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La fe cristiana

 

 

 

En el lenguaje de cada día escuchamos y utilizamos con frecuencia expresiones tales como: “Tengo fe en tal persona”, “creo que todo saldrá bien...”, “que no me defraudarás...”, etc.  La fe, en esos casos, es sinónimo de estar convencido, confiar, esperar vivamente.

 

  Se puede decir que, de alguna manera, todo hombre “Cree” en algo. La fe es un componente de la vida humana. El que lucha por algo, el que se afana por conseguir algo, lo hace porque, en el fondo, tiene fe en lograr esa meta.

 

  Hay además una fe que podemos considerar religiosa. El hombre que busca penetrar en el misterio de la vida y de la muerte, en el misterio del Ser. La historia de la humanidad y de las religiones son un testimonio de la búsqueda y de la inquietud religiosa y del intento del hombre por expresar su relación con Dios.

 

  Aquí nos vamos a limitar a la fe que decimos tener los cristianos. Es la fe en Dios, tal y como se nos ha manifestado en Jesús de Nazaret. Por eso la llamamos cristiana.

 

  Parece normal que esta fe en Jesucristo tiene que ser idéntica en todos los cristianos. Todos creemos en El. Pero nosotros somos distintos y las situaciones personales, sociales, culturales... son diferentes. De ahí que la fe cristiana tenga multitud de aspectos y variaciones, igual que la luz que atraviesa el prisma se descompone en colores y matices.

 

  Con el fin de reflexionar, calibrar y valorar nuestra fe ofrecemos sencillamente unos puntos poniendo en cada uno de ellos dos aspectos o dos maneras de concebir y de vivir la fe. No son totalmente contrapuestos, pero se verá que, efectivamente, la fe cristiana se acerca más a la actitud que aparece en segundo lugar.

 

 

1.- ¿Fe-”Credo” o Fe-”Actitud personal”?

 

  La fe puede ser entendida, y de hecho lo es, a veces, como un “credo” o conjunto de verdades que hay que saber y aceptar (“saber” los artículos de la fe o las verdades de la religión).

 

  Y puede ser entendida como postura vital de aceptación de una persona: Jesús de Nazaret.

 

  En el primer caso se acentúa la dimensión intelectual; las frases suelen ser: “Creo que”; creer cosas, por ejemplo: Creo que existe Dios, creo que Jesucristo es Dios. De alguna manera se establece una distancia entre nosotros y lo que creemos.

 

  En el segundo caso se pone el énfasis en la actitud de la persona, en la confianza, y se dice: Creo a fulano, me fío de él, creo en él. En este caso la fe se identifica con la persona, con la vida misma.

 

  En el primer caso se habla de “tener fe”, en le segundo hablamos de “ser creyente”. Y todos nos damos cuenta de la diferencia entre ambas cosas. No es lo mismo tener la nacionalidad española que ser español; tener un amigo que ser amigo de alguien. Lo primero queda, como si dijéramos, fuera de nosotros, lo segundo atraviesa la vida, en un estilo de ser.

 

  Igual ocurre en la fe. Se cree con toda la vida, con lo que uno es, y no sólo se tiene fe. Vivir la fe es más importante que hablar de ella. “La fe es un hecho en los que la poseen, y disertar sobre ella los que no la tienen es como si una sociedad de ciegos discutiera acerca de lo que oyeran hablar de la luz a los vivientes”, decía acertadamente Miguel de Unamuno.

 

 

  Cuando la Biblia habla de la fe, habla de los creyentes, de personas que se fían de Dios, que a una invitación suya se ponen en camino como Abrahám, que busca su apoyo en Dios.

 

De igual manera Jesús no hace muchas preguntas a sus oyentes, no les exige admitir “verdades”, sino que les dice: ¿Creéis que puedo hacer esto? (Mt 9, 28) ¿Os fiáis de mí? (Jn 6, 67). ¿Por qué no me creéis?  (Jn 8, 46) Etc.

 

 

2.- ¿Fe sociológica o Fe personal?

 

   La primera es la que está basada en lo que otros dicen y hacen, apoyada en el ambiente: “Siempre se ha hecho así”. “Mi familia ha sido siempre católica...”.

 

  La segunda es aquella fe que hemos hecho nuestra, una fe responsable que hemos aceptado conscientemente porque es capaz de dar sentido a nuestra vida.

 

  Es posible que la fe de nuestro ambiente, y la nuestra propia, tengan bastante de sociológica. Creemos lo que otros nos han dicho, hacemos lo que hacen: Bautizar a los recién nacidos, casar por la Iglesia, funeral en la Iglesia...

 

  Pero la auténtica fe cristiana exige una respuesta personal, no basta con creer lo que otros digan, ni siquiera con creer a los curas. Es preciso creer en Dios personalmente.

