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Caminos hacia
Dios
José Antonio
Pagola
Tú puedes encontrarte con Dios, sentirlo más cerca,
vivirle de otra manera. Puedes ir pasando poco a poco de la
indiferencia a la confianza, del recelo a la amistad, de la
incredulidad a la fe. Te lo digo porqué tú puedes escuchar la
invitación de Dios que está ya resonando en tu interior.
Dios te puede parecer hoy un desconocido. No puedes
entender que haya personas que vivan con alegría su fe. No te cabe
en la cabeza que Dios pueda ser para alguien una fuente de alegría y
de fuerza para vivir. Pero tu vida puede cambiar.
Dietrich Bonhoeffer, un teólogo alemán ejecutado por
los nazis, solía decir que hay personas que viven durante muchos
años solo con la mitad de su corazón. También a ti te puede estar
pasando algo de esto. No estás viviendo la vida desde lo más hondo
de ti. Van pasando los años, pero hay algo que se te está
escapando. Tal vez me dirás que hace ya mucho tiempo que has
dejado las prácticas religiosas. Vives alejado de la Iglesia, ¿dónde
vas a encontrarte con Dios?, ¿qué caminos puedes seguir para
buscarlo?, ¿qué novedad puede introducir Dios en tu vida tan alejada
de cualquier experiencia religiosa?
Un primer camino que te puede acercar a Dios es la
naturaleza. ¿Eres sensible al campo, el mar, los bosques o la
montaña?, ¿sabes mirar al cielo, las nubes, las olas o las
estrellas? Abre bien tus ojos y tus oídos para contemplar el
universo que te rodea. Puede que no te diga nada, pero puede que un
día se te presente como un escenario fantástico.
¿No ves cómo se refleja de mil formas la belleza, la
fuerza y el misterio de la vida?
Míralo todo desde lo hondo de tu ser. Tú mismo eres
una parte minúscula de ese mundo. ¿No escucharás nunca una
invitación callada a orientar tu corazón hacia
Aquel que es el origen de la vida y el fundamento de
todo lo que es? ¿No percibirás jamás la presencia humilde del
Misterio insondable que lo envuelve todo?
Otro camino para elevar tu espíritu hacia Dios puede
ser la experiencia estética. El disfrute de la belleza artística
puede invitarte hacia la belleza misteriosa de Dios. Vivimos una
vida tan agitada y dispersa que vamos perdiendo capacidad para
gustar la poesía, la música o el arte. Los caminos pueden ser
diversos.
Cuida tu sensibilidad. Conozco a personas en las que
la experiencia de la música crea un espacio interior que les invita
suavemente a una actitud más confiada y abierta al Misterio de Dios.
Un camino excelente hacia Dios es, sin duda, el
encuentro amoroso. ¿Quieres de verdad a alguien?, ¿te sientes
querido?, ¿estás enamorado o enamorada? La amistad entrañable, el
disfrute íntimo del amor, la confianza compartida, el perdón mutuo,
la fiesta, el descanso divertido son experiencias que te pueden
hacer saborear la vida de una manera más honda.
Te liberan de la soledad y el aislamiento, te
rescatan de tu inseguridad, iluminan la oscuridad que hay en ti, te
infunden alegría, ponen color en tu vida. Son experiencias que te
están invitando a vislumbrar la ternura amistosa de un Dios que es
la fuente última de todo amor. ¿No sabrás presentir nunca en tus
encuentros amorosos la plenitud insondable de quien es sólo Amor?
Hay otro camino. Para mí, es el mejor para quienes
os habéis alejado de la Iglesia y andáis buscando cómo creer en Dios
de otra forma. Es Jesucristo. Estoy convencido de que conocer mejor
a Jesús, leer sin prejuicios su evangelio, dejarse ganar por su
espíritu y sintonizar con su estilo de vivir puede ser el camino más
seguro para descubrir el verdadero rostro de Dios.
Jesús contó un día la parábola de un hijo que
abandonó su casa, se alejó de su padre y se echó a perder. Son cosas
que hacemos todos: nos olvidamos de Dios, nos alejamos de él y
estropeamos nuestra vida de muchas maneras. Aquel hijo un día
volvió. Jesús nos cuenta que el padre lo estaba esperando.
Cuando lo vio llegar hambriento y humillado, «se
conmovió», perdió el control, echó a correr y lo besó efusivamente.
Dios es así.
Un Padre que nos espera con los brazos abiertos.
Puedes leer el relato de Jesús en el evangelio de Lucas 15, 11-32.
Te hará bien.
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«Así dice Dios:
Yo me dejo encontrar
por quienes no preguntan
por mí;
me dejo hallar por quienes
no me buscan.
aquí estoy para quienes no invocaban
mi nombre»
Dile: "aquí estoy"
Libro del profeta Isaías 65, 1
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