CONTRAPORTADA

Publicaciones anteriores

 

 

Propongo

Maestra...

 

Sentirse útil

 

Este Jesús me desafía Para dialogar
Los nuncas Preguntas Siempre darse Oración después del botellón Página 2

 

 

 

Este Jesús me desafía

 

Me esfuerzo y Él me dice: ¡perdona!

Tengo miedo y Él me dice: ¡ánimo!

Dudo y Él me dice: ¡confía!

Me siento angustiado y Él me dice: ¡tranquilo!

Prefiero estar solo y El me dice: ¡ven y sígueme!

Fabrico planes y él me dice: ¡déjalos!

Busco bienes materiales y Él me dice: ¡despréndete!

Quiero seguridad y Él me dice: ¡no te prometo nada!

Quiero vivir y Él me dice: ¡da tu vida!

Creo ser bueno y Él me dice: ¡no es suficiente!

Quiero ser jefe y Él me dice: ¡sirve!

Quiero mandar y Él me dice: ¡obedece!

Quiero comprender y Él me dice: ¡cree!

Quiero claridad y Él me habla en parábolas.

Quiero poesía y El me habla de realidades.

Quiero tranquilidad y Él quiere que esté inquieto.

Quiero violencia y El me habla de paz.

Saco la espada y El me dice: ¡guárdala!

Pienso en venganza y Él me dice: ¡presenta la otra mejilla!

Hablo de paz y El me dice: ¡he venido a traer la espada!

Intento ser conciliador y Él me dice: ¡he venido a traer fuego a la tierra!

Quiero ser el más grande y Él me dice: ¡sé como un niño!

Quiero esconderme y Él me dice: ¡muestra tu luz!

Busco el primer puesto y Él me dice: ¡siéntate en último lugar!

Quiero ser visto y Él me dice: ¡reza en lo escondido!

¡No! No entiendo a este Jesús. Me provoca. Me confunde.

Al igual que tantos de sus discípulos, también yo quisiera hallar otro maestro que fuera más claro y que exigiera menos.

Pero me sucede lo que a Pedro: no conozco a nadie que tenga como

Él PALABRAS DE VIDA ETERNA.

 

 

LOS NUNCAS DE NUESTRA VIDA...

 

SI NUNCA rompes un racimo de uva en el lagar, nunca tendrás un de vino sobre tu mesa.

Si nunca te arriesgas a perder, nunca te das la oportunidad de ganar.

Si nunca afrontas la pena de partir, nunca conocerás la alegría regreso.

Si nunca sufres muriéndote en la siembra, nunca gozarás en la cosecho

Si nunca te dueles bajo el peso de tu culpa, nunca saborearás el alivio perdón.

Si nunca mueles los granos de tu trigo, nunca conocerás el sabor del pan.

Si nunca afrontas el miedo de dejar de ser como eres, nunca descubrirás la alegría de ser como puedes ser.

Si nunca estas dispuesto a dejar todo lo que tienes, nunca sentirás que lo tienes libremente.

Si nunca estás dispuesto a morir por una causa, nunca sabrás para qué vives.

Si nunca desafías tu pena, y dejas de reír para llorar, nunca conocerás la dicha del que deja de llorar para reír.

Si nunca te arriesgas a cruzar el río, nunca sabrás lo que te aguarda en la otra orilla...

Si nunca...

¿Podrías agregar algo más?

 

ORACIÓN DESPUÉS DEL BOTELLÓN

 

Bilbao.   Plaza Nueva, Casco Viejo. Plaza abierta de aire y ruido. Noches de asfalto y luna oscura. Madrugada de encuentros y promesas al aire: ¿Me llamas?; Te llamo. Una moneda, por favor. Perdona, un momento.... Aquí y ahora: No, no ten­go tiempo. Camina deprisa, camina más rápido. Amores que empiezan; ¿Qué tal?, ¿paseamos? Helados de invierno y la moda en la calle. Miradas furtivas, cazadores de citas. Ritmo de acentos como voces distintas, razas inéditas y sonrisa abierta. El roce de tu cuerpo no da calor, da frío; eres extraño, pero tienes mi sangre -el ADN nos delata hermanos-. El ruido disfraza un corazón en silencio. Una oración brota entre los labios:

 

Por mí, Señor; por mí y por todos mis compañeros.