 

 

  De esto hay muchos ejemplos en el Evangelio. Jesús les pregunta a los discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo”? (Mc 8,27). Y le van respondiendo con lo que otros dicen de El. Pero Jesús añade: “Y vosotros ¿quién decís que soy yo”?

(Mc 8,29). Es una pregunta que se nos dirige a todos y cada uno de nosotros. ¿Quién es Jesucristo para mí?. ¿Creo en él?

¿También vosotros queréis marcharos? (Jn 6, 67), nos dice Jesús.

 

3.- ¿Fe-seguridad o Fe-busqueda?

 

  La primera es concebida principalmente en función de ganar el cielo, la salvación y que exige para conseguirlo una serie de “actos” y “prácticas” bien determinados; una fe que se refugia en “lo de siempre”, en lo sabido y conocido.

 

  La segunda es concebida como actitud abierta a los interrogantes de la existencia, que no renuncia a una cierta dosis de inseguridad y de riesgo.

 

 Todos tenemos una tendencia natural a buscar seguridades en la vida. Queremos cubrir los riesgos con una buena póliza de seguro. Buscamos una seguridad en el trabajo, en el porvenir, en la amistad...

 

  Esto mismo lo trasladamos a veces al terreno de la fe y le pedimos a ésta que nos asegure el futuro. La comunión en determinados días, un escapulario, un rito concreto... lo usamos como seguridad de salvación.

 

  Queremos que la fe responda a las preguntas y solucione lo que nos parece imposible: ¿Por qué el dolor? ¿Por qué Dios permite el cáncer? ¿Para qué sirve la fe?. Si el creer en Dios no soluciona estas cuestiones...

 

  Tal como aparece en la Biblia la fe está más próxima a una actitud de búsqueda que a una seguridad total. Abrahám debe salir de su tierra sin saber siquiera a dónde iba. (Gen 12, 1; Heb 11, 8-10); fiándose de la promesa de Dios. El seguidor de Jesucristo debe renunciar a todo, romper con la seguridad del dinero, de la familia, de lo conocido. (Lc 9, 3: 57-62).

 

 

  Creer en Jesús no es un “seguro a todo riesgo”, pero tampoco resulta superfluo. La fe en Jesús da un sentido nuevo y total a la existencia. La fe es una clave de interpretación, una luz que ilumina la vida. Ofrece un horizonte más amplio, incluso más allá de la muerte.

 

 

  De la mano de Jesús el creyente sigue luchando con los problemas de la vida, pero el dolor y la muerte, el gozo y la vida adquieren nuevo sentido. El creyente no vive en una zona sin tormentas, sino que, al igual que no creyente, debe seguir buscando y esforzándose por dar una respuesta a los problemas. La realidad de cada día es la misma pero, desde la fe, tiene sentido distinto. Por ejemplo, el amor sigue siendo humano, pero cuando dos cristianos viven su amor desde la fe en Jesús, ese amor tiene una profundidad mayor, deben amarse como Jesús hasta la donación total. Su matrimonio es un Sacramento, un signo del amor de Dios.

 

  La fe no es una seguridad tranquilizadora, pero sí da una confianza total de que nuestra vida está en buenas manos.

 

4.- ¿Fe alienante o Fe comprometedora?

 

  La primera es la que nos aparta del mundo y de los problemas de la vida; la fe es algo que pertenece a la Iglesia, al templo, a la intimidad; la vida va por otro lado...

 

  Mientras que la segunda es la que es capaz de ponernos en contacto con la vida y hacer que nos comprometamos con ella.

 

  Siempre ha sido uno de los riesgos el querer separar la fe de la vida, el considerar a la fe como una cuestión de conciencia, algo para entendérmelas con Dios. La vida familiar, profesional, política van por otro camino...

 

  Entendida así la fe, se comprende que se la haya calificado de infantilizadora, es decir, de mantener a las personas en una etapa infantil, dependientes de otros y sin actitud crítica ya que la fe no tenía por qué intervenir en las esferas de la vida real.

 

  Sin embargo, hay que decir que la fe cristiana es comprometedora. Bien entendida, lleva a una madurez humana y crítica ya que impulsa y estimula al hombre a tomar decisiones con plena libertad y responsabilidad.

 

  Si entendemos la fe como una actitud de toda la persona, ha de comprometer todas las esferas y dimensiones de la misma. Nada queda ajeno a la fe. Nunca deberá la fe alejarnos de nosotros mismos.

 

  De ninguna manera podremos aceptar una fe que suponga recortar legítimos valores humanos tales como la libertad, la autonomía, la justicia, el compromiso...

 

  Ser creyente supone asumir todos los valores personales, familiares, sociales, culturales, lingüísticos, de etnia o de pueblo, de economía o de política, con su historia pasada, o su realidad actual y sus expectativas de futuro.

