EL BUEN PASTOR
1. Éste es el "domingo del buen pastor" en sus tres años litúrgicos.
Cristo se autodefine en parábola como buen pastor que da su vida por sus
ovejas para que éstas tengan vida eterna. Dentro de la parábola global
tenemos varias imágenes parciales o comparaciones menores al servicio de una
misma idea: la autenticidad de la misión y autoridad pastoral de Jesús, que
es servicio hasta la entrega de la propia vida.
Sistematizando, podemos distinguir estas tres imágenes que son sendas
etapas de desarrollo en el conjunto de la parábola del buen pastor:
1ª.
La puerta (evangelio de hoy).
2ª.
El pastor (este mismo domingo en el año B).
3ª.
Las ovejas (año C).
La parábola es
tan sugerente que la imagen de Cristo como buen pastor se empleó
profusamente en la Iglesia de los primeros siglos, tanto en la iconografía
como en los comentarios de los Padres a la Escritura. Todavía hoy ocupa
muchos cuadros y estampas, no obstante los serios inconvenientes que una
imagen rural y bucólica puede encontrar en una sociedad urbana e industrial,
e incluso a pesar del gregarismo borreguil, propio de un hato de ovejas.
La imagen tiene
un trasfondo bíblico y oriental que le viene de muy lejos. Debido a que
inicialmente la cultura semita fue de pastores trashumantes, incluso hasta
bastante tiempo después de la conquista de Canaán por los israelitas
provenientes de Egipto, son frecuentes en el antiguo testamento las imágenes
pastoriles para describir las relaciones de Dios (el pastor) con su pueblo
(el rebaño). A este respecto, un lugar ya clásico y que subyace en la
parábola que nos ocupa es el capítulo 34 del profeta Ezequiel: Dios se
compromete a ser él mismo el pastor de su pueblo, esquilmado por los malos
pastores.
2. La puerta
de las ovejas. La estructura del evangelio de hoy tiene estas dos
secciones:
1ª.
Jesús comienza con las tres imágenes parciales de la parábola global:
puerta, pastor y ovejas.
2ª Explicación
de la primera imagen. La puerta de las ovejas adquiere relieve especial
desde la primera frase de Jesús, que se identifica con la misma por dos
veces. La puerta define al pastor auténtico por estas tres razones:
1) El verdadero
pastor entra por la puerta del redil; en cambio, el que salta por otra parte
con mañas arteras se delata como bandido y ladrón de las ovejas.
2) Contacta
individualmente con las ovejas, llamándolas por su nombre para llevarlas al
pasto.
3) Cuando ha
sacado todas las suyas, camina delante de las ovejas, que lo siguen porque
conocen su voz; no sucede así con un extraño que viene a esquilmarlas.
Cristo ha
expuesto la comparación, pero los destinatarios de la misma no le
comprenden. Por eso pasa a explicar los términos de la parábola, aunque sin
escatimar ya el ataque frontal a sus enemigos los dirigentes judíos, que no
parecen darse por aludidos en la figura del ladrón y del bandido que saltan
la tapia del aprisco. Su explicación alegórica empieza con la fórmula
bíblica de auto-revelación
que tanto repite Juan en boca de Jesús: Yo soy la puerta de las ovejas.
Solamente
después de la resurrección del Señor comprendieron los apóstoles en todo su
alcance la parábola del buen pastor, cuya segunda parte apunta abiertamente
a la muerte de Jesús para dar vida a sus ovejas. Esto constituyó el mensaje
central de su predicación como vemos en el discurso misionero o kerigma de
Pedro en el día de Pentecostés,
cuya primera parte leíamos el domingo pasado y se concluye hoy en la primera
lectura. El apóstol Pedro pregona que Jesús ha sido constituido Señor y
Mesías por Dios. Dos títulos cristológicos fundamentales en la confesión
primitiva de fe. Reconocer a Jesús, muerto y resucitado, como Señor y Mesías
lleva a la conversión de fe en él y al bautismo en su nombre para la
salvación de todo creyente.
3. El salmo
responsorial de hoy resume perfectamente la gozosa espiritualidad
bíblica del cristiano que celebra la resurrección de Cristo: el Señor es
mi Pastor, nada me falta. La gran oración del creyente, el fundamento de
su esperanza, la utopía y el proyecto cristianos que mueven la historia es
el "venga a nosotros tu reino", combinando en exacto equilibrio la
actividad con la paciente espera. Nuestra alegría y esperanza pascuales han
de ser un mentís rotundo tanto al derrotismo enervante y al conformismo
resignado como a la prisa desesperada y a la revolución del odio.
No podemos
olvidar que ahora nuestra vida está escondida en Dios, y que la salvación
definitiva, aunque ya iniciada, tendrá su plena luz cuando, viviendo para la
justicia, nos encontremos con Cristo, el pastor y guardián de nuestras vidas
(2ª
lect.). Así sabremos dar razón de nuestra fe y nuestra esperanza a todo el
que nos interpele, y colocarnos en el justo medio entre la evasión futurista
que se convierte en absentismo presente, y la impaciencia temporal que quema
etapas como sea y a costa de quien sea. Hemos de sabernos "ya" liberados,
aunque "todavía no" del todo.
El buen pastor
que nos conoce personalmente por nuestro nombre y nos abre la puerta de la
vida es el Cristo resucitado de nuestra fe, el mismo Jesús histórico de
Nazaret. Él no queda en mera fórmula o artículo de fe del credo, sino que
alienta en nosotros una esperanza indestructible que nos impulsa a
convertirnos a un amor sin límites, a un aguante alegre y a una acción
siempre en marcha. Así comprenderemos el amor de Dios manifestado en Cristo
Jesús y buscaremos los bienes de arriba donde está él, sin desentendernos
del mundo donde Dios nos quiere por el momento caminando como testigos de la
resurrección de Jesús y de nuestra esperanza en él.
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