CONTRAPORTADA

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A Dios le gustan las mujeres Amor
La silla ¿Cómo arreglar el mundo?
El compromiso de cambiar La isla de los sentimientos
El contestador telefónico de Dios La felicidad, cuando se comparte, es doble
Los amigos La suprema indiferencia

Volveremos a estar con todos vosotros el mes de Octubre.

Hasta entonces: FELIZ VERANO

LA SUPREMA. INDIFERENCIA



En un amplio patio de la casa más elevada del poblado, descansaba un hombre anciano cuyo rostro se decía que inspiraba una extraña mezcla entre misericordia y firmeza; de todos era sabido que de sus palabras parecían brotar un manantial de sabiduría.

Un día de sol, en el que el anciano se hallaba meditando bajo la sombra de una vieja higuera, se presentó, ante el umbral de su jardín, un joven que dijo: "Amigo sabio, ¿puedo pasar?"

- "La puerta está abierta", respondió el anciano.

El joven, cruzando el umbral y acercándose al anciano, le dijo: "Me llamo Magín y soy artista. Mi trabajo es sincero y pleno de sentimiento, sin embargo tengo un gran problema: Me atormentan las críticas que se hacen de mi vida, mi obra y mi persona. Vivo obsesionado por las descalificaciones de los críticos de arte, y por más que trato de que no me afecten, me acaban esclavizando... Sé que eres un hombre sabio y que tu fama de sanador alcanza los horizontes más remotos. Dicen también que tus remedios son extraños, y sin embargo no me falta confianza para acudir a ti, a fin de conseguir la paz que tanto necesito en la defensa de mi imagen".

El anciano, mirando al joven con cierta displicencia, le dijo: "Si quieres realmente curarte, ve al cementerio de la ciudad y procede a injuriar, insultar y calumniar a los muertos allí enterrados. Cuando lo hayas realizado, vuelve y cuéntame lo que allí te haya sucedido".

Ante esta respuesta, Magín se sintió claramente esperanzado en la medicina del anciano. Y aunque se hallaba un tanto desconcertado por no entender el porqué de tal remedio, se despidió y salió raudo de aquella casa.

Al día siguiente, se presentó de nuevo ante el anciano.

- "Y bien, ¿fuiste al cementerio?", le preguntó éste.

- "Si". Contestó Magín, en un tono algo decepcionado.

- "¿Que te contestaron los muertos?"

- "Pues en realidad no me contestaron nada, estuve tres horas profiriendo toda clase de críticas e insultos, y en realidad, ni se inmutaron".

El anciano sin variar el tono de su voz le dijo a continuación: "Escúchame atentamente. Vas a volver nuevamente al cementerio, pero en esta ocasión vas a dirigirte a los muertos profiriendo todos los elogios, adulaciones y halagos que seas capaz de sentir e imaginar".

La firmeza del sabio eliminó las dudas de la mente del joven artista por lo que despidiéndose, se retiró de inmediato.

Al día siguiente el joven volvió a presentarse en la casa de anciano...

- "¿Y bien?"

- "Nada", contestó Magín en un tono muy abatido y desesperanzado. "Durante tres horas ininterrumpidas, he articulado los elogios más bellos acerca de sus vidas, y destacado cualidades generosas y benéficas que difícilmente pudieron oír en sus días sobre al tierra, y...

¿Qué ha pasado? Nada, no pasó nada. No se inmutaron, ni respondieron. Todo continuó igual a pesar de mi entrega y esfuerzo". Así que... ¿Eso es todo?", preguntó el joven con cierto escepticismo.

- "Si" Contestó el sabio anciano. "Eso es todo... porque así debes ser tú, Magín; INDIFERENTE COMO UN MUERTO A LOS INSULTOS y HALAGOS DEL MUNDO, porque el que hoy te halaga mañana te puede insultar, y quien hoy te insulta mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo, más allá de los claros y los oscuros del mundo.

 

 

LA FELICIDAD, CUANDO SE COMPARTE, ES DOBLE

 

Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el liquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba.

Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus esposas y sus familias, de sus hogares, del trabajo, de su estancia en el servicio militar, de los lugares donde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde ella.

El hombre de la otra cama deseaba ardientemente que llegaran esas horas en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con noticias del mundo exterior. Por su compañero sabia que la ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños echaban a volar sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano entre flores de todos los colores. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia el bello perfil de la ciudad.

Mientras el hombre describía todo esto con exquisito detalle, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena. Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro no podía oír a la banda podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía su compañero.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles y encontró el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía. Apesadumbrada, llamó a los ayudantes del hospital para que se llevaran el cuerpo.

Cuando lo consideró apropiado, el otro enfermo pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera lo cambió encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo salió de la habitación. Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo por él mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama.., y se encontró con una pared blanca.

El hombre preguntó a la enfermera por qué su compañero muerto le había descrito cosas tan maravillosas a través de aquella ventana. La enfermera le reveló que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y concluyó: "Quizá sólo quería animarle a usted".

Esta historia conmovedora demuestra que no hay mayor felicidad que hacer felices a los demás, sea cual sea nuestra situación. Como reza un viejo dicho: el dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble.


 

 

"La isla de los Sentimientos"

 

Erase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos: La alegría, la tristeza y muchos más, incluyendo al amor.

Un día les fue avisado a sus moradores que la isla se iba a hundir, por lo que todos los sentimientos se apresuraron a abandonarla. Abordaron sus barcos y se prepararon a partir apresuradamente. Solo el AMOR permaneció en ella; quería estar un rato más en la isla que tanto amaba antes de que desapareciera.

Al fin con el agua al cuello y casi ahogado, el AMOR comenzó a pedir ayuda. Se acercó la RIQUEZA que pasaba en un lujoso yate y el AMOR dijo: ¡"RIQUEZA llévame contigo"! La RIQUEZA contesto: "no puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti".

Le pidió ayuda a la VANIDAD, que también venía pasando: "VANIDAD, por favor ayúdame". Le respondió: "Imposible AMOR, estás mojado y arruinarás mi barco nuevo".

Pasó la SOBERBIA, que al pedido de ayuda contestó: "¡Quítate de mi camino o te paso por encima!".

Como pudo, el AMOR se acercó al yate del ORGULLO y una vez más, solicitó ayuda. La respuesta fue una mirada despectiva y una ola casi lo asfixia.

Entonces el AMOR pidió ayuda a la TRISTEZA: "¿me dejas ir contigo?". La TRISTEZA le dijo: "Ay AMOR, tú sabes que siempre ando sola y prefiero seguir así"

Pasó la ALEGRIA y estaba tan contenta que ni siquiera oyó al AMOR llamarla.

Desesperado el AMOR y con lagrimas en los ojos, comenzó a suspirar. Fue entonces cuando una voz le dijo: "Ven AMOR, yo te llevo". Era un anciano el que le decía eso. El AMOR estaba tan feliz que se olvidó preguntarle su nombre. Fue llevado a la tierra de la SABIDURÍA y, una vez allí, el AMOR preguntó a esta "¿Quién era el anciano que me trajo y salvó mi vida?". La SABIDURÍA respondió: "era el TIEMPO". «¿El TIEMPO? Pero ¿por qué el TIEMPO me quiso ayudar?", dijo el AMOR. La SABIDURÍA respondió: "Porque solo el tiempo es capaz de ayudar y entender a un gran amor".


 

¿CÓMO ARREGLAR EL MUNDO?

 

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba decidido a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su despacho en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día su hijo de 7 años invadió su despacho decidido a ayudarle a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro sitio. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el fin de tenerle distraída su atención. De repente se encontró con una revista en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba.

Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y, junto con un rollo de cinta, se lo entregó a su hijo diciéndole: como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie.

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas escuchó la voz del niño que le llamaba calmadamente. Papá, papá, ya he hecho todo, he conseguido terminarlo.

