Disolución de la familia

 

                 

Matrimonios de éxito en tiempos de crisis

 

Publicado en El Mundo, 24 de Septiembre de 2006

 

La convivencia no es precisamente fácil, y el amor no es para siempre, como demuestran los 141.424 divorcios y separaciones que se produjeron el año pasado. Sin embargo, existen miles de matrimonios que han sabido convertir su relación en un éxito duradero. Así lo explica en este reportaje el profesor Gerardo Castillo Ceballos, que ha recogido en un libro la vivencia conyugal de 29 personajes conocidos, entre empresarios, toreros, filósofos, médicos, cantantes, políticos, periodistas… Magazine adelanta una selección de ellos y sus confidencias más íntimas para mantener viva la relación.

 

 

Por Gerardo Castillo Ceballos
 

Desde que se aprobó la Ley del Divorcio de 1981 se han producido en España casi dos millones de separaciones y divorcios, según datos del Consejo General del Poder Judicial. Aunque España se sitúa entre los países de la Unión Europea con menos tasa de rupturas, las demandas de separación y divorcio han aumentado progresivamente.

En 1981 se casaron 202.037 parejas y se divorciaron o separaron 16.334.

En 2005 la cifra de matrimonios fue sólo un poco más elevada (209.127), pero los divorcios y separaciones sumaron 141.424.

El año pasado, y como consecuencia de la reforma de la ley, aumentaron los divorcios y disminuyeron las separaciones. En ese mismo año hubo 38.000 divorcios más que en 2004 y unas 25.000 separaciones menos.

Indudablemente hay que conocer las cifras e intentar aprender a partir de ellas, procurando descubrir las causas más importantes y frecuentes del problema. Pero muchas veces falta esa reflexión y se llega a conclusiones que, por precipitadas, son erróneas y pesimistas. La renuncia a ese análisis riguroso se debe, a veces, a la ignorancia sobre la naturaleza del matrimonio o a prejuicios de tipo ideológico sobre esa institución de origen natural. Es decir, los datos sobre separaciones y rupturas se leen algunas veces, por parte de algunas personas, con gafas del color de su ideología particular. De ese modo, es fácil caer en el subjetivismo y relativismo: «Nada es verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira».

Se tiende a pensar que ese fracaso nunca tuvo que ver con el egoísmo, la infidelidad, la desconsideración, el amor posesivo, la incomprensión, el no escuchar al otro, la intolerancia, la falta de aprecio, la falta de entrega, la celotipia, la profesionalitis (estar casado con el trabajo), el acostumbramiento a la relación y la falta de diálogo por comodidad, etcétera.

Se busca la felicidad conyugal no en la reforma interior de cada uno –ser más generoso, ser fiel…–, sino en cambiar de pareja una y otra vez hasta dar con un mirlo blanco que me haga feliz a pesar de ser yo un perfecto egoísta.

Muchas separaciones y divorcios (no todos) se habrían evitado y se seguirían evitando si cada uno hubiera descubierto a tiempo sus defectos como persona y como cónyuge y hubiera rectificado. La culpa no es del matrimonio, sino de no haber dado la talla dentro de él. La vida conyugal no sale sola, hay que construirla entre los dos día a día. Esto incluye sacrificio y una capacidad que hoy se está perdiendo: la de aguantar y la de querer al otro como es, sin pretender cambiarle.

Existen miles de matrimonios felices que permanecen en el anonimato. Ya es hora de convertirlos en buena noticia, no porque ellos lo pretendan o necesiten, sino porque lo necesita la sociedad a la que pertenecen y, en especial, las nuevas generaciones. Esto fue lo que me movió a entrevistar a 29 personas casadas, muy conocidas y prestigiadas, con un matrimonio largo y estable. Son las vivencias de personajes de primera fila en campos muy variados –empresarios, toreros, filósofos, médicos, cantantes, políticos, periodistas…– de los que Magazine ha hecho una selección.

Me propuse recoger sus testimonios con la esperanza de descubrir algunas de las claves de una vida conyugal exitosa y feliz. Pretendía conocer qué es lo que de hecho (no en teoría) suele dar resultado. Ésa ha sido mi modesta contribución a la hermosa tarea y el estimulante reto que nos propone a todos el filósofo José Antonio Marina: «Recuperar la narrativa del éxito amoroso».

