Prefacios diversos

 

1

 

El Señor esté con vosotros...

Levantemos el corazón...

Demos gracias al Señor, nuestro Dios...

 

1.- Te damos gracias, Padre de bondad,

porque con amor y sabiduría quisiste someter la tierra a nuestro dominio

para que de ella sacáramos el sustento y en ella contempláramos

tu grandeza y tu providencia.

Te damos gracias por los dones que de ti hemos recibido

y porque nos concedes emplearlos

en alabanza tuya y en bien de nuestros hermanos.

Gracias, Señor, porque tu gloria, es que nosotros vivamos felices.

 

2.-  Señor, cuántas cosas tenemos que agradecerte.

Cada uno de nosotros conoce el bien que nos has hecho.

Tú sigues cuidando de nosotros incluso cuando sufrimos.

¡Qué profundos son tus designios!

Con qué claridad vemos ahora en el fondo

tu bondad y tu gran benevolencia con nosotros.

Tú has sido y eres la mano que nos sostiene

para que podamos sostener a quienes sufren el hambre,

la violencia, la soledad o la enfermedad.

 

3.- Te damos gracias, Señor, despacio

dándonos cuenta de lo que nos quieres aún sin merecerlo.

No movemos sólo los labios.

Sentimos cómo nuestro corazón se alegra y te canta agradecido.

Nosotros mismos comprobamos que es bueno darte gracias. Señor.

Dentro de nosotros va creciendo un deseo: Nuestra vida te bendecirá,

amando a los demás. ¿Podemos hacer algo más grande?

 

4.- Agradecimiento, Señor,

esto es lo que brota en estos momentos de nuestro corazón.

Nos sentimos queridos por ti, sostenidos por tu amor.

Ahora sabemos que cuidas de nosotros

y escuchas nuestros anhelos más hondos.

Cómo nos nace desde dentro decirte: Tú sí que eres bueno Señor... (51)

Tu bondad y tu cariño nos acompañan todos los días de nuestra vida. (114)

 

Por eso con los ángeles y los santos te alabamos diciendo (cantando)…

 

 


2

 

El Señor esté con vosotros...

Levantemos el corazón...

Demos gracias al Señor, nuestro Dios...

 

5.-  Sin duda, Señor, debemos mucho a personas que nos quieren de verdad,

que nos cuidan con cariño, pero ¿a quién vamos a agradecer

la vida, el ser, la alegría que sentimos dentro de nosotros,

las cosas que gozamos en tu presencia?

Nosotros sabemos que en el origen de todo

estás tú, Dios y Padre nuestro.

Tú eres quien desde siempre nos rodeas con tu amor,

tu misericordia y tu ternura... (114)

 

6.-  Al dirigirnos a ti, Dios nuestro, casi siempre te presentamos

nuestras necesidades y preocupaciones. Sólo pensamos en nosotros.

¿Por qué no nos detenemos a contemplar

tu bondad y saborear tu amor insondable?

Abramos nuestro corazón a la alabanza y a la acción de gracias:

Alabaremos tu nombre, Dios nuestro, con cantos,

proclamaremos tu grandeza con acción de gracias. (68)

 

 

7.-  Señor te mereces toda alabanza (144).

Eres grande y bueno. Tú nos hiciste y somos tuyos (99).

En ti está la fuente de nuestra vida.

De ti la estamos recibiendo constantemente.

¿Cómo no vivir alabándote Señor?

Te bendecimos, Señor, en todo momento,

tu alabanza está siempre en nuestra boca (33).

 

8.-  Sabemos que nuestra alabanza a ti, Dios nuestro, es insignificante.

Nosotros deseamos que toda la creación te alabe:

Que te alaben todos los pueblos (66).

Que todas tus criaturas te den gracias (144).

Gritamos en nuestro corazón:  Todo ser que alienta te alabe, Señor (150).

 

Por eso con los ángeles y los santos te alabamos diciendo (cantando)…

 

 


 3

 

El Señor esté con vosotros...

Levantemos el corazón...

Demos gracias al Señor, nuestro Dios...

 

9.-   En los momentos buenos y en las horas amargas,

en la juventud y en la vejez, nuestra vida no puede ser sino

alabanza y acción de gracias.

Te alabamos, Señor, siempre;

te alabaremos, mientras vivamos (145).

 

10.-   Hemos vivido lejos de ti, Dios nuestro.

Y ahora no encontramos el camino

para volver a ti. Nos sentimos perdidos

¿Quién nos puede ayudar mejor que tú?

Te invocamos con fe: Nos extraviamos como ovejas perdidas.

Busca a tus siervos (118, 176).

Búscanos, sal a nuestro encuentro, tómanos en tus brazos.

Andaremos con rectitud de corazón,

lejos de nosotros el corazón torcido, no queremos nada con la maldad.

 

 

11.-   Queremos cambiar y no tenemos fuerzas.

Sentimos deseos de ser mejores

pero nos da miedo que tú, Dios, nos pidas demasiado.

Nos cuesta cambiar este estilo nuestro de vida tan egoísta

a la que estamos apegados. Señor, mueve tú nuestro corazón.

Queremos enderezar nuestros pasos (118, 59).

Apártanos del camino falso (118, 29).

Queremos guardar tus leyes exactamente.

Tú no nos abandones (118, 5-8). Queremos estar siempre contigo.

 

12.-   Te escuchamos, Dios nuestro, en el fondo de nuestro corazón.

Sólo tú tienes la Palabra que nos convence.

La que puede transformar nuestra vida. Elevamos nuestra alma hacia ti:

Señor, te buscamos de todo corazón. No olvidaremos tus palabras.

Tú no nos abandones (118, 8, 10, 16)

Guíanos por la senda  de tus mandatos,

indícanos nuestro camino hacia ellos (118, 37).

 

Por eso con los ángeles y los santos te alabamos diciendo (cantando)…

 

 


 

4

 

El Señor esté con vosotros...

Levantemos el corazón...

Demos gracias al Señor, nuestro Dios...

 

 

13.-  Conocemos bien nuestra fragilidad y nuestra inconstancia.

Cuántas veces hemos querido ser mejores.

Y cuántas veces hemos vuelto a la mediocridad.

Tú, Señor Dios nuestro,

no nos dejarás nunca sin la ayuda que necesitamos:

Enséñanos, Señor, a cumplir tu voluntad

y a guardarla de todo corazón (118, 34)

Que nuestra alma viva para alabarte por siempre.

 

Por eso con los ángeles y los santos te alabamos diciendo (cantando)…

 

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