Triduo Pascual

 

JAVIER GARRIDO

 

 

 

 

 

 

 

 

     

 

Observaciones

1. Hemos centrado la Cuaresma en la conversión, buscando una conversión radical, que el punto de apoyo de nuestra vida cambie: de las obras a la fe.

Lucidez respecto de las contradicciones insalvables de la existencia humana, representadas por el pecado, y descubrimiento gozoso de la Gracia salvadora. Imposible autojustificación, inutilidad de las «buenas obras»; soberanía del amor de Dios que nos justifica en Jesucristo. Sólo Dios salva.

 

2. Para seguir profundizando: leer Rom 7 y 9-10; Ef 1-2.

3. Según nos acercamos con Jesús a Jerusalén, a celebrar su muerte y resurrección, por más que los discípulos intentan compartir con él su destino, se hace más evidente que Jesús se queda solo.

En efecto, no se puede ser discípulo de Jesús por la fe sino cuando nos convencemos de que nadie puede serlo. «Es necesario», como suelen repetir los Evangelios, que Jesús se quede solo, llevando él solo el destino del mundo pecador.

Pedro nos representa a todos, especialmente a los que se creen mejores discípulos: Es necesario que toque fondo en su falta de fe. No es su propósito de entregar la vida hasta la muerte lo que le hace discípulo de Jesús, sino el reconocimiento de su negación y la humilde confesión de fe.

Meditar en Jn 13,5-11.36-38; 18,15-27; 21,15-19.

 

4. ¿Estamos, acaso, deslizándonos hacia las tesis luteranas? Estamos fundamentando la conversión cristiana.

Las obras y la fe son coesenciales como dinamismo de la vida cristiana (la fe es viva si actúa por el amor: Gál 5,6; Sant 2,14-26). Pero son incompatibles cuanto está en juego el punto de apoyo de la vida, la raíz de la conversión: o me fundamento en la Gracia o me fundamento en mis posibilidades; o vivo bajo la iniciativa del Espíritu Santo o vivo bajo la iniciativa de la «carne».

 

5. La Semana Santa celebra esta mediación absoluta del único Salvador, Jesucristo, y la gracia del Padre, que recrea la nueva humanidad en la obediencia de su Hijo.


 

Semana Santa

1. La pedagogía espiritual de la Semana Santa consiste en personalizar lo que nos sobrepasa. ¿Cómo hacer mía la gloria insondable del Amor Absoluto? Nuestro corazón entiende, más o menos, lo que está hecho a la medida de nuestros deseos y preocupaciones. ¿Cómo seguir a Jesús en esta hora en que Dios realiza los extremos absolutos?

El único inocente es hecho pecado por nosotros (2 Cor 5,18-21).

El Padre abandona a su Hijo, el predilecto, a la muerte, haciendo inútil toda esperanza mesiánica (Mc 15,29-31).

El Reino fracasa, la omnipotencia salvadora se queda indefensa ante los poderes de este mundo (la traición de Judas, el ensañamiento de las autoridades judías, el despecho del pueblo, la crueldad romana). ¿Qué pueden esperar ya los pobres, los despreciados, los pecadores? ¿No es Jesús el ídolo soñado que lleva a la desesperación ese resto de dignidad que queda en los maltratados por la existencia humana?

 

2. Si tu corazón está iluminado por la fe, esta Semana puedes comprender lo esencial:

- Cómo es Dios por dentro (1 Jn 4,10).

- Cómo no había otro camino de liberación digna de Dios y del hombre (Lc 24,13-34).

 

3. En una palabra, aparecerá ante tus ojos, agradecidos, la única evidencia que ilumina los extremos: el Amor.

Sólo el Amor hace esas cosas.

 

4. Así pues, no hay más que una pedagogía para esta Semana: dejar a Dios que sea Dios de amor con nosotros.

Déjate salvar, justificar, liberar...

 

5. Y cuando comiences a ver y sentir desde el amor de Dios, mira alrededor tuyo y ensancha la mirada: tu familia (o tu comunidad), las personas que te crean dificultades, los conflictos sociales, el futuro humano...

