CORRESPONSABILIDAD ECLESIAL
1. Lecciones actuales de una crisis pasada. Las lecturas bíblicas de
este domingo diseñan la comunidad cristiana como:
1. Un cuerpo vivo que se
organiza mediante la asunción por sus miembros de diversas tareas, tales
como el servicio de la caridad, de la palabra y del culto (1ª lect.).
2. Un pueblo
sacerdotal cuyos miembros son piedras vivas del edificio eclesial, que tiene
por piedra angular a Cristo resucitado (2ª lect.).
3. Un grupo
unido que peregrina hacia Dios al ritmo de la historia y bajo la guía de
Cristo que es el camino, la verdad y la vida (evangelio).
La imagen ideal de la primera comunidad que, a base de sumarios, nos
describe Lucas en su libro de los Hechos de los apóstoles, es de un
optimismo sublime: Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en
común; todos pensaban y sentían lo mismo; ninguno pasaba necesidad... Pero
surge la primera crisis seria que ensombrece tanta bonanza y pone el
contrapunto del realismo, como vemos en la primera lectura.
Los miembros de la primitiva comunidad de Jerusalén eran todos de raza judía
y, sin embargo, eran diferentes en lengua y cultura. Unos son judíos
palestinos que hablan hebreo y otros son judíos provenientes de la diáspora,
que hablan griego, la lengua común del imperio romano en Oriente. Éstos
últimos se quejan de que sus viudas no son atendidas debidamente en el
suministro diario a los pobres. Discriminación social a la vista.
Entonces los apóstoles proponen a la comunidad, con agrado de ésta, que
seleccione a siete varones libres de toda sospecha para que se hagan cargo
de la administración, quedando así ellos liberados para la oración y el
servicio de la palabra. Los siete elegidos tienen nombre griego. Presentados
a los Doce, éstos les imponen las manos orando. Surgió así un nuevo
ministerio eclesial, que más tarde se identificó con el diaconado.
Son múltiples
las lecciones actuales de este episodio. Si por una parte es la comunidad
quien democráticamente elige y propone los candidatos -algo que se perdió en los siglos siguientes-, por otra
parte son los apóstoles quienes les imponen las manos asociándolos a su
ministerio. Tal gesto es el signo del elemento institucional del servicio
pastoral en la Iglesia, es decir del carisma vertical o gracia del Espíritu
Santo.
El pasaje que comentamos nos revela un incipiente proceso de organización
eclesial y un reparto de responsabilidades al ir creciendo el grupo de fe.
Se apuntan también las tres acciones pastorales básicas que construyen la
comunidad desde dentro y potencian su misión hacia fuera: palabra,
sacramentos y caridad.
2. No por mera eficacia administrativa. La corresponsabilidad que advertimos
desde el principio en el interior de la comunidad cristiana no obedece a
mera eficacia administrativa, sino que tiene su raíz en una conciencia más
honda: la de saberse pueblo elegido y llamado por Dios para servirle en
santidad, cual pueblo sacerdotal que le da culto en espíritu y en verdad.
Así se desprende de la segunda lectura, tomada de la primera carta de san
Pedro, que refleja una catequesis bautismal.
Oración, profetismo, apostolado, culto y fraternidad son funciones, derechos
y deberes de un pueblo consagrado a Dios. Los miembros de este pueblo
sacerdotal no son un número de estadística o de registro de ordenador, sino
piedras vivas del edificio de la Iglesia que es templo del Espíritu y cuya
piedra angular, fundacional y de cohesión es Cristo resucitado.
El sacerdocio común de los bautizados no hace inútil el sacerdocio
ministerial, pues tanto en el antiguo como en el nuevo testamento el pueblo
consagrado a Dios necesita sacerdotes para el ejercicio de su sacerdocio en
el culto. Tan es así que "el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio
ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y no sólo en
grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su
manera del único sacerdocio de Cristo" (LG 10).
El sacerdocio de los fieles se ejercita y alimenta de múltiples maneras: en
la vida y en los sacramentos, comenzando por el bautismo y siguiendo por los
demás, llegando al testimonio de vida y a la ofrenda de toda la existencia.
Esta es vista desde la fe como culto espiritual al Señor, según aquellas
palabras de san Pablo: Os exhorto, hermanos, a que ofrezcáis vuestra propia
existencia como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, tal será vuestro
culto espiritual (Rom 12,1).
3. La comunión eclesial es la base. Viendo la primera lectura en relación
con la segunda se concluye la horizontalidad básica dentro de la comunidad
cristiana. Como alternativa auténtica a un modelo jerárquico y clerical de
Iglesia que privó desde los primeros siglos de la Edad Media, la teología
del Vaticano II da la primacía al pueblo fiel, como reconoce la constitución
Lumen Gentium sobre la Iglesia. Ésta es entendida como pueblo de Dios. La
ciudadanía cristiana es la dignidad básica que iguala fundamentalmente a
todos los miembros del pueblo de Dios, que por el bautismo y demás
sacramentos participan de la misión profética, sacerdotal y pastoral de
Cristo, cada uno según su vocación.
Esta visión horizontal y su consecuencia inmediata: la corresponsabilidad,
giran en torno a la comunión eclesial, como vemos ya en la primera lectura
de hoy, y conduce necesariamente a algunas aplicaciones concretas, por
ejemplo en estos tres sectores:
1) Descentralización de ministerios o
servicios;
2) colegialidad a todos los niveles desde los más altos a los más
próximos; y
3) base laical para el pleno cumplimiento de la misión eclesial
en todos los ambientes, bajo la guía de Cristo, que es el camino común hacia
el Padre, la verdad que nos lo revela y la vida que nos mantiene en comunión
con él.
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