PARROQUIA DE SAN VICENTE MARTIR DE ABANDO

            UNIDAD PASTORAL ABANDO-ALBIA

                                   48001 BILBAO

 

 

              

Bilbao, 3 de Diciembre de 2007

 

 Queridos amigos,

 Nos preparamos a celebrar la Navidad. ¿Sólo se nota en el ambiente?. También en nuestro corazón.

 Si nuestro corazón no ha quedado insensibilizado del todo por las mil preocupaciones, problemas o intereses que nos invaden día a día, el fácil que, al celebrar la Nochebuena, sintamos una sensación diferente, difícil de definir. ¿Cómo podríamos llamar a “eso” que percibimos en nuestro interior?. ¿Nostalgia?. ¿Gozo?. ¿Deseo de una inocencia perdida y descubierta en los hijos?. ¿Necesidad de paz?. ¿Anhelo de felicidad imposible?. Pienso que la Navidad despierta lo que queda en nosotros del “niño” que fuimos, capaces de admirar, acoger y amar de manera espontánea y con gozo, el regalo de la vida diaria.

 No sé qué pensaréis vosotros. Lo que sí os puedo decir es que hace bien, que es algo saludable pararse un poco para que seamos conscientes y gocemos del Misterio que celebramos reunidos en familia. Es una  oportunidad para reforzar los vínculos familiares. No rompáis ningún lazo por leve que sea. Consolidarlos, animarlos, alentarlos, crearlos si es necesario.

 

  

José María Ruiz de Azúa

Párroco

 

  

 

1.- Lectura del Evangelio según San Mateo 1, 18-25.

 

El nacimiento de Jesús el Mesías fue así: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José; pero antes de vivir con él como esposa, quedó embarazada por la acción del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo, no quiso denunciar públicamente a María, sino que decidió separarse de ella de una manera discreta. Andaba él preocupado por este asunto, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:

José, descendiente de David, no tengas reparo en recibir en tu casa a María, tu esposa, pues el hijo que ha concebido es por la acción del Espíritu Santo. Y cuando dé a luz a su hijo, tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Todo esto sucedió en cumplimiento de lo que el Señor había dicho por medio del profeta: La virgen quedará embarazada, y dará a luz un hijo, a quien llamarán “Emmanuel”, que significa “Dios con nosotros”

Cuando José despertó del sueño, recibió en su casa a María, su esposa, conforme a lo que le había mandado el ángel del Señor. La cual, sin que él antes la conociese, dio a luz a su hijo, al que José puso por nombre Jesús.

 

  

2.- Comentario:

 

 

“NIÑOS”

 

 

Hay llamadas que nos trabajan durante la Navidad, más allá incluso de nuestras convicciones religiosas personales. Como señala el teólogo y psicoterapeuta E. Drewermann, «entre los europeos, en ningún día del año nuestro deseo de paz y de protección es tan grande como en la víspera de Navidad».

En la raíz de todo está la imagen de un Dios que entra en nuestra vida haciéndose niño, es decir, un ser frágil e inacabado que todavía no sabe decir ni hacer nada aparentemente valioso. Este hecho central de la fe cristiana ha convertido a la Navidad en símbolo y llamada a despertar en nosotros al «niño» que somos y al que apenas dejamos nacer.

Ser adultos: ésa ha sido la consigna. Y todos, de alguna manera, nos esforzamos por exhibir resultados, eficacia, certezas indiscutibles. Nos exigimos demasiado unos a otros: perfección, habilidad, inteligencia, rendimiento. Apenas comenzamos a crecer, aprendemos a temernos unos a otros más que a amar, que es lo único para lo que hemos nacido.

Queremos ser adultos libres, y terminamos esclavos de mil leyes que, sin estar escritas en ninguna parte, son sagradas. No sabemos querernos, pero hemos de cuidar al máximo cómo vestirnos, cómo hablar y presentarnos ante los otros, cómo actuar «correctamente» según lo establecido, cómo dar buena imagen. Ahogamos la vida, y luego aprendemos a considerar como normal el vivir atados al deber diario, realizado sin amor ni ilusión alguna.

En el prólogo de su delicioso «Principito», A. Saint­Exupery dice que «todas las personas han sido antes niños, pero pocas lo recuerdan». La Navidad nos invita a despertar lo que queda en nosotros de ese «niño» que fuimos, capaces de admirar, acoger y amar de manera espontánea y con gozo el regalo de la vida diaria.

Siempre hay en nosotros un rincón olvidado en el que todavía no hemos dejado de ser niños. Somos frágiles y lo sabemos: necesitamos protección. No acertamos a vivir solos, y lo sabemos: necesitamos querer a alguien y que alguien nos quiera. Cometemos errores, y lo sabemos: necesitamos bendición. Éste es el mensaje de la Navidad para todos: sólo salva el amor encarnado en la fragilidad de nuestra existencia. El creyente, por su parte, celebra estos días el fundamento y la raíz de esa verdad: sólo salva un Dios que ama infinitamente al ser humano y se encarna entre nosotros en ese Niño de Belén.

  

3.- Reflexión personal:

 

¿Me fijo en los aspectos positivos de las personas, de los acontecimientos y de las cosas?

 ¿Suelo manifestar, con frecuencia, mi amor, mi aprecio a quienes viven conmigo?

 

 

4.- Oración breve:

 

“Señor, Tú sabes que yo te quiero”. (Jn 21, 17)

 

 

 

Teléfono: 94 423 12 96. Web: http://svicentemartir-abando.orgCorreo: parroquia@svicentemartir-abando.org

 


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