él quiere hablar de su propia
experiencia, y es al que hay que hacerle caso, porque es el único que está
hablando de lo que él vivió, pues dice cosas como estás: “En aquel
momento yo fui alcanzado por Cristo Jesús; fui como atrapado, me cogió”.
En
otro momento dice, “entonces descubrí la fuerza de su resurrección”.
Fue un momento, estaba persiguiendo a los cristianos, pero entonces descubrí
“la fuerza de la resurrección”. Entonces no nos van a dar ninguna
explicación de tipo psicológico, pero hay que estar atentos, nosotros
podemos leer muy mal los relatos que aparecen en los evangelios; en los
últimos capítulos estamos hoy leyendo unas catequesis que han sido
redactadas a los cincuenta, sesenta años de los hechos, dónde quieren
describir, gente que no ha vivido esa experiencia personalmente, están
tratando de describir de manera narrativa, algo de lo que se recuerda en las
comunidades que fue esa experiencia. Entonces hay que andar con cuidado, de
ninguna manera hay que leerla como un video de lo que pasó.
Pongo
estos ejemplos, si dicen que Jesús saluda, Marcos pone un tipo de saludo;
Lucas, el suyo; Mateo pone sus palabras. Pero si dicen que Jesús saluda,
quieren decir que fue un “encuentro”.
Si
dicen que Jesús les da la paz: “La paz con vosotros”, quieren decir
que fue una experiencia que los pacificó.
Si
dicen que Jesús les enseñaba las Escrituras, a los de Emaús, es que
fue una experiencia que les fue dando, iluminando, dando mucha luz sobre
cómo entender las cosas.
Si
dicen que Él les constituye testigos, es que fue una experiencia que
les animó ya a impulsar el movimiento cristiano, etc. Pero como veis,
pocas cosas se pueden sacar, algunos rasgos, pero poca cosa.
La
experiencia matriz, la más importante fue la experiencia del perdón, porque
el sentimiento fundamental que aparece, es discutida esta tesis; la
experiencia fundamental fue la de hundimiento, le habían traicionado, le
habían dejado solo y vivieron el sentimiento de culpabilidad, no sólo Pedro,
todos, y sin embargo, de pronto se sintieron acogidos por Jesús, “La paz,
la paz”. Es el tema que más aparece en los encuentros, “La paz con
vosotros”, “el perdón”, etc. Y lejos de reñirles, no, lo que les da es
la paz, ellos descubren de nuevo que Jesús es el de siempre, que no les ha
abandonado, incluso aunque ellos le han abandonado.
Otras
cosas que se pueden decir, pues también, que fue el “descubrimiento”.
Pablo dice, “En ese momento para mí fue el descubrimiento de Jesucristo,
entonces Dios quiso revelarme quién era Jesús.
Desde
luego sabéis que a partir de esa experiencia, los discípulos van a tener la
impresión de que, sólo ahora le han entendido, incluso van a hacer toda una
operación de ir hacia atrás y de leer los dichos y los hechos de Jesús, pero
ahora dándoles una lectura mucho más honda y van a descubrir qué misterio se
encierra en Jesús.
También se puede decir que fue una experiencia transformadora, los cambió.
A estos hombres se les ve en Galilea, constantemente en la duda, “torpes
de corazón”, Jesús pierde a veces la paciencia con ellos; “duros de
cabeza”. Y estos hombres tan vacilantes, tan…, resistiéndose siempre al
mensaje de Jesús, a los pocos días se puede constatar, que están defendiendo
la causa de Jesús delante del Sanedrín y que no se van a callar. Estos
hombres que fueron tan cobardes, que ninguno quedó junto a él, en cuanto
llegó la policía del templo, huyeron todos; a los pocos días, pocos meses
probablemente, se están jugando la vida. Si les preguntamos, ¿qué les ha
pasado?, ellos van a decir, “es que está vivo”, “es que está vivo”, “es
que en Jesús hay algo único”.
El
caso de Pablo es el más eminente, de ser un perseguidor, un fariseo fanático
a convertirse en el mayor defensor de Cristo. También vivieron toda su
experiencia como una llamada a la misión, es algo curioso, todos los relatos
que hay terminan, invariablemente, diciendo que, los Once o María Magdalena
o los de Emaús, fueron a comunicar a otros. Los de Emaús, marcharon a
Jerusalén a decir lo que les había pasado en el camino. Maria Magdalena, que
anda como una loca buscando a Jesús, Jesús le dice: “Suéltame y vete a
dónde los hermanos”. Y María cambia el proyecto y aprende a abrazar a
Jesús, pero en los hermanos y les dijo, lo que ella había vivido.
