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CONTRAPORTADA
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LA ROSA Y EL SAPO
Había una vez
una rosa roja muy atractiva y bonita. Se sentía orgullosa al saber
que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de
que la gente le miraba de lejos.
Un día
descubrió que junto a ella siempre había un sapo grande y oscuro y
que por eso nadie se le acercaba.
Indignada ante
lo descubierto le ordenó al sapo que se fuera de inmediato; el sapo
muy obediente dijo:
- Está bien, si
así lo quieres...
Poco tiempo
después el sapo pasó por el lugar donde estaba la rosa y se
sorprendió al verle totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos.
Le dijo
entonces:
-¿Que te pasa?
La rosa
contestó:
-Es que desde
que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca he
vuelto a ser la misma.
El sapo le
contestó:
- Pues claro,
cuando yo estaba aquí me comía las hormigas y por eso siempre eras
la más bonita del jardín.
Moraleja:
Muchas veces
despreciamos a los demás por creer que somos más que ellos, más
valiosos o simplemente que no nos "sirven" para nada.
Dios no crea a
nadie para que esté sobrando en este mundo, todos tenemos algo
especial que hacer, algo que aprender de los demás o algo que
enseñar, y nadie debe despreciar a nadie. No vaya a ser que esa
persona nos haga un bien del cual ni siquiera somos conscientes.
Nadie esta de
más en éste mundo...
Sólo tenemos
que descubrir el lugar de nuestra pincelada en el cuadro de la vida
y respetar la ubicación de la pincelada ajena, porque sin ella, el
cuadro queda incompleto.
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EL AMOR NO ESPERA
Había una vez
un viejito que estaba enfermo y cansado. Él tenia cuatro hijos, y de
ninguno de ellos recibía la menor atención.
Vivía en una
abundante pobreza. A duras penas lograba sobrevivir. En su
pequeñísima granja deambulaban unas cuantas gallinas flacas, que
vivían casi de milagro, y por lo menos, no dejaban de poner un par
de huevos diariamente. El resto de la dieta que el viejito consumía,
eran unas cuantas frutas silvestres que cada día le costaba mucho
esfuerzo recolectar.
Un día,
buscando entre sus escasas pertenencias, encontró dos monedas de
plata y se le ocurrió una genial idea. En el pueblo las intercambió
con un comerciante de artículos antiguos quien le dio un viejo baúl.
Como pudo, se
las arregló y lo trasladó a su casa. Una vez en ella, lo dejó a la
vista en el centro de su humilde choza. Por casualidad uno de sus
hijos lo visitó e intrigado le preguntó:
- "¿Qué guardas
ahí?"
-"Un secreto",
le contestó, "que solamente conoceréis tú y tus hermanos el día que
muera, pues ahí está toda mi herencia". Al día siguiente lo enterró
debajo de su lecho.
Cual fue su
sorpresa que a partir de entonces, un hijo al menos lo visitaba
durante el dia. Le llevaban leche y miel, y entre los cuatros hijos
le mantenían su choza bastante limpia.
Un día al viejo
se le detuvo el tiempo muriendo en su granja. De inmediato los hijos
se dieron cita, no tanto para velarlo, por supuesto, sino para ver a
cuánto ascendía su herencia.
Y cual fue su
sorpresa que una vez desenterrado y abierto el cofre, lo único que
encontraron fue un trozo de papel que decía de su puño y letra, un
poco torcida y temblorosa:
- "Hijos míos:
el auténtico amor no espera, se entrega generosamente sin esperar
recompensa. Mi única herencia es que aprendáis a amar; hubiera
deseado dejaros más, pero mi única herencia es daros las gracias por
lo que me distéis en vida."
Los cuatro
hermanos al fin comprendieron que un buen padre puede dar la vida
por sus hijos, pero algunos no entregan nada en vida a sus padres.
En profunda reflexión y con lágrimas en los ojos, le dieron
finalmente una digna sepultura, y uno de ellos, cuando arrojó el
último puñado de tierra, le despidió diciendo:
"TE PROMETO AMAR SIN ESPERAR, AMEN".