Por los que vienen al mundo y por los que se fueron.

Por los que a mi lado pasan y padecen en silencio.

Por los que corren al viento y por los que están enfermos

-que se curen pronto, por favor, por favor, te ruego-.

Por el amigo que espera y el enemigo que encuentro.

Por aquellos que no rezan; por los que ya no rezo.

Por esta vida maldita que a veces muerde como un perro;

también por esta alegría que se queda entre los dedos.

Por el aíre que respiro,

por el mundo que no entiendo.

Porque a veces el corazón se me hace menudo y pequeño.

Porque me faltan días para hacer lo que deseo;

porque ya nada importa cuando se pierde el miedo.

Porque tú vas conmigo si te traigo a mi recuerdo.

Porque ya no estoy solo  cuando sé que te tengo.

Por los tuyos y los míos;  sí, ¡por el mundo entero!

Porque nada se te escapa cuando yo, como hoy, me pierdo

-¿es posible que aún me ames como en mi día primero?-

Porque no te doy asco, lo sé; si pudieras, me arrullarías

-ya verás, ya veré, ¡al tiempo!-

¿Podría pedirte algo más?

Es que..., no me atrevo: 

“Ama a tus enemigos”, dijiste hace tiempo.

Amar, amar...,

Espero que tú me escuches y les des lo mejor: el cielo.

 

 

PREGUNTAS

 

Probablemente tú no rechazas a Dios. Al menos, nunca te lo has planteado así cuando te has ido alejando de la religión.

Lo que te pasa es que no aciertas a creer y tampoco ves muy claro para qué te puede servir la fe. ¿Por qué no empezamos por aclarar algunas cosas?.

Se le puede obligar a uno a creer?

No. Nadie te puede forzar desde fuera para que creas. Te tienes que sentir absolutamente libre. Tú eres el responsable último de tu vida. Eres tú el que tienes que decidir cómo quieres vivir y morir. Lo que podemos hacer es dialogar entre nosotros, compartir honestamente nuestras experiencias y ver si nos podemos ayudar un poco a acertar en la vida.

 

Hay que hacer algo para creer?

Sí, desde luego. No basta hablar de estas cosas de manera indiferente o frívola.

Tampoco es suficiente dejarte llevar por la tradición. Eres tú el que tienes que aprender a sentirte a gusto con Dios. Pero, ¿qué tienes que hacer en concreto?

Para empezar, estar más atento a lo que hay dentro de tu corazón, y atreverte a escuchar las llamadas que te brotan desde dentro.

 

Hay algún método para aprender a creer?

No. Cada persona tiene que recorrer su propio camino. No hay recetas ni fórmulas mágicas. Lo importante es que seas honesto, que trates de escuchar la vida hasta el fondo y que busques a Dios con confianza. Eso sí, lo tienes que tomar con seriedad y dedicar a esto un cierto tiempo.

 

Pero, la fe, ¿no es cuestión de temperamentos?

Sin duda, hay personas más sensibles al misterio de Dios y personas menos dispuestas, pero la fe no es un asunto de personas «crédulas» o «sensibleras». No tienes que forzar tu manera de ser. Tú puedes y debes buscar a Dios desde tu propio temperamento. Dios quiere encontrarse contigo tal como eres.

 

¿Se puede creer teniendo dudas?

