| Ciclo de Navidad | Ciclo de Pascua | Tiempo Ordinario |
| El año litúrgico | El misterio pascual | A lo largo del año |
Reviviendo la espera gozosa del
Mesías en su Encarnación.
Preparamos la vuelta del Señor al
final de los tiempos.
ADVIENTO:
(morado)
1º Domingo de Adviento
2º
Domingo de Adviento
3º
Domingo de Adviento
4º
Domingo de Adviento
VINO,
VIENE, VOLVERA...
Epifanía
Domingos “móviles” (tiempo ordinario) (verde)
Reviviendo la marcha de Israel por el desierto y la
“subida de Jesús a Jerusalén”.
Revivimos
nuestro bautismo (=inmersión) en el misterio de la muerte y resurrección.
1º
Domingo de Cuaresma
2º
Domingo de Cuaresma
3º
Domingo de Cuaresma
4º
Domingo de Cuaresma
5º
Domingo de Cuaresma
HAS
MUERTO, VIVES, ¡VEN, SEÑOR JESÚS!
Triduo
PASCUAL
Viernes
Santo (rojo)
Vigilia
Pascual (blanco)
Con los once y la primera iglesia celebramos el
“gran domingo” (7
semanas x 7).
Pascua,
Ascensión y Pentecostés son un mismo misterio a lo largo de 50 días.
Domingo de
Pascua.
2º Domingo de
Pascua.
3º Domingo de
Pascua.
4º Domingo de
Pascua.
5º Domingo de
Pascua
6º Domingo de
Pascua.
7º Domingo: LA
ASCENSIÓN
EL
ESPIRITU HACE DE LA IGLESIA EL CUERPO DE CRISTO HOY
Movida por el Espíritu, alimentada por la Palabra,
la Iglesia sigue construyendo el Reino de Cristo “hasta que vuelva”.
Son
33 o 34 Domingos (incluidos los domingos móviles) según los años. (Verde)
Se termina el ciclo con el Domingo de Cristo Rey. (Blanco)
Para
el cristiano no hay tiempo sagrado y profano en sentido estricto, ya que «en
todo tiempo y lugar» es «justo y necesario dar gracias a Dios».
Sin
embargo, lo mismo que nuestra vida está marcada por los aniversarios, es
natural que celebremos también de forma recurrente los misterios del Señor.
Necesitamos del domingo y del año litúrgico, que pertenecen a lo «sagrado
pedagógico».
Una
pregunta de Gabriel (diez años): «¿Por qué se celebra navidad y pascua el
mismo año? Deberíamos celebrar navidad y luego, a los 33 años, la pascua».
Aun
cuando la pascua es la fecha aniversario de la muerte de Jesús (poco más o
menos, ya que el calendario se ha modificado desde entonces), no es nunca para
nosotros un puro aniversario, sino una forma concreta y pedagógica de celebrar
el misterio pascual que tenemos que vivir todos los días.
Por
otra parte, nuestro año litúrgico se vive de manera muy distinta de como se
vivían los ciclos anuales que celebraban los cultos paganos (y que hoy volvemos
a encontrar en la secularización de las fiestas de navidad en invierno y de
pascua en primavera).
En
el culto pagano se trata de un ciclo cerrado sobre sí mismo, más o menos
marcado de fatalismo y, en el fondo, estático, mientras que para el
cristianismo
la historia tiene un sentido, va hacia alguna parte, hacia una consumación.
Tiempo pagano
Pero
como nuestra existencia está también marcada por el ciclo anual, se podría
modificar el esquema anterior en forma de espiral, en la que cada anillo
representaría un año.
Todos los años volvemos a celebrar los mismos misterios (aniversario), pero como los celebramos intentando vivirlos, vamos progresando hacia el final de los tiempos. La historia de la salvación es la de un pueblo en marcha; es un tiempo que va de la creación a la nueva creación, y este mundo nuevo se construye en el presente del hombre, día a día y año tras año. Estamos situados entre dos polos:
la venida del Señor entre nosotros y su pascua histórica, por una parte,
y su retorno en su pascua
definitiva, por otra.
Una
revolución
La iglesia de los apóstoles se distinguió enseguida de la tradición judía sustituyendo el sábado por el día siguiente, el primer día de la semana (no el último, como lo harían pensar nuestras costumbres modernas), para señalar así que la resurrección de Cristo inauguraba un tiempo nuevo: a las revoluciones siempre les ha gustado cambiar el calendario...
Además, ese primer día de la semana, que pronto se
llamó «día del Señor» término que evocaba a su vez el «día de Yahvé»
(ved vuestra Biblia), estaba cargado del simbolismo de la creación. Con el
resucitado había nacido un mundo nuevo. En este sentido, ciertas tradiciones lo
llamaron también «día octavo»: ¡a mundo nuevo, tiempo nuevo! Además,
en el mundo romano, era el «día del sol»: no se podía soñar nada mejor.
Una
pascua semanal
El
domingo es una pascua semanal. La insistencia que muestran los
evangelistas en señalar que el resucitado se manifiesta a la iglesia reunida en
asamblea el primer día de la semana lo demuestra ampliamente.