¿No notas que comienza a cambiar todo?


 

Domingo de Ramos - A

Mt 21,1-11
Is 50,4-7
Sal 21
Flp 2,6-11
Mt 26-27

1. Situación y contemplación

La liturgia del domingo de Ramos se caracteriza por el contraste entre la procesión triunfal, que aclama al Rey mesiánico, y la celebración de la Pasión, entrada en la figura del Mesías «siervo de Yahvé», humilde y tratado como maldito.

El contraste refleja la situación-límite del hombre y sus cuestiones últimas: ilusión y frustración, triunfo y fracaso, adhesión y rechazo, vida y muerte, etc.

El contraste refleja el drama íntimo de las relaciones entre Israel y su Mesías: ¡tantas expectativas puestas en el Reino y tanta ceguera cruel ante los caminos de Dios!

El contraste refleja el plan de Dios, que primero ofreció el Reino pacífico y no-violento a los hombres; pero sólo lo entendieron «los pequeños». A través de la cerrazón del corazón humano, el Dios fiel hizo lo inaudito: transformó el fracaso y la injusticia en fuente de Salvación.

En ese punto de apoyo, la obediencia de Jesús hasta la muerte (primera lectura, salmo y segunda lectura), hecho uno de nosotros, se concentra la historia de Dios y del hombre: el amor fiel de Dios, que asume el infierno del hombre (representado por cada escena: traición de Judas, negación de Pedro, juicio arbitrario de los judíos, venalidad de los romanos, violencia y sarcasmo de todos, sufrimiento físico y soledad de Jesús, etc.), y el amor de Jesús al Padre y a los hombres, que «todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta», incluso cuando su Dios le abandona a su propia suerte (Evangelio).

¿Era necesario llegar hasta aquí? La respuesta siempre estará velada a los racionalistas o a los que no aceptan la condición humana. Sólo los que, al sufrir, confían y, confiando, descubren en sí mismos la fuerza del amor, están «en la onda» de la Pasión.

2. Reflexión

La meditación de la Pasión ha sido desvirtuada con frecuencia:

- o bien porque ha quedado reducida al acontecimiento de la Redención, ocurrida hace dos mil años, es decir, a una creencia abstracta y dogmática;

- o bien porque está asociada al recuerdo piadoso y sentimental del héroe del sufrimiento (como en el teatro clásico, cumple una función catártica: proyectamos en él nuestros dramas interiores y sociales);

- o bien porque la interpretamos sólo como memoria crítica de tantas situaciones de opresión del hombre de hoy, haciendo de Jesús el modelo más significativo del militante social.

La meditación de la Pasión debe integrar:

  1. la Lectura realista, plenamente humana, de lo que ocurrió en Jerusalén: conflicto exacerbado con las autoridades religiosas y políticas; contexto mesiánico, en torno a la Pascua, que propiciaba situaciones límite...

    En este sentido, actualizar la Pasión significa ver retratada en cada escena de la Pasión tantas realidades que nos rodean (la violencia irracional, el manejo de las masas por parte de los poderosos, los inocentes siempre perdedores...).

     

  2. La lectura teologal, que percibe en esa dinámica tenebrosa la presencia salvadora de Dios.

Sólo hay una realidad que dignifica e ilumina con un nuevo sentido tanto horror: la fe en Jesús, el Mesías que cargó sobre sí nuestros crímenes y nos reveló el amor inaudito de Dios.

  • Es difícil dar la vida incluso por un hombre de bien. Dios nos ha mostrado su amor haciendo morir a Cristo por nosotros cuando aún éramos pecadores (Rom 5,6-11).

  • 3. Praxis

    Que vaya resonando estos días en tu corazón alguna de estas frases:

    • «Me amó y se entregó por mí» (Gál 2).

    • «Nos amó hasta el final» (Jn 13).

    • «Ofrecí el rostro como pedernal, pero no quedaré avergonzado» (Is 50,7).

    - «Realmente, éste era Hijo de Dios» (Mt 27,54).


