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Romanos
8, 31b. 37-39
Salmo:
114 "Caminaré en
presencia del Señor"
S_Lucas:
LC. 23, 33. 39-43
CANTO
DE ENTRADA
"SOMOS UN PUEBLO
QUE CAMINA"
SALUDO:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Que el amor de Dios
nuestro Padre, manifestado en Jesús, esté siempre con todos vosotros.
MONICION
de ENTRADA:
Hermanos:
la muerte de un ser querido, es un hecho que nos produce tristeza, dolor, mucho
dolor, es un hecho que nos conmueve.
Pero
es este el momento en el que podemos recordar una palabra de esperanza que
serene nuestro sufrimiento. "Si Dios está a nuestro favor, ¿quién podrá
estar contra nosotros?
Nuestro
hermano/a --------- ha participado ya de la muerte del Señor. Pidamos en esta
Eucaristía que participe también del triunfo de su resurrección.
A.
PENITENCIAL:
Hacemos
un silencio y nos situamos delante del Señor para pedirle perdón.
-
Tú, Jesús,
que con tu resurrección nos abres el camino del cielo. Señor, ten piedad.
-
Tú, Jesús,
que llenas nuestros corazones de confianza. Cristo, ten piedad.
-
Tú, Jesús,
que nos das razones para vivir y morir con esperanza. Señor, ten piedad.
Que
Dios, nuestro Padre, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y
nos lleve a la vida eterna. Amén.
COLECTA.
OREMOS.
Oh Dios siempre
dispuesto a la misericordia y al perdón. Escucha la oración que te dirigimos
por tu hijo/a -------, cuya fe sólo tú conociste. Acógelo en tu Reino para
que goce contigo de la alegría eterna. Por NSJC, tu Hijo....
MONICION A LA PALABRA DE DIOS
Los
deseos de vida para siempre, las ansias de felicidad del corazón humano no
quedarán defraudados. Son ya realidad gozosa en Cristo resucitado.
Los
que escuchan la palabra del Señor y creen en El, poseen ya la vida eterna.
Acojamos
con fe la promesa que Jesús nos hace hoy en el evangelio.
ORACIÓN
UNIVERSAL: Oremos
a Dios nuestro Padre que es fuente de vida para todos. (Para vivos y muertos)
1.
Por la Iglesia de Dios, para que con su testimonio de vida, enseñe a los
hombres de hoy el mensaje de fe y esperanza en la victoria final. Roguemos al Señor.
2.
Por nuestro/a hermano/a ------------- para que reciba la vida eterna
prometida por Cristo. Roguemos al Señor.
3.
Por los familiares y amigos de ------ Para que apoyados en la Palabra de
Dios y en nuestra compañía, encuentren el consuelo que necesitan en estos
momentos de dolor. Roguemos al Señor.
4.
Por todos nosotros, para que nuestra fe en la Vida Eterna sea un estímulo
constante para mejorar esta tierra. Roguemos al Señor.
Señor,
escucha nuestra oración y ayúdanos a caminar por este mundo que pasa,
confiando siempre en ti. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.
POSCOMUNION.
OREMOS. En
tus manos, Padre de bondad, encomendamos a nuestro/a hermano/a -------. Nos
sostiene la esperanza de que resucitará con Cristo en el último día. Te lo
pedimos por JNS.
CANTO:
YO
TAMBIEN QUIERO RESUCITAR
AGRADECIMIENTO DE LA FAMILIA
En
nombre de la familia de ------- os damos las gracias por vuestra presencia y por
vuestra oración.
Y
os anunciamos que la misa de salida se celebrará el próximo día ------- a las
-------
LECTURA
DE LA CARTA DE S. PABLO A LOS ROMANOS
8,
31b. 37-39
Hermanos:
si Dios está a nuestro favor, ¿quién podrá estar contra nosotros?.
Dios,
que nos ama, nos hace salir victoriosos de todas las pruebas. Seguro estoy de
que nada, ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni cualquiera otra suerte de fuerzas
sobrehumanas, ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes sobrenaturales, ni lo de
arriba, ni lo de abajo, ni criatura alguna existente, será capaz de
arrebatarnos este amor que Dios nos ha mostrado por medio de Cristo Jesús, Señor
nuestro.
PALABRA
DE DIOS
ORAMOS
CON EL SALMO 114
CAMINARE
EN PRESENCIA DEL SEÑOR
Amo
al Señor porque escucha
mi
voz suplicante,
porque
inclina su oído hacia mí
el
día que lo invoco.
