- Si tuviese un hijo de diez años, ¿le compraría
un teléfono móvil?
- El móvil ha traído consigo muchas comodidades y
ventajas, pero vivimos en una sociedad que nos crea nuevas
necesidades continuamente. Creo que un niño de 10 años no necesita
un móvil para nada.
- ¿Hay una edad idónea?
- Me parece que no es cuestión de edad sino de
necesidad. Que los hijos tengan móvil puede ser útil en algunas
ocasiones. Por ejemplo, si están fuera y tienen algún problema, el
móvil permite que nos localicen con facilidad. Sin embargo, esas
ocasiones no son las 24 horas del día. Me parece que sería mejor
para los adolescentes no tener un móvil de uso exclusivo, sino
familiar, y que sólo tuvieran acceso a él cuando sus padres lo
considerasen oportuno. El problema no es tanto el móvil, como la
importancia de educar en la moderación. Si a un niño o a un
adolescente le das todo lo que pide no le haces más feliz, sino que
le haces daño. Luego no podemos extrañarnos de que busquen la
felicidad sólo en la posesión de cosas materiales: es lo que han
vivido desde pequeños.
- ¿Le suena la frase «todos mis amigos lo tienen»?
- Sí, se repite más que los estribillos de las
canciones. Y además, en el caso del móvil es cierto, según todas las
estadísticas. Lo que pasa es que no me parece un criterio válido
para la educación.
Salvando las distancias, la borrachera del fin de
semana también es un fenómeno extendido... Es muy bueno acostumbrar
a los hijos a ir contracorriente desde pequeños, y que sepan dar
razón de su propia conducta. Por otro lado, entiendo que las cosas
tienen su momento, y que el móvil, como todo, tiene que llegar. Lo
que es válido a los 10 ó 12 años no sirve a los 16 ó 17, cuando los
hijos empiezan a tener más autonomía.
- Si los padres deciden dar el paso de 'movilizar'
a su hijo, ¿qué tipo de precauciones deberían adoptar?
- Desde el punto de vista educativo es preferible el
móvil de contrato al de tarjeta, ya que en el primer caso los padres
reciben mensualmente información acerca de las llamadas realizadas,
la hora en que se han hecho y a qué números. Tiene el problema de
que en alguna ocasión puede llegar a casa una factura
desproporcionada, pero me parece que es preferible eso a estar
completamente fuera de juego.
-¿Existen realmente videojuegos educativos?
- Sí, y además hay bastantes, y muy divertidos. Y
también dentro de aquellos a los que no se, les podría poner la
etiqueta de «videojuego educativo» hay muchos que están muy bien. Me
resulta mucho más fácil recomendar un videojuego que una serie de
televisión con un contenido apropiado desde el punto de vista
educativo. El problema es que todavía hay muchos padres que no saben
a qué juegan sus hijos, y junto a videojuegos recomendables, hay
otros que son una barbaridad. Los videojuegos actuales permiten
jugar a casi todo: puedo ser Fernando Alonso o Michael Jordan, o
atropellar transeúntes; resolver el problema del hambre en África, o
descuartizar transeúntes con una motosierra; salvar la Tierra de una
invasión extraterrestre y jugar a ser un superhéroe, o simular
relaciones sexuales; construir una ciudad, o abusar de los
compañeros de clase. También sirven para aprender idiomas, mejorar
la psicomotricidad o el pensamiento estratégico.
- ¿No hay un sistema de calificación que lo
advierta?
- La industria del videojuego está haciendo un
esfuerzo muy notable en los últimos años con el sistema PEGI. Como
todo sistema de calificación, tiene sus deficiencias, porque en el
fondo se trata de un código moral de consenso, que no tiene por qué
coincidir con el de los padres, y además hay muchas cuestiones que
dependen del grado de sensibilidad. A pesar de todo, el código PEGI
ya se ha convertido en una primera orientación básica. Aunque la
piratería ha disminuido un poco, todavía casi la mitad de los
videojuegos que hay en España son piratas, y esto dificulta que los
padres puedan situarse con lo que tienen en casa.
- ¿Hay algún método de uso razonable de este tipo
de ocio audiovisual?
