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1.- Una madre siempre está pendiente
de sus hijos. Sabe perfectamente que no todos necesitan lo mismo. Y da a cada
uno lo que cada uno necesita.
Acudimos hoy a María, cada uno le presenta su
necesidad. Ella, maestra de oración, nos ayudará como buena Madre.
2.- Alégrate,
María, el Señor está contigo.
Y Dios nos regaló una Madre, la "Bendita entre todas
las mujeres"
Es bueno acudir con frecuencia a la Madre y presentarle
una petición: que nos indique lo qué debemos hacer. Ella nos dirá lo que dijo en
las bodas de Caná: "Hacer lo que Él os diga". Una invitación a escuchar a Jesús.
Si de verdad queremos escucharle, le sobran medios para hacerse entender.
3.- No hay
medida humana capaz de calibrar lo que cuesta un hijo a su madre.
Y cuántas veces tienen que oír, ver y sufrir las
impertinencias del hijo. Uno, pequeño de seis años, cuya madre no accedía a
comprarle lo que él quería, le decía: "¡Qué mala eres mamá!. No conozco ninguna
mujer tan mala como tú.
"No te preocupes, hijo mío, le contestó la madre, ya la
conocerás".
El amor materno es un milagro de amor, el más fiel
reflejo del amor divino.
Madre, enséñanos a amar como tú amaste a Jesús, tu Hijo
y a todos los que te rodeaban, a todos mirabas como a hijos.
Gracias, María, a mí también me miras con ese amor de
Madre.
4.- Una abuela
lleva a su nieta a ver una procesión, era de la Virgen de Fátima. La niña, al
ver pasar a la Virgen, le dijo a su abuela:
- Pobrecita la Virgen, debe de estar muy cansada y no
puede andar; por eso tienen que llevarla.
Al terminar la procesión, la abuela le llevó a la
iglesia. Cuando se marchaban, la niña lloraba porque quería llevarse a la Virgen
a su casa para que descansara.
A veces, también los mayores pensamos como la niña: "la
Virgen debe de estar cansada de oírme, de mis peticiones, de mis fracasos y de
mis promesas..."
Un canto a María dice en una de sus estrofas:
"Y al rezarte pude comprender que una madre no se cansa
de esperar..."
No se cansa de esperar, no se cansa de escuchar, no se
cansa de ayudar, porque no se cansa de amar.
Este es el secreto y esta es nuestra garantía y el
motivo de nuestra confianza.
Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor
está contigo...
5.- Cuentan que
Miguel Ángel, sólo firmó, de todas sus obras, La Pietá. En un repliegue del
manto de la Virgen puso su nombre, en el año 1500.
El rostro de la Virgen reproduce el de su madre. Y la
madre de Miguel Ángel había muerto cuando él tenía cinco años.
Impresiona comprobar como se graba en la mente del niño
la imagen de su madre. Y es muy lógico que esa imagen sea el punto de apoyo y de
partida para imaginarnos a la Virgen María.
Aunque sería más exacto decir, parafraseando el
Génesis, al hablarnos de la creación del hombre, que nuestras madres están
hechas "a imagen y semejanza" de María. Ella es el modelo de Madre. O, mejor
dicho, es la Madre por excelencia.
Reza un Ave María acordándote de todos los niños que
sufren la muerte de sus madres, por enfermedad, en las guerras, en atentados
terroristas...
6.- La estampa
"Casi toda mi familia es católica, y se lo debe a mi
abuelo. Había nacido en una familia no-católica de Hungría. Un día, siendo
pequeño, encontró una estampa de la Virgen cuando iba camino de la escuela. La
recogió y la guardó en un libro. Desde entonces no paró de preguntarse quién
sería la hermosa Señora del grabado.
Un día uno de los profesores se la vio; se le había
caído sin darse cuenta del libro. Muy enfadado interrogó a mi abuelo a ver dónde
y cómo la había conseguido. A pesar de que dijo la verdad, le castigó
severamente. Aquello no hizo más que agudizar la curiosidad que ya tenía. ¿Cómo
era posible que alguien recibiera una castigo por llevar una estampa? Y lo más
importante: ¿quién era la persona que estaba allí dibujada?
En 1905 llegó a América, allí conoció a mi abuela, que
era protestante y se casaron. Se casaron por lo civil en 1917.
