LECTURAS Y REFLEXIÓN DEL DIA

 

III SEMANA DE PASCUA

 

 

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LUNES    07-04-2008 Santoral: Juan Bautista de la Salle, presbítero [Más información sobre Santos]


 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6,8-15

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los Libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Indujeron a unos que asegurasen: «Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios».
Alborotaron al pueblo, a los senadores y a los letrados, agarraron a Esteban por sorpresa y lo condujeron al Consejo, presentando testigos falsos que decían:
- Este individuo no para de hablar contra el templo y la ley. Le hemos oído decir que Jesús de Nazaret destruirá el templo y cambiará las tradiciones que recibimos de Moisés.
Los miembros del Sanedrín miraron a Esteban, y su rostro les pareció el de un ángel.

 


Sal 118, 23-24. 26-27. 29-30

R. Dichoso el que camina con vida intachable.

Aunque los nobles se sientan a murmurar de mí,
tu siervo medita tus leyes;
tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis consejeros.

Te expliqué mi camino y me escuchaste:
enséñame tus leyes;
instrúyeme en el camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas.

Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu voluntad;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos.

 

Evangelio


Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna

Lectura del santo evangelio según san Juan 6,22-29

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago, notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan (sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias). Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago le preguntaron:
- Maestro, ¿cuándo has venido aquí?
Jesús les contestó:
- Os lo aseguro: me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.
Ellos le preguntaron:
- ¿Cómo podremos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?
Respondió Jesús:
- Éste es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que Él ha enviado.
 

 

REFLEXION

 

Durante toda la semana leeremos el Capítulo 6 de san Juan: "Discurso sobre el Pan de Vida". Esta larga discusión con sus oyentes, Jesús la desarrolló al "día siguiente" de los dos milagros de:

— la multiplicación de los panes...

— la marcha sobre las aguas...

Cuatro interpretaciones principales fueron propuestas para este "Pan de Vida":

1 — Algunos autores antiguos han pensado en un sentido puramente espiritual: el Pan de Vida'', es la persona de Jesús y su Palabra", que se asimila por la Fe...

2 — Un gran número de exegetas modernos, por el contrario, consideran este discurso propiamente eucarístico, del principio al fin: el "Pan de Vida", es la Eucaristía, una comida real.

3—Varios comentaristas profesan una opinión intermedia: la primera parte del discurso apunta a la Fe... que hace que Jesús, por la comunión a su pensamiento y a su Palabra, sea alimentado para nosotros. La segunda parte del discurso apunta a la Eucaristía... nos hace alimentar de su "carne y de su sangre".

4 — En fin, para ciertos autores contemporáneos, el discurso entero apunta igualmente a la Fe y a la Eucaristía.

Retengamos de todo esto que hay una unión muy íntima

entre estos dos temas: la Fe total en Cristo implica la Fe en " su "presencia" en la Eucaristía... La Eucaristía es el misterio de la Fe por excelencia... meditar la Palabra de Jesús por la Fe y comulgar a su Cuerpo se siguen el uno al otro... no se cree de verdad en Jesús, Hijo de Dios encarnado, si no se está dispuesto a comulgar su Cuerpo.

Era muy normal que Jesús hablara de la Fe antes de la Eucaristía, pues el misterio de Su Presencia no alimenta realmente si no al que tiene Fe. Y se ve así toda la importancia de la primera parte de la Misa: hay que haberse alimentado con la Palabra de Dios en la "liturgia de la Palabra", para poder alimentarse realmente de la Eucaristía.

Sí, vosotros me buscáis no porque habéis visto los signos, sino porque habéis comido los panes y os habéis saciado.

Jesús se dirige a campesinos galileos que se afanan para ganarse la vida. Saben lo que es el hambre, y también la saciedad cuando se ha trabajado mucho y la cosecha ha sido buena. Como hizo con la Samaritana junto al pozo, Jesús toma como punto de partida una necesidad material de sus oyentes: son símbolos muy simples... el hambre, la sed, el pan, el agua...