Por supuesto. Para ser creyente no es necesario que resuelvas todos los interrogantes y dudas que te vienen a la cabeza. Lo decisivo es que te relaciones con Dios honestamente. No es más creyente el que con más seguridad habla de los «dogmas» o la doctrina cristiana, sino quien se esfuerza sinceramente por vivir en la verdad ante Dios. Lo importante es que no te engañes a ti mismo ni trates de engañar a Dios.

 

¿Para volver a creer hay que sentir algo especial?

No necesariamente. Algunos suelen sentir paz y alegría interior; tienen la sensación de estar descubriendo el camino acertado. Pero lo importante no es buscar «experiencias especiales» sino dar pasos prácticos donde se vea tu deseo sincero de descubrir el sentido último de tu existencia: dedicar algún tiempo a reflexionar sobre tu vida, leer el evangelio para conocer mejor a Jesús, rezar...

 

¿Creer es sencillo o es complicado?

 Mira, creer es tan sencillo y, al mismo tiempo, tan complicado como lo es el vivir o el amar. A veces te parecerá la única manera de vivir de manera digna y dichosa. Otras veces te puede parecer difícil y duro. Pero, si te encuentras de verdad con Dios, ya no lo olvidarás; si te encuentras con Jesús de Nazaret en el fondo de tu ser, tu vida cambiará, serás diferente.

 

SIEMPRE DARSE

 

Era un matrimonio pobre. Ella tejía a la puerta de su choza pensando en su marido. Todo el que pasaba se quedaba admirado de la belleza de su cabello largo, negro, como hebras brillantes salidas de su rueca. Él iba cada día al mercado a vender unas frutas. A la sombra de un árbol se sentaba a esperar, sujetando entre los dientes una pipa vacía. No le llegaba el dinero para comprar una pizca de tabaco.

Se acercaba el día del aniversario de la boda y ella no paraba de preguntarse qué podría regalar a su marido. Y además, ¿con qué dinero?

Una idea pasó por su mente. Sintió un escalofrió al pensarlo, pero al decidirse todo su cuerpo se estremeció de gozo. Vendería su pelo para comprarle tabaco.

Ya imaginaba a su hombre en la plaza, sentado ante sus frutas, dando largas bocanadas a su pipa. Aromas de incienso y jazmín darían al dueño del puestecillo la solemnidad y el prestigio de un verdadero comerciante.

Sólo obtuvo por su bello pelo unas cuantas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de tabaco. El perfume de las hojas arrugadas compensaba largamente el sacrificio de su pelo.

Al llegar la tarde volvió el marido. Venía cantando por el camino. Traía en la mano un pequeño paquete, eran unos peines para su mujer, que acababa de comprar tras vender su pipa.

La vida solo adquiere
sentido por el amor.

Es decir, cuanto más amor y
capacidad de entrega
poseamos, tanto más
sentido tendrá nuestra
vida.

 

 
 

"A VER QUÉ OS PARECE..."

Propongo

un plan sencillo de cambio de actitud, día a día, durante una semana, que cualquiera puede llevar a cabo y comprobar al final cómo se ha logrado un verdadero control y superación de conductas no saludables. La experiencia resulta provechosa y gratificante, ¿por qué no intentarlo más veces?

Lunes. Haz el firme propósito de, durante todo el día, fijarte sólo en las cosas buenas, positivas y dignas de elogio de las personas con quien te relaciones. ¿No vas a ser capaz de ser positivo al menos durante un día y hacerle ver a los demás lo mejor de sí mismos?

Martes. Vas a tratar de ver las cosas desde el punto de vista de los demás. Serás comprensivo y admitirás que cualquiera tiene derecho a decidir por sí y a equivocarse. Si no te gusta que te organicen la vida y te impongan criterios, ¿por qué tratas de imponerte a otros?

Miércoles. Vas a seguir dos pasos: por un lado, no te vas a preocupar por el qué dirán ni de si los demás te aprueban y aplauden, y por otro, vas a caer, en la cuenta de que lo importante es lo que tú piensas acerca de ti mismo. Por eso, vas a dar gracias y a sentirte feliz por todo lo que eres y tienes.

