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El Señor esté con vosotros.
Levantemos el corazón.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Prefacio
Señor, a veces dando pasos de ciego,
otras con paso fuerte y decidido.
Muchas veces con luz clara y firme que alumbra el
camino.
Otras a oscuras sin rumbo fijo,
pero siempre tras cada mal paso, tras cada caída,
nos has dado tu mano, Señor Jesús, y curado las
heridas.
Siempre has sido un Padre cariñoso
que sales al camino corriendo para colmarnos de
besos
y hacernos entrar en tu casa.
Es verdad que andamos a tientas,
que no sabemos bien por dónde nos da el aire,
ni por dónde hemos de seguir,
pero, también es verdad que, con el paso de los
años
y sin saber muy bien porqué, hemos sentido que
Jesús
está en cada momento con nosotros.
Si a tientas es el camino, también es la obra de
Dios.
Tú nos quieres ante todo felices y vas haciendo
tu obra poco a poco con cariño,
sin perturbar nuestros planteamientos, o, por lo
menos, no de golpe
y siempre con cuidado para no hacernos daño.
Es en los momentos más duros de la vida, cuando
Tú, Señor, haces tu trabajo.
En ese momento, cuando nosotros, tus hijos, vemos
nuestros fallos y miserias,
Tú, Dios mío, aprovechas para poner tu ternura y
compasión.
A tientas se hace el camino para sentirse vivo,
para alegrarse y sonreír,
para cambiar y soñar, para crecer y ser escuchado
con el corazón.
Por eso, Padre, nosotros te damos gracias y
cantamos alegres uniendo nuestras voces a la de los ángeles, los santos y a toda
persona de buena voluntad:
Canto: Alabaré, alabaré, alabaré a mi Señor.
PLEGARIA EUCARISTICA
Te
bendecimos, Padre
porque has dejado en nuestro camino
la
vida y el testimonio de muchas personas queridas.
Junto al dolor de nuestra separación
nos
suenan aquellas palabras de consuelo:
"Bienaventurados los pobres,
los
que han llorado con el hermano,
los
que han dado testimonio de la fe,
los
que han llevado una vida de servicio,
los
que vivían heridos y rebeldes
ante la injusticia del mundo"
Estas palabras de Cristo nos llenan de esperanza.
Sabemos que el hombre que ama no muere,
que
el justo vivirá para siempre gracias a tu Espíritu.
Te
pedimos, Padre que ese mismo Espíritu
venga ahora = sobre este pan y este vino
y
haga posible
la
presencia del Cuerpo + y Sangre de Jesús,
misterio de amor para todos nosotros.
Así
lo quiso expresar el mismo Jesús,
cuando la víspera de su muerte
tomó pan, lo partió y lo dio a sus amigos diciendo:
Tomad y comed todos de él,
porque esto es mi Cuerpo,
que será entregado por vosotros.
Del
mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y
dándote gracias de nuevo,
lo
pasó a sus amigos diciendo:
Tomad y bebed todos de él,
porque éste es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna,
que será derramada por vosotros y por todos
para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía.
Este es el Sacramento de nuestra fe
Por
eso, Padre bueno,
recordamos ahora la vida, la muerte y la resurrección de Jesús.
El
se ha puesto en nuestras manos
para que te lo ofrezcamos como ofrenda nuestra
y
junto con él nos ofrezcamos nosotros mismos a ti.
A
ti, Señor, que nunca olvidas a nadie,
te
pedimos por las personas que amamos y por aquellas a las que debiéramos querer
más.
Acuérdate, Señor, del Papa Benedicto, de nuestros Obispos.
Ayuda a todos los que creemos en Cristo,
para que trabajemos por la paz del mundo
y
sepamos comunicar a los demás nuestra alegría.
En
este momento, Señor, recordamos a nuestros hermanos
que
han muerto, N.N, de las víctimas del terrorismo, de las guerras, del hambre, de
nuestros amigos, vecinos y conocidos, y de todos los demás difuntos, cuya fe
sólo tú conociste.
A
todos ellos que ya estarán contemplando la luz de tu rostro;
y a
nosotros que aún caminamos por este mundo, concédenos que un día,
junto con Cristo, con María y todos los santos,
vivamos contigo en el cielo para siempre.
No
nos olvidamos de pedirte por los que más sufren y viven tristes,
por
la gran familia de los cristianos
y
de cuantos viven en este mundo.
Al
ver todo lo que tú haces por medio de tu Hijo Jesús,
nos
quedamos admirados
y
de nuevo te damos gracias y te bendecimos.
Por
Cristo, con él y en él
a
ti, Dios Padre omnipotente,
en
la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por
los siglos de los siglos. AMEN.
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