CONTRAPORTADA

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Todos podemos hacer algo Avivar la esperanza Adhesión renovada Servir desde la humildad
¿Cuánto cuesta una hora de tu tiempo? El bueno nunca es tonto Una entrevista Un hombre, una caña, un río
Vendrá la paz      

 

 

TODOS PODEMOS HACER ALGO

 

El clima de violencia no es fruto de la casualidad ni resultado de fuerzas impersonales y anónimas. Detrás del terrorismo hay personas concretas que mueven los hilos desde la clandestinidad. En cada momento histórico, hay personas que deciden las estrategias a seguir. Si no avanzamos hacia la paz, es en definitiva por nuestra torpeza, por nuestra pasividad o nuestra falta de audacia para abordar los conflictos.

No parece superfluo en este contexto recordar la advertencia evangélica: "Preparad el camino del Señor, allanad su senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios».  Es así. En una sociedad como la nuestra, necesitamos hombres y mujeres de conciencia lúcida y sana, que nos ayuden a avanzar con realismo hacia la paz, que preparen el camino, que enderecen lo torcido. No bastan las estrategias. Es importante el talante y la actitud de las personas. 

Quien tiene su corazón lleno de fanatismo y resentimiento, no puede sembrar paz a su alrededor; la persona que alimenta en su interior odio y ánimo de venganza, poco puede aporta para construir una sociedad más reconciliada. Sólo quien vive en paz consigo mismo y con los demás, puede abrir caminos de pacificación; sólo quien alimenta una actitud interior de respeto y tolerancia, puede descender los montes y colinas para favorecer un clima de diálogo y búsqueda de mutuo entendimiento.    

Lo mismo sucede con la verdad. Quien busca ciegamente sus intereses, sin escuchar la verdad de su conciencia, no aportará luz ni objetividad a los conflictos; quien no busca la verdad en su propio corazón, fácilmente cae en visiones apasionadas. Por el contrario, la persona de “corazón sincero" aporta y exige verdad en los enfrentamientos; pide que la verdad sea buscada y respetada por todos como camino ineludible hacia la paz.

Por otra parte, sólo personas libres podrán liberar a nuestra sociedad de la violencia. Personas con libertad para autocriticarse y para criticar al propio grupo. Son ellas las que pueden allanar senderos, abrir caminos nuevos, sin encerrase en posiciones inexorables, defendidas de forma ciega y apasionada, que hacen imposible cualquier paso hacia la paz.

Necesitamos hombres y mujeres con libertad, sensibilidad, imaginación y coraje para sacar a esta sociedad de una violencia estancada y absurda. Personas que, por encima de engañosos maximalismos, busquen el bien real y posible de este pueblo, y sean capaces de encontrar y allanar caminos de diálogo honesto intentando ahora mismo niveles mínimos de acuerdo y entendimiento.

Con el corazón lleno de odio, de mutuas condenas, de intolerancias y dogmatismo, se pueden hacer muchas cosas. Todo menos aportar verdadera paz a nuestra convivencia.

 

AVIVAR LA ESPERANZA

 

 

La imagen está tomada de la cultura doméstica. Avivar la esperanza es como avivar el fuego del hogar. Con las brasas que quedaban de la jornada anterior se volvía a encender la chimenea para dar calor y vida a la casa. “Avivar la esperanza es como aprovechar las ascuas que quedan encendidas para pasarle la esperanza al día siguiente, a la generación siguiente; para no cerrarle las puertas al futuro".

La esperanza de un pueblo es capital. No hay futuro mejor sin una esperanza firme y constante ante las dificultades. Cuando está viva es capaz de extraer de las mismas dificultades una energía mayor. Cuando está muy mermada produce abatimiento y pasividad.

La esperanza de este pueblo está debilitada por la crudeza, la duración y la complejidad de los problemas que le afligen.

No es tarea fácil. La esperanza se puede avivar y se puede matar. La esperanza no se impone a la fuerza ni por decreto. La despiertan quienes creen en la bondad del ser humano creado por Dios para una vida justa y dichosa. Por eso, avivar la esperanza exige, antes de nada, abrir los ojos para descubrir lo que hay de prometedor en las personas y en los pueblos.

De hecho, la mayoría de las personas están más próximas a la bondad, a la honestidad y a la convivencia pacifica que a los extremos contrarios impulsados por unos pocos. El hecho de que esta mayoría no sea noticia no le resta importancia. No se trata de ignorar el mal que una y otra vez se repite en la historia, sino de captar la fuerza del bien y el atractivo que tiene para el ser humano una convivencia justa y pacifica.

