No se puede vivir sin esperanza

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Un ejemplo famoso

Esperanza cristiana

Nuestro corazón inquieto

Educar la esperanza

Importancia de la esperanza

Sembradores de esperanza

Un cuento Zen

Signos de resurrección

Educar para la vida consciente

     

 

 

 

ESPERANZA HUMANA  

 

 

Este "pequeño elogio de la esperanza", a pesar de estar escrito por un teólogo, tiene un marcado carácter antropológico. La razón es clara. Uno de los principios básicos de la teología católica dice que la gracia presupone y perfecciona la naturaleza. Aplicado al tema que nos ocupa, significa que nada podrá comprender de la esperanza cristiana quien no haya experimentado antes la esperanza humana. El cristiano, como cualquiera de sus contemporáneos, espera en la ciencia, en la verdad, en el amor, en la fidelidad y en los seres humanos. 

La esperanza cristiana engloba todas esas esperanzas humanas y las abre al infinito; es decir, a Dios. 

A su vez, la esperanza humana es como una parábola de la esperanza cristiana.

 

 

 ESPERANZA HUMANA  

 

Dice un refrán que "mientras hay vida, hay esperanza".

Es tanto como decir que la esperanza pertenece inseparablemente a la existencia humana, forma parte de su esencia.

Así es, en efecto: ¿acaso no espera el lactante el pecho de su madre? ¿y el niño pequeño no espera mantenerse en pie y caminar? ¿no espera el enfermo ponerse bien; el prisionero, quedar libre; y el hambriento, comer?

El sujeto de la esperanza es, por tanto, el ser humano. Todo ser humano.

En cuanto a los objetos de esperanza, pueden ser muy diversos: cosas, deseos, ilusiones, metas... Sin embargo, para que algo sea objeto de esperanza debe reunir cinco condiciones:

  1.  Que sea un bien (un mal no lo esperamos, lo tememos).

  2.  Que sea futuro (lo que ya tenemos no lo esperamos, lo disfrutamos).

  3.  Que sea necesario (un capricho no lo esperamos, se nos antoja).

  4.  Que sea posible (lo imposible no lo esperamos, nos desespera).

  5.  Que sea difícil de conseguir (lo que está al alcance de nuestra mano no lo esperamos, lo codiciamos).

Naturalmente, según sea el contenido de lo que esperamos, así será la calidad humana de nuestra esperanza.

Para esperar no basta tener anhelos y deseos. "De ser así quienes desean tener más y mejores automóviles, casas y artefactos eléctricos serían individuos esperanzados".

Para que a un anhelo le cuadre el nombre de esperanza debe tener como objetivo "una vida más plena", el deseo de ser -no de tener- más.

Las personas esperanzadas son necesariamente inconformistas. Como anhelan una vida más plena, no pueden contentarse con la realidad actual: ni con la suya propia ni con la del mundo exterior.

En realidad, la esperanza de lo nuevo y la insatisfacción por lo viejo nacen juntas.

Las personas esperanzadas son pacientes. Comprenden que los espárragos no crecen más deprisa por tirar de ellos hacia arriba y saben dar importancia al tiempo necesario para que maduren sus proyectos. Nada más lejos de la esperanza que el "ahora mismo" de los impacientes.

La esperanza es el sueño de un hombre despierto.

 

Un ejemplo famoso