Cantos para el Ordinario de la Misa

En todos los cantos del ordinario de la misa, tiene prioridad el texto exacto de la liturgia. En los casos en que no es así, debe seguir lo más cerca posible, el sentido del mismo.
 

  • Señor, ten piedad


Canto de índole reflexivo e interior.

A través de este canto confesamos tanto el amor misericordioso de Dios, como nuestra condición de pecadores necesitados de su perdón. Hay varias formulas propuestas por el mismo Misal: 1) “Yo confieso…” (con aclamación simple: “Señor ten piedad…”, etc., después de la fórmula de absolución);2) peticiones de perdón alternadas con canto: “Señor, ten piedad; Cristo ten piedad; Señor ten piedad”;3) aspersión de agua bendita acompañada de un canto adecuado, entre las más frecuentes.

Ritmo: tranquilo que permita la reflexión


Melodía: sin mayores intervalos al alcance de la asamblea


Duración: corta, considerando que le sigue el Gloria, de mayor extensión.


 

  • Gloria
    Canto de alabanza

    Es un himno de alabanza y aclamación a Cristo y a la S. Trinidad, después del Rito Penitencial, en las Misas Dominicales, las Solemnidades y Fiestas Litúrgicas. En él nos unimos a los ángeles que glorifican al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

    Siempre que se pueda, es preferible cantar con letra litúrgica, a reza el Gloria por su carácter de gozosa alabanza. En los tiempos de Adviento y Cuaresma se deja de cantar o rezar, retomando en la fiesta de Navidad y en la de Pascua (Salvo, Solemnidades).

    Ritmo: alegre, enérgico
    Melodía: exultante. Al menos, un estribillo al alcance de la asamblea.
    Duración: dependiendo de si contiene la totalidad del texto o es sólo una alabanza trinitaria.


     

  • Credo

    Es la profesión de fe trinitaria de la Iglesia, vinculada al bautismo. Existen dos fórmulas: el Credo breve o Símbolo de los Apóstoles y el Credo largo, llamado Niceno-Constantinopolitano (por los Concilios que le dieron origen).
    Se reza o canta los Domingos, y en Solemnidades. En Chile no es costumbre entonar el Credo.


     

  • Santo
    Canto de alabanza

    El Santo es el único canto que la propia liturgia invita a entonar: “Por eso con los ángeles y arcángeles y todos los coros celestiales, te aclamamos cantando...” Si hay un texto que siempre debe ser cantado en la misa, es éste. Tomado del Antiguo Testamento (Is 6,9) y completado con una frase cristológica, expresa a alabanza universal por la obra salvadora de Dios en Cristo y reactualizada en la eucaristía.

    Debe ser cantado por toda la asamblea.
     

  • Ritmo: libre
     

  • Melodía: libre, que pueda ser cantada por la asamblea.
     

  • Duración: según el texto.


     

  • Padre Nuestro

    Es la principal entre todas las oraciones cristianas, la única que el mismo Jesucristo transmitió a sus discípulos cuando le pidieron que les enseñara a rezar.

    Resulta muy difícil reducir el Padre Nuestro a la forma de canción estrófica. El texto obliga a adoptar una forma libre. No es necesario cantar el Padre Nuestro.


     

  • Cordero de Dios
    Canto reflexivo

    Mientras el sacerdote parte el pan consagrado y prepara el momento de la comunión, la asamblea confiesa el sentido del rito que está por celebrar tomando las palabras de Juan Bautista: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, etc.

    El Cordero de Dios puede cantarse o recitarse. Si se canta es bueno considerar atentamente su duración, de modo que coincida con la acción del sacerdote.

    La imagen de cordero sacrificado por el perdón de nuestros pecados inspira música tranquila.
     

Otros cantos para la Misa

Estos cantos varían en su texto en función del carácter de la eucaristía, del tiempo litúrgico o de la fiesta particular que se celebra.
  • Canto de entrada
    Canto procesional.

    Abre la celebración, congrega la asamblea y la invita a entrar en la acción litúrgica común disponiéndola a la alabanza.