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Con el correr de los años...
He aprendido...
...que cuando
estás enamorado se te nota.
... que una
persona diciéndome: "Me alegraste el día", me alegra el día.
He aprendido...
que ser niño es más importante que estar en lo correcto.
... que siempre
puedo rezar por alguien cuando no tengo otro modo de ayudarlo.
... que no
importa que tan serio requiera la vida que seas, todos necesitamos
un amigo con el que podamos reír a carcajadas.
He aprendido...
que algunas veces todo lo que una persona necesita es una mano que
sostener y un corazón que entender.
He aprendido
que la vida es como una espiral, mientras más se acerca al final,
más rápido camina.
... que es el
amor y no el tiempo el que cura todas las heridas.
... que debemos
estar felices porque Dios no nos da todo lo que pedimos.
He aprendido...
que las oportunidades nunca se pierden, alguien más tomará aquella
que tú dejaste pasar.
He aprendido...
que todos quieren estar el la cima de la montaña, pero toda la
felicidad y las buenas experiencias suceden mientras tratas de
escalar a ella.
... que Dios no
hizo todo en un solo día, ¿qué me hace pensar que yo puedo?
He aprendido...
que esas pequeñas cosas que pasan diariamente son las que hacen la
vida espectacular.
... que cada
persona que conoces, merece ser obsequiada con una sonrisa.
... que el
dinero no compra clase.
He aprendido...
que debajo del duro escudo de las personas, hay alguien que quiere
ser apreciado y amado.
He aprendido...
que ignorar lo hecho, no cambia los hechos.
...que uno debe
decir palabras suaves y tiernas, porque más adelante puede tener que
tragarse las ofensas.
He aprendido...
que no puedo elegir como me siento, pero puedo elegir que hacer con
respecto a eso.
He aprendido...
que una sonrisa es la manera más barata de lucir mucho mejor.
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JESUS VIVE:
TODO LO CAMBIA
Que la luz
alumbre tu camino.
Que las
estrellas guíen tu búsqueda.
Que la dulce
lluvia acaricie tu corazón.
Que la suave
brisa despierte tu sonrisa.
Que el amor
despierte la luz que hay en ti.
Que la vida te
fortalezca con el don de la ternura.
Que los sueños
te revelen la esperanza.
Que la libertad
se derrame dentro de ti.
Que el miedo
abandone tu mente.
Que la paz
inunde tu espíritu.
Que la
compasión crezca dentro de tu alma.
Que la fuerza
te acompañe frente a la adversidad.
Que siempre
tengas Luz para iluminar tu corazón y tu camino...
Que tengas la
entereza para afrontar la adversidad y la fortaleza para vencerla...
Que tengas PAZ
en tu interior, pues no habrá paz si no estamos en paz...
Que tengas amor,
salud y compañeros de alma que te acompañen en cada escalón de la
vida...
Que por más
oscura sea la noche, tengas la ESPERANZA de un nuevo día...
Que sientas que
mereces ser feliz...
Feliz Pascua de Resurrección
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Éstas son las
palabras de un maestro anciano
"Cuando era
joven, me dolía el corazón por la violencia e injusticia de mundo.
Quería con toda mi alma darle un sentido profundo a mi existencia.
Quería que, al morir, mi vida hubiera servido para marcar una
diferencia en este mundo, aunque tuviera que pagar un precio muy
alto para hacerlo.
Por eso mi
oración era:
"Señor, dame la fuerza y la sabiduría para que
mi vida contribuya a mejorar la adversa situación de este mundo."
Después, siendo
un adulto, me di cuenta que no había podido cambiar nada, que el
mundo continuaba igual o peor. Estaba frustrado porque me sentía
incapaz, entonces modifiqué mi oración de la siguiente manera:
"Señor,
ya que no pude cambiar el mundo, dame
la fuerza y la sabiduría para ayudar a cambiar a mi familia y a mis
cercanos".