En
los primeros siglos hay que señalar que el domingo era día laboral y que los
cristianos tenían que realizar un esfuerzo para reunirse. Por eso lo hacían de
noche, como vemos en Hch 20, 7 (volvemos a encontrarnos con este aspecto en
nuestro domingo secularizado, cuando para ir a misa hay que renunciar muchas
veces a toda clase de actividades; los cristianos que viven en países islámicos
conocen esta misma situación).
Por
tanto, el descanso no es lo esencial del domingo...
El
día de la asamblea eucarística
Hay
un vínculo muy estrecho entre iglesia-asamblea-domingo; por otro lado, éste es
el titulo de una comunicación de monseñor Coffy en la Asamblea plenaria de
Lourdes de 1976.
No
se trata de ir el domingo a «oír» la misa y estar en regla con Dios, sino que
se va a hacer asamblea.
Durante
mucho tiempo, esta asamblea local fue única, por razones simbólicas (la
asamblea es el lugar de la iglesia local) y pastorales (en ella convergen y
de ella parten las actividades eclesiales).
Esta
asamblea es de naturaleza eucarística; aunque falte el sacerdote y no
pueda haber una eucaristía sacramental, de todas maneras se celebra la palabra
y se le dan gracias a Dios.
¿Y
hoy?
Ya
hemos suscitado la cuestión de la multiplicidad de misas. Podemos
también preguntarnos por la extensión del domingo al sábado por la tarde.
Hemos
de alegrarnos, debido a los numerosos cristianos que no pueden acudir el
domingo por razones serias. Pero ya hay algunos, incluso pastores, que hablan
de anticipar la misa al viernes por la tarde, antes de salir para el fin de
semana... Es una cuestión más grave de lo que parece; a fuerza de ampliar el
domingo, ¿no se perderá su fuerza simbólica? En todo caso, sean cuales
fueren las dificultades, está claro que la iglesia ha mantenido siempre este núcleo original.
El
domingo era también antes la ocasión para otras reuniones distintas de la misa (vísperas). A pesar del cambio de ritmo y de la
invasión del tiempo libre, algunas parroquias intentan hoy restaurar este
tiempo de oración.
El
cristiano de hoy ¿puede y quiere hacer del domingo un día iluminado por la
resurrección e impregnado de alabanza y de gozo? Es una cuestión que vale la pena plantearse.
EL
MISTERIO PASCUAL Y EL AÑO LITURGICO
El año
litúrgico se ha ido construyendo poco a poco:
1.
El ciclo pascual tiene como núcleo original la vigilia pascual.
Se
prolonga a lo largo de los 50 días que llegan hasta Pentecostés (Pentecostés
significa «50»), es decir, 7 semanas de 7 días.
Como
preparación, se va formando un período de 40 días, la cuaresma.
Al
mismo tiempo, la vigilia pascual se planifica en tres días, el triduo
pascual, que a continuación dio origen al domingo de ramos y por
consiguiente a la semana santa.
2. El ciclo de navidad.
La fiesta de navidad no nació
hasta el siglo IV. De hecho, era una manera de recuperar las fiestas paganas
del solsticio de invierno, ya que nada nos indica que Jesús naciera el 25 de
diciembre. Lo mismo ocurrió con la epifanía («manifestación») en
oriente, donde se celebraba el solsticio el 6 de enero.
Hacia
el siglo VI, lo mismo
que ocurrió con la cuaresma antes de pascua, se empezó a celebrar el adviento
como preparación para la navidad.
Finalmente,
la fiesta de la presentación (la «candelaria») es una prolongación
de las fiestas de navidad.
Incluso
en navidad,
celebramos
el misterio pascual
No hay que perder de vista la pascua semanal; tanto si es el primer domingo de adviento, como el día de epifanía o el domingo 27 del tiempo ordinario, celebramos siempre a Jesucristo muerto y resucitado.
Cristo resucitado es el astro que ilumina todo nuestro año, y es él el que
hace brillar, a lo largo de los domingos y de las fiestas, cada una de las
facetas del misterio de la fe.
Las consecuencias pastorales de este hecho son innumerables. Pongamos el ejemplo de navidad, fiesta popular, considerada desgraciadamente como más importante para el pueblo que la pascua. Una celebración que no «despegara» de la imagen del niño Jesús no iría en el sentido de la fe; es verdad que el simbolismo de navidad es bueno y hermoso, pero se vería gravemente mutilado si no se contemplase al mismo tiempo el destino del Hombre-Dios, que adquiere toda su dimensión en el sacrificio pascual.
Por otra parte, si nos
fijamos en los
datos de la liturgia, no podemos mutilar el misterio de navidad, ya que
celebramos en él la Eucaristía que es la Pascua de Cristo.
El año litúrgico es una anámnesis perpetua. Todas las fiestas se celebran en las tres dimensiones del tiempo: ayer, hoy y mañana.
Por
ejemplo, navidad: vino hace 2.000 años, viene hoy a nosotros (por la iglesia,
por la conversión...), volverá algún día.
No
tenemos sitio para entrar detalladamente en el estudio de cada fiesta; remitimos
al lector a su misal y a las introducciones que podrá leer allí, o a otras
obras.