    La música y las palabras crean el ambiente espiritual para entrar en comunión con el misterio de Dios, según el tiempo, el día o la fiesta que se celebra. Acompaña el ingreso procesional del sacerdote que preside y de los demás ministros y acólitos.

    Ritmo: que facilite el caminar
     

    Melodía: al alcance de la asamblea
     

    Duración: hasta que llegue el celebrante y acólitos al altar
     

    Finalizar después de la repetición del estribillo.

     

    • Cantos sugeridos
      Abre tu jardín
      El Profeta
      Juntos como hermanos
      Canción del Misionero
      Iglesia Peregrina (Todos unidos)


       
  • Salmo responsorial

    Es la respuesta de la asamblea estrechamente ligada a la palabra proclamada, en la primera lectura, como momentos de recepción y meditación. No debe sustituirse por otro canto y la antífona debe ser cantada por la asamblea.

    Canto responsorial donde la asamblea repite cantando la antífona propuesta por el salmista o el coro.

    Música estrictamente ceñida al texto de la antífona propuesta. Corta y sencilla.


     
  • Aclamación antes del Evangelio

    El “Aleluya” antes del Evangelio prepara a la escucha de la palabra de Jesucristo. No se canta en el tiempo de Cuaresma.

    Acompaña la procesión del diácono o del sacerdote que proclamará el Evangelio.

    La música es de carácter gozoso.
    Ritmo y melodía: movido y alegre.


     
  • Aclamación después del Evangelio

    El ideal es cantar “Gloria y honor a ti, Señor Jesús”. Podría también cantarse algo similar.

    Ritmo y melodía: libre
    Duración: corta


     
  • Presentación de las ofrendas

    Acompaña la preparación del altar y la precesión con el pan y el vino. Dispone a acoger el don por excelencia: Cristo, que se ofrece a sí mismo al Padre, mientras nosotros presentamos al Padre nuestras ofrendas.

    Momento en que puede cantar sólo el coro o puede ser música instrumental en vez de canto de la asamblea.

     
    • Cantos sugeridos
      Bendito seas Señor
      Después de preparar
      Recibe, oh Dios
      Una espiga


       
  • Aclamación después de la consagración

    Al decir el sacerdote: “Este es el sacramento de nuestra fe” u otras fórmulas propuestas por el Misal, la asamblea contesta con una aclamación gozosa que expresa la fe en el misterio pascual reactualizado en la eucaristía.

    Música de contenido reflexivo que no quiebre el ambiente creado por la Consagración. Debe ser de corta duración.


     
  • Amén

    La Plegaria Eucarística termina con las palabras del presidente “Por Cristo con El y en El…”. La asamblea responde con el “Amén” más importante de la misa, confirmando el misterio realizado. Este “Gran Amén” debería cantarse siempre.

    Aclamación solemne y corta.


     
  • Cantos de comunión

    Expresan la unidad con Cristo y entre los fieles que se acercan al altar y el gozo de participar en el anticipo del banquete del reino de Dios. Ayudan a crear un ambiente festivo, reflexivo y fraterno.

    En este momento, la función del coro es particularmente importante, ya que la asamblea está moviéndose para la comunión.

    Cantos libres. Que acompañen la procesión.
    Se debe considerar un tiempo de silencio para la oración personal después de la comunión.

     
    • Cantos sugeridos
      Alma de Cristo
      Puedo confiar en el Señor
      El Alfarero
      Pescador de Hombres


       
  • Canto final

    Este canto sólo tiene sentido si la asamblea está presente. Los cantos a la Virgen son especialmente adecuados, pero éstos podrán ser también de acción de gracias, de envío o relacionados con el tiempo litúrgico en curso.

    Música alegre de ritmo y melodía libre al alcance de la asamblea.

     
    • Cantos sugeridos
      ¡Haz cantar tu vida!
      Santa María del camino
      Canción a María
      Salve María
       

Cantos para el año Litúrgico

Los tiempos litúrgicos ofrecen la posibilidad de variar los cantos de la eucaristía y, sobretodo, de adecuarlos n su sentido al momento que vive la Iglesia. Ante la opción entre dos cantos, es bueno escoger siempre aquel que pertenece al tiempo litúrgico en curso.

