<%@ Language=JavaScript %> Parroquia de San Vicente Mártir de Abando. Homilia Josetxu Canibe

 

 

DOMINGO, EL DIA DEL SEÑOR

 

 

 HOMILÍAS 

JOSETXU CANIBE

 

7 Dom. T. O. Ciclo C  (18/2/2007)

 

LEOPARDOS Y GACELAS

 

“Cuando leo el evangelio, me siento cristiano, pero cuando os veo a los cristianos” vuestro comportamiento, “me doy cuenta que no vivís de acuerdo al evangelio”, decía Gandhi. Esta imagen la damos principalmente en puntos o escenarios como los que plantea la página evangélica de hoy: ”amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian”. Si comparásemos estos principios con lo que sucede en nuestra actual sociedad vasca, probablemente llegaríamos a la misma conclusión que Gandhi.

Introduce Jesús estas reflexiones con una observación explicativa: “a los que me escucháis” dando a entender que no es para todos. En efecto, nos encontramos ante unas palabras, posiblemente las más chocantes, las más originales;  entrañan el distintivo, la aportación más provocativa del mensaje cristiano a la humanidad. No son solo palabras. Las acompaña con ejemplos como el de “al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra”, que, por cierto, Jesús no cumplió exactamente, pues estando en casa de Caifás, cuando un soldado le dio una bofetada, no puso la otra mejilla, sino que se le encaró dignamente: “si he obrado, dime en qué y si no ¿por qué me pegas?”. Pero fue coherente; en la cruz musitó “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. En este texto Jesús expone o habla de dos niveles. “Tratad a los demás como queréis que ellos os traten”. Una norma asequible, aceptada universalmente, de sentido común, aunque no de cumplimiento general. Tan obvia que Jesús se pregunta: ”si amáis a los que os aman ¿qué mérito tenéis?”. A Jesús se le queda corto este consejo o exhortación. Por ello añade un segundo escalón: ”¡No!. Amad a vuestros enemigos”. Propone un camino nuevo, elevado, poco transitado. No sólo existe la senda de la lucha y del enfrentamiento, aparece otra: la del perdón. A la cual no es fácil llegar. Tan es así que nos pone como referente, como modelo al mismo Dios: “sed compasivos como vuestro Padre celestial es compasivo”.

Así como en el duelo se da un proceso de cinco etapas o fases: negación, rebeldía, negociación, depresión y aceptación final, con el perdón sucede algo similar. No se llega en un instante, se requiere tiempo. Perdonar no significa tapar los problemas, ni invitar a la resignación y a la pasividad. Quien perdona no renuncia a sus derechos. Rehúsa, rechaza la venganza, la revancha, el odio. Las virtudes –y el perdón es una-  se complementan: el perdón, por ejemplo,  busca la justicia y la verdad. Nos movemos en un terreno resbaladizo: ¿qué significa, perdono, pero no olvido”. Algunas personas lo han conseguido y algunas sociedades también. Recordemos el caso de la madre del etarra De Juana y la viuda de un comandante del Ejército asesinado por ETA, hagamos memoria del cambio protagonizado por el pueblo sudafricano encabezado por Mandela y Tutú.

Aquí dilucidamos si el evangelio es “una cosa y la vida otra”. Es decir, si el evangelio es creíble o no, si sirve para la vida o se reduce a un compendio de buenas intenciones, apto para ingenuos. El que sea exigente y complejo no significa que sea ineficaz. El perdón no abandona a las víctimas, ni es compasivo con los  leopardos y “despiadado con las gacelas”. Es otra cosa. Vienen a cuento las palabras del obispo, D. Ricardo, pronunciadas el pasado tres de febrero en la concentración frente a la catedral de Bilbao: “en la medida de nuestra responsabilidad moral pedimos una vez más perdón” a las víctimas, porque “no somos del todo inocentes”. Y añadía: “porque queremos vivir como discípulos de Jesús (…). Pedir perdón quienes han herido y asesinado, otorgar perdón quienes han sido ofendidos, limpiar de odio el corazón”. Esta es la fórmula más eficiente para romper el círculo del ojo por ojo en nuestra violenta sociedad no sólo por el terrorismo, sino también en el deporte, en la economía, en la política.

He empezado citando a Gandhi y termino, no en vano fue apóstol del perdón, con una plegaria suya: ”Enséñame, Señor, que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza. Si yo ofendiere a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofendiera, dame valor para perdonar”.