 

5.- ¿Fe de obligaciones o Fe gratuita?

 

 Se puede entender la fe como el aceptar unas normas, el asumir unas obligaciones y unos compromisos de manera que la vida adquiere un tinte legalista y como una carga insoportable.

 

  Puede entenderse también como un don gratuito, una llamada gozosa de Dios que nos atrae y nos da miedo a un mismo tiempo. La fe como un don que nos libera, que esponja el corazón y pone un horizonte de esperanza en nuestra vida.

 

  Son dos formas de considerar y de vivir la fe que llevan consigo actitudes muy distintas en la vida cristiana. Nos parece que la fe a la que llama Jesús está mucho más cerca de la segunda que de la primera. El, a quienes se le acercaban, no se apresura a hablarles de obligaciones y de leyes, sino del Padre, del perdón, del banquete de bodas...

 

  Jesús no imponía nada, invitaba a seguirle, (Mt 19, 21). Es verdad que a nadie adulaba o pretendía engañar con falsas promesas. Habla de las exigencias del seguimiento, (Lc 9, 57-62) pero en cualquier caso es libre de aceptar, (Jn 6, 65-70) y quien le siga tendrá la alegría del que ha encontrado un gran tesoro (Mt 13,44)

 

Que la fe es un don gratuito quiere decir que no nos la hemos dado nosotros, sino que como la vida la hemos recibido de otro. Dios nos amó primero (1Jn 4,19). Nosotros hemos de acogerla, cultivarla, hacer fructificar esos talentos. La fe es un don que, en un corazón agradecido, se convierte en tarea.

 

 

6.- ¿Fe individualista o Fe comunitaria.

 

  Para algunos la fe, la religión, la Iglesia son asunto particular “mío” con Dios.

 

  Para otros la fe cristiana nace, crece, vive, se enriquece, está abierta y se realiza en la comunidad y con la comunidad.

 

 Que la fe tiene una dimensión interior personal, nadie lo cuestiona. Pero la fe es esencialmente comunitaria o no es cristiana.

 

  Los que siguen a Jesús forman un grupo bien diferenciado. Los que son bautizados entran a formar parte de la comunidad. (Hech. 2, 41). Nadie puede ser “cristiano por libre”.

 

  Esta dimensión comunitaria de la fe nos lleva también a que se exprese comunitariamente. Entre otras cosas eso requiere unas confesiones de fe comunes, los credos, las verdades que creemos juntos.

 

  Otro aspecto común ha de ser el esfuerzo por hacer comunidad, por vivir la fraternidad dentro del grupo que llamamos Iglesia, y fuera del grupo como testimonio y signo de salvación en el mundo.

 

  Un tercer aspecto que señalamos es la necesidad de celebraciones comunitarias de Sacramentos. Por ejemplo, la celebración de un matrimonio en la Iglesia, unidos a la comunidad es una exigencia misma de la fe. Ahí se expresa y se hace real la propia fe.

 

 

                  ¿Cómo es nuestra fe?

 

 

A la luz de estas líneas tendremos que analizar nuestra fe. Seguramente nuestra fe será una especie de mezcla de algunas de las posturas descritas anteriormente. Es posible que tenga algo de sociológica y algo de personal, algo de afán de seguridad y algo de actitud de búsqueda... Pero ¿hacia qué lado se inclina más?

 

  Desde luego, ha podido quedar claro que la fe cristiana no es principalmente -aunque tampoco lo excluye- aceptar unas verdades, conocerlas, “saberlas”.

 

Si así fuera, aquél que supiese de memoria el catecismo, o estudiase perfectamente toda la teología, sería mejor creyente.

 

  La fe en el sentido del Evangelio es, ante todo, la aceptación vital de Jesucristo, seguirle a El, dentro de una comunidad, haciendo comunidad y encontrar de esta manera un sentido definitivo a nuestra vida, que tratamos de vivir al “estilo de Jesús”.

 

 

Puntos de reflexión

 

1.- Observa las personas que se llaman creyentes, en tu ambiente, y trata de señalar los rasgos más destacados de su fe.

 

2.- Si alguien te preguntase ¿cómo es tu fe cristiana? ¿qué le responderías?

 

3.- ¿Qué aspectos de tu vida (trabajo, familia, sexualidad, justicia, pertenencia a un pueblo, etc.) te cuesta más relacionarlos con la fe y vivirlos como creyentes?

 

4.- ¿Piensas que para muchos cristianos la fe supone un gozo y una liberación, o todo lo contrario? ¿Qué supone para ti personalmente?

 

5.- La fe cristiana es esencialmente comunitaria. ¿Estás de acuerdo con ello?

   Concretamente, ¿qué es lo que la comunidad está aportando a tu fe?

   ¿Qué aportas tú a la comunidad?.

 

 

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