Su curiosidad por la estampa no paró hasta que en una
iglesia católica le explicaron de quien se trataba. Y lo que empezó siendo
curiosidad por la persona del dibujo, se convirtió en interés por la religión
que la veneraba. Mis abuelos fueron a la catequesis, se convirtieron al
catolicismo, se casaron por la Iglesia y educaron en la religión católica a sus
once hijos.
Gracias a aquella estampa de la Virgen, mis 85 primos y
mis 105 primos segundos son católicos.
Algunos aún no lo son. Pero de ellos ya se encargará mi
abuelo, con la Señora de la estampa desde el cielo".
Dios se suele servir hasta de lo más insignificante. Y
por María siempre se llega a Jesús y a su Iglesia.
Rezamos un Ave María por todos los que no conocen a
Jesucristo. Que por medio de María vayamos a Jesús.
7.-
El recuerdo de la madre
Un famoso millonario paseaba un día, el Rey del Acero,
con el encargado de tramitar las infinitas peticiones que se le hacían de todas
partes. De pronto, una anciana les detuvo para pedirles que cancelara la
hipoteca que tenía de su casa.
Está bien, señora. Será cancelada su hipoteca,
respondieron y siguieron su camino.
Perdone usted, dijo el asesor. Yo ya le había negado a
esa señora ese favor. No hay motivo alguno para que usted se interese por
ella...
Al contrario, existe uno, dijo el famoso millonario.
¿Y cuál es?, si no es indiscreta la pregunta.
Su enorme parecido con mi madre.
Cuando acudimos a la Virgen María para que Ella
interceda ante Dios, el Señor ve mucho más: no se parece mucho a su Madre: es su
Madre. ¿Qué puede negarle?.
Si el parecido con la madre conmueve el corazón de un
hombre, ¿qué no ocurrirá en el Corazón de Jesús?
La súplica de María, nuestra Madre, es omnipotente.
Rezamos un Ave María por todas las madres, las que
están con el Padre y las que aún viven con nosotros.
8.- Un ángel de carne y hueso
Una antigua leyenda, cuenta que un niño, próximo a
nacer, le dijo a Dios:
Me vas a enviar mañana a la tierra, ¿cómo viviré allí
siendo tan pequeño y frágil?.
Entre los muchos ángeles, escogí uno que te espera,
contestó Dios.
Pero aquí, en el cielo, no hago más que cantar y
sonreír y eso basta para mi felicidad. ¿Podré hacerlo en la tierra?
Ese ángel te cantará y sonreirá todos los días y te
sentirás muy feliz con sus canciones y sonrisas.
¿Cómo lo entenderé cuando me hable, si no conozco es
extraño idioma de los hombres?
Ese ángel te hablará y te enseñará las palabras más
dulces y más tiernas que escuchan los humanos.
¿Qué haré cuando quiera hablar contigo?
Ese ángel juntará tus pequeñas manos y te enseñará a
rezar.
He oído que en la tierra hay hombres malos, ¿quién me
defenderá?
Ese ángel te defenderá aunque le cueste la vida.
Pero estaré siempre triste porque no te veré más,
Señor; y sin verte me sentiré muy solo.
Ese ángel te hablará de mí y te mostrará el camino para
volver a mi presencia.
En ese instante, una inmensa paz reinaba en el cielo,
no se oían voces terrestres, el niño decía suavemente:
Dime su nombre, Señor.
Y Dios le contestó:
Ese ángel se llama "MAMA"
Cada niño, además de ese ángel en la tierra, tiene otro
ángel, también de carne y hueso, en el cielo: María, la Madre de Dios. Pues,
como dice un proverbio francés: "hasta Dios ha querido tener una Madre".
Rezamos un Ave María por todos los niños que van a
nacer en este mes, para que de verdad se encuentren con ese ángel que les enseñe
a rezar y a hablar con Dios. Tenemos también presentes, a todos los niños que se
quedan en el camino sin que les dejen ver la luz.
9.- Donde
el frío no entra
Se cuenta en una fábula que el frío quedó sorprendido al oír cantar a un
pajarillo en pleno invierno.
-¿Dónde has pasado la noche? -le preguntó.
-En un establo, donde los bueyes me
prestaron su calor.
A la noche siguiente el frío arreció tanto que a los bueyes y mulas se les
helaba el aliento. Y el frío, que ya creía muerto al pajarillo, oyó, con
sorpresa, que seguía cantando.
