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UN
BUEN EQUIPO DE LITURGIA SE NOTA
En las comunidades, donde hay
un "equipo de liturgia" que funciona, se nota.
Mejora localidad de la
celebración.
Se ve enseguida que las cosas
no se improvisan.
Que el ritmo de la
celebración fluye.
Que los cantos están bien
escogidos.
Que los ministerios no sólo
están repartidos, sino bien preparados.
Que todo está previsto: las
moniciones, las intenciones de la oración universal, la homilía, el modo
de distribuir la comunión...
Y lo bueno es que todo ello ha
sido consensuado en la reunión semanal del equipo. Consensuado después
de un discernimiento, que siempre es más válido cuando se hace entre
varios, con el conocimiento y participación del sacerdote que presidirá
la celebración. Lo hacen en una reunión semanal que, además de ser un
ejercicio de revisión y de programación, es también un momento de
oración, a la luz de la Palabra.
No es fácil organizar y sostener
un equipo de liturgia. No se llega en seguida al punto óptimo. Se
empieza, a veces, con unas pocas personas interesadas y que se preparan
bien, luego se les unen otras para cuidarse del canto, o de la estética
del lugar celebrativo, o de las lecturas.
Un buen equipo de liturgia es
una gracia para la comunidad, a la que se le ayuda, nada más y nada
menos, que a rezar mejor, a celebrar más consciente y provechosamente.
Además, la comunidad puede, a través de este equipo más heterogéneo,
hacer oír su voz y sus deseos respecto al ritmo y tono de sus
celebraciones.
Es también una ayuda y un
reto para el sacerdote y los otros ministros ordenados, porque ven el
interés que hay en todos para mejorar su celebración. Ellos no pueden
quedar atrás. |