MISA FUNERAL DE  JÓVENES

MUERTOS EN ACCIDENTE DE TRAFICO

 

 Lecturas

Homilía

Canto de entrada:

JUNTOS COMO HERMANOS

 

Saludo:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 Que la gracia y la misericordia del Señor, esté con vosotros.

 

Monición de entrada.

Hoy nuestra Comunidad Parroquial se siente unida, por la muerte de (N..), y, sobre todo, comparte el dolor de todos vosotros, familiares y amigos.

Si normalmente tenemos pocas válidas para pronunciar ante el sufrimiento y la muerte, hoy, nos sentimos incapaces de reaccionar ante las circunstancias en que han fallecido estos jóvenes.

Sin embargo, vamos a tratar de que la Luz de la fe traspase nuestra oscuridad abriéndonos a la Palabra del Señor para que Él ilumine estos momentos dolorosos.

Os invitamos a participar en la Celebración de la muerte y resurrección de Jesús, muerte también incomprensible pero real.

 

A. Penitencial: En un momento de silencio, pedimos perdón a Dios por nuestras debilidades y pecados.

 - Jesús, tú entregaste tu vida por defender una vida más justa para todos. Señor, ten piedad.

 - Jesús, tú nos pides que nos ayudemos y nos das capacidad para amarnos. Cristo, ten piedad.

 - Jesús, tú, Luz y Esperanza del mundo. Señor, ten piedad.

 Dios, Padre de bondad, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

 

Colecta. Oremos. Oh Dios, te encomendamos a (N...), cuya muerte prematura lloramos; para que les concedas vivir la perenne juventud de tu felicidad. Por NSJC, tu Hijo...

 

Monición a las lecturas

 Nos disponemos a escuchar la Palabra de Dios.

Esta Palabra que leemos, ahora, no es un engaño para ofrecernos un consuelo fácil. Es el testimonio de quienes vivieron en su carne el dolor y la muerte y mantuvieron, a pesar de todo, la confianza en Dios.

Tratemos de recibirla como Luz que nos ayuda a buscar un sentido a los momentos de oscuridad de nuestra vida, concretamente a este momento que estamos viviendo.

 

Oración universal: Apoyados en la Palabra de Jesús y sintiéndonos solidarios de todos los que sufren, vamos a orar a Dios nuestro Padre.

 1.- En primer lugar pedimos por (N...); para que Dios les acoja con su ternura y bondad infinita; que llene sus corazones de una alegría inmensa y les sorprenda con una felicidad que ni ellos ni nosotros podemos sospechar. Roguemos al Señor.

 2.- Y pedimos, muy especialmente, por vosotros familiares de (N...); para que encontréis en nosotros toda la ayuda que podáis necesitar siempre, y en Jesús, la gracia, el amor y la paz. Roguemos al Señor.

 3.- Por los enfermos, por los que se encuentran solos; para que sepamos estar a su lado, y así puedan vivir la prueba dolorosa, con esperanza y confianza, experimentando en sus vidas el amor de Dios que nunca abandona a sus hijos. Roguemos al Señor.

 4.- Por los jóvenes; para que sean conscientes de sus limitaciones, pero, también de su fuerza renovadora en la sociedad y, tengan el coraje de transformarla en la verdad, la justicia, la libertad, en la fraternidad, la paz y el respeto a la naturaleza. Roguemos al Señor.

 Te lo pedimos, por JNS.

 

 

ORACIÓN EN EL SILENCIO DE LA COMUNIÓN

 

¿Qué nos dirás, Dios nuestro,

cuando lleguemos a tu presencia

y nos encontremos contigo, cara a cara?

  Nos dirás: “Animo, hijos, ya habéis llegado”

  Nosotros, nos quedaremos mudos,

porque llevábamos preparadas nuestras excusas.

  Tú, nos tomarás de la mano

y nos mostrarás tu casa, ¡nuestra casa!

