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LA BIBLIA: SU CONTENIDO Y SU LECTURA                          

 

Hoy existe un gran interés por conocer y leer la Biblia. Unos lo hacen con un interés literario, otros buscando un conocimiento histórico. Nosotros nos acercamos a su lectura como reflejo de los encuentros del hombre con Dios.

 

¿QUE ES LA BIBLIA?

 

Es un conjunto de libros, escritos a lo largo de 1.000 años de historia, por autores diversos.

 Está dividida en Antiguo y Nuevo Testamento, y tiene 73 libros. Estos libros tienen estilos y temas muy diferentes.

 El Antiguo Testamento contiene una promesa y de línea un personaje, a quien llama Mesías y que llegará en el futuro.

 El Nuevo Testamento nos dice que Jesús de Nazaret es el Mesías esperado y que en El se ha cumplido la promesa.

 Jesús es el centro de toda la Biblia; es esperado o, luego, celebrado.

 Por eso dice el Concilio Vaticano II: “El Nuevo Testamento está latente en el Antiguo Testamento y el Antiguo está patente en el Nuevo”. Esto es muy importante para comprender bien la Biblia.

 Fue escrita en hebreo y en griego; algunos pasajes en arameo.

 

SU NATURALEZA

 

 La Biblia, de una parte, narra la aventura de un pueblo, de otra parte es considerada como un libro sagrado. Es revelación de Dios en la historia humana y testimonio de unos hombres, que descubren y reconocen a Dios en la historia.

 Es más que un libro y más que una historia, es la experiencia colectiva e histórica de un pueblo creyente, es la historia de un pueblo interpelado por Dios.

 Es una historia vivida desde la fe y en la fe; sólo así se puede comprender el sentido de la Biblia. Fe e historia están íntimamente unidas.

 El punto de partida de la Biblia no es una teoría, ni un mensaje; es una historia; Dios que actúa entre los hombres y éstos que le reconocen presente en los acontecimientos.

 Para el pueblo de Israel el acontecimiento básico en la liberación de Egipto y la Alianza en el monte Sinaí. Para los cristianos el hecho fundamental es la muerte y la resurrección de Jesús de Nazaret.

 De esos acontecimientos parte la vida del pueblo y la escritura de la Biblia; ellos dan vida y sentido al grupo.

 Con el tiempo se vio la necesidad de recoger por escrito lo que la comunidad había vivido. Así surge la Biblia.

 El escritor es el que da forma a la experiencia vivida en la comunidad; él no crea nada, hay ya un acontecimiento previo.

 

Carácter peculiar de la historia bíblica

 

Para leer correctamente la Biblia, hemos de tener presente el carácter peculiar de esa historia y no aplicarle los mismos criterios de valoración que se suelen aplicar a los libros históricos. Un relato histórico es verdadero cuando narra objetivamente los hechos, cuando de una información objetiva de lo sucedido.

 Si le aplicamos ese criterio a la Biblia, surgen enseguida las preguntas: ¿Son ciertos todos los relatos del paraíso, del paso del mar Rojo, del libro de Job, de los Reyes Magos, de los milagros, etc.?. En la Biblia se da una historia peculiar, que responde a otra manera de pensar y de escribir.

 Nosotros nos inclinamos a preguntar por la historicidad de los relatos. Pero al autor bíblico no le importa de dónde viene el tema del relato, si es del recuerdo, de la imaginación, si es ficticio o si es real... para él el relato es “verdadero” cuando mueve al oyente o lector a vivir en el presente la salvación de Dios.

 

Los grandes temas bíblicos

 

La Biblia se fue escribiendo desde el siglo X antes de Cristo hasta el final del siglo primero después de Cristo.

 Los primeros escritos recogen tradiciones sobre el pasado del pueblo y sobre la creación de la humanidad.

 

 Como bloques de libros podemos señalar:

 

•   El Pentateuco: Cinco libros, que tienen como tema central el Éxodo, el acontecimiento liberador. Y también el tema de la Alianza, que Dios hace con su pueblo.