No parece inútil recordar estas cosas en un momento en que se desea impulsar un proceso de reconciliación pacificadora. La sociedad se construye sobre la mutua confianza y si la violencia es un factor tan corrosivo lo es precisamente porque destruye ese cimiento de la vida social. Así ha sucedido entre nosotros. La mutua confianza ha quedado profundamente deteriorada y hasta rota entre grupos sociales o políticos.

Un proceso de reconciliación exige crear un clima social diferente. Hemos de decidir cómo queremos que sean en adelante nuestras relaciones. ¿Buscamos juntos lo mejor para todos o nos seguimos excluyendo y rechazando unos a otros?. ¿Afrontamos los conflictos por la vía del diálogo y del consenso o seguimos el camino de la fuerza y de la imposición?

La respuesta a estas preguntas puede ayudarnos a aclarar la actitud que debemos tomar ante la llamada concreta que se nos hace hoy en el Evangelio: “No exijáis más de lo pactado. No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie. Vivir avivando la esperanza y preparando gestos de paz y de justicia al Señor".          


 

¿Cuánto cuesta una hora de tu tiempo?

 

Un padre llega a casa tarde del trabajo, estaba cansado e irritado. Su hijo, de 6 años le esperaba en la puerta.

- Papá, ¿puedo hacerte una pregunta?

- Si, contestó el padre.

- ¿Cuánto ganas en una hora?

- Eso no es asunto tuyo. ¿Por qué me preguntas eso?. Dijo el padre algo molesto.

- Sólo quiero saberlo. Por favor dime, ¿cuánto ganas en una hora?, repitió el pequeño.

- Si quieres saberlo, en una hora gano 50 €.

- "Oh," contestó el pequeño, cabizbajo. Miró de nuevo a su padre y dijo: Puedo pedirte prestados 25€

El padre se enfadó. “Si la única razón por la que me has preguntado cuánto gano en una hora, es para pedirme que te preste dinero y con ello comprarte un juguete tonto o alguna otra cosa sin sentido, entonces vete directamente a tu cuarto y acuéstate. Yo trabajo muy duro muchas horas todos los días, y no tengo tiempo para estas tonterías infantiles”.

El niño se fue en silencio a su cuarto y cerró la puerta. El padre se sentó y se fue enfadando aún más, pensando en la pregunta del hijo.

¿Cómo se atreve a preguntar cosas así sólo para conseguir algún dinero?

El padre se iba tranquilizado, y empezó a pensar que quizás había sido un poco duro con su hijo. Quizás había algo que realmente necesitara comprar con los 25€. La verdad es que no pedía dinero muy a menudo. Se acercó a la habitación de su hijo y abrió la puerta.

- "¿Estás dormido, hijo?"

- "No papá, estoy despierto, - contestó el pequeño.

- He estado pensando, quizá haya sido demasiado duro contigo antes, le dijo el padre. Ha sido un día largo y he pagado mi agresividad contigo. Aquí están los 25€ que me pediste.

El niño se sentó y sonrió. “Gracias papá".

Enseguida buscó debajo de la almohada y sacó algunos billetes arrugados.

El padre, viendo que el niño ya tenía dinero, se volvió a enfadar.

El pequeño contó despacio el dinero, entonces miró a su padre.

- "¿Por qué pides más dinero si ya tienes"? - refunfuñó el padre.

-  Porque no tenía bastante, pero ahora sí, contestó.

- "Papá, ahora ya tengo 50€. ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo?

 

- Por favor, ven a casa temprano mañana.

Me gustaría cenar contigo."

 

EL BUENO NUNCA ES TONTO  

 

 

La Bondad consiste en dar el “bien”, en ofrecer lo bueno, lo que no daña al otro ni le perjudica. Pero también significa o implica dar bien, es decir, apropiada y justamente.

 

“Es tan bueno que parece tonto”. Es ésta una expresión tan frecuente como popular pero que sólo adquiere sentido aplicado al ego, en tanto y en cuanto “quiere parecer tan bueno que es tonto”.

 

Sólo nuestro falso yo, la imagen que queremos mostrar, el personaje que nos gusta representar de cara a la galería confunde la bondad con la insensatez o la estupidez.

 

De la persona buena puede sacarse mucho provecho, ya que es una fuente de benevolencia, dulzura y entrega pero nadie puede aprovecharse de ella, simplemente porque nunca lo permitiría. Si dejo que alguien se aproveche de mi yo me convierto en víctima y, en ese mismo instante, estoy conformando o manteniendo al otro como agresor.

