PARROQUIA DE SAN VICENTE MARTIR DE ABANDO

UNIDAD PASTORAL ABANDO-ALBIA

48001 BILBAO

Bilbao, 7 de Octubre de 2007

 

Queridos amigos,

Todavía con el regusto de las vacaciones, hemos comenzado ya el curso nuevo. Otoño es tiempo de recoger frutos, pero también es tiempo de preparar la tierra.

Esta vez, me hago presente entre vosotros, con un mensaje: “vamos a preparar bien nuestra tierra para que surjan y maduren frutos sazonados”.

Eso es lo que pretende señalar el comentario de esta carta: Niños sin fe porque no se cuida el ambiente. Vosotros en casa y yo en la parroquia, vamos a intentar preparar el curso para que quienes están con nosotros, puedan recoger la fe y los valores de justicia, libertad y paz que queremos para todos.

¿Lo intentamos?. Si no sembramos, no florecerá nada.

José María Ruiz de Azúa

Párroco

 

1.- Lectura del Evangelio según San Marcos 9, 2-10.

Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarle ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí!

Vamos a hacer tres tiendas una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salir una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». Esto se les quedó grabado, y discutían que querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

 

2.- Comentario:

“NIÑOS SIN FE”

 

En muchos hogares ya no se habla de Dios. Los niños no pueden aprender a ser creyentes junto a sus padres.

Nadie en casa los inicia en la fe. Sus preguntas religiosas resultan embarazosas y son pronto desviadas hacia cosas más prácticas. Lo que se transmite de padres a hijos no es fe, sino indiferencia y silencio religioso.

No es, pues, extraño que encontremos entre nosotros un número cada vez más elevado de niños sin fe. ¿Cómo van a creer en Aquel de quien no han oído hablar? ¿Cómo se va a despertar su fe religiosa en un hogar indiferente?

La actuación de los padres es diversa. Hay algunos a los que no les preocupa en absoluto la fe de sus hijos. Hace tiempo que ellos mismos se instalaron en la indiferencia. Hoy no saben si creen o no creen.

¿Qué pueden transmitir a sus hijos?

Hay también padres que, aun sintiéndose creyentes, dimiten fácilmente de su propia responsabilidad y lo dejan todo en manos de los colegios y catequistas. Parecen ignorar que nada puede sustituir el ambiente de fe del propio hogar y el testimonio vivo de unos padres creyentes.

Pero hay también padres preocupados, que no saben qué hacer en concreto. Padres que buscan apoyo y orientación y no siempre los encuentran. Puede ser oportuno recordar algunas cosas sencillas pero básicas.

Lo más importante es que los hijos puedan comprobar que sus padres se sienten creyentes.

Que puedan intuir que Dios es alguien importante en su vida, que la fe los anima a vivir de manera positiva y los sostiene en los momentos de sufrimiento y prueba.

Pero no es posible transmitir lo que no se vive. No se puede enseñar a rezar al hijo cuando uno no reza nunca. No se le puede explicar por qué el domingo es fiesta si en casa no se celebra ese día de manera cristiana. No se le puede hablar en serio de Jesucristo si el hijo nunca nos va a ver leyendo el Evangelio.

Es importante también preocuparse directamente de educar la fe de los hijos. Comprarles alguna «Biblia para niños», ayudarles a leer esas publicaciones tan hermosas orientadas a presentarles la fe y enseñarles a orar, ver con ellos esos «vídeos» de iniciación a la fe. Nadie mejor que los padres para despertar en los hijos la experiencia religiosa.

Al mismo tiempo, son los padres los que han de acercar al niño a la comunidad cristiana a la que pertenece. Enseñarle el templo parroquial. Mostrarle la pila bautismal donde fue bautizado. Seguir de cerca su proceso en la catequesis. Participar con él en la Eucaristía dominical. Celebrar las grandes fiestas cristianas de la Navidad, Semana Santa y Pascua.

La fe o la increencia de las nuevas generaciones se juega en buena parte en la familia. En el relato evangélico se nos hace a todos esta invitación: «Este es mi Hijo amado. Escuchadlo».

Todos hemos de recordar que ser cristiano es vivir escuchando a Jesucristo, el Hijo de Dios.

También los niños están llamados a escucharlo. Pero difícilmente lo podrán hacer si nadie les habla de El.

 

3.- Reflexión personal:

- ¿Qué valores pueden aprender de mí quienes conviven conmigo?

 

4.- Oración breve:

“Señor, yo creo, pero ayuda a mi poca fe” Mt. 9, 24

 

Teléfono: 94 423 12 96.

Web: http://svicentemartir-abando.org.

Correo: parroquia@svicentemartir-abando.org


Descargar en PDF