Ahora que soy un anciano, me doy
cuenta
de lo ingenuo y
arrogante que fui al tratar de cambiar a los demás. En mi infancia
me enseñaron que todos mis problemas eran culpa de otros, que mi
felicidad y mi progreso no dependían de mí. ¡Qué equivocados
estaban!.
Como derroché mi vida fijándome en
los errores de los que me rodean, culpando a los otros de mis
problemas, en vez de pararme a reconoce corregir mis propios
errores, mi oración ahora es:
"Señor, dame la fuerza y la sabiduría para
aprender a ver y a reconocer mis errores, para utilizar mi fuerza y
mi poder personal, para ser cada día alguien que sabe crecer y
elegir la acción constructiva en vez de la queja".
¡Qué diferentes
serían nuestras vidas, si la energía que hemos gastado en culpar a
los demás de nuestros problemas, la hubiéramos empleado
resolverlos!.
Poco puedes
hacer para cambiar a los demás y mucho para cambiar tú mismo. ¿Qué
puedes reconocer hoy?
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DECALOGO PARA VIVIR EN JUSTICIA Y PAZ
CON QUIENES NOS RODEAN
1. Acéptate tal como eres.
2. Considera que has recibido, con toda
probabilidad, más de lo que necesitas. No envidies a nadie.
3. Acepta a los demás tal como son, empezando
por los más cercanos: tu familia, tus amigos, tus compañeros, tus
vecinos.
4. Aprende a decir y a sentir lo bueno que
hacen lo demás y dilo en voz alta, sin resentimientos ni temores.
5. No te compares nunca con los demás, pues
eso conduce al orgullo o a la desesperación, que nunca te harán
feliz.
6. Vive en la verdad sin temor a decir "sí" a
lo que está bien y "no" a lo que está mal.
7. Resuelve los problemas y los conflictos con
el diálogo y nunca guardes rencor. El rencor te encierra en la
tristeza.
8. Empieza a dialogar con lo que nos une y,
sólo después, ocúpate de lo que nos divide. Siempre son más las
cosas que nos une que las que nos separan.
9. Da el primer paso, sin esperar a que lo dé
el otro, y hazlo antes de que se haga de noche. Que no se ponga el
sol sin que haber hecho las paces, sin el abrazo de la
reconciliación.
10. Ten bien por seguro y por cierto que
perdonar y amar es siempre, siempre, más importante que tener razón.
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¿COMO TE TRATA LA GENTE?
Después de
haber atravesado un camino largo y difícil, el viajero llegó a la
entrada del pueblo en el que pasaría los próximos años de su vida.
Inquieto sobre
la forma de ser de la gente en ese lugar, le preguntó a un viejo
hombre que descansaba recostado bajo la sombra de un frondoso árbol
de cedro:
- ¿Cómo es la
gente en este lugar? -le dijo al viejo, sin saludarlo-. Es que vengo
a vivir aquí y donde yo vivía las personas eran complicadas y
agresivas. La arrogancia y la insensibilidad eran el pan de cada día.
El anciano, sin
mirarlo, respondió:
- Aquí la gente
es igual.
El viejo siguió
reposando. El caminante prosiguió su camino.
Horas después
otro viajero que también llegaba al pueblo se acercó al anciano y le
dijo:
- Buenas tardes,
señor, disculpe la molestia, yo vengo a vivir a este pueblo y me
gustaría saber cómo es la gente, porque en donde yo vivía las
personas eran atentas, generosas y sencillas.
El anciano
levantó la cabeza, sonrió y le contestó:
- Aquí la gente
es igual.
Así que, en vez
de preguntarte cómo te tratan los que te rodean, mejor pregúntate
cómo les tratas tú a ellos.
A la larga la
gente se termina comportando contigo como tú te comportes con ellos.
Observa si las
actitudes de los demás contigo no son más que tu propio reflejo.
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LA LECCION DE LOS ADOQUINES
Caminaba en mi
paseo por una calle ligeramente en cuesta, bien adoquinada con
sólido pavimento firme en su suelo aunque irregular en la pisada.