 

Necio es quien cree ganar algo quitando o mermando a los otros como también lo es quien da para conseguir o quien sustenta su bienestar en la posesión de una cosa, de prestigio o de poder.

 

Si algo caracteriza al que es bueno es su estar despierto y su lucidez. Por eso sabe dar lo justo a quien lo necesita, cuando es conveniente y del modo más adecuado”. Nunca da lo innecesario ni se ofrece para lo superfluo y jamás hace nada por el otro que éste pueda hacer por sí mismo.

 

El bueno colabora, el necio reemplaza.

 

El bueno responde, el tonto se adelanta.

 

El bueno hace con el otro, el necio hace por el otro.

 

El bueno acompaña, el tonto sustituye. Aquél ayuda, éste soluciona.

 

La persona buena no renuncia a nada para colmar el exceso de otros, pero puede renunciar a cualquier cosa para satisfacer la demanda justa de alguien realmente necesitado. La renuncia o donación del bueno es siempre un gesto de afirmación y por eso es vivido con satisfacción y gozo. No se siente menguar en nada porque siempre está colmado de su sí mismo.

 

Finalmente, también huye de la tentación de universalizar su bien porque reconoce que no necesariamente lo bueno para él es bueno para otros.

 

El bueno vive siempre su capacidad de donación y entrega hasta el extremo, pero no en exceso.

 

ADHESIÓN RENOVADA

 

La crisis religiosa ha modificado profundamente la actitud de las gentes ante la Iglesia. Hoy se pueden observar entre nosotros las posturas más diversas ante la institución eclesial.

Algunos viven anclados en la nostalgia del pasado. La Iglesia, según ellos, ha cambiado demasiado. Ya no es lo que era. Se ha roto la unidad. Falta valentía para predicar la doctrina y la moral tradicional. La Iglesia se ha acomodado a las exigencias del mundo olvidando su verdadera misión.

Otro grupo mucho más numeroso y heterogéneo vive de forma pacífica. No piden mucho a la Iglesia ni a sus responsables: ni talante evangélico ni compromiso social. Casi todo les parece bien. Ellos se preocupan, sobre todo, de su relación con Dios. A la Iglesia sólo le piden que organice bien los servicios religiosos.

Hay sectores que se sienten incómodos dentro de la Iglesia. Critican su mediocridad y se distancian de ciertas actuaciones de la jerarquía. La Iglesia se les presenta como poco sensible a los valores de la modernidad, sin espíritu democrático, incapaz de asumir los derechos de la mujer, cerrada a la aportación de los teólogos más renovadores. Todo les empuja a vivir su fe cristiana "por libre".

Otros se han distanciado mucho más. Sólo sienten por ella desapego y hasta antipatía. No conocen demasiado la vida interna de la Iglesia ni les interesa. Ven en ella una gran "multinacional" que defiende sus propios intereses y que, pese a ciertos retoques renovadores, siempre favorecerá el inmovilismo y una moral poco progresista.

Hay, sin embargo, sectores importantes de cristianos que están viviendo en estos momentos una experiencia nueva de la Iglesia. La sienten más suya. Han descubierto que lo más importante que ella tiene es Jesucristo y su evangelio. Y esto es lo primero que buscan en ella. Por eso, no la magnifican ingenuamente, tampoco la descalifican con agresividad. Conocen de cerca sus problemas e infidelidades. Lo sufren como propios y, por eso, la critican y tratan de purificarla desde dentro.

Para éstos, la Iglesia es, antes que nada, una comunidad donde celebran con gozo su fe y donde escuchan, junto a otros creyentes, el evangelio de Cristo que alimenta su esperanza. Pero es también una comunidad llamada por Cristo a hacer un mundo más fraterno, más justo y más humano. Por eso, se comprometen de forma activa.

Son estos creyentes los que, con su crítica lúcida, su adhesión cálida y su participación responsable, pueden colaborar en la conversión y renovación de esa Iglesia que Cristo quería ver construida sobre la "roca" de Pedro.

Hay que hacer algo

 

UNA ENTREVISTA

 

 Con mi título de periodista recién obtenido, decidí realizar una gran entrevista, y mi deseo fue concedido, permitiéndoseme una reunión con Dios. Pasa, me dijo Dios, "¿así que quieres entrevistarme?"

"Bueno", le contesté, "si tienes tiempo..."Se sonríe por entre la barba y dice:

"Mi tiempo se llama eternidad y alcanza para todo. ¿Qué preguntas quieres hacerme?"