     

    Jueves Santo

    Ex 12,1-14
    1 Cor 11,23-26
    Jn 13,1-15

     

    1. Situación

    Lo ideal sería retirarse y dedicar estos días a celebrar en comunidad el Misterio Pascual. Pero si no es posible, siempre cabe preparar con más detenimiento los «oficios litúrgicos» que vamos a celebrar en nuestra parroquia habitual. No es lo mejor irse de vacaciones; pero, aun en este caso, que no nos limitemos a cumplir.

    Para prepararse a celebrar la Cena del Señor hay dos caminos complementarios:

    • Buscar la reconciliación con las personas con las que tenemos conflictos importantes.

    Celebrar el amor de Dios es inseparable del mandamiento del amor fraterno.

    • Dejar a Jesús que lave nuestros pies, meditar en su amor por nosotros y, desde aquí, abrirnos al prójimo.

    Sólo Dios es la fuente del amor: «Permaneced en mi amor».

    2. Contemplación

    La riqueza de la Palabra es tal que lo mejor, parece, es concentrarse en la Eucaristía, «fuente y cima de la vida cristiana» (Concilio Vaticano II):

    • El lavatorio de los pies simboliza la entrega de Jesús como Mesías-Siervo en favor de todos y cada uno de los hombres; la Eucaristía actualiza dicha entrega. Pero sólo es real cuando se constituye en sacramento, en signo eficaz de una comunidad de hombres que deciden amarse y dar sentido a su vida desde el amor.

    • La Eucaristía nos reúne para dar gracias a Dios Padre por todos sus beneficios, especialmente el don de Jesús y su Evangelio; pero el verdadero culto a Dios, «en espíritu y en verdad», no está en el ritual diario o semanal, la misa, sino en la entrega a la voluntad del Padre, manifestada cada día en la vida ordinaria.

    • ¿Cómo agradecer el don de la Eucaristía? Probablemente, como nos ocurre con los grandes regalos de Dios, somos incapaces de agradecerlos porque nos parecen normales, y lo peor de todo es que los vivimos como obligaciones.

    3. Reflexión y praxis

    Es el día del Amor (¿hay alguno que no lo sea, en cristiano?). Se traducirá prácticamente en la colecta de «Cáritas». No está mal que hoy hagamos un esfuerzo mayor por hacernos solidarios. Pero creo que debemos plantearnos más radicalmente la cuestión del amor en nuestras vidas.

    Tenemos modelo insobrepasable de radicalidad, Jesús, y mandamiento contundente: Amaos los unos a los otros como Yo os he amado.

    Lo malo del amor es que nos cuesta situarlo en la realidad, ya que lo vivenciamos más como deseo ideal que como dinámica de la realidad. Quizá nuestra revisión de este tema haya de comenzar ahí: «El amor nos suscita deseo de radicalidad; cuando nos confrontamos con la realidad, interior y exterior, nos vemos impotentes o muy precarios, nos sentimos culpables y, consecuentemente, ya hemos encontrado el modo de justificarnos».

    El amor se aprende amando.

    Cuando des tu limosna para «Cáritas», que no sea por tranquilizar tu conciencia, sino porque los otros te importan.

    Cuando celebres la Eucaristía y, antes de la Comunión, saludes con la paz a tu vecino/a de banco, que no sea un gesto que toca hacer, sino apertura del corazón que comparte.

    Que, cuando esta noche oigas o veas el noticiario, no te basten las buenas intenciones. Tú tienes un puesto en este mundo, y tu misión principal, única, es poner tu granito de amor.

    Recuerda a las personas con las que convives muchas horas y de las que «pasas» (en el trabajo, por ejemplo). Si quieres aprender a amar, no pienses en quererlas como a las otras (el amor cristiano no se alimenta de simpatía), sino de detalles significativos (algo tan simple como mirar a esa persona con otra actitud).

    Si tienes responsabilidades colectivas (en la empresa, en alguna asociación, en un partido político), tu amor pasa por la racionalidad ética, por una jerarquía clara de valores, por la justicia no sólo en los fines, sino también en los medios.

    Pero el amor en este mundo siempre es relativo. La radicalidad está en mantener la vida en tensión de amor, no en los logros.