Este
tipo de cosas son las que se pueden sacar de la experiencia, pero no más, y
todo el que empiece a decirnos que fue la imaginación, fue lo otro y dar
explicaciones de tipo psicológico, pues muy bien, puede decir lo que quiera,
pero lo dirá no fundándose en los textos que nos podrían apoyar.
Tercera pregunta.
Ellos
vivieron algo que les llevó a la convicción de la resurrección, y esto fue
importante. Yo ahora, brevemente quiero decir, muy brevemente, cómo la
experiencia que vivieron estos hombres, es lo que originó, lo que
desencadenó, propiamente, la gestación del cristianismo. El
cristianismo, no como un movimiento sencillo de seguirle a Jesús por
Galilea, sino el cristianismo, que luego se ha desarrollado en estos siglos,
únicamente es explicable a partir de esta experiencia. ¿Cómo funcionaron las
cosas?, voy a decir cuatro cosas, sin más.
Primero: por decirlo de manera sencilla. Jesús habló del Reino de
Dios, pero, parece que sigue reinando Roma.
Jesús habló del perdón, pero parece que a él le llegó la maldición de
Dios.
Jesús habló de la ley del Amor, por encima de la Torá, pero se le mató
legalmente.
Jesús habló de la confianza en el Dios-Abba, y nadie le contestó; ¿en
qué quedó todo?. Pues el primer efecto de la resurrección fue este:
Jesús, tenía razón. Lo digo de manera sencilla. Es decir, una vez de que
se convencieron de que Jesús había sido resucitado por Dios, dijeron:
“Dios está de acuerdo con él”. Dios ha desautorizado a todos los que lo
han matado. Nosotros también quedamos en duda, y sin embargo, Dios, el único
que podía legitimar y certificar, la vida, el mensaje, los hechos de Jesús,
era Dios y lo ha hecho. Esto fue definitivo, el unirle a Dios con Jesús,
Dios está de parte de Jesús.
Se ha
analizado muy bien la predicación primera, que está muy reelaborada por
Lucas en los Hechos de los Apóstoles, pero, ¿cuál fue el esquema primero?,
¿cómo empezaron a hablar?, pues el esquema fue este: “Vosotros lo
matasteis pero, (este pero es muy importante, aparece siempre), “pero
Dios lo ha resucitado”. De tal manera que ven la resurrección, no como
un gran milagro, una fuerza sobre la muerte, no, no, lo que ellos ven más
que nada es esto, “que frente a todos los que habían desautorizado a Jesús,
ha actuado Dios”. “Dios ha tenido la ultima palabra, y, ha actuado dando la
razón a Jesús, y, desautorizando a todos los que lo han rechazado”.
Entonces empiezan a entender que en la vida y en el mensaje de este hombre,
hay algo que merece la pena escuchar. Hay algo único, hay algo incomparable,
de Jesús ya no se puede hablar como de cualquier otro, y entonces van a
hacer, vamos a llamar así, entre comillas, “el cristianismo”. No van
a hacer una nueva filosofía, no van a hacer el seguimiento de un rabino, no
van a hacer, por supuesto, un partido político, no van a hacer una nueva
religión, ellos siguen con los salmos, siguen yendo al templo, celebran las
fiestas…, no nace propiamente una nueva religión, lo que nace es,
una fe en Alguien que nos puede salvar, porque se dan cuenta de que
Jesús es una vida que lleva, incluso a superar, el mayor problema que
tenemos los hombres, que es la muerte. Y una vez convencidos de esto,
van a sentir la necesidad de contagiar, Jesús es el camino, Jesús
es la verdad, Jesús es la vida.
Puede
haber muchas religiones, no discuten, no entran en conflictos con las
religiones, nunca han entrado los cristianos, más tarde, sí; no, no la
religiones están ahí, las israelitas, las otras, pero aquí hay una Vida, una
manera de vivir ante Dios, de vivir ante el dolor humano, de defender a los
débiles, de proclamar el amor. Aquí hay una Vida, que es la única que tiene
salida. Fijaros que, le llaman, a mí es de los títulos que más me
impresionan; Pedro, en los Hechos de los Apóstoles, a Jesús le llama, habría
que traducir así: “el líder que nos lleva a la Vida”. Aquí hay
Alguien que ofrece Vida. Entonces, primero: “legitimación de Jesús”.