"Ninguna nueva ni difícil para ti: ¿Qué es lo que más te sorprende de los hombres?" Y dijo:

“Que os aburrís de ser niños angustiados por crecer,  luego suspiráis por volver a ser niños. Que primero perdéis la salud para tener dinero y enseguida, perdéis el dinero para recuperar la salud. Que por pensar ansiosamente en el futuro descuidáis la hora actual, con lo que no vivís ni el presente ni el futuro. Que vivís como si no fuerais a moriros y os morís como si no hubierais vivido, y pensar que Yo... "Con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada dejó de hablar.

Sus manos agarran fuertemente las mías y seguimos en silencio. Después de un largo tiempo y para cortar el clima, le dije:

"¿Me dejas hacerte otra pregunta?". No me respondió con palabras sino con su tierna mirada. "Como Padre, ¿qué es lo que le pedirías a tus hijos?...

"Que aprendáis que no podéis obligar a que alguien os ame, lo que sí podéis hacer es dejaros amar. Que aprendáis que hacen falta años para construir la confianza, y sólo segundos para destruirla. Que lo más valioso no es lo que tenéis en vuestras vidas, sino a quién tenéis en vuestras vidas. Que no es bueno compararse con los demás, pues siempre habrá alguien mejor o peor que vosotros mismos. Que rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita. Que aprendáis a controlar vuestras actitudes, o vuestras actitudes os controlarán. Que bastan unos solos segundos para producir heridas  profundas en las personas que amamos, y pueden pasar años en ser sanadas. Que aprendáis que a perdonar se aprende practicando. Que hay personas que os quieren mucho, pero que no sabéis cómo demostrárselo. Que aprendáis que el dinero lo compra todo menos la felicidad. Que, a veces cuando estáis molestos, tenéis derecho a estarlo, pero eso no os da derecho a molestar a quienes os rodean. Que los grandes sueños no requieren de grandes alas, sino de mucha voluntad.!!

Y así, en un encuentro profundo, continuamos en silencio. ¿Será posible que alguna vez aprendamos?.

Procuraré portarme hoy como una persona comprensiva y servicial, que nada sabe de envidias, de jactancias, ni de orgullos, que no es grosera, ni egoísta, no pierde los estribos, ni es rencorosa, lejos de alegrarse de la injusticia, encuentra gozo en la verdad. Una persona que disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites.

 

Servir desde la humildad y la gratitud

 

Érase una vez un hombre tan piadoso que hasta los ángeles se alegraban viéndolo.

Su santidad consistía en que no tenía en cuenta el pasado de los demás, sino que tomaba a todo el mundo tal como era en ese momento, fijándose, por encima de la apariencia de cada persona, en lo más profundo de su ser.

Un día le dijo un ángel:

«Dios me ha enviado a ti. Pide lo que desees y te será concedido. ¿Deseas, tal vez, tener el don de curar?»

«No —respondió el hombre—, preferiría que fuera el propio Dios quien lo hiciera.»

«Entonces, ¿qué es lo que deseas? —preguntó el ángel—.

La gracia de Dios —respondió él—. Teniendo eso no deseo tener nada más.»

«No —le dijo el ángel—, tienes que pedir algún milagro; de lo contrario, se te concederá cualquiera de ellos, no sé cuál...»

«Está bien; si es así, pediré lo siguiente: deseo que se realice el bien a través de mí sin que yo me dé cuenta.»


Por el contrario

Me encanta servirte...

pero insisto en que me lo agradezcas

Una enjoyada duquesa salió, a altas horas de la noche, de un elegante hotel de Londres donde había cenado y asistido a un «baile de caridad» a beneficio de los niños abandonados.

Estaba a punto de subir a su «Rolls Royce» cuando un andrajoso pilluelo se le acercó suplicante:

«Por caridad, señora, déme seis peniques. Llevo dos días sin comer...».

La duquesa le rechazó con un gesto y le dijo:

«¡Desagradecido tunante! ¿No te das cuenta de que he estado bailando para ti toda la noche?».


Medita

«¿Con qué me presentaré yo a Yahveh?... ¿Me presentaré con holocaustos, con becerros añales? ¿Aceptará Yahveh miles de carneros, miríadas de torrentes de aceite?¿Daré mi primogénito por mi delito...?

Se te ha declarado, hombre, lo que es bueno, lo que Dios quiere de ti:

— que practiques la justicia,

— que vivas la misericordia,

— que camines humilde con tu Dios».

(Mq 6, 8)

 

UN HOMBRE, UNA CAÑA, UN RIO...

 

Carta del 21 de enero:

"Hoy he encontrado, junto al muelle, a un hombre que pasa hambre..."