- Los videojuegos pueden plantear dos problemas
educativos: los contenidos inapropiados y la falta de medida en el
consumo. Respecto al primer punto, la recomendación es sencilla: los
padres tienen que saber a qué juegan sus hijos. Es verdad que no
pueden ser unos expertos y conocer todos los videojuegos que hay en
el mercado, pero al menos tienen que conocer los que tienen en su
casa.
Hay padres que no llevarían al cine a sus hijos para
ver una película para adultos, y sin embargo tienen en su casa
videojuegos con un contenido de violencia extrema o sexo explícito,
y no son conscientes de ello. El segundo problema es la falta de
medida en el consumo. El contenido puede estar muy bien, pero se
puede abusar jugando demasiadas horas seguidas.
- ¿Es cierto que pueden llegar a provocar
problemas de adicción?
- En Ámsterdam, por ejemplo hay una clínica para
adictos a los videojuegos... Sin embargo, los casos de adicción
patológica son muy excepcionales, si tenemos en cuenta el elevado
número de jugadores. Lo que sí es más frecuente es el consumo
abusivo. Los videojuegos son muy atractivos, están
extraordinariamente bien hechos, y proporcionan diversión inmediata
y sin apenas esfuerzo. Con todos estos ingredientes no es de
extrañar que uno se ponga frente a la pantalla con la intención de
jugar un par de horas y termine haciéndolo durante cuatro o cinco.
-Internet, ¿realmente ayuda a estudiar o supone
una 'amenaza' dejar a un menor con conexión en su habitación?
- Según las encuestas que hemos realizado, los padres
afirman que el motivo principal por el que Internet ha entrado en el
cuarto de sus hijos es para facilitarles los trabajos escolares. En
cambio, según las encuestas realizadas a sus hijos, vemos que el uso
principal que hacen de Internet es para chatear, descargar música o
películas, o jugar a videojuegos.
Es preferible que el ordenador con conexión a
Internet esté en la sala de estar o en un lugar común, mejor que en
el cuarto de los hijos.
Esto es sentido común y conocimiento del medio, no
desconfianza. Algunas veces nos referimos a los contenidos de
Internet como «el mundo virtual», como si no formara parte de
nuestro propio mundo, y no es así. Los peligros con los que un menor
se puede encontrar -al igual que todas las cosas positivas que hay
en la red- son reales, no virtuales.
- Entonces, ¿es preferible no tener Internet en
casa?
- En ocasiones algunos padres me suelen comentar
esto mismo: «Pues no tengo Internet, y así me evito un problema». Me
parece que es un error. Internet tiene unas posibilidades
fantásticas y es una herramienta que los hijos tendrán que utilizar
tarde o temprano. Lo más razonable es que aprendan a navegar en
casa, y con la mediación educativa de sus padres.
- ¿Está a favor o en contra de que los padres
'fisgoneen' en el ordenador de sus hijos para comprobar en qué tipo
de chats o foros participan?
- El papel de los padres debe ser el de educar, no el
de fisgar, pero a nadie le resulta extraño que los padres quieran
conocer a los amigos de sus hijos, y esto se aplica también a
Internet. Para educar en la libertad es imprescindible tener la
fortaleza de poner barreras. Internet pone al alcance de un clic
todo lo bueno y lo malo que hay en el mundo, y en el caso de un
menor, todavía no tiene la madurez suficiente para decidir lo que
quiera. Siempre recomiendo que tener instalado un filtro de
contenidos. Si los padres quieren echar un vistazo de vez en cuando
al historial de navegación, están en su derecho. Además, creo que es
muy bueno avisar a los hijos de que lo harán –lo cumplan o no-,
porque esto puede evitar más de un problema.
- ¿Messenger sí o no?
- Depende de con quién, durante cuanto tiempo o a qué
horas. En uno de los colegios donde realizamos encuestas, el consumo
medio en quinto de Primaria (10 años) era de 11 horas semanales.
Me parece completamente desproporcionado. Por otro
lado, en la mayor parte de los chats lo primero que te piden es tu
dirección Messenger, y desde luego no es lo mismo chatear con un
familiar o con un amigo que con un desconocido.
- Parece que las nuevas tecnologías son a menudo
una fuente de problemas...
- Las posibilidades positivas que ofrecen son
fantásticas, y aunque es cierto que plantean algunos problemas, creo
que el balance global es muy positivo.