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UNAS PREGUNTAS
Probablemente tú no rechazas a Dios. Al
menos, nunca te lo has planteado así cuando te has ido alejando de la
religión. Lo que te pasa es que no aciertas a creer y tampoco ves muy
claro para qué te puede servir la fe. ¿Por qué no empezamos por aclarar
algunas cosas?
Quizás la primera
pregunta que surge en tu interior es muy sencilla:
¿Para qué creer?
¿Cambia algo la vida el creer o no creer?. ¿Sirve la fe realmente para
algo?
Esta pregunta
sólo es posible cuando sigues pensando equivocadamente, que tener fe es
creer una serie de cosas enormemente extrañas que nada tienen que ver
con la vida, y no has vivido nunca la experiencia viva de Dios.
La experiencia de
sentirte acogido por Él en medio de la soledad y el abandono, sentirte
consolado en el dolor y la depresión, sentirte perdonado en el pecado y
el peso de la culpabilidad, sentirte fortalecido en la impotencia y
caducidad, sentirte impulsado a vivir, amar y crear vida en medio de la
fragilidad.
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¿Para qué creer?
Para vivir la
vida con más plenitud.
Para situarlo
todo en su verdadera perspectiva y dimensión.
Para vivir
incluso los acontecimientos más banales e insignificantes con más
profundidad.
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¿Para qué creer?
Para
atreverte a ser humano hasta el final.
Para no
ahogar tu deseo de vida hasta el infinito.
Para defender
tu verdadera libertad sin rendir tu ser a cualquier ídolo
esclavizador.
Para
permanecer abierto a todo el amor, toda la verdad, toda la ternura
que se puede encerrar en el ser.
Para seguir
trabajando tu propia conversión con fe. Para no perder la esperanza
en el hombre y en la vida.
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¿Se le puede obligar a uno a
creer?
No. Nadie te
puede forzar desde fuera para que creas. Te tienes que sentir
absolutamente libre. Tú eres el responsable último de tu vida. Eres
tú el que tienes que decidir cómo quieres vivir y morir. Lo que
podemos hacer es dialogar entre nosotros, compartir honestamente
nuestras experiencias y ver si nos podemos ayudar un poco a acertar
en la vida.
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¿Hay que hacer algo para
creer?
Sí, desde
luego. No basta hablar de estas cosas de manera indiferente o
frívola. Tampoco es suficiente dejarte llevar por la tradición. Eres
tú el que tienes que aprender a sentirte a gusto con Dios. Pero,
¿qué tienes que hacer en concreto? Para empezar, estar más atento a
lo que hay dentro de tu corazón, y atreverte a escuchar las llamadas
que te brotan desde dentro.
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¿Hay algún método para
aprender a creer?
No. Cada
persona tiene que recorrer su propio camino. No hay recetas ni
fórmulas mágicas. Lo importante es que seas honesto, que trates de
escuchar la vida hasta el fondo y que busques a Dios con confianza.
Eso sí, lo tienes que tomar con seriedad y dedicar a esto un cierto
tiempo.
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Pero, la fe, ¿no es cuestión
de temperamentos?
Sin duda, hay
personas más sensibles al misterio de Dios y personas menos
dispuestas, pero la fe no es un asunto de personas «crédulas» o
«sensibleras». No tienes que forzar tu manera de ser. Tú puedes y
debes buscar a Dios desde tu propio temperamento. Dios quiere
encontrarse contigo tal como eres.
Por supuesto.
Para ser creyente no es necesario que resuelvas todos los
interrogantes y dudas que te vienen a la cabeza. Lo decisivo es que
te relaciones con Dios honestamente. No es más creyente el que con
más seguridad habla de los «dogmas» o la doctrina cristiana, sino
quien se esfuerza sinceramente por vivir en la verdad ante Dios. Lo
importante es que no te engañes a ti mismo ni trates de engañar a
Dios.
No
necesariamente. Algunos suelen sentir paz y alegría interior; tienen
la sensación de estar descubriendo el camino acertado. Pero lo
importante no es buscar «experiencias especiales» sino dar pasos
prácticos donde se vea tu deseo sincero de descubrir el sentido
último de tu existencia: dedicar algún tiempo a reflexionar sobre tu
vida, leer el evangelio para conocer mejor a Jesús, rezar...
Mira, creer
es tan sencillo y, al mismo tiempo, tan complicado como lo es el
vivir o el amar. A veces te parecerá la única manera de vivir de
manera digna y dichosa. Otras veces te puede parecer difícil y duro.
Pero, si te encuentras de verdad con Dios, ya no lo olvidarás; si te
encuentras con Jesús de Nazaret en el fondo de tu ser, tu vida
cambiará, serás diferente.
Para conocer más a Jesús, lee
un libro sobre él.
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