Bajando en
dirección opuesta a mí, venía una mamá con su bebé en el coche de
niños que daba tumbos sobre los adoquines, con lo que el bebé
lloraba a gritos y su mamá se quejaba en su nombre: "Los adoquines
son malos y le sacuden a mi niño. ¡Malos, malos! Ya verás cómo los
castigamos cuando nos escapemos de ellos". Y empujaba el cochecito
dando traspiés con su mal humor y sus brazos rígidos. El niño seguía
llorando.
Seguí andando,
y otra mamá con otro bebé en su coche bajaba por la misma cuesta
dando los mismos tumbos sobre el mismo irregular pavimento. Pero la
mamá le cantaba al niño con alegre ritmo, y el bebé iba pegando
saltos en el cochecito, riendo y cantando a tono con los tumbos: "Bumpati
bum, bumpati bum...", y su mamá reía con él y los dos disfrutaban.
Pensé para mis
adentros. Los adoquines son los mismos, y un bebé llora y el otro
canta al pasar por ellos. Las cosas son las mismas, y unos las toman
bien y otros mal. Una mamá canta, y la otra protesta. Es lo que
hacemos en la vida. Me hicieron un buen servicio los adoquines.
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EL NAUFRAGIO
El
único sobreviviente de un naufragio fue visto sobre una pequeña e
inhabitada isla.
Él
estaba orando fervientemente, pidiendo a Dios que lo rescatara, y
todos los días revisaba el horizonte buscando ayuda, pero ésta nunca
llegaba.
Cansado, eventualmente empezó a construir una pequeña cabañita para
protegerse, y proteger sus pocas posesiones.
Pero
entonces un día, después de andar buscando comida, él regresó y
encontró la pequeña choza en llamas, el humo subía hacia el cielo.
Lo peor que había pasado, es que todas las cosas las había perdido.
Él estaba confundido y enojado con Dios y llorando le decía:
¿Cómo
pudiste hacerme esto?
Y se
quedó dormido sobre la arena.
Temprano por la mañana del siguiente día, escuchó asombrado el
sonido de un barco que se acercaba a la isla.
Venían
a rescatarlo, y les preguntó:
¿Cómo
sabían que yo estaba aquí?.
Y sus
rescatadores le contestaron:
Vimos
las señales de humo que nos hiciste...
Es
fácil enojarse cuando las cosas van mal, pero no debemos perder el
corazón, porque Dios está trabajando en nuestras vidas, en medio de
las penas y el sufrimiento.
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¿EN QUÉ SE ME NOTA QUE SOY
HIJO DE DIOS?
Los hijos de
Dios se notan fácilmente. Tienen un encanto especial. Son alegres y
acogedores. No se dan importancia ni buscan aplauso o recompensa de
cualquier tipo. Están siempre dispuestos a aceptar los trabajos más
duros o más humildes. Son sinceros y responsables. No tienen miedo o
saben vencer el miedo.
No se echan
para atrás. Son colaboradores, participativos, imaginativos. Siempre
hombres de esperanza, positivos. Y son especialmente amistosos y
pacificadores cálidos y cercanos, personas de toda confianza.
Viven o se
esfuerzan por vivir las Bienaventuranzas.
• No aman la
riqueza por encima de todo, son austeros, sin apegos, saben
compartir, incluso de lo que necesitan. Hacen opción por los pobres
y se esfuerzan por ser pobres, No consienten la pobreza miserable
para ningún hijo de Dios.
• No cultivan
el orgullo ni se creen superiores. No envidian ni se comparan. Son
humildes, vacíos de sí mismos. Es la pobreza interior, la más
dificil. Por eso son sufridos, llenos de paciencia y mansedumbre. No
se sienten ofendidos, porque no viven para si.