-¿Pero dónde has pasado esta noche? -volvió a preguntar.
-En una cueva, donde habían quemado leña.
La próxima noche, aquella cueva quedó
convertida en una nevera.
El frío no salía de su asombro al oír al día siguiente el canto del pajarillo.
-¿Pero todavía no has muerto de frío? ¿Dónde has pasado esta noche última?
-preguntó de nuevo.
Junto al corazón de una madre que estrechaba a su hijo.
-Ahí no puedo entrar yo -pensó el frío, dándose por vencido.
Una de las mayores maravillas que Dios ha hecho es el corazón de una madre. Es
lo más parecido al amor de Dios. Alcanza unos niveles de entrega inconcebibles para
la razón.
La Virgen María es Madre; además, es la bendita entre todas las Madres. Y es mi
Madre.
"Dios, no pudiendo estar en todas partes, puso en el mundo a las madres"
(Proverbio árabe).
Rezamos un Ave María por tantas personas sin hogar, sin
calor humano... Para que encuentren en su camino una mano amiga que les acoja en
su corazón.
10.- Balduino y Fabiola
Cuenta el cardenal Suenens que, siendo primado de Bélgica, había acompañado al
rey Balduino en sus visitas a distintos pueblos de la nación. Le llamaba la
atención que la gente, ante la presencia del rey, solía gritar: "¡Viva la Reina,
viva Fabiola!", aunque ella no estuviese presente. El cardenal, movido por la
curiosidad, algunas veces preguntaba a la gente:
-¿Por qué vitoreáis a la Reina si ella no está aquí ni os puede oír?
Y la gente le contestaba:
-Gritamos "viva la Reina" porque sabemos que eso le gusta al Rey.
A Balduino le gustaba oír vitorear a su esposa porque la quería con toda su
alma.
A Jesús le gusta oír vitorear, aclamar, a su Madre porque la quiere como
ningún otro corazón humano puede querer.
Por mucho cariño que tengamos y manifestemos a la Virgen María, nunca la
querremos como Él la quiere. En amor a María no hay peligro de pasarse. El único
riesgo que corremos es el de quedarnos cortos.
¡Ojalá no caigamos en él!
Rezamos un Ave María por las madres que no son
queridas, comprendidas, acogidas, cuidadas... por sus hijos, que todos imitemos
a Jesús en el cariño a su Madre.
11.- Separación forzosa
Un hombre se estaba muriendo cuando el médico que le
atendía le cogió de la mano y le dijo:
No tenga usted miedo. No me apartaré de su lado.
El hombre se volvió hacia él y, fueron sus últimas
palabras, dijo furioso:
Usted no se irá, pero el que me voy soy yo...
"Usted no se irá, pero el que me voy soy yo...". Ante
la propia muerte uno se encuentra siempre solo. La compañía de parientes y
amigos llega hasta ahí. Pero de ahí no pasa.
Conviene buscar y asegurar, mientras hay tiempo,
compañeros que puedan llegar más allá. Y entre quienes pueden llegar más allá,
traspasar la frontera de la muerte, está María: "Ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte".
¡Qué consuelo debe de suponer en ese momento la
compañía de la Madre!
Rezamos un Ave María por todos los moribundos. Por los
que mueren acompañados por los suyos y por los que mueren solos. Por los que
mueren sabiendo rezar y por los que nunca han aprendido a rezar.
12.- Multiplicación de la parentela
Juan XXIII era hijo de un granjero. Cuando le hicieron
cardenal, como su nombre era Roncalli, un periodista le preguntó:
¿Su Eminencia es pariente del marqués Roncalli?
Hasta ahora no, dijo monseñor. Pero ahora que soy
cardenal es posible que comencemos a emparentarnos.
El pobre, por no tener, no tiene ni quien reclame o
presuma de ser su pariente. Con el rico o famoso ocurre lo contrario: le salen
parientes como setas en una semana de lluvias.
"¡Cómo gusta a los hombres que les recuerden su
parentesco con personajes de la literatura, de la política, de la Iglesia!...
Canta ante la Virgen Inmaculada, recordándole:
Dios te Salve, María, hija de Dios Padre. Dios te
Salve, María, Madre de Dios Hijo. Dios te Salve, María, Esposa de Dios Espíritu
Santo... ¡Más que tú sólo Dios!".
Qué alegría estar emparentado con la misma Madre de
Dios: ¡es mi Madre!.