La finalidad principal de este libro es ayudar, con la información obtenida, a muchas personas que tienen el proyecto de casarse o de mejorar su vida conyugal. Se pretende darles a conocer cuál es el factor común de algunos de los matrimonios que van bien y cuáles son las claves que les han permitido seguir creciendo con el paso de los años. Un segundo objetivo es infundir optimismo a muchas personas, hacerles ver que existen muchos matrimonios felices, que no hay que tener miedo a casarse si las cosas se hacen bien, porque no es, como muchas veces se ha dicho, una lotería. El éxito o el fracaso no se puede atribuir sólo y siempre a la buena o mala suerte, de algún modo cada matrimonio y cada cónyuge se va encontrando con el fruto de lo que sembró día a día, con un resultado acorde con la mayor o menor calidad de su amor, con su grado de entrega. Como dijo Winston Churchill, «la suerte no es otra cosa que el cuidado de los pequeños detalles».

Los testimonios de los personajes se convierten en verdaderos consejos. Así, el mayor enemigo de la vida conyugal, según el periodista radiofónico Carlos Herrera (15 años de matrimonio), es «eso de pensar que el día siguiente será siempre igual que el anterior y que no hay nada que hacer». O, como afirma el político gallego Francisco Vázquez (32 años de matrimonio), «tener únicamente metas materiales y volcarse excesivamente en el trabajo y ser intolerante: la tolerancia es determinante en el matrimonio».

A la pregunta «¿os casasteis para siempre o con alguna cautela?», los 29 entrevistados contestaron que lo hicieron «para siempre». «Esa determinación ha sido decisiva en el mantenimiento del vínculo. He luchado contra viento y marea, con todas mis fuerzas y recursos, apelando a todos los resortes que imaginaba y conocía por salvar lo que era crucial para mí. Esto no es una opción, es una vocación», afirma la periodista Cristina López Schlichting, 16 años de vida conyugal.

Y un último consejo, por parte del doctor Kubrat de Bulgaria, 13 años de feliz y estable matrimonio: «Procurar volver siempre lo antes posible a casa, para estar con ellos. Si quieres, encuentras tiempo».

  • Gerardo Castillo Ceballos es doctor en Pedagogía y profesor del Departamento de Educación de la Universidad de Navarra. Ha publicado 24 libros.

 

  • «Confidencias de casados, famosos y felices» (Amat Editorial), de G. Castillo, próximamente en las librerías.

     

 

Secretos para triunfar


 

  • Vicente del Bosque

    “Casarse y crear una familia es muy bonito, pero conlleva una nueva responsabilidad”
    Salamanca, 1950. Entrenador de fútbol. Se casó en 1986 con Trinidad López (Toledo, 1955). Tres hijos.

    Llevan 19 años casados. ¿Su secreto? Ceder. Difícilmente puede funcionar un matrimonio si los dos no ceden. La convivencia no es fácil, por eso cada uno tiene que poner de su parte.

     

    • ¿Qué le enamoró de su mujer?
      Primero su físico; luego su personalidad.

       

    • ¿Cómo ha mantenido vivo el amor?
      Cultivando el afecto y, sobre todo, a través de los hijos, que unen mucho. Esa labor de ayudarles a crecer, a formarse, une más cada día al matrimonio.

       

    • ¿Cuál es su actitud ante los defectos de su cónyuge?
      Yo creo que cuando hay cosas que no gustan del otro lo mejor es decirlo, pero sabiéndolo decir.

       

    • Su hijo pequeño tiene síndrome de Down. ¿Cómo cambió este hecho sus vidas?
      Nos ha servido para relativizar las cosas. Al principio fue una gran tristeza, pero luego nos hemos arrepentido de esos días que pasamos tan mal, porque Álvaro es un tío estupendo y feliz y nos hace muy felices a todos.


     

  • Miguel Delibes

    “El cariño, quizá no la pasión, ayuda a mantener vivo el amor”
    Valladolid, 1920. Escritor. En 1946 se casó con Ángeles de Castro, quien falleció en 1972. Siete hijos.

     

    • ¿Cómo compatibilizó su profesión con la atención a su cónyuge e hijos?
      Teniendo presente que no estaba solo.

       

    • ¿Le acompañaba su mujer en los viajes profesionales? ¿Qué aportaba esto a la relación?
      Sí, si no era demasiado caro y el problema de los niños estaba bien resuelto. Aportaba compartir recuerdos y renovar la vida.