  • Adviento

    Tiempo de esperanza y de gozo. En el pasado estaba más marcado por el carácter penitencial, del cual quedan dos signos: el color morado de los ornamentos y la supresión del canto del Gloria hasta la Navidad. Hoy se acentúa en la conversión, necesario antes de todo momento fuerte de la fe. En el Adviento se vive una doble espera, una memorial y otra escatológica: recordamos sacramentalmente el nacimiento de Jesús en Belén (Memorial) y esperamos su segunda venida, la definitiva, a instaurar el reinado de Dios (escatológica). Es un tiempo de expectativa confiada, y ese es el carácter que prevalece en los cantos.

     

    • Cantos sugeridos
      Marana tha
      Cada tarde te he esperado, Señor
      Pronto viene el Señor, aleluya


       
  • Navidad

    No hay ninguna fiesta cristiana, en todas las culturas y tiempos, que haya inspirado tantos cantos como ésta. Los villancicos son himnos a Dios hecho niño, encarnado en la historia concreta de los pueblos, cuya alma expresan magníficamente.

    En las tres misas de Navidad, y en las de la octava fiesta, no deberían faltar estos cantos, que se pueden escoger para el inicio de la eucaristía, para la comunión y como canto final.

     

    • Cantos sugeridos
      A las doce de la noche
      Noche de Paz
      Señora Doña María


       
  • Cuaresma

    Es el gran tiempo penitencial de la Iglesia, los cuarenta días de conversión y purificación interior que nos preparan a la mayor fiesta cristiana del año, la Pascua de Resurrección. Desde el miércoles de cenizas hasta la vigilia pascual calla el Aleluya como signo penitencial. El Gloria tampoco se reza ni canta en todo ese lapso, excepto en la misa del Jueves Santo ( y en la Solemne de S. José).

    La Cuaresma no es un tiempo triste, sino más bien serio, recogido, meditativo. Los cantos de la eucaristía deberían favorecer la atmósfera de recogimiento e interioridad que se nos convida durante este tiempo litúrgico.

     

    • Cantos sugeridos
      Amigo Jesús
      Espera mi Señor crucificado
      Sí, me levantaré


       
  • Pascua y Pentecostés

    La Pascua es el vértice de las celebraciones de nuestra fe y el fundamento de nuestra esperanza. La victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte son la razón mas honda de la gratitud y el gozo de los creyentes. El canto del Aleluya pascual, calado durante la Cuaresma, expresa ese sentido y ese gozo que se prolongan en la octava de Pascua y en todo el tiempo pascual, pasando por la fiesta de la Ascensión del Señor, hasta la solemnidad de Pentecostés. Esos 50 días son, como nos dice la Iglesia, como un solo día de fiesta. Durante todo el tiempo pascual se deberían cantar cantos de resurrección, también en la Ascensión y en la venida del Espíritu Santo, que no son fiestas separadas. Estas dos últimas también deberían agregar cantos propios, sobre todo cantos al Espíritu Santo.

     

    • Cantos sugeridos
      Pascua:
      ¡Resucitó!
      Nuestra Pascua
      Peregrino de Emaús

       
    • Pentecostés:
      Ven Espíritu de santidad
      Ven Espíritu Santo
      Envíanos, Señor


       
  • Tiempo durante el año (Tiempo “ordinario”)

    En estas 33 ó 34 semanas, la Iglesia celebra los misterios de la vida pública del Señor. Es el tiempo más largo del año litúrgico, de modo que será importante cuidar la variedad de la música. Hay que considerar que el Leccionario dominical se desarrolla en tres años (ciclos A,B y C), de modo que será la Palabra de Dios la que indicará los cantos más adecuados para la celebración. En el tiempo durante el año caen algunas fiestas importantes que es bueno celebrar con cantos propios: La Santísima Trinidad, Cuerpo y Sangre del Señor, Sagrado Corazón de Jesús y, el último domingo del año litúrgico, Cristo Rey del Universo.

     

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