Al principio el padre no le creyó al niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo propio de un niño de 7 años. Para su sorpresa el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.

¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz de hacerlo de esta manera? El padre preguntó con asombro a su hijo: Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?

Papá, respondió el niño, yo no sabía cómo era el mundo, pero, cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre que sí sabía cómo era. Cuando conseguí arreglar al hombre, terminó de decir el niño, di vuelta la hoja y vi que había arreglado al mundo.

 

 

AMOR

 

Un hombre de una cierta edad vino a la clínica donde trabajo para hacerse curar una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y mientras le curaba le pregunté qué era eso tan urgente que tenía que hacer.

Me dijo que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allá. Me contó que llevaba ya allí algún tiempo y tenía Alzheimer muy avanzado.

Mientras acababa de vendar la herida, le pregunté si ella se alarmaría en caso de que llegara tarde esa mañana:

No, me dijo. Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.

Entonces, extrañado, le pregunté:

Si ya no sabe quién es usted, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?

Me sonrió, y dándome una palmadita en la mano, me dijo:

Ella no sabe quién soy yo; pero YO TODAVÍA SE MUY BIEN QUIEN ES ELLA.

 

Ayer te vi,

Señor, en una esquina

 

 

Los Amigos

 

"Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaba cerca de un enorme árbol, cayó un rayo y los tres murieron fulminados.

Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, prosiguió su camino con sus dos animales; a veces, los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición.

La carretera era muy larga, colina arriba, el sol era muy fuerte, estaba sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un portal magnífico, todo de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde manaba agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada.

- Buenos días.

- Buenos días, respondió el guardián.

- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?

- Esto es el Cielo.

- Que bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos.

- Puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente

- Pero mi caballo y mi perro también tienen sed...

        - Lo siento mucho -dijo el guardián- Pero aquí no se permite la entrada a lo animales.

El hombre se llevó un gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo; dio las gracias al guardián y siguió adelante. Después d caminar un buen rato cuesta arriba, exhaustos, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puertecita vieja que daba a un camino de tierra rodeada de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero; posiblemente dormía.

- Buenos días, dijo el caminante

El hombre respondió con un gesto de la cabeza.

- Tenemos mucha sed, yo, mi caballo y mi perro.

        - Hay una fuente entre aquellas rocas -dijo el hombre, indicando el lugar podéis beber tanta agua como queráis.

El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre.

- Podéis volver siempre que queráis, le respondió.

- A propósito ¿cómo se llama este lugar?

- Cielo

        - ¿El Cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me dijo que aquello era el Cielo!

- Aquello no era el Cielo, era el infierno.

El caminante se quedó perplejo.

       - ¡Deberías prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe de provocar grandes confusiones!

       - ¡De ninguna manera! En realidad, nos hacen un gran favor. Porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos..."

 

 

El contestador telefónico de Dios



¿Qué sucedería si Jesús decidiera instalar un contestador automático en el cielo?

Imagínate a ti mismo orando y escuchando el siguiente mensaje:

"Gracias por llamar a la Casa de mi Padre...

Por favor seleccione una de las siguientes opciones:

Para "peticiones", pulsa 1

Para "acciones de gracias", pulsa 2

Para "quejas", pulsa 3

Para "otros" pulsa 4

 

Imagínate que Dios usara la excusa tan conocida...

 
"De momento todos nuestros ángeles están ocupados, atendiendo a otros feligreses. Por favor mantente orando en la línea y tu llamada será atendida en el orden que fue recibida.

¿Te imaginas obteniendo este tipo de respuestas cuando llames a Dios en tu oración?

Si deseas hablar con Pedro, pulsa 5;

con el Arcángel Miguel, pulsa 6;

con cualquier otro ángel, pulsa 7;

si deseas que el Rey David te cante un salmo, pulsa 8;

si deseas hacer reservas para la casa del Padre; simplemente pulsa: J U A N, seguido de los números 3, 1, 6;

si deseas obtener respuestas a preguntas sobre los dinosaurios, la edad de la Tierra, OVNIs, donde está el Arca de Noé, por favor espera a llegar al Cielo.