 •   Los libros Proféticos: Con lo que dicen los profetas a su pueblo. Los profetas hablan en nombre de Dios, sufren con el pueblo, denuncian sus pecados y le llaman a la conversión.

 •   Los libros Sapienciales: En los que se recogen temas y preguntas que inquietan al hombre: el problema del dolor (Job); la oración del pueblo (Salmos); se recogen los Proverbios o sabiduría popular...

 Toda la Biblia es el relato de un pueblo, que descubre la mano de Dios en los acontecimientos que ellas viven.

 

La Biblia es Palabra de Dios

 

A partir del destierro, y con la progresiva desaparición de los profetas, se fueron valorando cada vez más los escritos. También se comienza a decir que “Moisés puso por escrito las palabras del Señor” (Ex 24,4). Y que esas palabras las había recibido de Dios, etc.; con lo cual se les atribuye un origen divino.

La argumentación es sencilla: Dios se revela a los hombres con gestos y palabras, especialmente por medio de su Hijo, (Heb 1,1) que es Palabra de Dios. El hace presente a Dios entre los hombres, en El vemos y oímos a Dios (Jn 14,9). La Escritura, especialmente el Nuevo Testamento, es la buena noticia de Dios a los hombres.

 

La Biblia es Palabra inspirada por Dios

 

Quiere decir que es Palabra salida de la boca de Dios, Palabra viva, Dios es el Autor de la Escritura, como es el Autor de todas las cosas, sin que disminuya la actividad literaria del hombre. Algo semejante a como unos padres creyentes confiesan sinceramente que su hijo es don de Dios y saben que es fruto suyo.

 La inspiración no reduce ni sustituye el esfuerzo y la acción humana. El Concilio Vaticano II dice que los escritos Sagrados son “verdaderos autores” (DV 11) y de que “Dios ha hablado... por medio de hombres y en lenguaje humano”.

 Esto significa que la Biblia es Palabra de Dios encarnada en palabras de hombre. Está sujeta a las leyes humanas, es deudora de la época, del estilo, de los defectos propios del escritor.

 

Cómo leer la Biblia

 

Son necesarios unos principios generales, que nos puedan ayudar en su lectura. Y tener en cuenta algunas dificultades que se presentan.

 •  La Biblia es toda ella revelación de Dios, pero encontramos una gran diferencia entre la imagen de Dios que se nos ofrece en el Antiguo Testamento y en el Nuevo, entre la fe que se exige en uno y en otro.

 Allí se nos dice, por ejemplo: “ojo por ojo, diente por diente”; aquí se nos pide devolver bien por mal, incluso amar a los enemigos, (Mt  5). ¿No hay contradicción, ruptura ente el Antiguo Testamento y el Nuevo?. ¿Tenemos que seguir mirando todavía al Antiguo Testamento?.

 

 En parte hemos contestado a esta dificultad, cuando decíamos que ambos testamentos se aclaran y se complementan entre sí. Además hay que decir que esa diversa imagen de Dios lo que nos muestra es la gran paciencia de Dios como pedagogo. El se revela según la medida y capacidad de los hombres, adaptándose a la evolución cultural de los pueblos. Dios respeta el modo humano de  pensar y de ver las cosas, incluso cuando esa visión es imperfecta  o  errónea...

 

—  La Biblia está inspirada por Dios y contiene errores, p. ej.: dice que “el sol se paró”, que “la vida está en la sangre”, que “el cielo está arriba”, etc.

 

—  La Biblia no es un libro de ciencia, sino de fe. No trata de hacer científicos sino cristianos. No enseña cómo está hecho el cielo sino señala el camino hacia él.

 

—  La Biblia dice que el mundo viene de Dios, que Dios ha creado al hombre, que le llama a la felicidad, que el hombre es llamado por Dios, que es amado por El.

 

—  A nivel científico puede haber errores en la Biblia y los hay. Son los errores propios de las personas que han vivido esa vida y han escrito esos libros.