  Nuestros fallos quedarán en el olvido para siempre.

  Y entonces, empezaremos a comprender

que nos quieres de verdad,

como nunca creíamos que pudiéramos ser queridos.

 

Poscomunión. Oremos. Señor, que estos sentimientos de amistad, de fraternidad y de esperanza que hemos compartido en esta Eucaristía, continúen siempre en nuestra vida, y, concédeles a (N...), vivir con gozo el hoy de su juventud definitiva en el cielo. Por JNS.

 

 

ANTES DE LA DESPEDIDA

Antes de separarnos, permitidme unas palabras de agradecimiento, en nombre de los familiares de (N...). Vuestro acompañamiento y vuestra presencia, aquí, expresan en primer lugar, la estima y la consideración que os merecen.

Pero, especialmente, os queremos agradecer vuestra oración sincera, porque nos consuela compartir con vosotros la fe en la resurrección, agarrados en Cristo muerto y resucitado.

La misa de salida y la misa memorial, la celebraremos el próximo ...

Muchas gracias a todos.

 

Inicio


LECTURAS MISA FUNERAL

 

 Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 17-26

 

Me han arrancado la paz,

y ni me acuerdo de la dicha;

me digo: “Se me acabaron las fuerzas

y mi esperanza en el Señor”.

 

Fíjate en mi aflicción y en mi amargura,

en la hiel que me envenena;

no hago más que pensar en ello,

y estoy abatido.

 

Pero, hay algo que traigo a la memoria

y me da esperanza:

Que la misericordia del Señor no termina

y no se acaba su compasión;

antes bien, se renuevan cada mañana:

¡Qué grande es tu fidelidad!

 

El Señor es mi lote, me digo,

y espero en Él.

 

El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan;

es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

 

PALABRA DE DIOS

 

SALMO

La misericordia del Señor, cada día cantaré

 

El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia;

no nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas.

 

Como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles;

porque él conoce nuestra masa,

se acuerda de que somos barro.

 

Los días del hombre duran lo que la hierba,

florecen como la flor del campo,

que el viento la roza, y ya no existe,

su terreno no volverá a verla.

 

Pero la misericordia del Señor dura siempre,

su justicia pasa de hijos a nietos:

para los que guardan su alianza

y recitan y cumplen sus mandatos.

 

La misericordia del Señor, cada día cantaré

 

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 14, 32-36

 

Llegados al lugar llamado Getsemaní, Jesús dijo a sus discípulos:

 

- “Quedaos aquí mientras yo voy a orar”.

 

Y se llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. De pronto, comenzó a sentirse atemorizado y angustiado. Les dijo:

 

- “Me ha invadido una tristeza de muerte, quedaos aquí y velad”.

 

Se adelantó unos pasos más y postrándose en tierra, oró pidiéndole a Dios que, si era posible, pasara de él aquel trance. Y decía:

 

- “Padre, todo es posible para ti. Líbrame de esta copa de amargura; pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”.

 

PALABRA DEL SEÑOR

Inicio

 

 

 

HOMILIA MISA FUNERAL

 

Queridas familias, queridos amigos.

 

Tal vez no tengamos en estos momentos más que una sola pregunta, en nuestras mentes: ¿Por qué?. ¿Por qué a esa edad?. ¿Por qué la muerte en vez de la vida?. ¿Por qué Dios ha permitido esto?.

 

¿Quién puede responder a estos terribles interrogantes?. YO, NO PUEDO. Creo, solamente, que pensar y gritar estos “por qués”, aún con rabia, no es una blasfemia. Yo diría que es una oración. La oración de un creyente que se dirige a Dios desconcertado y aturdido por lo que está viviendo. La Biblia no tiene miedo de dirigir a Dios estos “por qués”; la Biblia está llena de gritos de dolor contra el mal y la injusticia. Y vosotros vivís un acontecimiento irritante, abrumador, insoportable.

