LA HOMILÍA DOMINICAL
Es un privilegio y una responsabilidad poder dirigirse cada semana a millones de fieles en las eucaristías dominicales.
El
P. Rafael de Andrés, S. J., autor de varios libros de homilías televisadas,
radiadas y escritas subraya la importancia de la homilía que ha de iluminar,
conmover e intentar convencer:
“El
despegue y el aterrizaje de la homilía suelen descuidarse y son de lo más
necesario: el arranque para captar la atención y el cierre para evitar la
irritante sensación de no saber cómo acabar"
"Hay que suscitar preguntas en los oyentes y responder a las cuestiones que ellos plantean a la Iglesia, a Jesús y al Evangelio -continúa el P. Rafael de Andrés-.
La
homilía tiene que llenar ese vacío de fe y de esperanza en que navegan los
creyentes..., no debe irse por las ramas de la moral o de la religión.
Según este jesuita, profesor comunicador, la homilía no debe pasar los diez minutos, tiene que usar verbos activos y, respirar en positivo por los cuatro costados no ceder en los contenidos evangélicos, pero sí en las formas de su presentación: hay un vocabulario clerical que no entiende el hombre de hoy.
La homilía no consiste en "decir lo de siempre como siempre, sino en decir lo de siempre como nunca”.