Procuraros no el alimento perecedero, sino el alimento que permanece hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre.

Jesús se sirve de la comparación del alimento para hacer comprender lo que El aporta a la humanidad. Hay dos clases de vida y dos clases de alimentos: el alimento corporal, que da una vida perecedera" y el alimento venido del cieloque ¡da la "vida eterna"! Creado por Dios y para Dios, el hombre tiene hambre y sed de Dios. Nada, fuera de Dios, puede satisfacerle enteramente. Todos los alimentos terrestres perecederos dejan al ser humano insatisfecho.

"¿Qué hay que hacer para "ejercitarnos en obras del agrado de Dios?" Jesús respondió: La obra agradable a Dios, es que creáis en Aquél que Él os ha enviado."

Este alimento esencial del cual el hombre tiene hambre es El mismo, Jesús, enviado por el Padre, y que tomamos ya por la Fe "creyendo en El".

Obrar, afanarse, trabajar... esforzarse, para nuestra vida espiritual... es tanto más necesario que "ganarse el pan".

 
 

 

MARTES    08-04-2008


 

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 7,51_8,1a

En aquellos días, Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas:
- ¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado.
Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:
- Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:
- Señor Jesús, recibe mi espíritu.
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito:
- Señor, no les tengas en cuenta este pecado.
Y, con estas palabras, expiró.
Saulo aprobaba la ejecución.

 


Sal 30, 3cd-4. 6ab y 7b y 8a. 17 y 21ab

R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas.

 

Evangelio


No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo

Lectura del santo evangelio según san Juan 6,30-35

En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús:
- ¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo».
Jesús les replicó:
- Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
Entonces le dijeron:
- Señor, danos siempre de este pan.
Jesús les contestó:
- Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.

 

 

REFLEXION

 

¿Qué señales haces para que veamos y creamos?

El auditorio de Jesús es de gente sencilla, a ras de tierra. Quieren pruebas concretas. Piden "signos" (Marcos, 8-11). No salen de su horizonte habitual: trabajar... comer... Jesús busca despertar en ellos, a partir de sus necesidades materiales, aspiraciones más altas, de orden religioso y espiritual.

Nuestros padres "comieron" el maná en el desierto, según dice la Escritura: "Les dio a comer pan del cielo". Díjoles Jesús: "Moisés no os dio pan del cielo; es mi Padre el que os ha dado el verdadero pan del cielo."

Para estos galileos, estos labradores, la multiplicación de los panes de los que se beneficiaron ayer, es un prodigio inferior al maná, porque lo que Jesús les ha dado era un pan ordinario y no un pan bajado del cielo".

Jesús replica que el maná dado por Moisés no era más que un alimento material y grosero —como lo era también, el "pan" dado en la multiplicación— si se lo compara con el "único alimento verdaderamente celeste" que el Padre quiere dar a los hombres.

"El verdadero pan del cielo"

Hay que dejarse llevar a la contemplación mística de lo que estas palabras nos sugieren. Hemos sido hechos para Dios, querámoslo o no. Nuestra verdadera hambre, es hambre de Dios... nuestro único y verdadero alimento es el que viene de Dios.

"¿Por qué gastáis vuestro dinero no en pan y os afanáis por lo que no es hartura? decía ya Isaías, 55- 1. 3.

¿De qué tengo yo apetito? ¿De qué estoy hambriento? ¿Qué es lo que busco?

El pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.

Para los tiempos mesiánicos se esperaba el retorno del prodigio del maná:

"Pan venido del cielo" Exodo, 16-4; Salmo 105-40; Salmo, 78-24.

Jesús reemprendiendo una antigua tradición de su pueblo, considera el maná como el símbolo de un "don superior'', "de un alimento celeste": La Palabra de Dios. Según el Deuteronomio (8-2.3) en efecto: la finalidad profunda del milagro del maná no fue la de alimentar materialmente a los Hebreos en el desierto, sino la de habituarles a "creer en Dios: "el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca de Dios". Jesús hace suya esta fórmula del Deuteronomio para decir a Satán que el pan material" ¡no basta!

