Familia: educar

hezi dar emon amar maitatu

 

Educar es lo mismo

que poner un motor

a una barca...

hay que medir, pesar,

equilibrar...

... y poner todo en marcha.

Pero para eso,

uno tiene que llevar

en el alma

un poco de marino

un poco de pirata...

un poco de poeta...

y un kilo y medio de

paciencia concentrada.


 

Pero es consolador

soñar

mientras uno trabaja,

que ese barco, ese niño

irá muy lejos por

el agua.

Soñar que ese navío

llevará nuestra carga

de palabras

hacia puertos distantes,

hacia islas lejanas.

 


rezar otoitz egin

soñar amets egin

esperar itxaron

En la familia en la que el niño tiene la suerte de encontrarse acogido y querido, va adquiriendo la seguridad del afecto y la capacidad de apertura hacia los demás que no son ya una amenaza para la propia estabilidad sino posibilidades de más afecto, amistad y colaboración.

Cambia sus mecanismo de defensa y de miedo por los de apertura y relación que le dispone a una integración equilibrada y constructiva con la sociedad a la que pertenece.

La experiencia del amor va íntimamente unida a la actitud de servicio y colaboración para buscar el bien de los integrantes de la comunidad familiar.

Lo mismo que la experiencia de Dios lleva a transformar el perdón y el amor en apertura hacia los demás miembros de la familia humana y en compromiso por mejorar las condiciones de vida de todos los seres humanos, entendiendo como hermanos, especialmente de los más necesitados.
 

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