Segundo. Claro, poco a poco, se hacen una pregunta: Entonces, ¿quién ha
sido Jesús?. Se ven obligados a formular qué misterio se encierra en él. Y,
si queréis, la pregunta completa es esta: ¿quién ha sido este hombre?, cuya
vida, ya era enigmática. Precisamente a partir de ahí es cuando van a decir
dos cosas fundamentales: primero, (antes que la divinidad de Jesús). “Jesús
es el Mesías”, no tiene sentido, seguir esperando ahora un mesías, no,
no, Jesús es el Cristo. Pero si en Jesús ha empezado ya la Vida, si
ya propiamente, el “último día”, él es el primero que ha llegado a la Vida,
entonces, no tiene sentido. De ahí que, a los años, no inmediatamente, sino
que incluso es la sinagoga, después de los años 70, cuando ha quedado
destruida Jerusalén, la que va a expulsar a los cristianos del judaísmo,
porque van a decir, no, hay que seguir esperando al mesías. Ellos dicen, no
podemos, pero, ¿quién va a poder venir más grande que Jesús?. Y es
cuando, las cosas podían haber ido históricamente por otros caminos, pero se
desgaja el cristianismo que nace como una herejía de la religión judía. Y
aún dicen más, “es el Señor”. Al principio este titulo quizás no
tienen la fuerza que tiene después, Jesús es el Señor de la vida y de la
muerte. Pero claro, “Señor” era el titulo que se le daba a Yahvé,
entonces en los profetas, cuando se habla del “día del Señor”, es el día en
que vendrá Yahvé al final de los tiempos. Pero cuando los cristianos hablan
del “Día del Señor”, es el día de Jesús. Incluso al domingo le llaman
el día del Señor. Y la Palabra del Señor, en el Antiguo Testamento, es la
Palabra de Yahvé, pero la Palabra del Señor, tal como dicen los primeros
cristianos, es la Palabra de Jesús. Y poco a poco, ese Jesús
resucitado y lleno de la Vida de Dios, va a adquiriendo unas condiciones,
que yo no voy a decir, divinas en un primer momento, porque el llegar a
confesar que el misterio de Dios se encierra en Jesús como en ningún otro
ser humano, es un proceso largo. En Mateo, por ejemplo, lo que las
comunidades de Mateo dicen, allí por el año 80, “que Jesús es el único que
puede y merece llevar el nombre de Emmanuel, Dios con nosotros”, no dicen
más.
San
Pablo, no va decir que Jesús es Dios, va a decir: “en Cristo estaba Dios
reconciliando al mundo consigo”. San Juan, en el prologo, va a decir que
en Dios hay Palabra, es decir, en Dios hay una dimensión de comunicación, ¿y
quién es Jesús?, naturalmente, esa Palabra de Dios hecha carne. Es
decir, Jesús es un hombre desde el qué, y en el qué, Dios está hablándonos,
comunicándose. Claro, son unas expresiones que hoy nosotros las leemos ya
después de que ha ocurrido el concilio de Calcedonia y otros, pero, hay ahí
todo un proceso que ciertamente, va a llevar a confesar, es decir, al final
la fe cristiana va a ir atribuyendo títulos, nombres, expresiones, formulas,
para de alguna manera expresar que en Jesús ha acontecido algo único. El
misterio de Dios, al final, lo podemos encontrar en muchas partes, pero los
cristianos van a decir, como en Jesús, en ninguna parte.
Y por
último quiero decir otra cosa muy importante, que nosotros a veces no la
advertimos y es el valor salvador de la muerte de Jesús. Una de las primeras
preguntas a las que tuvieron que responder estos hombres y mujeres, fue
esta, “pero si Dios le ha resucitado a Jesús, ¿por qué ha permitido su
muerte?. No sé si os dais cuenta, si le ha salvado a Jesús, ¿qué hacía
en la hora de su ejecución?, ¿dónde estaba en el momento de su asesinato?.
Tienen que hacer una lectura, entonces empiezan a comprender que el
asesinato de Jesús, no ha sido una injusticia más, que no ha sido un
accidente casual, de alguna manera ahí se ha cumplido algo, y ese problema
que tienen de por qué Dios lo ha abandonado, si después Dios ha aparecido
tan identificado con el resucitado. Entonces van a empezar a decir algo que,
todavía hoy lo formulamos muy mal. Van a decir, no, no, en la cruz Dios no
estaba abandonando a su hijo, y mucho menos pidiendo su sangre o pidiendo
que cumpliera algo, no sé, con su honor, no, no, en la cruz, Dios estaba
identificado con Jesús y al entregar a Jesús, Dios estaba entregando a su
propio hijo, y Dios estaba haciendo el mayor gesto. Va a ser la lectura
cristiana del misterio de la cruz. Dios estaba haciendo el máximo gesto de
solidaridad con los últimos, con los perdidos, y en el fondo, con todo el
ser humano, y Pablo dirá eso: “en Cristo estaba Dios, no en plan de
imputarnos delitos, en plan de juez, sino estaba como lo había anunciado
Jesús, estaba Dios reconciliando al mundo con sí.
Quiero terminar, si me dejáis, tres minutos, poniendo un tono a todo esto, y
es el horizonte nuevo, diferente, que se le abre a la comunidad o al hombre
o la mujer que, aunque sea de manera sencilla, sin saber ni cómo formularlo,
sin entender mucho de estas cosas, sin embargo cree que la vida tiene
salida, y la tiene sobre todo, por Jesucristo.