Rezamos un Ave María por todos nuestros parientes y
familiares.
13.- El personaje del año
Era una familia numerosa: 9 hijos, casados y con hijos
casi todos. La madre, con muchos años y viuda, solía reunirlos con ella un día
en las vacaciones de Navidad.
Conservaban desde niños una preciosa costumbre: a la
hora del postre de aquella comida familiar, se elegía, por rigurosa votación, de
entre los muchos miembros de la familia, el personaje del año.
La madre, mientras servía a cada hijo, le preguntaba,
secretamente y con curiosidad, a quién pensaba votar ese año. Todos le decían
que iban a votar a un hermano, a una cuñada, al pequeño que acababa de nacer...
Llegaba la hora del postre y, con él, la hora de la
votación. Se recontaban las papeletas. Y la madre veía, con satisfacción nada
disimulada, que en cada una de ellas era ella la elegida. Todos los años, por
unanimidad, nombraban a la madre "personaje del año".
La madre es, sin duda, el personaje en la vida del
hijo. No es fácil encontrar otro ser humano que influya tanto en nuestra
trayectoria vital como la madre.
Y Jesús no creo que haya sido una excepción.
¡Ojalá sea también para nosotros, para mí misma la
Virgen María "el personaje de mi vida!
Rezamos un Ave María por todas las familias numerosas
que saben alegrar la vida de los padres y abuelos mayores.
14.- Huérfano
Un joven universitario iba, con otro compañero,
paseando por una alameda. Por allí pasean también muchas madres con sus niños
chiquitines: las madres hablan y los niños juegan.
Uno de aquellos pequeños tropieza y se cae. Y al caer
se le escapa del alma un grito lloroso: ¡Mamá!. ¡¡Mamá!!.
Al joven estudiante, nada más oírlo, también se le
escaparon las lágrimas. Su amigo, desconcertado, le pregunta:
¿Qué te pasa?. ¿Por qué lloras?
Es que yo nunca he podido decir "mamá". Mi madre murió
cuando yo nací.
El no haber conocido a la madre tiene que ser doloroso.
Esa ausencia deja una huella imborrable. Pero, desde que Jesús, agonizante, nos
entregó a su Madre, ya no hay huérfanos en la tierra. Todos tenemos una madre.
Aquel joven, seguramente, tendría dos madres en el
Cielo: su madre biológica y su Madre celestial.
Y todos, como niños pequeños, necesitamos y podemos
llamar "Mamá". Y eso cuando caemos y cuando estamos de pie.
Y esa Madre nunca está entretenida: nos contempla, nos
escucha y nos ayuda siempre.
Rezamos un Ave María por todos los niños que han
crecido sin conocer a su madre. Por tantos niños abandonados al nacer. Y damos
gracias a Dios por habernos dado una Madre, su misma Madre.
15.- Hay amores que matan
Un aviador recordaba, con emoción, el consejo de su
cariñosa abuela:
Cada vez que salía de casa para trabajar, para
emprender algún viaje, siempre me repetía:
"Vuela despacito y bien bajo"
Y comentaba el nieto:
Lo mejor que podía hacer para estrellarme.
Es frecuente encontrarse con gente, que nos quiere, y,
por una mala entendida compasión, intentan apartarnos de nuestro deber y,
consecuentemente, de nuestro bien.
Y, sobre todo, en lo que se refiere a nuestra relación
con Dios. Cuando alguien decide tomarse a Dios en serio, seguro que oye decir,
en boca de gente que le quiere, consejos en este tono: "Yo creo que exageras".
"No te pases". "No es para tanto"...
Esos compasivos no entienden que se quiera vivir la
relación con Dios Padre a fondo, con pasión, a tope.
Hasta a Jesús le ha ocurrido lo mismo: "Llegados a
casa, se volvió a juntar la muchedumbre, tanto que no podían ni comer. Oyendo
esto sus parientes, fueron a llevárselo, porque decían que había perdido el
juicio" (Mc. 3,21)
Aquellos parientes del Señor llevaban con ellos a la
Virgen María. Pero la Virgen no achica nuestras ilusiones, ni las de su Hijo ni
las de sus otros hijos. Yo le pido que me enseñe y ayude a volar alto, como
Ella.
Rezamos un Ave María por todos nosotros, que tantas
veces no llegamos a comprender los caminos de Dios y no nos decidimos a volar
alto.
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