|
APRENDER A CREER
Del evangelio de san Lucas, capítulo, 11,
versículos del 9 al 13
Por esto
os digo: Pedid, y os darán; buscad, y encontraréis; llamad, y Dios os
abrirá la puerta.
Porque
todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama,
Dios le abrirá la puerta.
¿Qué padre
entre vosotros, si su hijo le pide pescado, en vez de pescado le dará
una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si
vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto
más el Padre que está en el cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo
pidan?
(del evangelio de San Lucas, capítulo 11,
versículos del 9 al 13)
Comienzo a
escribir estos,
con mucha fe y no poca inquietud. No sé
si lograré
comunicarme con vosotros. Ni siquiera sé quiénes leeréis estas
“páginas”.
Yo quiero
dirigirme a quienes os habéis alejado de la Iglesia sencillamente
porque no os convence.
Quiero
hablar con los que habéis dejado de ir a misa, porque hace tiempo
que no os dice nada.
Sé que
dentro de vosotros no se ha apagado la fe en Dios. Muchos de vosotros
seguís admirando a Jesús aunque tal vez no lo conozcáis bien, ni penséis
en él con mucha frecuencia.
Habéis
hecho lo más fácil: dejar a un lado una religión que no os
ayudaba a vivir mejor. Otros muchos han hecho lo mismo a lo largo de
estos años. ¿Ha sido lo más acertado? No lo sé.
Algunos
de vosotros y vosotras deseáis volver a creer, pero de manera diferente.
No queréis retornar al pasado. No guardáis buenos recuerdos de vuestra
experiencia religiosa de niños. No queréis retomar las creencias y
prácticas de otros tiempos: las confesiones de los pecados contra el
sexto mandamiento, los sermones de cuaresma, aquella semana santa…
Buscáis algo más auténtico y gozoso.
A
veces os preguntáis qué podéis hacer ahora, después de tantos años. La
verdad, no es fácil. No os veis a estas alturas, hablando con un cura.
Tampoco sabéis a dónde acudir o qué pasos dar. De estas cosas no se
puede hablar con cualquiera. Dios no interesa. Al menos, eso parece. Si
decís entre vuestros amigos que andáis buscando a Dios, se sorprenderán.
Alguno tal vez se sonreirá.
Lo cierto
es que vosotros y vosotras buscáis luz, verdad y paz.
Queréis «entender» mejor algunas cosas sobre el cristianismo, pero lo
que sobre todo deseáis es comprobar si Dios os puede dar en estos
momentos fuerza, alegría y esperanza para vivir. A veces intuís que
vuestra vida cambiaría si pudierais sentiros a gusto con él.
A veces
querríais comunicaros con Dios de otra manera, pero no sabéis cómo. Ya
no os sale rezar. También desearíais conocer mejor a Jesús, pero no
sabéis por dónde empezar. ¿Qué hay que hacer para aprender a creer de
una manera más viva?
De todo
esto quiero hablar con vosotros en esta “página”.
No quiero
exponer doctrinas de teólogos sino sugerir caminos para creer en Dios.
No es mi objetivo divulgar el catecismo sino acompañaros a conocer el
evangelio. Quiero, sobre todo, hablar de Jesús, el mejor creyente
que conocemos. El único que pone alegría y esperanza en nuestros
corazones.
Quiero
ser honesto con vosotros. Hablaré de lo que creo. Sólo de lo que creo,
de nada más.
Dios
sigue vivo y está actuando en nuestros corazones por diferentes caminos.
Incluso a través de estas pobres líneas. Termino recordando unas
palabras de Jesús. Para mí encierran una gran verdad. Así decía él:
«Buscad y encontraréis... porque quien
busca está encontrando».
Inicio |