• No son
indiferentes ante los demás, sino sensibles y compasivos. Saben
llorar con los que lloran, perfectos consoladores. Otros lloran por
los golpes que reciben, porque la vida les trata mal. ¡Cuántas
lágrimas amargas e inocentes!. No se rebelan ni odian ni se
desesperan, pero lloran.
• No toleran la
injusticia, aunque sea al más pequeño. Luchan por un mundo solidario,
en que todos consigan su dignidad y sus derechos. Sueñan con un
mundo nuevo, la civilización del amor.
• No son duros
inquisidores, sino comprensivos y compasivos. Tienen entrañas de
misericordia. Saben perdonar, estar cercanos, volcarse sobre las
miserias humanas. Se conmueven ante cualquier sufrimiento, como
Dios.
• No aman la
impureza o la mentira. Tienen el corazón limpio. Son libres, no les
esclavizan los vicios. Son auténticos, transparentes, verdaderos. Se
lavan con agua de arrepentimiento, reconocen su fallo o su error.
• No utilizan
la violencia, sólo para si mismos. Pero irradian la paz, y la crean,
la defienden. Amigos del diálogo y promotores de reconciliación y
del perdón.
• No se
acobardan a la hora de defender al oprimido. Lo defienden siempre
aún a riesgo de ser criticados y perseguidos. Son profetas de la
libertad y la justicia, y tantas veces son mártires.
¿ME REFLEJO EN ALGUNO DE ESTOS RASGOS?
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COSAS QUE PUEDEN PASAR
Aunque
me tapo los oídos con la almohada y grito de rabia
cuando
suena el despertador...
gracias a Dios que puedo oír: hay muchos que son sordos.
Aunque
cierro los ojos cuando me despierto,
el sol
se mete en mi habitación...
gracias a Dios que puedo ver: hay muchos ciegos.
Aunque
me da pereza levantarme de la cama y ponerme en pie...
gracias a Dios que tengo fuerzas para hacerlo:
hay muchos postrados que no pueden
Aunque
me enfado cuando no encuentro mis cosas en su lugar
porque
alguien lo desordenó...
gracias a Dios que tengo familia: hay muchos solitarios.
Aunque
la comida no estaba muy buena y el desayuno fue peor...
gracias a Dios que tengo alimentos:
hay muchos con hambre.
Aunque
mi trabajo en ocasiones sea monótono y rutinario...
gracias a Dios que tengo ocupación:
hay muchos desempleados.
Aunque
no estoy conforme con la vida, peleo conmigo mismo
y
tengo muchos motivos para quejarme... gracias a Dios por la
vida.
Cuando
me quejo que nadie me quiere...
gracias al Padre de los Cielos
porque
envió a su Hijo amado a morir por mí:
Él me ha demostrado su amor.
Gracias, Padre, por el aire que respiro,
varios han dejado de hacerlo hoy.
Son
tantas las cosas que tengo que agradecerte...
Por
cada día que me permites despertar a la vida...
Gracias, Señor.
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Pido perdón
Me
desprecio a mí misma. El otro día sostuve a una enferma de alzhéimer
entre los brazos mientras la bañaban. Su escueto cuerpo casi se me
resbalaba en la bañera y vi a su esposo llorar por el temor a
perderla. La restregamos, frotamos y secamos. La vestimos y la
acostamos. ¿Y saben qué pensé? Pensé que su muerte sería un alivio,
que me parecían un desatino la mente completamente perdida y el
cuerpo desmadejado de mi amiga, un contradiós.
Al día
siguiente, en un golpe de lucidez, repasé estos pensamientos de la
víspera. Y decidí pararme un momento a examinar por qué una
cristiana practicante, bendecida por la vida y las circunstancias
económicas, familiares y sociales, podía desearle la muerte a otra
persona.
Recordé mis manos lavando a la mujer y su cuerpo estremeciéndose de
gusto por el agua caliente y las caricias de la esponja. Recordé su
alegría por los colores del camisón y un resto de mirada tierna
hacía su marido. Ella no sufría, era feliz en su simpleza.