    Pero, en su conjunto, la Biblia nos revela la verdad acerca de Dios y acerca del hombre tal como se nos revela en Jesucristo.

 

No hay que tomarla, por tanto, como libro de historia, de geografía, de antropología, etc. ni tomarla aisladamente. Hay que leerla en su conjunto.

 

—  La Biblia se presenta como un libro de historia y luego vemos que muchas cosas no fueron como están escritas, p. ej., la caída de las murallas de Jericó las tentaciones de Jesús...

 

—  Está señalado también que la historia tiene en la Biblia un carácter peculiar y que es preciso distinguir en cada momento lo que se dice y el modo de decirlo.

 

  La Biblia es historia Sagrada y está llena de violencia, de guerras, de venganzas, de aberraciones morales... Se nos dice que es el Dios del Amor y de la Alianza y ¿nos narra todas estas cosas?

 

—  Una vez más hay que decir que Dios respeta la libertad y la evolución cultural  y moral de los hombres. La historia que se narra en la Biblia no es historia de santos sino de un pueblo tal cual es, un pueblo pecador, que va descubriendo poco a poco a Dios en su vida.

 

La solución no estará en silenciar esas paginas, en no leerlas para no escandalizar sino en leerlas como lo que son; narración de experiencias humanas y, a través de ellas, podremos escuchar la voz de Dios que va corrigiendo, orientando, animando y respetando siempre la libertad del hombre. Permite el pecado, pero busca siempre que el hombre se convierta, vuelva de nuevo al camino perdido...

 

—  La Biblia fue escrita hace 25 o más siglos, ¿cómo puede ser Palabra de Dios para nosotros que vivimos en otra época, con otra mentalidad, otra cultura, otros problemas?

 

  Es cierto que la distancia de mentalidad y de problemática es enorme y que la Biblia no puede responder a las preguntas que no se le hacían, pero no es menos cierto que los problemas humanos de fondo, las vivencias y experiencias profundas (fidelidad, confianza2, vida, muerte, sentido de la existencia...) son siempre las mismas. De ahí que la Biblia es actual y puede ayudarnos a descubrir la presencia de Dios en nuestra vida.

 

Algunos criterios para la lectura

 

  La Biblia puede ser leída de muchas maneras y desde presupuestos distintos, haciéndole decir las cosas más dispares. Se la puede leer como un libro de historia, o como un libro Sagrado que sirva de prueba a mis ideas.

 

  Es evidente que las diversas formas de leer la Biblia llevan a diversas actitudes en la vida.

 

           Diversas lecturas. Es posible leer la Biblia de forma:

 

          •  Literal: tomar al pie de la letra todo, p. ej., comió de la manzana, se abrieron los sepulcros de los santos, le llevó al pináculo del templo...

 

           •  Moralizante: se lee el relato como una “historieta para sacar una moraleja final”, una conclusión práctica...

           

           •  Alegórica: donde todo es interpretado; no interesa para nada el acontecimiento narrado sino lo que alegóricamente se puede descubrir.

 

         •  Significativa: tratar de descubrir el significado que en ese relato se encierra, tanto para quienes lo vivieron y para quien lo escribió, como para nosotros que lo leemos...

 

Diversos niveles

 

Estas y otras formas de lectura son posibles. Creemos que para un lectura correcta y provechosa -además de todo lo dicho sobre su carácter peculiar- es necesario tener en cuenta los diversos niveles que tienen un texto.

 

 En un texto se suelen distinguir tres niveles: literario, teológico y kerigmático.

 

 El nivel literario se refiere al estilo en que fue escrito, lenguaje, texto, historia del mismo, de su redacción.

 

 El Concilio Vaticano II (DV 12) nos invita a tener en cuenta los géneros literarios, es decir, la forma en que un autor emplea su lenguaje, el estilo que adopta. Y en la Biblia hay toda clase de géneros literarios: narraciones históricas que hablan de hechos reales como la muerte de Jesús en la Cruz; poesía, como el “Cantar de los Cantares” que en forma alegórica narra el amor de Dios a su pueblo; parábolas; salmos; dramas (Job); narraciones edificantes (Esther, Tobías; Jonás...); cartas, Apocalipsis, Evangelios...     

