Cuatro preguntas

Ganamos todos

Querido Miguel

 

EN APOYO DE LOS PATOJOS,

LOS NIÑOS DE LA CALLE DE

GUATEMALA

DIÁLOGOS DEL SUR Y ALUBIADA. Esta es la noticia aparecida en "Alkarren barri-Comunicación", n° 145, diciembre 2006, revista mensual de Diócesis de Bilbao:

"El grupo de Apoyo al Tercer Mundo de la parroquia bilbaína de San Vicente Mártir de Abando, organizó el mes pasado los encuentros "Diálogos del Sur" que concluyeron con una "alubiada solidaria" a la que acudieron noventa personas y para la que se vendieron más de 130 menús. En los dos días previos, a la comida solidaria, se acercaron a las realidades de diversos países, a través de las experiencias de Luis María Gerrikagoitia, que estuvo más de 20 años en el Congo; Unai Iturmendi y Jon Mirena Suárez, que han viajado este verano con Misiones Diocesanas a Ecuador; y María Arrieta y Natxo Andrío que han estado en Guatemala.

Precisamente, el dinero recaudado en la mencionada alubiada va destinada al proyecto MOJOCA (Movimiento Jóvenes de la Calle) de este país centroamericano. Guatemala cuenta con unos 10 millones de habitantes, dos tercios de los cuales, sobre todo la población indígena, viven en la extrema pobreza. Esta pobreza aumenta, provocada por el injusto reparto de las riquezas, y la desocupación y el hambre, empujan a muchos campesinos hacia las ciudades, donde viven en casuchas de cartón colocadas a los lados de los barrancos.

Para escapar de estos lugares de violencia y ante la falta de perspectivas de futuro, centenares de muchachas y muchachos eligen vivir en la calle. Se estima que son unos 5.000 los niños y jóvenes de la calle en Guatemala, que se concentran sobre todo en la capital del país. Y es ahí, en Ciudad de Guatemala, donde se enmarca este proyecto, en el que un centenar de jóvenes están llevando a cabo su movimiento, con el apoyo de algunos consejeros adultos. MOJOCA pertenece al movimiento popular en Guatemala, está basado en la amistad liberadora de Paulo Freire y trabaja en coordinación con organizaciones de otros países, junto a las cuales construye una alternativa de paz y de amistad frente a la falta de solidaridad de la actual estructura económica mundial."

Nosotros conocemos el MOJOCA por María Arrieta, una joven del Grupo de Apoyo al Tercer Mundo de nuestra Parroquia, que estuvo este último verano en Guatemala precisamente para echar una mano en la ayuda a los jóvenes de la calle de Guatemala. Allí conoció a Miguel, el joven (patojos los llaman allí), asesinado en diciembre último en las calles de Guatemala. Uno más, pero para muchos de nosotros tiene nombre y apellido y, lo que es más importante, hemos conocido su rostro.

Nos ayuda más, a conocer el problema, leer la carta que María Arrieta ha escrito con motivo de este asesinato.

 

Querido Miguel:

Me acabo de enterar que tu presencia nos ha dejado y lo único que me viene a cabeza es una pregunta con miles de respuestas y a la vez sin ninguna, ¿por qué?

Tú me has dejado entrar durante un mes y medio en tu vida, en tu historia, entraste a formar parte de la mía. Cada mañana con tu saludo y tu sonrisa medio dormida, lograbas arrancarme a mí una cuando me decías "seño Mari, ¿a qué no adivina?. Hoy no tengo sueño". Y luego te veía dormido en algún rincón, en las posturas más difíciles, en la clase o, apoyándote en mi hombro, o en mi rodilla, pero siempre despertando con una sonrisa dibujada en los labios.

Entre palmada y meneo que te daba para mantenerte despierto, me contabas esa realidad tan dura en la que vivías, si ese día habías solventeado mucho (casi siempre, a las cinco de la mañana), el efecto que te producía, las cosas que echabas de menos, lo que impulsó a vivir en la calle, etc. Pero siempre manifestabas una ilusión: salir para delante y veías como medio el crear la casa de los muchachos.

Entre sueñecito y sueñecito, creabas tus sueños reales, tus ilusiones, tus esperanzas, siempre pensando que hay un futuro mejor, y una segunda oportunidad para aquellos que ni siquiera. tuvieron una primera.

Tú ibas escuchando de manera silenciosa y callada, entre bostezo y bostezo, todo lo que ocurría en la casa, e invitabas, mediante pequeños gestos, a que se sentaran a tu lado y compartir tu historia, tu vida, tus opiniones.

Te describías como una persona pacífica y preocupado por los demás, un poco perezoso, callado y amigable. Y lo cierto es, que, hasta dormido en uno de tus rincones, buscabas la compañía del resto y que nunca estuvieras solo.

Aún recuerdo nuestra última conversación el día antes de mi regreso. Nada más que llegué a la casa, preguntaste por qué ese día habíamos ido tan tarde y dónde estaban mis compañeros. Y después de preguntar si era cierto que al día siguiente partíamos, me miraste y me preguntaste que por qué tenía la mirada triste ese día, yo te dije que porque os iba a echar de menos. Luego, antes de irme, te prometí, a ti y a todos, que volvería por Guatemala.