Pues
un horizonte nuevo, ¿no?. Voy a decir unas cuantas cosas. Para nosotros, si
somos creyentes en Cristo resucitado, lo primero que descubrimos es que la
vida no es algo tan enigmático, no es algo tan oscuro, algo, no sé, sin meta
ni salida. Esa esperanza que siempre está en la historia, siempre estamos
buscando algo mejor, nunca nos convence esto, tenemos la intuición, todas
las culturas y todas las religiones y todos los ateismos, tenemos la
sensación de que estamos hechos para algo diferente, la vida tendría que ser
algo mejor, más buena, más larga, ¿cuánto?, eterna, eterna, y tendría que
ser libre. Pues la vida, la vida es un misterio pero no es un paréntesis, un
breve paréntesis, entre dos vacíos inmensos. Fijaros, esta vida de sesenta,
ochenta, ahora dicen que vamos a vivir, los hombres siempre menos, pero no
sé, me parece que nos toca a los hombres, aquí hay médicos, setenta y tantos
y a las mujeres ochenta y tantos. Os imagináis que ridículos somos,
quitándonos las arrugas viendo esto, poniéndonos mejor, haciendo footing, no
hay nada que hacer, la vida tiene un límite, y sigue.
Pues
bien, para un cristiano la vida no son oleadas de hombres que nacen, y
luchan y sufren y aman y mueren y les jubilan, y otra oleada de vida, eso no
es la vida. La vida es algo más, podemos entrever el final. En el capitulo
15 de la Apocalipsis, hay un texto extraordinario, no lo puedo leer ahora:
están todos llorando, todos llorando en torno al trono de Dios, porque no
hay nadie que pueda abrir un rollo que hay allí que está sellado, ya sabéis
como eran los libros antiguos, ¿no?, eran un rollo, había que abrirlo para
leer, y dice, nadie podía abrir aquel libro. Es decir, no se podía ver el
final, el capitulo final que es el más importante, y todos se echaban a
llorar, hasta que dice que viene el Cordero, que es el resucitado y pudo
abrir, el rollo y se pudo ver el final. Bueno pues, el final, “la Vida es
más que esta vida”.
Segundo. Si esto es verdad, pues hay que decir que el sufrimiento, los
abusos, la injusticia, no tienen la última palabra, ni el cáncer, ni la
metralleta, ni ningún dirigente político, no tienen la última palabra. Ni el
hambre, ni las pateras, no tienen la última palabra, no es para
tranquilizarnos, como diré, pero sí para creer un poco lo que dice también
el libro de la Apocalipsis, “Yo he abierto una puerta que nadie puede
cerrar”. Hay una puerta abierta, la realidad es más rica de lo que nos
quiera hacer creer la ciencia. Las cosas no son como nos creemos los hombres
de estos dos últimos siglos, los hijos de las luces. La realidad es mucho
más misteriosa, y en Jesús hay una luz que, es un reto, es un desafío que
unos lo aceptan y otros, no.
Tercero. Pero esta esperanza no es para darnos tranquilidad, sino
precisamente es para aprender a hacer justicias, buscar el Reino de Dios,
aquí ya, cuanto antes, pero con esperanza, no con escepticismo, con cinismo,
o con pesimismo. Claro los cristianos decían: “es que si uno cree en la
resurrección, ya no le puedes parar con nada”. Para mí, en este momento,
el ejemplo más claro son los suicidas, estos suicidas que llevan las bombas.
Cuando uno pierde el temor a la muerte, no se le puede detener con nada, con
nada, mientras haya bombas puede estar tranquilo Sharón, porque ahí hay
hombres que han perdido el miedo a la muerte.
Y los
primeros cristianos vivieron esta experiencia, la muerte no es la última
palabra, se puede ser libre. ¿Dónde ha quedado todo esto?, pues ha quedado
en que, confesamos la resurrección de Cristo, pero no es una experiencia
vivida por nosotros. ¿Sabéis cuál es la virtud más importante de estos
primeros hombres?, la que aparece en primer plano, una virtud que le llaman
la “Parresia”, que hay que traducir por coraje, valor, entereza, esto
es lo que les caracterizaba a los primeros creyentes, ¿por qué?, porque
no le tenían miedo a la muerte.
Y una
última observación. No todo resucitará, menos mal, además, ¿no?. Quiero
decir, San Pablo dice, que Jesús fue resucitado por el Espíritu de Dios y
nosotros resucitaremos en la medida en que vivamos del Espíritu de Jesús.