     

    Viernes Santo

    Is 52,13-53,12
    Sal 30
    Heb 4,14-16; 5,7-9
    Jn 18-19

     

    1. Situación

      En la historia se ha producido una disociación entre la piedad popular, centrada en las procesiones y los pasos de la Pasión, y la celebración litúrgica. A raíz del Concilio Vaticano II, estamos recuperando el primado de la liturgia como fuente de la espiritualidad cristiana.

      La liturgia de hoy es eminentemente sobria, pero altamente expresiva, concentrada en la adoración de la Cruz. No hay Eucaristía, pues la Iglesia participa de la tragedia del Calvario. Sin embargo, la resonancia básica no es de dolor desgarrado, sino de confesión de fe en la victoria de la Cruz.

       

    2. Contemplación

    Si se contempla la figura del Siervo (Is 52-53; Sal 30) y se recorre el vía-crucis de Jesús, desde el huerto de los olivos hasta su muerte en el Calvario, el sentimiento espontáneo es el de compasión. Nos duele la pasión de Jesús porque Le amamos. Sin embargo, la fe de la Iglesia va más lejos:

    • Nos presenta la lectura de la Pasión según san Juan, y en ésta es como si el sufrimiento, fracaso y abandono de Jesús fuesen transfigurados. En cada escena domina el señorío de la persona de Jesús, hasta tal punto que es El el que está juzgando al mundo como Rey soberano.

    Más, su muerte humillante se revela como liturgia del Cordero, sacrificado y entronizado en la Cruz, para ser, desde ella, fuente de Salvación (agua y sangre).

    • Pone como centro de la celebración litúrgica la adoración de la Cruz, en un ritual que reproduce, con profundo simbolismo, las palabras repetidas por Jesús en el Evangelio de Juan.

    Cuando sea elevado (en la Cruz) tiraré de todos hacia Mí.

    La comunidad cristiana realiza hoy solemnemente el homenaje a su Rey crucificado.

     

    3. Reflexión

    ¡Qué capacidad tenemos los humanos para pervertir las cosas! Hemos hecho del escándalo de la Cruz un símbolo de violencia (la espada y la Cruz), un recuerdo placentero (piedad formalista), algo inofensivo y domesticado e, incluso, un adorno de nuestras escuelas y hogares. Al principio del cristianismo fue la principal dificultad para ser cristiano (escándalo para los judíos, locura para los paganos: 1 Cor 1-2). Nosotros la hemos transformado en timbre de gloria.

    ¿No decía acaso Pablo (cf. Gál 6,11-18) que sólo debíamos gloriamos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo? Pero la gloria de que habla Pablo nace del realismo del escándalo de la Cruz, del milagro que es creer en el Mesías Crucificado y constatar:

    • la presencia del Amor Salvador;

    • la omnipotencia de Dios en la debilidad;

    - la sabiduría de las Bienaventuranzas como dinámica de transformación del mundo;

    • que todo adquiere sentido, hasta la muerte injusta del inocente;

    • que nada está perdido, que Dios mismo sale garante de los perdedores;

    • que el amor es la única victoria sobre las fuerzas del mal;

    • que servir es reinar.

     

    4. Praxis

    Algunas sugerencias:

    • Cuando celebres el oficio litúrgico, esta tarde, y hagas genuflexión ante la Cruz o le des un beso, pon ahí, a sus pies, la cruz que no puedes soportar, la que es tu piedra de tropiezo (tu escándalo) para vivir y dar sentido a tu vida.

    • ¿Hay en tu vida alguna situación en que experimentas que has de servir, ser el último, condenado a perder? Mira al Mesías crucificado y pídele luz y fuerza.

    • «Mi Rey es un crucificado». Medita en estas palabras para que te salga de dentro la decisión humilde y clara de seguir a Jesús, de no querer otro camino que el Suyo.


     

    Vigilia Pascual

    Gén 1
    Gén 22
    Ex 14
    Is 54; 55
    Bar 3,9-4,4
    Ez 36,16-28
    Rom 6,3-11
    Mt 28,1-10

     

    Todo lo que se diga de esta Noche es poco. ¡La FIESTA de los cristianos!