Me
envolvían redes de muerte
me
alcanzaron los lazos del abismo
caí
en tristeza y angustia,
invoqué
el nombre del Señor,
"Señor,
salva mi vida".
El
Señor es benigno y justo
nuestro
Dios es compasivo
el
Señor guarda a los sencillos
estando
yo sin fuerzas me salvó.
Alma
mía recobra tu calma
que
el Señor fue bueno contigo
arrancó
mi alma de la muerte,
mis
ojos de las lágrimas,
mis
pies de la caída.
Caminaré
en presencia del Señor
en
el país de la vida.
LECTURA
DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
23,
33. 39-43
Cuando
llegaron al lugar llamado "La Calavera", crucificaron a Jesús y a los
dos criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda.
Uno
de los criminales colgados a su lado le insultaba, diciendo:
-
¿No eres tú el Mesías?. ¡Pues sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros!
Pero
el otro increpó a su compañero, diciéndole:
-
¿Es que no temes a Dios, tú que estás condenado al mismo castigo?. Nosotros
estamos pagando ahora los crímenes que hemos cometido, pero éste no ha hecho
nada malo.
Y,
volviéndose a Jesús, le dijo:
-
Acuérdate de mí cuando vengas como rey.
Jesús
le contestó:
-
Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.
PALABRA
DEL SEÑOR
LC.
23, 33. 39-43
Estadísticas realizadas en diversos países de
Europa muestran que sólo un cuarenta por ciento de las personas creen hoy en la
vida eterna y que, además, para muchas de ellas esta fe ya no tiene fuerza o
significado alguno en su vida diaria.
Pero lo más sorprendente en estas estadísticas es
algo que también entre nosotros he podido comprobar en más de una ocasión. No
son pocos los que dicen creer realmente en Dios y, al mismo tiempo, piensan que
no hay nada más allá de la muerte.
Y, sin embargo, creen en la vida eterna no es una
arbitrariedad de algunos cristianos, sino la consecuencia de la fe en un Dos al
que sólo le preocupa la felicidad total del ser humano. Un Dios que, desde lo más
profundo de su ser de Dios, busca el bien final de toda la creación.
Antes que nada, hemos de recordar que la muerte es
el acontecimiento más trágico y brutal que nos espera a todos. Inútil querer
olvidarlo. La muerte está ahí, cada día más cercana. Una muerte absurda y
oscura que nos impide ver en qué terminarán nuestros deseos, luchas y
aspiraciones. ¿Ahí se acaba todo? ¿Comienza precisamente ahí la verdadera
vida?
Nadie tiene datos científicos para decir nada con
seguridad. El ateo "cree" que no hay nada después de la muerte, pero
no tiene pruebas científicas para demostrarlo. El creyente "cree" que
nos espera una vida eterna, pero tampoco tiene prueba científica alguna. Ante
el misterio de la muerte, todos somos seres radicalmente ignorantes e
impotentes.
La esperanza de
los cristianos brota de la confianza total en el Dios de Jesucristo. Todo el
mensaje y el contenido de la vida de Jesús, muerto violentamente por los
hombres pero resucitado por Dios para la vida eterna, les lleva a esta convicción:
"La muerte no tiene la última palabra. Hay un Dios empeñado en que los
hombres conozcan la felicidad total por encima de todo, incluso por encima de la
muerte. Podemos confiar en él".
Ante la muerte, el creyente se siente indefenso y
vulnerable como cualquier otro hombre; como se sintió, por otra parte, el mismo
Jesús. Pero hay algo que, desde el fondo de su ser, le invita a fiarse de Dios
más allá de la muerte y a pronunciar las mismas palabras de Jesús: "Padre,
en tus manos dejo mi vida". Este el núcleo esencial de la fe
cristiana: dejarse amar por Dios hasta la vida eterna; abrirse confiadamente al
misterio de la muerte, esperándolo todo del amor creador de Dios.
Esta es precisamente la oración del malhechor que
crucifican junto a Jesús. En el momento de morir, aquel hombre no encuentra
nada mejor que confiarse enteramente a Dios y a Cristo: "Jesús,
acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino". Y escucha esa promesa que
tanto consuela al creyente: "Te lo
aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso".
Como creemos le ha escuchado ya a ---------
Hoy en esta Eucaristía unimos la muerte de
-------- a la muerte y resurrección de Cristo para que nuestro/a hermano/a esté
gozando de la vida eterna en el paraíso.
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