Lo
recordé también a él, contento con la escena, satisfecho por
conservarla a su lado, por ayudarla día a día, por mi amistad. Y caí
en la cuenta de que en aquella escena sólo yo puse muerte. Y no lo
hice por el bien de la enferma, que disfrutaba; no lo hice por su
familia, que la quiere, lo hice simple y llanamente por cobardía.
Porque sufrí viéndola y no quería seguir sufriendo. Porque no tenía
una respuesta ante el misterio que tenía delante. Entonces me
avergoncé de mí misma y lo que es más importante, caí en la cuenta
de que el día anterior mí desconcierto me impidió apreciar que la
enferma disfrutaba con nosotros y con el baño, y su familia también.
Así es,
amigos. La mentalidad dominante está al acecho para colarse en
nuestra mente a la menor oportunidad. Para sembrarnos de duda y de
miedo la cabeza e impedirnos ver la belleza, el bien, la positividad.
Pido
perdón por haber vacilado, por haber censurado la hermosura. Por
haber creído en el mal.
Y
concluyo: si yo, que apenas veo la tele; que leo a los clásicos
porque mi padre me enseñó; que soy católica porque la Iglesia me ha
abrazado; que lo tengo todo, albergo alguna vez pensamientos de
muerte, ¿cómo no los va a albergar el resto de mis contemporáneos,
sometido a un constante bombardeo de mentiras? ¿Cómo no los van a
albergar ciertos enfermos desalentados, tantas personas
ideologizadas sin siquiera saberlo, tantas víctimas de la mentira?
Si
estoy contenta hoy es por haber pedido perdón y por haber caído en
la cuenta de la verdad. Por haber reconocido la belleza de la vida
de mi amiga y su marido, y haber redescubierto que vale más que la
mía porque dan testimonio de una belleza que no se somete a los
estándares de calidad. Queda mucha hermosura por mostrar en un mundo
tan débil y tan lleno de tristeza como estamos creando.
Cristina López Schlichting |
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QUERIDOS REYES MAGOS:
No sé
si estaréis acostumbrados a recibir cartas como la presente.
Sospecho que no, porque de lo contrarío hace tiempo que habríais
cambiado vuestra política de dejar en los zapatos de los niños los
regalos que les dejáis. Por eso, creo que os hago un bien sacándoos
de vuestra ignorancia, aunque mis palabras sean un poco duras y
atrevidas.
Ya
está bien de juguetes bélicos, queridos Reyes. Este año 2008
volveréis a traer a los niños un montón de pistolas, juegos bélicos,
video consolas de batallas... Hemos vivido brutales experiencias de
horror: un joven que mata a sus compañeros de instituto, los
intentos de asesinato de ETA, las matanzas en Irak y en Afganistán y
Oriente Medio...
Vivimos un porvenir incierto, difuso, temeroso y poblado de negros
presagios.
Y con
vuestros juguetes les veo a los niños jugando todo el día a matarse
mutuamente desde todos los rincones de la casa y de la calle. Luego,
pasa lo que pasa: que estos niños se hacen grandes y entonces se
dedican a las armas de verdad; tienen tal entrenamiento y tal
afición a las armas, que se dedican al juego mundial de matarse y
dedican la mayor parte del dinero en construir armamentos cada vez
más destructores; a organizar ejércitos cada vez más numerosos y
poderosos.
¿Estáis enterados, queridos Reyes Magos, de que el 20% del
presupuesto total de países del Tercer Mundo se invierte en la
compra de armamentos? ¡Ellos, tan pobrísimos que se mueren de
hambre! Lo imprescindible para comer lo gastan en armas.
Y si
uno se pone a pensar en el dinero que se emplea en construir esas
armas, entran ganas de llorar. ¡Con la de escuelas y hospitales y
casas que se podrían levantar con todo ese dinero! ¿Acaso no os
habéis enterado de que el precio de un solo tanque equivale al de 98
tractores agrícolas? ¿Y que con lo que cuesta un bombardero moderno
se podrían construir 40 escuelas con 30 aulas cada una? ¿No será que
vosotros os pasáis la vida en el cielo leyendo novelas de color de
rosa? Porque pienso que habéis cambiado mucho vuestra forma de
pensar. Cuando vosotros fuisteis a saludar al Niño Jesús, le
regalasteis oro, incienso y mirra. ¿Por qué no le regalasteis una
espada? Porque bien sabíais que Él traía un mensaje de amor y paz.