Al principio de esta carta, te iba a poner que por fin descansas en paz, pero sé que no es así, porque allá donde estés, seguirás velando por el resto de patojos y patojas, seguirás deseando que se cree la casa de los muchachos, estarás más despierto que nunca vigilando que nosotros, a los que nos dejaste tu historia como legado, luchemos junto a vosotros, seamos vuestras voces y vuestras gargantas cuando os quitan la voz, los oídos cuando no os quieren escuchar y vuestras manos, cuando os imposibilitan utilizar las vuestras para luchar por vuestros derechos, incluso cuando os roban, como a ti, el que tienen todas las personas desde que es engendrada: la vida.

Ahora, estarás velando porque tu muerte no haya sido una más sin sentido, porque sepamos denunciar las injusticias, porque tu soledad final valga para que otros muchos encuentren compañía.

El único solvente que te va a valer ahora es ver que todo ello se va cumpliendo, que deja de haber muertes injustas, que se logra un trato digno, que por encima de la ley de la calle, reina la ley de la vida.

Ahora, desde las estrellas, ese único techo que fue, muchas veces tu abrigo, tendrás una vigilia permanente por el resto de tus hermanos y hermanas de calle esperando que no se repita una vez más la historia que te ha tocado vivir.

Yo, cuando vuelva por MOJOCA, te echaré de menos, y mientras, mantendré tu recuerdo vivo siguiendo con tu lucha e intentando hacer que tu deseo se haga realidad, esperando que desde arriba guíes mis pasos, y que me ayude a formar conciencias que impidan una nueva muerte injusta, otra desaparición de un inocente.

Desde aquí te mando un beso muy gordo Miguel y los más dulces sueños de tu seño Mari.

¿QUÉ HACEMOS NOSOTROS?

 

 

 

GANAMOS TODOS

 

Casi todos nos hemos enterado que el Gobierno y los Obispos han llegado a un acuerdo sobre el nuevo sistema de colaboración (no financiación) del Estado con la Iglesia.

Por parte del Estado, se elimina la aportación económica a la Iglesia y se establece el porcentaje de 0.7 para que sean los contribuyentes quienes decidan que una parte de los impuestos que han de pagar se destinen a la Iglesia sin costarles a ellos ningún céntimo más.

Por su parte, la Iglesia renuncia al complemento económico que se le concedía en los presupuestos del Estado y también a la exención de IVA en el ejercicio de su labor. Así la Iglesia dispone del mismo régimen fiscal que el resto de entidades no lucrativas de nuestro país incluyendo las otras confesiones religiosas que tienen acuerdo con el Estado.

Ya nadie podrá hablar con verosimilitud de "privilegios fiscales" (que no existen) ni de sobre-financiación.

Es un gran avance; sin duda supone un importante reto de futuro porque, en adelante, todo el aporte económico que va a recibir la Iglesia para su sostenimiento, va a depender del compromiso generoso de los propios creyentes y de nadie más.

Así las cosas:

1. El contribuyente que desea colaborar con la Iglesia va a poder hacerlo marcando la casilla correspondiente en su declaración de la Renta. Así sabe que es su contribución y no otra, la que apoyará el quehacer de la Iglesia.

2. No obstante, ha de tenerse en cuenta que lo que esta aportación, (vía asignación tributaria) representa, sólo llega a cubrir el 15% de las necesidades de financiación de nuestra Iglesia.

3. Por ello, esta nueva situación reclama un imprescindible compromiso de los católicos, desde nuestra propia Parroquia, en el sostenimiento de su Iglesia: colectas en las misas y donativos por diferentes motivos.

4. Un medio responsable y eficaz, además de estable, es la suscripción bancaria, familiar o individual, de una cantidad fija al año, remedio que garantiza y asegura con antelación el dinero disponible con el que se sufragarán los gastos de la Parroquia. Esta aportación, a su vez, desgrava al donante un 30% en su declaración de la Renta.

La entrada en vigor de este sistema abre una nueva etapa de libertad, responsabilidad y transparencia para toda la Iglesia. Es un sistema con el que ganamos todos.


 

CUATRO PREGUNTAS Y...

1. ¿Me intereso por las diversas actividades que lleva a cabo la Iglesia para el bien de la sociedad?

2. ¿Me considero católico? ¿Me ayuda la Parroquia, con el mensaje de Jesús, a encontrar sentido a toda mi vida?

3. ¿Me hago cargo de la responsabilidad imprescindible que tengo en este momento de contribuir con lo que pueda al sostenimiento de la Parroquia?

4. En esta nueva situación, ¿qué aporto, en lo económico, al quehacer de la Parroquia? ¿Suelo actualizar mi ayuda o la tengo sin cambiar desde hace años?

 

A la vuelta tienes un boletín de suscripción de ayuda a la Parroquia, a la tuya, a la de San Vicente Mártir de Abando.

 

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