La idea de que la Palabra de Dios, los mandamientos de Dios son, para el hombre que los hace suyos, un alimento espiritual muy superior al alimento material, se encuentra a lo largode toda la Biblia:

Amós, 8- 11. "Vienen días, dice Yavé, en que mandaré yo sobre la tierra hambre y sed; no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Dios."

Jeremías, 15 -16 "Cuando tus palabras se presentaban, yo las devoraba. Ellas eran para mi mi gozo y la alegría de mi corazón."

Jesús: "Yo tengo una comida que vosotros no sabéis. Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió." (Juan, 4-32. 34)

Dijéronle: "Señor, danos siempre de este pan." Jesús les contestó: "Yo soy el pan de vida; el que viene a mí, ya no tendrá más hambre, y el que cree en mí, jamás tendrá sed."

"Sí, el pan nuestro de cada día ¡dánosle hoy!" El verdadero Pan, no son solamente las palabras de Jesús, es Jesús mismo, su persona... de la cual nos alimentamos por la Fe "creyendo en Él".

 
 

    

MIÉRCOLES   09-04-2008


 

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 8,1b-8

Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria.
Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.
Saulo se ensañaba con la Iglesia; penetraba en las casas y arrastraba a la cárcel a hombres y mujeres.
Al ir de un lugar para otro, los prófugos iban difundiendo el Evangelio. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

 


Sal 65, 1-3a. 4-5. 6-7a

R. Aclamad al Señor, tierra entera.


Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras!».

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna enteramente.

 

Evangelio


Ésta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna

Lectura del santo evangelio según san Juan 6,35-40

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
- Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

 

 

REFLEXION

 

Yo soy el pan de vida.

Jamás ningún profeta había pedido creer en su persona como la hace Jesús. Incluso Moisés, sólo pedía que creyeran en Yavé.

Jesús, en cambio, pretende algo exorbitante y radical: se presenta como la fuente suprema de salvación, en múltiples fórmulas, que evocan el "Yo soy el que soy" del mismo Dios:

Yo soy el Pan de vida (Juan, 6-35; 6-48. 50; 6- 51)

Yo soy la Luz del mundo (Juan, 8-12; 9-5)

Yo soy la Puerta de las ovejas (Juan, 10-7.9)

Yo soy el Buen Pastor (Juan, 10- 11.14)

Yo soy la Resurrección y la Vida (Juan, 11- 25)

Yo soy la verdadera Viña (Juan, 15- 1.5)

"Yo soy el Pan." Fórmula de una fuerza extraordinaria.

Jesús se identifica a sus enseñanzas: su doctrina es pan, El mismo es pan... ¡capaz de mitigar nuestra hambre!

El que viene a mí ya no tendrá más hambre.

Quien cree en mí, jamás tendrá sed.

El paralelismo de las dos frases permite aclarar la una por la otra. El que "viene a Jesús", el que "cree en Jesús" no necesita ir a otra parte para saciarse... ¡ya no tiene más hambre ni sed! Jesús, fuente de equilibrio y de gozo, fuente de sosiego: la mayoría de nuestras tristezas y de nuestros desequilibrios vienen de no saber apoyarnos realmente sobre la roca de la Palabra substancial del Padre que es Jesús.

"Creer" y "venir a Jesús", son presentados aquí como equivalentes: con ello se pone en evidencia el hecho que la fe es una "actitud vital de adhesión a la persona de Cristo", más que ser el "asentimiento intelectual a una suma de verdades dogmáticas abstractas" —si bien una no excluye a la otra.

Todos los que el Padre me da vienen a mí, y al que viene a mí Yo no lo echaré fuera.

El Padre quiere verdaderamente "salvar" a los hombres. El es quien toma la iniciativa: ¡"los que el Padre me da"! Pero hay también la parte de "correspondencia" en el hombre: es la Fe, que Jesús traduce por la expresión "Venir a El".

Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió.

"Venir a Jesús", es imitarle, es reproducir su actitud. Cumplir la Voluntad de Dios, es un alimento espiritual. Podríamos decir que esto comporta dos exigencias:

— meditar la Palabra de Dios, alimentarse de Su pensamiento... Es la oración.

— para poder someterse en los detalles a su Voluntad sobre nosotros... Es la acción.

Minuto tras minuto, algunos quereres divinos están escondidos en nuestras vidas cotidianas. Como para Jesús, el cumplimiento de esta voluntad de Dios es el único camino de la santidad y del gozo total. Corrresponder a Dios por la Fe es ya "estar en comunión" con El.

Y esta es la voluntad del Padre, que Yo no pierda a ninguno de los que El me ha dado.

Dios quiere que todos los hombres se salven... se ha dicho en otro pasaje. Tal es la buena nueva.

Pero que Yo les resucite a todos en el último día; pues la voluntad de mi Padre es que todo el que ve al Hijo y cree en El tenga la vida eterna.

Contemplo detenidamente esta "voluntad" del Padre... y hago mi oración a partir de esto.

 
 

     

JUEVES     10-04-2008

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 8,26-40

En aquellos días, el ángel del Señor le dijo a Felipe:
- Ponte en camino hacia el Sur, por la carretera de Jerusalén a Gaza, que cruza el desierto.
Se puso en camino y de pronto vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía, e intendente del tesoro, que había ido en peregrinación a Jerusalén. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías.
El Espíritu dijo a Felipe:
- Acércate y pégate a la carroza.
Felipe se acercó corriendo, le oyó leer al profeta Isaías, y le preguntó:
- ¿Entiendes lo que estás leyendo?
Contestó:
- ¿Y cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?
Invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste:
«Como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia se lo llevaron,
¿quién meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos».
El eunuco le preguntó a Felipe:
- Por favor, ¿de quién dice esto el Profeta?, ¿de él mismo o de otro?
Felipe se puso a hablarle, y tomando pie de este pasaje, le anunció la Buena Noticia de Jesús. En el viaje llegaron a un sitio donde había agua y dijo el eunuco:
- Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?
Felipe le contestó:
- Si crees de todo corazón, se puede.
Respondió el eunuco:
- Creo que Jesús es el Hijo de Dios.
Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, y Felipe lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su viaje lleno de alegría.
Felipe fue a parar a Azoto y fue evangelizando los poblados hasta que llegó a Cesarea.

 


Sal 65, 8-9. 16-17. 20

R. Aclama al Señor, tierra entera.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas:
porque él nos ha devuelto la vida,
y no dejó que tropezaran nuestros pies.

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca,
y lo ensalzó mi lengua.

Bendito sea Dios,
que no rechazó mi súplica,
ni me retiró su favor.

 

Evangelio


Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

Lectura del santo evangelio según san Juan 6,44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
- Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día.
Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios».
Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí.
No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: ése ha visto al Padre.
Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná, y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.

 

 

REFLEXION

 

 Nadie puede venir a mí si el Padre, que me ha enviado, no le trae. En los profetas está escrito: "Serán todos enseñados por Dios mismo". Todo el que escucha las enseñanzas del Padre, viene a mí.

He aquí un pensamiento muy sutil. Sin entrar en ninguna controversia, Jesús afirma buenamente:

— y el papel de la "gracia", iniciativa divina...

— y el papel de la "libertad", correspondencia humana...

"Todos serán instruidos por Dios". ¡Es la acción de Dios! "Todo el que escucha al Padre". ¡Aquí está la parte del hombre! Ambas acciones son necesarias.

"Nadie puede venir a mí si el Padre no le trae". Sería falso tomar esta fórmula en un sentido restrictivo, como si Jesús quisiera decir "son pocos los atraídos"... de hecho Jesús dice inmediatamente, todos son instruidos por Dios".