 

Todo género literario es válido para transmitir un mensaje. Lo importante es leerlo en su género y no tomar, p. ej. por relato histórico lo que es una parábola o viceversa.

 

Pensemos en el relato de las tentaciones de Jesús. Tal como están relatadas no sucedieron, pero son una reflexión narrativa que concentran en un relato (a la luz de la historia de Israel) lo que sucedió en la vida de Jesús.

 

Tomarlas al pie de la letra sería un error, e igualmente considerarlas pura ficción.

 

El nivel teológico está en el sentido de la tentación como prueba y decisión en la encrucijada de la vida y el kerigmático en que nos hablan de Jesús como hombre real y como el nuevo hombre que responde al plan y voluntad de Dios.

 

En adelante, quienes vivan del Espíritu de Jesús y lean ese relato en un momento de duda, de lucha y tentación tendrán la fuerza del Espíritu de un Hombre real que luchó y venció en la tentación.

    

La lectura de la Escritura no la hemos de hacer en el sentido de que, cuando tenemos un problema, vamos a la Biblia, al Evangelio para ver qué nos dice la Palabra de Dios a manera de “prueba” que nos aclare racionalmente. Es otra la actitud que hemos de llevar. Cuando vivimos una situación de dolor, de tentación, de injusticia, etc. leemos la Biblia para contrastar nuestra experiencia humana y religiosa con ese relato de Abrahám, de Pedro, de Jesús de Nazaret. Entonces resulta que nuestra experiencia nos hace descubrir matices nuevos en ese relato, entra en él, y la experiencia de fe, ahí relatada, iluminada, da sentido y orientación a nuestra vida, es Palabra de Dios narración viva que suscita y robustece la fe.

Por una lectura narrativa

 

  La Biblia hay que leerla como lo que es, como el relato de unas experiencias de fe vividas y narradas para impulsar la vida y la fe. Narración de hechos históricos, pero que han alcanzado otro nivel que el puramente fáctico. Por ejemplo: La muerte de Jesús es un hecho histórico y puede ser narrada por un historiador.

 A un segundo nivel se pueden analizar las causas de la muerte, las razones que dieron las autoridades para matarlo y las consecuencias de ese hecho.

 Pero, a un tercer nivel, algunas personas descubren en esos hechos la acción de Dios y dicen que “murió por nuestros pecados”.

 Ese conocimiento se convierte en revelación de Dios, en Palabra de Dios. Narrarlo bajo ese sentido lo convierte en acontecimiento de liberación, de salvación.

 

  La Biblia narra a ese nivel.

 Al leer la Biblia hemos de tener presente que no se trata de hechos del pasado como puede ser  leer la leyenda del Cid Campeador o la vida de Felipe II. En la Biblia se nos habla no sólo del hombre sino de Dios y del hombre conjuntamente, de la historia de ese encuentro donde aparece la gratuidad y el amor por parte de Dios y la respuesta de fe por parte del hombre.

 Cuando la lectura de la Biblia es narrativa quiere decir que aquél acontecimiento pasado se hace presente, es actual y vivo, al mismo tiempo que la experiencia actual se hace viva en el relato. No se trata únicamente de “algo que sucedió entonces”, sino que “sucede ahora, se hace realidad al narrarlo”.

 Quizá estas dos anécdotas o ejemplo nos ayuden a explicar lo que queremos decir. La primera la citamos libremente y hace referencia a la pascua judía.

 Llegado el día de la pascua judía se reunía la familia a la mesa, el hijo menor debía preguntar: Padre, ¿qué celebráis hoy?. Y el padre contestó: “¿Por qué has dicho qué celebráis y no qué celebramos?, si hubieras estado en Egipto no habrías sido liberado”.