 

¿Te imaginas lo siguiente en tu oración?

"Nuestro sistema detecta que ya llamaste hoy, por favor cuelga inmediatamente y despeja la línea para otros que quieren orar también"

 

O bien:

"Nuestras oficinas estarán cerradas el fin de semana, por favor vuelve a llamar el lunes."

 

GRACIAS A DIOS que esto no sucede..

GRACIAS A DIOS que puedes acudir a Él siempre que lo necesites...

GRACIAS A DIOS que a la primera llamada ÉL siempre te contesta...

GRACIAS A DIOS porque en JESÚS y con JESÚS nunca estará la línea ocupada...

GRACIAS A DIOS que ÉL nos responde personalmente y nos conoce por nuestro nombre...

GRACIAS A DIOS que ÉL conoce nuestras necesidades antes de que se las manifestemos...

GRACIAS A DIOS porque de nosotros depende acudir a Él por la ORACIÓN...


 

 

 

El compromiso de cambiar.

 

A menudo, en las plegarias de los fieles que se recitan en la misa tras el Credo, siento una sensación de extraña pasividad. Es como si escribiéramos la carta a los Reyes: que haya paz en el mundo, que haya justicia, que haya, que haya..., y juntos repetimos: "Te lo pedimos, Señor".

Me pregunto, si los palestinos viven prisioneros en su propia tierra, ¿tiene que arreglarlo el Señor, como si de magia se tratara? Si en Afganistán muere la población civil inocente, que no tiene nada que ver con ningún acto de terrorismo, ¿tiene que arreglarlo el Señor? Si cada día en el mundo mueren 37.000 niños por falta de alimentos y medicamentos, ¿tiene que arreglarlo el Señor?

Este mundo nuestro, tal como es, lo hemos hecho nosotros y somos nosotros los que podemos y debemos transformarlo, pues es posible un mundo distinto. Según el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), "la aceleración del progreso del desarrollo humano y la erradicación de las peores formas de pobreza se hallan a nuestro alcance pese a los retos y retrocesos. Sabemos lo que se debe hacer. Y el mundo cuenta con los recursos necesarios para hacerlo"

Quizá no hemos comprendido que la construcción del Reino pasa necesariamente por el anuncio de la Buena Nueva a los Pobres, su liberación. ¿Es justo nuestro modelo de sociedad, nuestro nivel de consumo y "necesidades"? ¿Es posible para todos? Es inviable. El planeta estallaría si todos los habitantes del mundo tuvieran automóviles, consumieran la energía, el agua, el papel que consumimos nosotros, se secarían los ríos, no habría bosques...

Entonces, ¿qué pedimos? Quizá tendríamos que pedir la fuerza necesaria para querer cambiar de verdad las cosas y no acostumbrarnos cómodamente al sufrimiento de los demás. "Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente", dice una canción muy conocida. Está ahí el posible cambio del mundo: en que el sufrimiento del hermano nos sea insoportable. Son millones de hermanos los que viven aterrorizados por este "orden" que hemos establecido y que podemos cambiar..

¿Por qué no organizar una gran coalición mundial a favor de los aterrorizados?.

 

 

LA SILLA

 

María fue a buscar a un sacerdote para que fuera a visitar a su padre que estaba muy enfermo.

El sacerdote acudió a su casa, entró en la habitación y encontró a José en la cama con la cabeza un poco levantada por un par de almohadas. Al lado de la cama, había una silla por lo que el sacerdote pensó que el hombre sabía que vendría a visitarlo.

-¿Supongo que me estaba esperando?-, le dijo.

-No, quién es usted?-, preguntó José.

-Soy el sacerdote que su hija llamó para que rezase con usted; cuando entré y vi la silla vacía junto a su cama supuse que me estaba esperando.

-Ah sí, la Silla-.

¿Le Importa cerrar la puerta?-. Dijo el hombre enfermo.

El sacerdote sorprendido cerró la puerta.