En realidad Jesús pone de relieve la necesidad absoluta de la gracia: es necesaria una iluminación interna de Dios para comprender las cosas de Dios, para venir hacia Cristo, para tener la Fe.

Pero, a esta iluminación divina, dada a todos, el hombre puede siempre resistir: sólo aquellos que consienten en "escuchar" al Padre vienen a Jesús. Es el gran misterio de la responsabilidad libre del hombre.

Señor, ¿te escucho yo? ¿te respondo? ¿me dejo instruir y atraer?

Nadie ha visto al Padre, sino Aquel que viene de Dios. Ese ha visto al Padre.

Jesús pretende aportarnos algo más que una ideología; El es la irrupción en la historia humana de una Persona divina; El afirma "venir de Dios"... El afirma "ser el único que ha visto a Dios"...

Por Jesús, estamos introducidos verdaderamente en el dominio de Dios, en el conocimiento de Dios... y ¡le veremos, y viviremos con El!

El que cree en mí tiene la vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, a fin de que quien comiere de él, no muera. Yo soy el pan vivo, que ha descendido del cielo. Quien comiere de este pan, vivirá eternamente.

El primer libro de la Biblia, el Génesis, afirma que Dios había hecho al hombre para la inmortalidad, pues estaba en un "jardín donde había el árbol de la vida". El último libro, el Apocalipsis, afirma que Dios volverá a dar esta inmortalidad: "Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el jardín de Dios" (Apocalipsis, 2-7.17)

Ahora bien, Jesús afirma aqui que esta inmortalidad nos está ya devuelta por la Fe, y por la Eucaristía... "Quien come de ese pan no morirá jamás.

Se podría objetar: pero, ¡los que comen el pan eucarístico mueren como todo el mundo! Pues bien, Jesus afirma que el alimento eucarístico, recibido en la Fe pone al fiel en posición, ya desde ahora —en el presente— de una vida eterna a la cual la muerte física no la afecta en absoluto.

Más que un dogma, más que una moral, más que una ideología, más que un comportamiento humano generoso... el cristianismo es esto: ¡la divinización del hombre! El gozo y la acción de gracias —eucaristía en griego— deberían ser el estado normal de los cristianos. La grande, la gozosa, la "buena nueva" —evangelio en griego—, hela aquí: Dios nos da ¡Su vida eterna!

El pan que Yo daré es mi carne, para la vida del mundo.

Es sobre todo a partir de este párrafo que el conjunto de los comentaristas, ven en este discurso de Jesús, una orientación más explícitamente eucarística: "el pan que Yo daré es mi carne...

 

    

VIERNES 11-04-2008 Santoral: Estanislao, obispo [Más información sobre Santos]
 

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9,1-20

En aquellos días, Saulo seguía echando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor. Fue a ver al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándole a traerse presos a Jerusalén a todos los que seguían el nuevo camino, hombres y mujeres.
En el viaje, cerca ya de Damasco, de repente, una luz celeste lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía:
- Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
Preguntó él:
- ¿Quién eres, Señor?
Respondió la voz:
- Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad, y allí te dirán lo que tienes que hacer.
Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión:
- Ananías.
Respondió él:
- Aquí estoy, Señor.
El Señor le dijo:
- Ve a la calle Mayor, a casa de Judas, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando, y ha visto a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista.
Ananías contestó:
- Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén. Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre.
El Señor le dijo:
- Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes, y a los israelitas. Yo le enseñaré lo que tiene que sufrir por mi nombre.
Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:
- Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y te llenes de Espíritu Santo.
Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y lo bautizaron. Comió, y le volvieron las fuerzas.
Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios.

 


Sal 116, 1. 2

R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

 

Evangelio


Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

Lectura del santo evangelio según san Juan 6,52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
- ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Entonces Jesús les dijo:
- Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
 

 

REFLEXION

 

Discutían entre sí los judíos: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"

Ellos lo interpretan de la manera más realista; y les choca.