 Quien narra desde fuera no acepta el sentido, no entra en la historia de salvación.

 La otra es una parábola que trae M. Buber para explicar cómo debe ser nuestra manera de narrar la Escritura. Pone en boca de un rabino lo siguiente: “Mi abuelo era paralítico; una vez le pidieron que relatase la historia de su maestro el gran Baalshem. Entonces contó cómo el santo Baalshem solía saltar y danzar mientras rezaba. Mi abuelo se puso en pie en ese momento; el relato le entusiasmó de tal manera que se vio obligado a mostrar, bailando y danzando, lo que había hecho su maestro. En ese instante quedó curado. Así deben contarse las historias”.

 Creo que sobran los comentarios. Así se debe leer la Biblia, como un relato que nos interpela y del cual brota fuerza para nuestra vida. Así la entienden Pedro y Juan cuando en la puerta del templo dicen al paralítico: “En nombre de Jesús Nazareno, levántate y anda...” (Hch. 3,1-10).

 Y no nos queda más que recordar lo dicho al principio. Estas ideas sólo pretenden ser una ayuda. Ojalá sirvan para animar a leer la Biblia y para entenderla un poco mejor.

  Interpretar la Biblia es cuestión de mucho tiempo, es cuestión de fe y de oración. Hace falta un corazón de pobre, un espíritu abierto, un esfuerzo continuado bajo la ayuda de Dios.

 Y una lectura correcta de la Biblia supone la comunidad de fe. La Biblia nace en la comunidad y en ella resuena plenamente. El Espíritu de Dios anima a la comunidad, a todos y a cada uno de sus miembros, y la guía en la recta interpretación de esa Palabra bajo la orientación del Magisterio que el Señor ha querido para su Iglesia.

 

Puntos de reflexión.

 1.- Los cristianos leen poco la Biblia en sus casas. ¿Cuál puede ser la causa?

 2.- ¿Se puede tomar la Biblia al pie de la letra, como si fuera un libro de historia?

 3.- ¿Por qué decimos que es la Palabra de Dios?

 

CRISTO SIGUE VIVO

 Los discípulos describen de diversas maneras la experiencia que han vivido después de la muerte de Jesús. Pero siempre vienen a decir lo mismo: Jesús vive está de nuevo con ellos reavivando sus vidas.

  Lo importante es que recuperan a Jesús como alguien que vive y viene a su encuentro. Lo que cambia totalmente sus vidas es esa presencia viva de Jesús.

  Esta fue la experiencia fundamental de los discípulos y ésta es siempre la verdadera experiencia pascual: encontrarnos de nuevo con un Cristo que vive en el interior mismo de nuestra vida poniendo esperanza nueva a todo. Experimentar que Jesús no es algo acabado sino alguien que sigue vivo impulsando nuestras pobres vidas hacia su plenitud.

  Por eso, cuando escuchamos las palabras de Jesús recogidas por los evangelistas, no estamos escuchando el mensaje más o menos interesante de un líder ya difunto. Esas palabras están brotando hoy mismo del resucitado.

  Para quien cree en él, lo importante no es analizar lo que dice este predicador o lo que escribe aquel teólogo. Lo decisivo es escuchar a ese Cristo vivo que hoy nos sigue hablando desde lo hondo de nuestro ser.

  Tal vez, nuestra mejor manera de vivir la Pascua es irnos desprendiendo de un Jesús visto sólo como un personaje del pasado y recuperar a Cristo como alguien vivo y operativo en nuestras vidas. Cristo resucita hoy para nosotros cuando, de alguna manera, podemos repetir las palabras de San Pablo: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”. (Gal, 2,20).

  Por eso, lo más importante no es creer que Jesús, hace aproximadamente dos mil años, curó ciegos o resucitó muertos. Lo realmente decisivo es experimentar que hoy Cristo nos enseña a ver la vida con otra profundidad, nos ayuda a vivir de manera más limpia y humana, nos hace caminar con esperanza y va resucitando en nosotros todo lo bueno.

 

 

 

 

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