Queremos
simplemente subrayar el espíritu de estas fiestas, a partir de los ritos
esenciales.
1.
El adviento,
(llegada), en griego parusía, que designaba el acto de sacar a la estatua divina del templo para que la contemplase el pueblo. Este término de parusía designa en nuestro vocabulario cristiano la vuelta de Jesucristo al final de los tiempos.
Esto ilumina el espíritu de
adviento, que es una mirada a la vez
hacia la navidad y hacia el regreso de Cristo: «Preparad los caminos del Señor».
Tiempo
de preparación, el adviento ha sido siempre menos austero que la cuaresma. El
tercer domingo llega incluso a vibrar de gozo.
2. Navidad, epifanía, el bautismo de Jesús.
La
primera es más importante en oriente, la segunda en occidente. Pero estas tres
fiestas no son suficientes para explotar toda la riqueza del misterio de Dios
hecho hombre.
Navidad
insiste más en el nacimiento humano de Cristo, en su manifestación a los «pobres»
José, María, los pastores).
Epifanía
insiste más en la manifestación de Jesús como Hijo de Dios a todas las
naciones (los magos). Es la fiesta de la universalidad de la iglesia.
El
Bautismo es la manifestación de Jesús como Hijo de Dios al comienzo de su misión,
que le llevará hasta pascua.
3.
La cuaresma.
En su origen, era el tiempo en que muchos cristianos ayunaban voluntariamente durante algunos días; así se convirtió en el tiempo en que los catecúmenos se preparaban para el bautismo y los penitentes para la reconciliación.
Pasó
luego a ser para toda la iglesia el tiempo de la conversión y de la meditación
de la palabra de Dios, el tiempo en que vuelven a contemplarse los grandes símbolos
del bautismo (evocados a menudo por los evangelios).
Tiempo fuerte de la iglesia, especie de «retiro» colectivo, en el que vuelve a vivir su bautismo asociándose al combate de Cristo.
La cuaresma dura cuarenta días:
cuarenta, en la Biblia, es el tiempo de la prueba (diluvio, los hebreos y luego
Jesús en el desierto), el tiempo de una generación en que el hombre puede
transformarse.
Comienza
unos días antes con el rito de la ceniza, destinado antiguamente a los
penitentes que se veían durante algún tiempo excluidos de la asamblea, lo
mismo que Adán se vio excluido del paraíso (de ahí la fórmula: «Recuerda
que eres polvo...»). Esta puede ser hoy una de las más hermosas celebraciones
penitenciales...
4. La semana santa
a) Comienza por el domingo de ramos. También aquí está
presente el doble dato muerte-resurrección: se empieza por el triunfo de los
ramos, anunciador de la pascua, para proseguir luego con la celebración de la
pasión y terminar con la Eucaristía. Y dicen que la liturgia no es lógica...
b)
El triduo pascual: jueves, viernes y sábado santos. Forman un todo que
tiene su cima en la vigilia (y no en el domingo). Hay que pensar en ello en la
pastoral y en la forma de celebrar (utilizar las repeticiones; por ejemplo, la
misma cruz, el mismo canto, utilizados los tres días).
-
El jueves
santo: en el centro, la institución de la Eucaristía, nueva pascua, y su
traducción en el gesto del lavatorio de los pies (simplemente proclamado o
incluso representado).
-
El viernes santo: síntesis de dos tipos de oficios, uno occidental (la
pasión) y otro oriental (veneración triunfal de la cruz). Se ha conservado la
tradición antigua de no celebrar la Eucaristía; se contenta la liturgia con la
comunión.
-
El sábado
santo: ritos del fuego y de la luz (simbolismo luz / tinieblas).
-
Liturgia desarrollada de la palabra.
-
Liturgia bautismal.
-
Liturgia eucarística.
c) Los cincuenta días de
pascua. Se
abre entonces la semana grande, la semana de siete semanas que conduce hasta
Pentecostés: es el «gran domingo».
Tan
solo más tarde se rompió la unidad de esta cincuentena con la fiesta de la Ascensión,
que es una forma más de celebrar la resurrección (véase Jn 20, 17).
d) Pentecostés (pentecosta = cincuenta).
En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha; según san Lucas, es el
día en que nace la Iglesia bajo el poder del Espíritu y en que es enviada al
mundo (en san Juan todo esto ocurre inmediatamente después de la resurrección:
Jn 20, 21-23).
5. El tiempo ordinario.
Son todos los demás domingos. Dada la movilidad del tiempo de pascua, entre los dos ciclos de navidad y de pascua se coloca un número mayor o menor de domingos. Se celebra en ellos el misterio pascual con diversas consideraciones de la palabra de Dios.
Los últimos
se orientan claramente hacia la vuelta de Cristo. En cierto modo anticipan el
tiempo del adviento.
6. Las fiestas ligadas al calendario civil.
Fuera
del año litúrgico existe lo que se llama el santoral, es decir, las
fiestas de los santos.
Son
secundarias respecto a los domingos y a los dos ciclos mencionados, excepto
algunas que pueden suplantar a un domingo ordinario.