Jesús dijo entonces: "Sí, en verdad os digo que, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros."

Lejos de atenuar el choque, Jesús repite lo que ya ha dicho; lo enlaza explícitamente con el "sacrificio del calvario"... "el pan que yo daré, es mi carne... que habré dado antes en la Pasión, para la vida del mundo". La alusión a la "sangre", en el pensamiento de Jesús, remite también a la cruz y a la muerte que da la vida.

No olvidemos que cuando San Juan puso por escrito este discurso había estado celebrando la Eucaristía desde más de 60 años. ¿Cómo podría admitirse que sus lectores de entonces no hubiesen aplicado inmediatamente estas frases a la Eucaristía: cuerpo entregado y sangre vertida? Por otra parte, si Jesús no hubiese nunca hablado así, ¿cómo los apóstoles, la tarde de la Cena, hubiesen podido comprender algo de lo que Jesús estaba haciendo? La institucion de la Eucaristía, la tarde del Jueves Santo, hubiera sido ininteligible a los Doce, si Jesús no les hubiera jamás preparado anteriormente.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y Yo le resucitaré en el último día. En efecto, mi carne es la verdadera comida, y mi sangre es la verdadera bebida.

"Tomad y comed, esto es mi cuerpo... Tomad y bebed, ésta es mi sangre..."

San Juan no relata la institución de la Eucaristía. Pero el paralelismo es aquí suficientemente riguroso con los Sinopticos: Mateo, Marcos y Lucas.

Tres efectos de la Eucaristía quedan indicados:

1.° "La vida eterna y la resurrección"

Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y Yo le resucitaré.

¡En la Eucaristía comulgamos a "Cristo vivo resucitado"! Y este Cuerpo resucitado pasa a ser en nosotros "simiente" de vida divina. En el momento de la Cena Jesús hablará del "banquete celestial" donde reunirá de nuevo a sus amigos: "No beberé más del fruto de la viña hasta el día en que beberé con vosotros el vino nuevo en el Reino de mi Padre". Vamos hacia ese encuentro feliz.

2.° La inmanencia recíproca de Cristo y del cristiano"

Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y Yo en él.

Es una palabra muy apreciada por Juan: habitar, "¡permanecer!"

¿Sabéis lo que es el estar con alguien a quien se ama? ¿Ser feliz con él? La vocación de todo hombre es "estar con Dios, permanecer en Dios" Es el tema fundamental de la Alianza, que se ha expresado, al curso de la historia, en la Escritura, por fórmulas cada vez más íntimas: Vosotros seréis mi pueblo, y Yo seré vuestro Dios"... "Mi amado está conmigo y Yo estoy con él"... "Permaneceréis en mí y yo en vosotros"...

3.° "La consagración del cristiano a Cristo"

Así como vivo Yo por mi Padre, así también el que me come vivirá por mí.

Hubiera sido mejor traducir:... vivo "para" mi Padre. ¡Vivir "para alguien"! Jesús ha consagrado su vida al Padre, ha vivido totalmente para El. Y, a su vez, nos pide vivir para El. Gracias, Señor. Amén.

 

 

 
  

SÁBADO  12-04-2008

 

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9,31-42

En aquellos días, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.
Pedro recorría el país y bajó a ver a los santos que residían en Lida. Encontró allí a un cierto Eneas, un paralítico que desde hacía ocho años no se levantaba de la camilla.
Pedro le dijo:
- Eneas, Jesucristo te da la salud; levántate y haz la cama.
Se levantó inmediatamente. Lo vieron todos los vecinos de Lida y de Sarán, y se convirtieron al Señor.
Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa Gacela. Tabita hacía infinidad de obras buenas y de limosnas. Por entonces cayó enferma y murió. La lavaron y la pusieron en la sala de arriba.
Lida está cerca de Jafa. Al enterarse los discípulos de que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres a rogarle que fuera a Jafa sin tardar. Pedro se fue con ellos.
Al llegar a Jafa, lo llevaron a la sala de arriba, y se le presentaron las viudas, mostrándole con lágrimas los vestidos y mantos que hacía Gacela cuando vivía.
Pedro mandó salir fuera a todos. Se arrodilló, se puso a rezar y, dirigiéndose a la muerta, dijo:
- Tabita, levántate.
Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. Él la cogió de la mano, la levantó y, llamando a los santos y a las viudas, se la presentó viva.
Esto se supo por todo Jafa, y muchos creyeron en el Señor.