Es decir, de todos nuestros esfuerzos, líos, luchas, manifestaciones,
tamborradas, charlas, todo lo que queráis, de todo lo que constituye la
vida, no todo va a resucitar, además que es que no merece la pena,
imaginaros que si resucitara otra vez nuestros egoísmos, nuestra ambigüedad,
nuestra mentira, nuestros abusos…, no, no, sólo resucitará lo que ha sido
animado por el Espíritu de Jesús. Es decir, todos los trabajos, sudores que
hayamos sabido hacer o padecer con el Espíritu de Jesús, eso tiene salida, a
una vida vivida y crucificada como la de Jesús, le espera resurrección.
Entonces, yo resumiría la fe de los primeros creyentes, como esta gran
esperanza, la idea de fondo es esta: todos aquellos que luchen por ser
cada día más humanos y más humanas, un día lo serán, por encima de todo.
Y todos aquellos que trabajen por construir un mundo más humano y más
justo, un día lo disfrutarán. Y todos los que, de alguna manera, hayan
creído en Jesús Resucitado y hayan vivido, aún sin saberlo, de lo
fundamental de la actitud de Jesús, tratando de ser buenos y de vivir y
de hacer una vida más digna y dichosa para todos, aunque no lo hayan sabido,
si se ha vivido así y se ha padecido por eso, un día sabrán lo que es Vivir.
Y me detengo aquí porque hay que dar paso al dialogo.
Diálogo.
Pregunta: Dentro de la dificultad del lenguaje bíblico, por lo menos
para los que no nos dedicamos a estas materias, hay algo que se está
permanentemente o con cierta frecuencia, del evangelio que es lo del “tres”:
Destruir este templo y a los tres días lo reconstruiré”. Resucitó a los tres
días, es algo que no casa con lo que has dicho, y que lo estamos repitiendo
en el Credo. ¿Qué significado tiene ese lenguaje en la Biblia?. Sabemos lo
del “siete”, lo del “cuarenta”, pero lo del “tres” no lo sé yo, por lo
menos.
Respuesta: Efectivamente, hay una terminología que es, no de Jesús, pero
es de la comunidad cristiana, que aparecen las predicciones, en el evangelio
de Juan cuando se habla del templo, y es esta afirmación, “que Jesús
resucitó a los tres días o al tercer día”, hay diversos matices.
Luego
sabéis que eso literalmente no se cumplió, eso ya sabéis. Luego hay otra
tradición que dice: “Jesús resucitó el primer día de la semana”. Pero
a Jesús se le mata al mediodía del viernes, y el domingo por la mañana, ya
se dice que está vivo, lo cual, no es al tercer día. Y es que, la expresión
“al tercer día”, “resucitar al tercer día”, no tiene un sentido cronológico,
de calendario, sino que, se ha estudiado muy a fondo los “Tárgum”. Explico
lo que es, en las sinagogas judías se leía la Biblia en hebreo y después se
leían comentarios, a los distintos profetas, etc., en arameo y, estudiando
esos “Tárgum”, se ha descubierto que “resucitar al tercer día”, no significa
tres días de calendario, sino que el “tercer día” le llaman, al “último
día”, al día de la resurrección. Y sobre todo hay un “Tárgum” que estaba
también ya en el libro de Óseas pero no se había tomado tanta conciencia del
tema, hasta que al estudiar esto, se ha descubierto que, efectivamente, en
Óseas, capitulo 6- 1, fijaos que texto de Óseas que, no está hablando de la
resurrección de Jesús, dice: “Venid, volvamos a Yahvé que él ha
desgarrado y él nos curará; él ha herido y él nos vendará. Dentro de dos
días nos dará la vida y al “tercer día nos resucitará, nos levantará”, al
“tercer día”.
¿Qué
este “tercer día? Dice: al “tercer día nos resucitará” y en su presencia
viviremos”. El texto de Óseas tiene su contexto y su explicación, pero los
“Tárgum”, las explicaciones que daban en las sinagogas en tiempo de Jesús,
para comentar textos como éste, del “tercer día”, le llaman “tercer día” al
“Último día”, al “Día de la resurrección”. Tiene su lógica el número “tres”,
que decías, es una dinámica, a la de una, a la de dos y a la de tres. La
dinámica de tres, sabéis que es muy importante, en todas las culturas pero
también en la hebrea, a la de tres es lo definitivo, hay que echarse a la
piscina, no hay que empezar, tres y medio, a la de tres. Y le llaman así, el
tercer día, es el día definitivo, el día de la resurrección. De tal manera
que en principio, cuando se dice que Jesús resucitará al “tercer día”, en
realidad no se está hablando de la resurrección real, tal como luego se
experimentó, sino que Jesús resucitará, el “último día”. Osea, esa es,
brevísimamente, la explicación de ese lenguaje.