José le dijo: "Nunca le he contado esto a nadie, pero toda mi vida la he pasado sin saber cómo orar. Cuando he asistido a la Iglesia he escuchado siempre hablar de la oración, cómo se debe orar y los beneficios que trae..., ...pero siempre esto de las oraciones; no sé...! Me entra por un oído y me sale por el otro. De todos modos no tengo idea de cómo hacerlo. Entonces... Hace mucho tiempo abandoné por completo la oración". Esto ha sido así en mí hasta hace unos cuatro años, cuan charlando con mi mejor amigo me dijo:

-José, esto de la oración es simplemente tener una conversación con Jesús, así es como te sugiero que lo hagas:

-Te sientas en una silla y colocas otra silla vacía enfrente de ti; luego con fe miras a Jesús sentado a tu lado. No es algo alocado hacerlo pues él nos dijo: -"Yo estaré siempre con vosotros". Por lo tanto, le hablas, le escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora.

Así lo hice una vez y me gustó tanto que lo he seguido haciendo unas dos horas diarias desde entonces". Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a ver mi hija... Pues me internaría de inmediato en el manicomio.

El sacerdote sintió una gran emoción al escuchar esto y dijo a José que era algo muy grande lo que venia haciendo, y que no dejara de hacerlo nunca. Luego hizo una oración con él, le bendijo y se fue a su parroquia.

Dos das después, la hija de José llamó al sacerdote para decide que su padre había fallecido.

El sacerdote le preguntó:

-¿Falleció en Paz?-.

-Sí, cuando salí de la casa, a eso de las dos de la tarde, me llamó y fui a ver lo que quería. Me dijo que me quería mucho y me dio un beso. Cuando volví de hacer unas compras, una hora más tarde lo encontré muerto. Pero hay algo extraño respecto de su muerte, pues aparentemente, justo antes de morir, se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó la cabeza en ella, pues así lo encontré.

-¿Qué cree usted que pueda significar esto?-.

El sacerdote profundamente estremecido, se secó las lagrimas de emoción y le respondió:

- "Ojalá que todos nos pudiésemos ir de esa manera".

"Señor, quédate con nosotros"

 

 

A Dios le gustan las mujeres

 

Hoy he estado celebrando la Eucaristía en la casa generalicia de unas amigas mías franciscanas.

Me recibió sonriente y feliz Lourdes, que cuando era provincial me invitó varias veces a dirigir ejercicios a las hermanas de su provincia y ahora atiende la portería.

Durante la cena pregunté por Rosario, la anterior superiora general. Está en una misión de Mozambique. Y la anterior a ella, Carmen, está limpiando culos —con perdón— en una residencia de mayores. Son admirables estas mujeres, Padre. Ellas no saben qué es eso de la erótica del poder; sólo conocen la erótica del servicio y, cuando les corresponde ejercer un ministerio de autoridad, desean que termine pronto para servir otra vez directamente a los pobres.

—Sí, hijo. Una de las cosas que mejor me salió durante la creación fue el corazón de la mujer. Mi Hijo os enseñó a llamarme "Padre", e hizo bien porque en aquella cultura ni siquiera las mujeres habrían aceptado llamarme "Madre", pero hoy es distinto. Por eso inspiré a Juan Pablo I para que dijera aquello de que Dios "es padre; más aún, es madre".

Y la inteligencia de las mujeres también me quedó muy bien. Habrás podido comprobar que, cuando dejáis de ponerles trabas para que estudien, obtienen mejores calificaciones que vosotros. Por eso me irrita profundamente que la Iglesia —"mi" Iglesia— esté aprovechando tan poco y tan mal el potencial de las mujeres. Os pediré cuentas por ello; ¡vaya si os las pediré! Sé que no debería decir que me irrito, porque es un antropopatismo, pero no puedo evitarlo.

—¿Es un qué, Padre... maternal?

—Un antropopatismo, hijo, un antropopatismo: atribuir a Dios, o sea a mí, pasiones y sentimientos humanos. Muchas mujeres saben más griego que tú.

 

 

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