 

                                         

 

6 dom. T. O. ciclo C (11/2/2007)
                                                    

 PREGUNTAS ESPINOSAS

 

A más de uno de vosotros alguien os habrá sorprendido con la pregunta “¿ya eres feliz?”. Lo cual no siempre nos cae bien, ya que nos obliga a una respuesta larga y matizada. Todos queremos, anhelamos ser felices, pues serlo  supone la máxima aspiración humana. En el evangelio de hoy Jesús nos señala quiénes son felices y quiénes desgraciados. Pero, al escuchar sus palabras, quedamos aturdidos como me imagino le sucedió a aquella muchedumbre que le escuchaba. Bienaventurados, esto es, dichosos, felices los pobres, los que tenéis hambre, los que ahora lloráis, los que sois perseguidos por causa del Hijo del Hombre. Y como contrapunto enumera las malaventuranzas: ¡ay de vosotros los ricos, los saciados, los que ahora reís, ay si todo el mundo habla bien de vosotros!.

Todo esto nos choca frontalmente. Propone –así me lo parece a mí al menos-  lo contrario de lo que nos dice la experiencia. Se trata de un texto revulsivo, que nos descoloca, nos desorienta. Con lo cual no nos quiere decir que la pobreza sea un bien. Lo que sí nos expresa es que Dios no es imparcial: Dios es parcial y está con el pobre. Así como en una  familia bien estructurada todos giran en torno al más frágil, empezando por el padre,  de forma similar concibe Dios la familia humana. Aquí, en torno a dos conceptos “felicidad y pobreza”,  se presenta, se plantea un asunto complejo. En el estudio, que ha realizado recientemente el profesor, Javier Elzo, sobre la juventud y la felicidad, resulta que los más felices no son los que más beben, ni los que más dinero manejan, ni los que más drogas consumen, ni los que participan de grandes juergas nocturnas, sino aquellos que gozan de buenas relaciones familiares, que cuentan con amigos y no solo con compañeros, que sienten preocupación por el necesitado (altruistas)… Surge una contradicción:  las encuestas informan que la inmensa mayoría de los jóvenes se sienten felices, sin embargo la mayoría no actúa en sintonía con  las características que acabo de enumerar y que los mismos jóvenes han señalado. Creo que en el mundo de los adultos ocurre algo parecido.

Nosotros seguimos el rastro del poder, de la riqueza, del prestigio. Jesús, en cambio, iba en otra dirección. Y esto, a pesar de que a Jesús no le encuadro entre los pobres. Cierto que pudo afirmar “las zorras tienen madrigueras, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza”. No obstante, a alguien que posee la categoría, la inteligencia, la dignidad, los sentimientos, el saber estar de Jesús … no se le puede incluir entre los pobres. Aunque sí es claro que estuvo con los pobres y en todo momento actuó como el buen samaritano.

Hoy, en sintonía con el evangelio, celebramos el día de Manos Unidas (conocida anteriormente por Campaña contra el Hambre), bajo el lema “Lograr que todos los niños del mundo estén escolarizados en el año 2015”. Actualmente  corretean por la calle más de 130 millones de niños que no acuden a ningún centro escolar. Aunque Manos Unidas nació hace 46 años por iniciativa de las mujeres de Acción Católica y lucha bravamente contra la pobreza y contra el hambre, éstas siguen muy presentes. El 25 por ciento de la población mundial goza del 75 por ciento de los bienes del planeta. Al  75 por ciento de los habitantes les queda tan sólo el 25 por ciento restante de la riqueza. En verdad formamos parte de una sociedad que no es modélica. Por tanto nada más lógico que nos planteemos construir otra. Y aquí sí  merece la pena valorar las palabras de Jesús: sus bienaventuranzas y sus malaventuranzas.

Repito, es cierto que las palabras de Jesús nos descolocan. Pero esto no nos debe llevar a ignorarlas. Al contrario, deben despertar nuestra curiosidad y nuestra honradez. Podemos empezar por aceptar que Jesús estuvo y está siempre de parte de los pobres, que la austeridad la podemos poner en práctica y ella nos permite tener menos, pero compartir más.

Un joven africano nos preguntaba a los europeos: “¿es verdad que tiráis pan y comida a la basura, mientras nosotros revolvemos en todos los desperdicios del mundo?. ¿Y si el pan no es fresco ya no lo queréis?”. “¿Es verdad que tenéis agua con sólo abrir un grifo, mientras nosotros andamos kilómetros y kilómetros por conseguirla?”.

                                                                             

 

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