El
último día que se le pueda llamar “día”, cuando empezará algo que ya no será
“esto”. No te puedo decir más porque no lo he visto.
“Los nuevos cielos y la nueva tierra”, es decir, siempre ha habido, en
la fe de Israel y en la fe judeo-cristiana, en que esto no es lo definitivo.
Hay corrientes apocalípticas, escatológicas, lo que queráis, pero al final,
queda como núcleo, esto: “Esta no es la última palabra”. Jesús
también decía esto: “Aquí Dios no está reinando, seguir pidiendo, “venga
tu Reino”. Si no podemos nosotros ir al Reino, sino que el Reino se
haga. ¿Dónde y cuándo, cómo?, ni idea, pero algo que no es esto.
¿Qué
cuándo va a llegar ese día?. ¿quieres que te diga con hora incluida? Jesús
se negó, Jesús jamás entró por ahí, ¿y cuándo será?, le preguntaron, no sabe
nadie, Jesús era un realista de miedo. Y si os dicen, ¡oye, ya ha empezado
la cosa, ya viene…!, no hagáis caso, sed más sanos que todo eso y seguir
acogiendo a Dios, como los niños, todo lo que se os regale, cogedlo.
Pregunta.
En la
escena de la Transfiguración, Jesús dice que su Reino no es un Reino de
muertos sino de vivos y aparece con Moisés y con Elías, ¿están resucitados,
o cómo están en esa escena?
Respuesta.
En la
escena de la Transfiguración que está recogida en los tres sinópticos,
Mateos, Marcos y Lucas, Jesús no dice nada, ni palabra, o sea que esa frase
que has citado, pertenece a otro contexto. En la Transfiguración sólo
aparece Jesús transfigurado, con el rostro cambiado y dos personajes, Elías
y Moisés. No tiene nada que ver, sí, hay teorías y tu pregunta tiene su
cosa, como si fuera una anticipación de la resurrección, en realidad no
tiene nada que ver.
Voy a
explicar, es tan importante, uno de los aspectos de la Transfiguración, lo
voy a aprovechar, voy a meter aquí dinamita.
En la
Transfiguración aparece Jesús con el rostro iluminado y aparece Elías y
aparece Moisés. Moisés, el representante de la Ley; Elías, el representante
de los profetas. Pedro está tan contento que dice, ¡qué bien se está
aquí!, eso está muy bien, pero luego dice una tontería impresionante,
“Hagamos aquí tres tiendas”, todo generoso se olvida de sí mismo,
también de los otros dos discípulos. “Hagamos aquí tres tiendas, una para
ti, (para Jesús), otra para Moisés y otra para Elías. No ha entendido
nada. El único que está brillando es Jesús, pero, él tiene tiendas para
todos. Jesús su parte, Elías su parte y Moisés su parte. Es decir, iguala a
la Ley y a los profetas con Jesús.
Nosotros somos cristianos, no somos moisisianos, ¿igual le damos un valor
absoluto a Moisés?. Sólo al que tiene el rostro iluminado. Y no somos
tampoco de Elías. Que será muy importante el profetismo, el carisma, el
ardor, sí, pero se llevan a Jesús. Moisés y Elías están conversando con
Jesús. Ya lo dijo luego Pablo, “la Ley es pedagogo que nos lleva a
Cristo”. Y estando así las cosas, claro todo un lío porque había sombras
y luces y tal, quedan todos envueltos y se oye una voz que dice: “cuidado
Pedro y todos los que me oigáis: “Este es mi Hijo Amado, escuchadle a
él”. No es Moisés mi Hijo Amado, y no es Elías mi Hijo Amado, es
Jesús, escuchadle a él.
Y
entre otros mensajes que tiene esa escena, teología, muy importante, es
esta: “de que los cristianos le damos a Jesús un carácter absoluto, que está
por encima de la Ley, de los profetas”. Lo importante no son las leyes, las
normas, las tradiciones, las religiones, las costumbres, sino Cristo. Lo
importante no son las inspiraciones, los profetas, los carismas: “Cristo”.
(He aprovechado el texto, no tiene que ver nada con la resurrección)
Pregunta.
Yo me
pregunto ahora, si lo que he oído, no será mucho más congruente, enmarcarlo
dentro de una cristología que sea ascendente no descendente, es decir, si
Cristo era Dios, antes, la resurrección, me parece que pierde significado.
Es decir, Cristo no podía ir a otro sitio diferente al que fue, porque era
Dios. Entonces no hacía falta ni la intervención del Padre ni nada, volvía a
lo que era. Por eso me parece mucho más congruente una cristología
ascendente, en que él hace al hombre, Jesús, le resucita, toma la fuerza de
Dios, para hacerle Hijo de Dios.
Respuesta.
