Consejos y Reflexiones en la Boda

 

Habéis escuchado muchos consejos estos días: consejos de familiares y amigos; consejos de todo tipo: en serio y en broma; con buena intención y con humor. Como sacerdote voy a deciros algunas cosas.

Amaos siempre, con generosidad. El amor no tiene medida. Amaos sin condiciones, como Dios os ama. Y amad a todos, no encerréis el amor en vuestro hogar. El amor en exclusiva acaba enfermando.

Amaos en libertad. No somos libres de amar o no amar; sino libres para amar en libertad. El amor que no respeta la libertad en el otro, no es amor verdadero, sino posesión del otro. No debemos obligar a nadie a que nos ame ni nadie puede obligarnos a amarle. Ni siquiera Dios nos obliga a amarle. Amad porque os sale de dentro, os sale del alma.

Respetaos mutuamente. El respeto es la base de la convivencia. Respetaos en vuestra personalidad. La persona es algo sagrado. Es lo que nos hace originales y no copias. No os hagáis sombra. No os hagáis competencia alguna, ni siquiera en el amor.

Abrid vuestro corazón a todos. No os encerréis en vuestro hogar, ni siquiera en los hijos. El amor no se pierde ni se debilita al  extenderlo. Todo lo contrario: cuanto más se da, más se tiene. Aquí fallan las matemáticas.

Haced de vuestro hogar un templo en pequeño, al que todos tengan acceso y se encuentren a gusto. No se trata de adornarlo con cuadros, imágenes o flores; sino de amigos y amigas, de familiares. Un templo en el que Dios ocupe el sillón principal.

Tened vuestros ratos de silencio, de intimidad, de reflexión y de oración. La persona no es solo actividad, trabajo, ajetreo. Necesita silencio y soledad; encontrarse consigo y con Dios.

Vivid a pleno pulmón. Disfrutad. Sed felices. Gozad. Vivid alegres. La vida es un regalo de Dios. Amad siempre la vida: la vuestra y la de los demás. Respetad siempre la vida. Y, soñad; sí, soñad en un mundo nuevo y mejor; más justo y mejor repartido; más solidario, más humano.

Sabed que la convivencia es difícil. Convivir en armonía; dialogar crecer juntos; compartir ilusiones y proyectos; aceptar las cualidades y valores; comprensión ante los fallos y defectos; admitir que la persona vale más que todas las ideas y más que el dinero. Unidos en los buenos y malos momentos.

 

Pablo Arrese, presbítero

Basauri

Principal ] Oración mensual ] Celebraciones litúrgicas ] Albia ] Sobre la liturgia ] Familia cristiana ] Sacramentos ] Celebrar el Domingo ] EL DOMINGO ] Homilías ] Lecturas del día ] Red de evangelización ] Contraportada ] Mensaje para la semana ]

Exclusivamente para uso privado. No reproducir.