    Procura el Sábado Santo un tiempo amplio de preparación. ¡Qué explosión de luz y de esperanza! La presencia del Resucitado irrumpe en su Iglesia, inundándola de alegría.

    1. Liturgia de la Luz

    Fíjate en el fuego: su fuerza y esplendor en medio de las tinieblas. Escucha lo que se dice de Jesús, simbolizado por el cirio:

    Cristo, ayer y hoy, principio y fin. Suyo es el tiempo y la eternidad.

    ¡A El la gloria y el poder por los siglos!

    Cuando escuches el Pregón Pascual, que inaugura nuestras Fiestas Pascuales de cincuenta días, las verdaderas fiestas de la Vida, sentirás por dentro que has sido elegido para contar a los cuatro vientos las hazañas de Dios (1 Pe 2).

    Esta noche resuena la Buena Noticia de la Resurrección por los cinco continentes del mundo, la Noticia que pasa de generación en generación desde hace dos mil años.

     

    2. Liturgia de la Palabra

    Siete lecturas del Antiguo Testamento, pues hoy se cumplen en Jesús todas las Escrituras:

    • Hoy es el día de la nueva creación (Gén 1).

    • Hoy el Padre ha liberado a Jesús de la muerte, haciendo suya la obediencia de su Hijo hasta la muerte (Gén 22).

    — Hoy es el día Grande, el Acontecimiento Salvador (Ex 14).

    • Hoy celebramos la fidelidad misericordiosa de Dios (Is 54).

    — Hoy son las bodas del Amor Eterno, que todo lo renueva (Is 55).

    — Hoy celebramos la suerte de servir a Dios y hacer su voluntad en esta tierra que Dios nos ha encomendado (Bar 3-4).

    • Hoy recrea Dios al hombre por la fuerza de su Espíritu (Ez 36).

     

    3. Liturgia del Agua

    Noche del Bautismo, por excelencia:

    - Que nos une a los hermanos en la fe, que nos precedieron en el seguimiento de Jesús, para que no nos volvamos atrás en nuestro compromiso de vida cristiana (letanías de los Santos).

    - Que nos recuerda aquel momento olvidado de nuestra infancia, pero origen, sin duda, de lo mejor de nuestras vidas (bendición del Agua):

    Oh Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua para significar la gracia del bautismo... Aguas primordiales de la Creación, aguas del Diluvio, aguas del Mar Rojo, aguas del Jordán...

    - En que renovamos las promesas bautismales. Momento especial para personalizar nuestro bautismo.

     

    4. Liturgia de la Eucaristía

    Culminación de la Fiesta:

    • Ofrecemos el pan y el vino, frutos de la naturaleza, de nuestra actividad y de la solidaridad humana, y expresamos nuestro deseo de esa humanidad nueva que el Resucitado inaugura esta noche.

    - Nunca como esta noche nos damos cuenta de que «en verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, Padre Santo».

    ¿Por qué? Atrévete a enumerar los dones de Dios en tu vida, especialmente el de la resurrección de Jesús, y te quedarás anonadado. ¡Significa tanto: victoria sobre la muerte, liberación del pecado, futuro definitivo para el hombre, alianza eterna de Dios, participación en la vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo!

    • Nos unimos al sacrificio pascual de Jesús: por la fe hacemos nuestra su obediencia al Padre y su amor a los hombres.

    El Resucitado se queda para siempre con nosotros a fin de que vivamos de su Espíritu y de su Palabra, de su paz y de su entrega, llevando a cabo la obra que El comenzó: el Reino, el proyecto del Padre.

    • Cuando nos demos el abrazo de la Paz, sentiremos mucho más que el contagio colectivo de nuestra fiesta: el regalo de sentirnos hermanos y el compromiso por realizar, día a día, en nuestra casa, en la calle o en el trabajo, lo que nos ha sido dado en Jesús resucitado.

    • No será fácil, pero contamos con El.