Sí,
sin duda, porque una cristología descendente, parte del hecho de que Jesús
es Dios, pero, ¿de dónde lo sabemos?. Sabéis que uno de los debates, de los
giros que se han dado en estos últimos años, es este. La cristología clásica
era, lo que se llama una cristología de arriba abajo; una cristología, como
se decía aquí, descendente. Se parte de Jesús, Hijo de Dios, Segunda Persona
de la Santísima Trinidad, el Logos, para estudiar cómo se encarna, y, toda
la cristología de Santo Tomás de Aquino, etc., pues va ahí, cómo se puede
dar la Encarnación, cómo el Hijo de Dios puede hacerse hombre, lo qué eso
significa, una persona con dos naturalezas, humana, divina, etc.
Claro, ¿qué riesgo tiene esa cristología?, pues, subrayemos la condición
divina de Jesús, pero que no se nos olvide que es humano, y que no tomemos
en cuenta la condición humana de Jesús, y esto es, herejía. Herejía que
domina, probablemente a todos los cristianos y que no preocupa, en Roma,
cargándose al hijo.
Hoy,
la mayoría de los cristianos, no se darán cuenta, pero creen en la divinidad
de Jesús, y no toman en serio la humanidad de Jesús, y eso es herejía.
La
reacción, ¿cuál ha sido, pues una cristología ascendente, de abajo arriba.
Lo primero que sabemos de Jesús es que es un hombre, y vamos a ver cómo es
este hombre, su condición humana, y vamos a ver cómo ha sido su vida, su
mensaje y su destino. Y vamos a estudiar la experiencia pascual, y vamos a
ver cómo los primeros cristianos, a partir de la vida de Jesús y de lo que
vivieron después de su muerte, han ido encontrando, unas fórmulas cada vez
más audaces, que todas son aproximativas, para llegar a definir el carácter,
todavía Pablo no habla como el Concilio de Calcedonia, ¡qué va hablar!,
entonces esta cristología, ¿qué riesgo tiene?, pues tiene el riesgo de que
se subraye bien la condición humana de Jesús, pero que se olvide su
condición divina, y esto es “arrianismo”, esta herejía es la que ha
preocupado siempre, como es natural. Lo importante es ir encontrando las
fórmulas que se encierra en Jesús y que se nos escapa a todos, a los
teólogos, a los jerarcas, y a todos, que no sabemos balbucir o decir;
podemos decir, bueno, este lenguaje parece que es menos preciso y aquel
parece que es más, pero ese es el problema.
Esta
es la experiencia que vivieron ellos. Estos hombres vivieron algo que
llegaron a convencerse de que Jesús esta vivo. ¿Qué experiencias tenemos
nosotros, hoy, para poder llegar a una convicción parecida?. Esta es la
pregunta bien interesante, otra charla tendría que dar, pero, algunas cosas
ya voy a decir.
Una. Leer el evangelio y sentir que no son palabras como las de
cualquier otro libro. Los discípulos de Emaús vivieron esto: “¿No
sentíamos nosotros que, al hablar con él ardía nuestro corazón?”. Si tú,
en algún momento, leyendo el evangelio, hablando de Jesús, te enardeces,
sientes, de alguna manera que aquello te da vida, te sostiene y que aquello
no es como un articulo del periódico o de cualquier otro libro, sino que ves
que esas palabras son espíritu y son vida, no esperes más milagros, ahí
tienes una pequeña experiencia. Lo de Emaús probablemente no pasó de ahí. El
relato de Emaús, ¿qué quiere decir?, dónde dos o más hombres, aunque estén
tristes siguen hablando de Jesús, discutiendo de Jesús, ahí Jesús les
acompaña, aunque no lo vean. De vez en cuando sentirán que su corazón arde.
Otra experiencia: La Eucaristía. La Cena. ¿Qué pasa en Emaús?. Tres
amigos que se sientan a cenar y se les abren los ojos porque descubren que
Jesús les está alimentando. Si alguna vez, en alguna Eucaristía, os sentís
fortalecidos, os sentís consolados, os sentís con más fuerza, sentís, que de
alguna manera, Cristo os alimenta y os sostiene, y os da aguante, no
esperéis ningún milagro más, hay tenéis una pequeña experiencia.
Si un
día en un funeral, dando vueltas a estas cosas, ¿se ha muerto este hombre y
ahora qué?. Si un día en un funeral, rezáis el Padre nuestro, y lo rezáis a
tope, y oís cómo está resonando aquello, pensad un poco, ¿qué es esto, una
ilusión?. Doscientas o cuatrocientas personas rezando esto sin que nos
escuche nadie, ¿o aquí hay algo?. Si al rezar el Padre nuestro, vivís algo,
tenéis una pequeña experiencia. Y estas son las experiencias.
