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PLEGARIA EUCARISTICA RECONCILIACIÓN - II

 

 

Te damos gracias, Dios, Padre nuestro por medio de Jesucristo,

y te alabamos por la obra admirable de la redención.

 

Pues, en una humanidad dividida

por las enemistades y las discordias,

tú diriges las voluntades

para que se dispongan a la reconciliación.

Tu Espíritu mueve los corazones

para que los enemigos vuelvan a la amistad,

los adversarios se den la mano y los pueblos busquen la unión.

 

Con tu acción eficaz consigues que las luchas se apacigüen

y crezca el deseo de la paz;

que el perdón venza al odio y la clemencia a la venganza.

 

Por eso, debemos darte gracias continuamente

y alabarte con los coros celestiales, que te aclaman sin cesar:

 

Santo, Santo, Santo...

 

A ti, pues, Padre, te bendecimos por Jesucristo, tu Hijo,

que ha venido en tu nombre,

El es la palabra que nos salva,

la mano que tiendes a los pecadores,

el camino que nos conduce a la paz.

 

Dios, Padre nuestro, nos habíamos apartado de ti

y nos has reconciliado por tu Hijo,

para que nos convirtiéramos a tu amor

y nos amáramos unos a otros.

 

Por eso,  celebrando este misterio de reconciliación,

te rogamos que santifiques con tu Espíritu estos dones,  =

 

para que sean  el Cuerpo y  +  la Sangre de tu Hijo.

 

Porque él mismo,

cuando iba a entregar su vida por nuestra liberación,

estando sentado a la mesa, tomó pan en sus manos,

dando gracias, te bendijo,

lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

 

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros.

 

Del mismo modo, tomó el cáliz,

y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

 

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por todos los hombres

para el perdón de los pecados.

 

Haced esto en conmemoración mía.

 

Cristo se entregó por nosotros.

Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor.

 

Señor, Dios nuestro,

tu Hijo nos dejó esta prenda de su amor.

Al celebrar, pues, el memorial de su muerte y resurrección,

te ofrecemos lo mismo que tú nos entregaste:

el sacrificio de la reconciliación perfecta.

 

Acéptanos también a nosotros, Padre

juntamente con la ofrenda de tu Hijo;

concédenos tu Espíritu,

para que desaparezca todo obstáculo en el camino de la concordia

y la Iglesia resplandezca en medio de los hombres

como signo de unidad e instrumento de tu paz.

 

Que este Espíritu, vínculo de amor, nos guarde en comunión

con el Papa N.,  con nuestro Obispo N. y todo tu pueblo santo.

Recibe en tu reino a nuestros hermanos

que se durmieron en el Señor

y a todos los difuntos cuya fe sólo tú conociste.

 

Así como nos has reunido aquí en torno a la mesa de tu Hijo,

unidos con María, la Madre de Dios, y con todos los santos,

reúne también a los hombres

de cualquier clase y condición, de toda raza y lengua,

en un mundo nuevo donde brille la plenitud de tu paz,

Por Cristo, Señor nuestro.

 

Por Cristo, con él y en él,

A ti, Dios Padre omnipotente,

En la unidad del Espíritu Santo,

Todo honor y toda gloria

Por los siglos de los siglos. Amén.

 

Plegaria III

Plegaria IV

 

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