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PLEGARIA EUCARISTICA - V - B.

 

Te damos gracias, Dios santo y fuerte,

porque cuidas con amor de cada uno de nosotros.

Tu nos invitas a escuchar tu palabra,

que nos reúne en un solo cuerpo,

y a mantenernos siempre firmes en el seguimiento de tu Hijo.

 

Porque sólo él es el camino que nos conduce hacia ti,

la verdad que nos hace libres,

la vida que nos colma de alegría.

 

Por eso, Padre, porque tu amor es grande para con nosotros,

te damos gracias, por medio de Jesús, tu Hijo amado,

y unimos nuestras voces a las de los ángeles

y santos para proclamar tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo...

 

Te glorificamos, Padre santo,

porque estás siempre con nosotros en el camino de la vida,

sobre todo cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega

para el banquete pascual de su amor.

 

Te rogamos, pues, Padre lleno de bondad,

que envíes tu Espíritu sobre este pan

y este vino de manera que sean para nosotros =

Cuerpo y + Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro.

 

El mismo, la víspera de su Pasión,

mientras estaba a la mesa con sus discípulos,

tomó pan, te dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:

 

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros.

 

Del mismo modo, tomó el cáliz lleno de vino,

te dio gracias y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

 

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros y por todos los hombres

para el perdón de los pecados.

Haced esto en conmemoración mía.

 

Este es el Sacramento de nuestra fe.

 

Por eso, Padre de bondad,

celebramos la obra de tu amor:

Cristo, tu Hijo a través de la muerte ha resucitado a la vida nueva.

Dirige tu mirada, sobre esta ofrenda;

es Jesucristo que se ofrece con su Cuerpo y con su Sangre

y, por este sacrificio, nos abre el camino hacia ti.

 

Señor, Padre de misericordia,

derrama sobre nosotros el Espíritu del Amor,

el Espíritu de tu Hijo.

Fortalécenos a cuantos nos disponemos a recibir

el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y haz que unidos al Papa N.

y a nuestro Obispo N.,

seamos uno en la fe y en el amor.

 

Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana,

inspíranos el gesto y la palabra oportuna

frente al hermano solo y desamparado,

ayúdanos a mostrarnos disponibles

ante quien se siente explotado y deprimido.

 

Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor,

de libertad, de justicia y de paz,

para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.

 

Acuérdate también, Padre,

de nuestros hermanos que murieron en la paz de Cristo,

y de todos los demás difuntos, cuya fe sólo tú conociste;

admítelos a contemplar la luz de tu rostro

y llévalos a la plenitud de la vida en la resurrección.

 

Y, cuando termine nuestra peregrinación por este mundo,

recíbenos también a nosotros en tu reino.

donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria.

En comunión con la Virgen María, Madre de Dios,

los apóstoles, los mártires y todos los santos

te glorificamos Padre por Cristo, Señor nuestro.

 

Por Cristo, con él y en él a ti Dios Padre omnipotente,

en la unidad del Espíritu Santo,

todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

 

Plegaria III

Plegaria IV

 

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