     

    Las Fiestas Pascuales

    1. Nuestra fiesta de los 50 días, hasta Pentecostés, es un único Día, el de la gloria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, que, en la Pascua de Jesús, ha realizado de una vez y para siempre su Reino:

    • recreando el viejo mundo;

    • poniendo en marcha el nuevo, que tiene a Jesús como primogénito (cf. Col 1).

    2. Ha ocurrido algo tan inconmensurable, que da lo mismo decir que esta tierra nuestra está definitivamente habitada por la Vida Trinitaria o decir que, desde la Resurrección, ha dejado de tener consistencia propia.

    Vivimos el entretiempo: entre la Resurrección y la Consumación futura, cuando lleguen, con la venida del Resucitado en el esplendor de su gloria, «los nuevos cielos y la nueva tierra» (cf. Ap 1; 21-22), y todo sea devuelto al Padre, principio y fin de toda realidad.

    3. El entretiempo es el tiempo del Espíritu Santo y de la Iglesia, y por eso, de los sacramentos y de la fe.

    De hecho, siguiendo una antigua tradición, las lecturas de Pascua trazan un contrapunto entre los Hechos de los Apóstoles y el Evangelio según san Juan, introduciendo alguna carta apostólica que tenga carácter pascual (en el ciclo A, la Primera de Pedro).

    4. La sensación primaria es la siguiente: Así como en Cuaresma hemos debido descender a nuestra condición humana sin salida (esclavos de la muerte, el pecado y la ley) para experimentar la Misericordia Salvadora de Dios, ahora se nos da a beber el Agua Viva que brota en la Iglesia, el Espíritu Santo, el mismo Espíritu por el que Jesús el Mesías vivió, murió y resucitó, y por el que sigue presente en su Iglesia, el mismo Espíritu que viene del Padre y es entregado al mundo como señal interior de su amor eterno y fuego transformador que lo renueva todo.

    5. Realidades que nos sobrepasan; realidades que no podemos medir con el metro de nuestra pobre experiencia sicológica y social y que, sin embargo, están ahí, en la Iglesia. Sólo perceptibles en la fe.

    Será uno de los objetivos de estos días: descubrir la Iglesia.

    No se trata de idealizarla o sacralizarla. Al contrario, cuanto más humana y pecadora la veamos, cuanto más nos demos cuenta de sus condicionamientos históricos y podamos criticarla, más descubriremos su misterio divino, y seremos conscientes de que de Ella recibimos mucho más de lo que le damos.

    La Iglesia no puede justificarse a sí misma (¡cómo podría justificar su alianza con el poder, su dominio de las conciencias, su autosuficiencia!); y es que su única justificación es el a gratuito y absoluto que le tiene Jesús, que entregó su vida por e a. Como por Pedro. Como por mí.

    Por eso, igualmente, Ella sabe que no se pertenece, que se le ha encomendado la misión de anunciar el Evangelio a todos los hombres. Sus orígenes y expansión (nos basta leer los Hechos) nos hablan de dificultades y conflictos, externos e internos. No importa; el Espíritu Santo la empuja y mantiene fiel a su misión.

    6. Los sacramentos nos introducen en la vida profunda de la Iglesia. Esta ha sido puesta por Dios como mediación de salvación en la historia.

    Los sacramentos son realidades humanas, recuerdos de los acontecimientos más significativos de la historia de la Salvación; pero, celebrados en la fe de la Iglesia, actualizan eficazmente esa misma Salvación.

    El creyente sabe que, en el corazón de la Iglesia, hay manantiales permanentes de agua viva, que nacen del costado abierto del Resucitado.

    7. Pero los sacramentos son signos y mediaciones. Lo esencial es la vida nueva, pujante, victoriosa, que ha sido infundida en nuestros corazones de bautizados que se reúnen en la Eucaristía cada domingo.

    La llamada vida teologal (fe, esperanza y amor) o vida del Espíritu Santo.

    A la luz del Evangelio de Juan se nos dará a entender cómo nace y se despliega esa vida. Vida de liberación interior. Vida de comunión eclesial. Vida en estado de misión permanente, en el mundo y para el mundo.

     

     

     


     

     

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