Jueves. Hoy vas a olvidar todas tus frustraciones, penas y problemas, y te vas a ocupar de aliviar las penas y problemas de alguien cercano. Así experimentarás la plenitud y el gozo interior que se siente cuando, dejando de auto-compadecemos y de lloriquear, nos ocupamos de forma desinteresada de que otro ser humano sea más feliz.

Viernes. Vas a dedicar todo el día a ti mismo. Haz una lista de cosas positivas, de motivos para sentirte más a gusto y en paz contigo mismo. El secreto para curar las neurosis está en aprender a ser tu mejor amigo, aceptarte, amarte, valorarte y perdonarte. Sólo así se accede a la paz interior y a la alegría de vivir.

Sábado y Domingo. Revive las experiencias de la semana, reflexiona y piensa si merece la pena repetirlas, hasta familiarizarte con una forma de vivir más inteligente y sensata. Más serena y feliz.

Piénsatelo

MAESTRA... ¿QUÉ ES EL AMOR?

 

En una de las aulas de un colegio había varios niños. Uno de ellos preguntó:

- Maestra... ¿qué es el amor?

La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la altura de la pregunta inteligente que había formulado. Como ya estaban en hora de recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio y trajesen lo que más despertase en ellos el sentimiento del amor.

Los niños salieron acelerados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:

-Quiero que cada uno enseñe lo que ha traído.

El primer alumno respondió:

- He traído esta flor, es bonita ¿verdad?

Cuando llegó su turno, el segundo alumno dijo:

-Yo he traído esta mariposa. Mirad el colorido de sus alas, la voy a poner en mi colección.

El tercer alumno dijo:

-Yo he traído este pajarito que se cayó del nido ¿no es gracioso?

Y así los niños, uno a uno, fueron explicando lo que habían recogido en el patio. Terminada la exposición, la maestra notó que una de las niñas no había traído nada y que había permanecido quieta durante todo el tiempo. Se sentía avergonzada. La maestra se dirigió a ella y le preguntó:

- Muy bien: ¿y tú? ¿no has encontrado nada?

La criatura, tímidamente, respondió:

-Disculpe, maestra... Vi la flor y sentí su perfume; pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que emanase su aroma por más tiempo. Vi también la mariposa, suave, colorida, pero parecía tan feliz que no tuve valor de aprisionarla. Vi también el pajarillo caído entre las hojas, pero... al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre ...

Por lo tanto, maestra, traigo conmigo el perfume de la flor, la sensación de libertad de la mariposa y la gratitud que noté en los ojos de la madre del pajarito. ¿Cómo puedo expresar todo esto?

La maestra agradeció a la alumna y le dio la nota máxima, considerando que había sido la única que logró percibir que sólo podemos traer el amor en el corazón.

 

 

SENTIRSE UTIL... AYUDA A VIVIR

 

Miguel Estradé, veterano monje de la Abadía de Montserrat, escritor y maestro espiritual, contaba durante una entrevista un relato de su familia:

"Mis padres estuvieron casados durante 50 años. Después de la muerte de mi padre, mi madre sólo repetía: "Lo he perdido todo. Lo he perdido todo".

Nosotros le decíamos. "Pero, madre, si nos tienes a nosotros, los cinco hijos, y a los veinte nietos..."

No obstante ella respondía: "Sí, todo lo que tú quieras, pero lo he perdido todo."

Siendo una mujer muy activa, mi madre se sentó en el sofá y de allí no se movía. El médico estaba muy preocupado por ella. Nos decía:

"Esta mujer se nos va a morir".

¿Sabes cuál fue su suerte, su salvación? Ocurrió así:

Mi hermana esperaba un niño. Se fue a la clínica. Mi madre vio a mi cuñado y a los niños desamparados... Se dio cuenta de que podía ayudarles y servirles; que podía ser útil en aquellos momentos. Se levantó del sofá. Se fue a la cocina... y madre vivió aún ¡once años más!. Para mí fue una gran lección que puede aplicarse a todo y a todas las personas.