Carta del 8 de febrero:

"¿Recuerdas a aquel hombre del que te hable?. Raquel y yo hemos decidido acercarnos al muelle una vez y darle algo de pescado que comer."

Carta del 15 de febrero:

"...Continuamos visitándole... con la comida diaria. Tememos, al mismo tiempo, que llegue el día en que no podamos acercamos hasta allí y el hombre del muelle se quede sin su pez. Él nos lo agradece. Sus mejillas empiezan a recuperar color. Le vemos algo más fuerte. Alguna noche le hemos invitado a casa a cenar con la familia. Es bastante tímido..."

Carta del 10 de marzo:

"Raquel y yo hemos decidido comprarle una caña de pescar. Le pensamos regalar un manual, comprensivo y a todo detalle, sobre aparejos y técnicas de pesca. Raquel era una aficionada hace algunos años y se ha comprometido a pasar unos días a la semana para enseñar al hombre del muelle a pescar. Dicen que el río está lleno de peces. Nosotros creemos que en poco tiempo sabrá autoabastecerse de pescado. Podrá conseguir comida por su cuenta y quizá algún dinerillo con la venta de la pesca sobrante."

Carta del 23 de marzo:

"Surgen los problemas. Al hombre del muelle de nada le ha servido aprender a pescar para prescindir de nosotros. Necesita una licencia y no sé qué otros papeles para poder coger peces del río. Los permisos cuestan un buen dinero y no tiene con qué pagar. Hemos sabido que la explotación del río es exclusiva del municipio y no se puede pescar allí sin los dichosos papeles en regla."

Carta del 25 de marzo:

"Más problemas: la policía local pilló al hombre del muelle pescando sin licencia y ahora se encuentra retenido. La fianza (o la multa, que no me he enterado muy bien de qué va la cosa) no es muy barata que se diga. Vamos a intentar costeársela. La gente del pueblo va diciendo de él que ha intentado aprovecharse de la comunidad, que es un ladrón y que le está bien merecido."

Carta del 29 de abril:

"Otra complicación, y esta parece grave. ¿Te conté que el hombre del muelle salió de prisión y se hizo con los permisos de pesca necesarios?. Pues de nada le sirven: la fábrica de plásticos del pueblo, río arriba, ha contaminado las aguas y todos los peces del río han muerto. No queda ni uno y la visión resulta desoladora. Dicen que no volverá a haber pesca hasta dentro de diez años o así. La industria pagará una multa astronómica ( de sobra se lo podrá permitir), adquirirá no sé qué filtros para residuos y seguirá produciendo..."

Carta del 30 de abril:

".. El hombre del muelle vuelve a pasar hambre "

 

 VENDRÁ LA PAZ

 

Si crees que la sonrisa es más fuerte que un arma.

Si crees en el poder de una mano tendida.

Si crees que lo que une a las personas es más fuerte que lo que los separa.

Si crees que ser diferente es una riqueza y no un peligro... entonces vendrá la paz.

 

Si sabes mirar a los otros con un poquito de cariño.

Si prefieres la esperanza a la sospecha.

Si estás convencido que te corresponde tomar la iniciativa antes que al otro.

Si puedes alegrarte de la alegría de tu vecino.

Si la mirada de un niño puede, todavía desarmar tu corazón... entonces vendrá la paz.

 

Si la injusticia que padecen los otros te duele tanto como la que tú sufres.

Si sabes dar gratuitamente un poco de tu tiempo y de tu cariño.

Si sabes aceptar que el otro te haga un servicio.

Si crees que el perdón va más allá de la venganza.

Si sabes cantar la alegría de los demás y mezclarte en su fiesta.

Si puedes escuchar la desdicha que te hace perder tu tiempo y permanecer con la sonrisa en los labios.

Si sabes aceptar la crítica sin defenderte.

Si crees que los demás te pueden ayudar a cambiar.

Si no te escandaliza el Evangelio... entonces vendrá la paz.



Si sabes escoger y aceptar un punto de vista distinto al tuyo.

Si no descargas tus culpas sobre los demás.

Si el otro es para ti ante todo un hermano.

Si la cólera es para ti una debilidad, y no una prueba de fuerza.

Si prefieres ser herido antes de hacer daño a nadie.

Si miras al pobre y al oprimido sin tenerte por un héroe.

Si crees que el amor es la única fuerza.

Si crees que la paz es posible.

 
LA PAZ VENDRÁ

 

 

 

 

 
 

 

 

 
 

 

 
 

 

 

 

 
 

Web de la Parroquia: http://www.svicentemartir-abando.org

 

 

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