Yo
puedo poner otras. La muerte de mi madre. Alguna vez en una entrevista me
preguntaron, ¿tú crees en la resurrección?. Le dije, mira, yo no sé si a mí
me costaría creer que yo voy a resucitar, pero que mi madre no va a
resucitar, no me lo puedo creer.
No
vale el argumento, pero ahora lo voy a explicar. Conocí la vida de mi madre,
la vida sufrida, terrible, y pensar que la vida de mi madre ha podido ser un
pequeño paréntesis, aquella mujer, aquella sonrisa, aquella manera de vivir,
olvidada de todo, como tantas madres que se les pasa la vida sin saber que
la tenían que disfrutar, por los demás, por los vecinos, por los hijos y se
muere, y bien joven, además. Pues mira, tu madre ha sido esto, un pequeño
paréntesis, pues me cuesta creer que sea sólo eso. Me costaría, no sé si
creer en mi resurrección; pero yo no puedo creer que mi madre, verle morir,
como la vi yo de cerca y ver con qué sonrisa y con qué paz murió, no es un
argumento, no es una prueba, pero para mí, es una experiencia. Yo en el
funeral de mi madre canté el prefacio como no lo he cantado en mi vida, creí
que me iba a echar a llorar, ahora me echaría, pero entonces, no, y suelo
decir, para mí, es una pequeña experiencia. Cada uno sabrá qué experiencias
tiene, pero la vida, Jesús nos diría, es que estas cosas son como la
levadura que está oculta, es que esto es como un tesoro que hay que cavar,
que unos lo encuentran y otros no. Es que esto es una pequeña semilla de
mostaza y los que están buscando grandes cosas, no miran a las semillas
pequeñas. Jesús nos diría cosas de esas y bueno, pero en la vida no faltan
signos. En la vida hay pequeños signos que le pueden colocar a uno, ante la
verdad de lo esencial, estoy convencido, pequeños signos. Normalmente el que
vive distraído, cogido por todo, ese es el que no ve nada. Pero no es porque
no haya signos, sino porque está ciego.
Pregunta. Según has dicho que dijo algún autor, que sólo pudo tener
alguna experiencia, Pedro y que todos los demás fue por contagio. La verdad
es que a mí la fe por contagio se me queda pequeña., porque Jesús se dejó
ver. Jesús le alcanzó a Pablo. Entonces, digo yo, la fe, es decir, dónde
Dios es aceptado, ¿no lleva consigo la experiencia?
Respuesta. Hace unos años un sociólogo norteamericano, hacía esta
distinción, hay los que viven la religión de segunda mano y los que viven de
primera mano. Explico, la inmensa mayoría de los creyentes, piensa que la fe
es creer cosas, creer que Jesús es Dios, creer que Jesús resucitó, creer que
Jesús murió, creer cosas, ideas, eso es la fe. Decir a eso que sí, cuando te
pregunten, Jesús, ¿es Dios?, y digas corriendo a eso, que sí, que sí. Pero
tú no sabes, no has experimentado nada. Entonces normalmente, esta gente no
es que crea en Dios, sino que cree lo que le dicen de Dios, lo que dice la
Biblia, lo que dice el Papa, lo que dice el Obispo, lo que dice el Párroco.
Son personas que, no es que crean en Dios, creen a los que hablan de Dios,
esos deben de saber, así que yo le creo a fulanito. Es religión de segunda
mano, no es fe.
La
religión verdadera es de primera mano, y la persona cree en lo que va
experimentando y no necesita que de fuera le pongan las pruebas, las pruebas
las tiene dentro. Será grande o pequeña, pero tiene su pequeña experiencia,
de eso vive. Y esa es la fe que hay que cultivar, la fe experiencial.
Siempre se cita al bueno de K. Ranner, que en una entrevista, él dijo eso.
“el cristiano del futuro será un místico, es decir, alguien que hace la
experiencia o no será cristiano”. ¿Por qué?, porque ya no habrá en el
entorno un contexto socio-cultural, que sostendrá su fe, y es así. Tanto se
citó la frase que él, cuando iba a morir, dijo, “bueno, debe de ser mi
testamento espiritual”.
Es
que es verdad, hay personas que aguantan la fe, soportan la fe, no sé lo que
hacen, no lo dejan por si acaso, pero no es que tengan ninguna experiencia,
sino que, unos han perdido el miedo y lo han dejado, y otros que no han
perdido el miedo, no es que lo hayan dejado, es que, si no hubiera Dios y
estuviéramos seguros, vaya respiro. Pero siguen creyendo, por si acaso,
porque aunque ahora dicen que no hay infierno, vete tú a saber. Siempre es
creer lo que dicen otros, y en cambió, pues es verdad, es la propia
experiencia la que nos tiene que hacer crecer y purificar la fe. Una
experiencia sostenida en la Palabra de Dios.
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