Queridos Reyes Magos... No son los niños los que eligen juguetes
bélicos; somos nosotros, los adultos, los que hemos escogido las
armas. Somos nosotros, los adultos, los que hemos olvidado lo que
decía el Profeta: "Cuando venga Él, el Mesías, transformará las
espadas en hoces para la siega".
Si
vosotros suprimís de vuestros baúles y camellos todo lo que huele a
guerra y muerte, nosotros desarmaremos nuestros corazones de odios,
resentimientos, malquerencias, rencores, antipatías y violencias.
Procurad echarnos una mano, vosotros que conocisteis bien Oriente.
Nada más por ahora. Un triple abrazo.
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¿ES
USTED JESUS...?
Un
grupo de vendedores fue a una convención de ventas. Todos le habían
prometido a sus esposas que llegarían a tiempo para cenar el viernes
por la noche. Sin embargo, la convención terminó un poco tarde, y
llegaron retrasados al aeropuerto.
Entraron todos con sus boletos y portafolios, corriendo por los
pasillos. De repente, y sin quererlo, uno de los vendedores tropezó
con una mesa que tenía una canasta de manzanas. Las manzanas
salieron volando por todas partes.
Sin
detenerse, ni volverse para atrás, los vendedores siguieron
corriendo, y apenas alcanzaron a subirse al avión. Todos menos uno.
Este se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de
compasión por la dueña del puesto de manzanas. Les dijo a sus amigos
que siguieran sin él y le pidió a uno de ellos que al llegar llamara
a su esposa y le explicara que iba a llegar en un vuelo más tarde.
Luego regresó a la terminal y se encontró con todas las manzanas
tiradas por el suelo. Su sorpresa fue enorme, al darse cuenta de que
la dueña del puesto era una niña ciega. La encontró llorando, con
enormes lágrimas corriendo por sus mejillas. Tanteaba el piso,
tratando, en vano, de recoger las manzanas, mientras la multitud
pasaba, vertiginosa, sin detenerse; sin importarle su desdicha.
El
hombre se arrodilló con ella, juntó las manzanas, las metió a la
canasta y le ayudó a montar el puesto nuevamente. Mientras lo hacía,
se dio cuenta de que muchas se habían golpeado y estaban magulladas.
Las tomó y las puso en otra canasta. Cuando terminó, sacó su cartera
y le dijo a la niña:
"Toma,
por favor, estos cien euros por el daño que hicimos. ¿Estás bien?"
Ella,
llorando, asintió con la cabeza.
El
continuó, diciéndole: "Espero no haber arruinado tu día".
Conforme el vendedor empezó a alejarse, la niña le gritó:
"Señor..."
El se detuvo y volvió a mirar esos ojos ciegos.
Ella
continuó: "¿Es usted Jesús...?
El se
paró en seco y dio varias vueltas, antes de dirigirse a abordar otro
vuelo, con esa pregunta quemándole y vibrando en su alma: "¿Es usted
Jesús?"
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AVISO PARA PADRES QUE...
Decálogo para formar un delincuente, una feroz denuncia de cómo los
adultos estamos siempre, en última instancia, por acción u omisión,
detrás de las faltas de los menores.
1:
Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así
crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.
2:
No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que
alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
3:
Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más
graciosas.
4:
No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría
crearle complejos de culpabilidad.
5:
Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes.
Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
6:
Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos,
cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se
llene de basura.
7:
Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le
dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia
conducta, quede destrozada para siempre.
8:
Déle todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para
disponer del mismo es necesario trabajar.
9:
Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El
sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
10:
Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus
profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios
contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.
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