 

Nosotros, los creyentes, nos atrevemos a gritar a Dios nuestra rebeldía, angustia y nuestro dolor. Porque si hay alguien capaz de comprendernos, ése es Dios, como nos lo dice Jesús. Este Jesús que nos manifiesta cómo es Dios: “que nos ama, no porque somos buenos, sino, porque Él es Bueno. Ese Dios, que nos ha prometido estar con nosotros todos los días. Que Dios esté con vosotros, con nosotros, en estos momentos. En la oscuridad de vuestra prueba, que brille una luz, aunque débil, aunque vacilante, “la luz de la esperanza en Jesús resucitado”.

 

No comprender lo que nos acontece, es una prueba cruel. Jesús mismo en la cruz dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?. En su agonía, llegó a rechazar la cruz porque, pienso, no la comprendía. ¿Por qué morir?. A los 30 años, estaba hecho para vivir y no para morir torturado. Una cosa os tengo que decir: contrariamente a lo que algunos puedan pensar, la verdadera religión, frente a la desgracia y al dolor, no tiene explicación. Sobre esto, los creyentes no estamos más avanzados que los demás; también nosotros estamos en la oscuridad del no saber el por qué del misterio del dolor. Entonces, ¿por qué seguimos creyendo en circunstancias semejantes?.

 

Hoy, para vosotros, ¿dónde puede estar la esperanza?. La esperanza yo la veo, primeramente, en todo el afecto, el amor, la ternura, la amistad sincera que os están brindando los que viven con vosotros, vuestros familiares y amigos.

 

¡Qué esperanzador y sincero el mensaje que ayer manifestaron los amigos de (N...): “Aunque os habéis marchado, siempre estaréis con nosotros. Porque, vivir en el corazón de los que dejáis detrás de vosotros, ya no es morir”.

 

A veces, en la vida, podemos ser indiferentes los unos para con los otros, y no sabemos decir cuánto dependemos los unos de los otros. Pero en los momentos difíciles, como éste, la gente se atreve a expresarlo, a ser verdaderamente cercanos y cariñosos para sostener a quienes están rotos por el dolor y darles un poco de consuelo, en este momento incomprensible.

 

Seguimos creyendo, yo por lo menos, porque confiamos en Jesucristo, nos fiamos completamente de él. Jesús, es para nosotros, los creyentes cristianos, la imagen de Dios. Jesús, en el Evangelio, no explica nada sobre el dolor; lo que hace es venir con nosotros: llora y sufre con nosotros, muere con nosotros. Jesús murió pero no ha desaparecido. Yo no lo veo, pero..., yo creo que está con nosotros, está verdaderamente con nosotros. Jesús, muerto por los hombres, pero resucitado por Dios, es el signo y la garantía de que Dios ha apostado por la vida y, en Jesús, nos ha prometido nuestra propia resurrección.

 

Esta es la razón de por qué podéis confiar vuestros hijos a Dios; no son sólo palabras: Jesús al morir se entregó en las manos de Dios. Yo creo que ha venido a la muerte porque fue acogido por Dios, vive en Dios...

 

Apoyados en esta fe, me atrevo a hablaros de vuestros hijos, como alguien que vive en Dios, para mí en Jesucristo Resucitado.

 

(N...) viven en el corazón de Dios, y, también en vuestros corazones de familiares y amigos.

 

Es bueno recordarlo y celebrarlo en esta Eucaristía en que hacemos presente el amor de Jesús, su muerte y resurrección, a favor de (N...).  

 

 

Inicio

 

 

 

Principal ] Oración mensual ] Celebraciones litúrgicas ] Albia ] Sobre la liturgia ] Familia cristiana ] Sacramentos ] Celebrar el Domingo ] EL DOMINGO ] Homilías ] Lecturas del día ] Red de evangelización ] Contraportada ] Mensaje para la semana ]

Exclusivamente para uso privado. No reproducir.