 


Sal 115, 12-13. 14-15. 16-17

R. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.

Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.

 

Evangelio


¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna

Lectura del santo evangelio según san Juan 6,60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
- Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
- ¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo:
- Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce:
- ¿También vosotros queréis marcharos?
Simón Pedro le contestó:
- Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.

 

 
 

REFLEXION

 

Vamos a ver hoy el efecto que el discurso de Jesús hizo al auditorio:

— el escándalo y el rechazo de la gran mayoría...

— la mayor fidelidad de los doce apóstoles...

Los otros tres evangelistas han notado también este momento crucial en la vida de Jesús: ¡es la crisis! Hasta aquí las muchedumbres le han seguido y buscado. Pero la revelación del misterio eucarístico repele a la mayor parte de los oyentes. Al final de este capítulo no quedarían más que los Doce para constituir el "pequeño resto", germen de la futura comunidad de los creyentes.

La fe no es ante todo una "enseñanza", casi podría decirse que es un "compromiso", un "requerimiento' : hay que elegir... y muchos se van.

Muchos de sus discípulos gritaron: " ¡Duras son estas palabras! ¿Quién puede escucharlas?"

"¿Cómo puede este hombre darnos a comer su carne?" Lejos de retirar sus afirmaciones o de explicarlas simbólicamente, Jesús las subrayará.

"¿Esto os escandaliza? Pues, ¿qué, si viéreis al Hijo del Hombre subir adonde antes estaba?..."

Se trata pues efectivamente de un misterio "divino" para las simples fuerzas humanas. Jesús alude a su "ser" divino: va a subir "allá donde antes estaba". Solamente por la razón o la inteligencia humana la Eucaristía no podrá ser nunca explicada. El hombre no puede sino encontrar absurdas las palabras de Jesús... a no ser que se ponga, de entrada, en una perspectiva de humildad.

"El Espíritu es el que da vida, la carne no aprovecha para nada. Las palabras que Yo os he hablado, son Espíritu y son Vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen .

Las palabras de Jesús sobre la Eucaristía más que todas las demás Palabras suyas, presuponen la acción del Espíritu Santo.

Nos encontramos, verdaderamente, en el núcleo del evangelio. Después de todo esto ¿cómo podría reducirse el evangelio a una predicación moral y aún generosa— "amaos los unos a los otros"—. Hay un aspecto abrupto del evangelio, que el mismo Jesús no atenúa en absoluto, al riesgo de ver, en fin de cuentas, disminuir considerablemente el número de sus discípulos.

A partir de este momento, muchos de sus discípulos se alejaron y dejaron de ir con El. Entonces, Jesús dijo a los Doce: "¿Queréis iros vosotros también?"

"Yo no os retengo..." parece decir. Sois libres. En el conflicto actual entre muchos jóvenes y sus padres, cara a la Eucaristía, recordemos ese gran misterio.

Simón Pedro respondió: "Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo, el Santo de Dios."

Palabra humilde de Pedro. Palabra de amor delicado: Jesús es irremplazable para ellos.

Así, Jesús parecer terminar por un fracaso su catequesis esencial sobre el más grande misterio de su Presencia. Pero la Iglesia está ya aquí, en estos "doce" que confían en El. En estas últimas palabras de Pedro, tenemos un equivalente de la famosa "confesión de Cesarea". San Juan no embellece, no adorna el evangelio: dice, de otro modo, a su manera, las mismas cosas que Mateo, Marcos y Lucas.

 

 

 

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