 

Papini, convertido al catolicismo, decía:

"Todo hombre tiene necesidad para vivir... de no creerse totalmente inútil".

Y es verdad, una persona vive con vitalidad:

- Si se siente útil, puede prestar un servicio, ayudar a alguien, animar a alguien, rezar por alguien.

- Si su vida tiene sentido... volverá a vivir.

 

Para dialogar, también en casa.

 

Se necesita cierta disposición de ánimo y sobre todo cierto deseo de escucha.

No dialoga normalmente quien está cerrado sobre sí mismo y tampoco quien quiere solamente ser escuchado, porque necesita desahogos o porque se siente superior.

Hay que crear previamente clima acogedor:

interés por el otro,

confianza y sencillez,

cauces suficientes, etc.

Si el clima no es propicio, el diálogo puede ser inauténtico, aunque las intervenciones se sucedan con fluidez.

Se debe rechazar el miedo a la excesiva prudencia. Si se teme la ironía o late ilegalmente el menosprecio o la agresividad, el diálogo no es posible. Se dialoga cuando se confía en los interlocutores y cuando se advierte confianza recíproca.

También hay que tener algo valioso que decir. Los distraídos y los ligeros no están capacitados para dialogar. En el diálogo precede siempre la reflexión; y de ella nace el contenido. La reflexión se apoya en la experiencia y ella la hace realista y objetiva.

Conviene cuidar mucho las formas. Las rudas amortiguan y extinguen el diálogo. Las suaves lo vivifican y lo profundizan. Como lenguaje que es, el dialogar requiere mucha atención a los cauces de comunicación. Dialoga quien piensa en lo que oye, y no sólo en lo que debe decir a continuación.

Cuenta la práctica y las experiencias positivas. Como el arte, el deporte y el estudio, el diálogo requiere preparación progresiva y paciente. Uno no dialoga cuando quiere, sino cuando sabe. Cuando se descubre el valor del diálogo y se aprecia como vehículo de encuentro humano, incrementa constantemente el aprecio que por él se siente y desea tener la oportunidad de practicarlo.

Hay diálogos espontáneos que surgen improvisadamente. Y hay otros que deben ser previa y minuciosamente preparados. No es fácil decir cuál de ellos es más valioso y reconfortante. En el diálogo no importan más las técnicas que los resultados. Y hay que saber disponer de alguna dosis de habilidad improvisadora para llevar las aguas por los cauces más convenientes en cada momento.

Cierta tranquilidad y ocio hacen el diálogo fecundo y profundo. Pretender dialogar con prisas o con moldes estrechos es reducir las posibilidades de acierto. No es tan fácil escuchar lo que se quiere como decir lo que se desea. Ni uno encuentra lo que espera cuando tiene deseo de lograrlo. Para dialogar hay que tener paciencia y poder cultivar la esperanza.

El diálogo no puede nunca ser anónimo ni aséptico. En él se comprometen los que lo practican sinceramente. Y el compromiso reclama siempre un esfuerzo. Por eso se impone en cada diálogo el acercamiento personal y mucha claridad en las intenciones.

El diálogo alegre es agradable y deja tras de sí el deseo de que vuelva o repetirse. El amargo siembra desasosiego en los corazones y no se desea encontrar de nuevo.

 

 
 

Web de la Parroquia: http://www.svicentemartir-abando.org

 

 

Principal ] Oración mensual ] Celebraciones litúrgicas ] Albia ] Sobre la liturgia ] Familia cristiana ] Sacramentos ] Celebrar el Domingo ] EL DOMINGO ] Homilías ] Lecturas del día ] Red de evangelización ] Contraportada ] Mensaje para la semana ]

Exclusivamente para uso privado. No reproducir.