       

    • ¿A qué atribuye la estabilidad de su matrimonio?
      A no tratar de imponer mi opinión. El respeto es una virtud esencial para convivir. También a la conciencia de ser deudor y de servicio. Es un ámbito difícil; no creo que digamos la verdad total.

       

    • ¿Se casó para siempre o con alguna cautela?
      Me casé para siempre.

       

    • ¿Cómo mantuvo la llama del amor?
      Renovándome.

       

    • ¿Su actitud ante los defectos de su pareja?
      Procuré ser tolerante.

       

    • ¿Un enemigo del matrimonio?
      La reiteración. He procurado no repetirme.


     

  • Juan Antonio Ruiz Román, “Espartaco”

    “Cada vez que dedicaba un día a mi familia era un tiempo de más intensidad y plenitud que un mes toreando lejos de casa”

    Sevilla, 1962. Torero. Casado desde 1991 con Patricia Rato. Tres hijos.

     

    • ¿Cuál es la clave de su matrimonio?
      La admiración mutua. Admiración no por lo que el otro hace, sino por lo que es.

       

    • ¿Cómo ha mantenido vivo el amor?
      Hablando de todo y con los pequeños detalles del uno hacia el otro. Estando allí cuando el otro lo necesita y demostrándole que tú también le necesitas.

       

    • Ante los defectos de su mujer actúa...
      Adaptándome y sin reproches.


     

  • Patricia Rato

    “La llama se mantiene con una conquista permanente del otro, porque el amor es un trabajo, gustoso, pero trabajo”

    Madrid, 1970. Trabaja en la gestión de las empresas de su marido, Espartaco.

     

    • ¿La clave de su vida conyugal?
      Dios y mi gran admiración hacia Juan.

       

    • ¿Ha sentido la rutina?
      Hemos tenido la ventaja de que Juan sigue sorprendiéndome cada día. Por otra parte, el mundo del toro no permite una vida rutinaria. Con Juan he aprendido que hoy estamos aquí y mañana Dios dirá.

       

    • ¿Cómo se mantiene el amor?
      Recordando que somos el uno para el otro. Reviviendo lo que somos y lo que nos une.


     

  • Carla Royo- Villanova

    “Durante el matrimonio se pasan momentos duros en los que se ha de demostrar ese enamoramiento inicial”

    Valladolid, 1969. Directora de comunicación de Pedro del Hierro. Se casó con Kubrat de Bulgaria hace 13 años. Tres hijos.

     

    • ¿A qué atribuye la estabilidad de su unión?
      A la tolerancia, el sacrificio y el saber disfrutar de las cosas buenas del otro. El sentido del humor es básico.

       

    • ¿La boda cambió su forma de amar?
      No; cambió la forma de compartir.

       

    • ¿Cómo lleva los defectos de su marido?
      Pues hay de todo, según te pille el día. Pero al final prima la tolerancia y la vista gorda. Todos tenemos defectos.


     

  • Kubrat de Bulgaria

    “Nuestro matrimonio supuso la confirmación y el compromiso ante Dios de una voluntad firme”

    Madrid, 1965. Cirujano. El secreto de su unión. La confianza y el respeto mutuo y saber encontrar tiempo para el otro.

     

    • ¿Cómo evita o supera la rutina?
      Descubriendo cada día nuevas facetas de mi mujer.

       

    • ¿Cómo actúa ante los defectos de su mujer?
      En la medida de mis posibilidades, con resignación.

       

    • ¿El principal enemigo de la vida conyugal que más ha procurado evitar?
      La pérdida de confianza en tu cónyuge.


     

  • Lorenzo Servitje

    “El amor se mantiene vivo cuando los casados siguen siendo novios, cuando mantienen la ilusión del primer día” México, 1918. Fundador de la empresa Bimbo. Se casó con Carmen Montull en 1944. Ocho hijos.

     

    • ¿Cómo armonizó trabajo y vida familiar?
      Enviudé hace cuatro años y para mí sigue siendo una pena y una tristeza haber descuidado algo a mi esposa por razones de la empresa.

       

    • Ante los defectos de su mujer actuaba...
      No tenía defectos. El defectuoso fui yo.

       

    • Un enemigo.
      Distraerse con cosas que no tengan que ver con el matrimonio.


     

  • Rosa Oriol

    “En los matrimonios de ahora hay poca capacidad de aguante, algo que mi marido y yo siempre hemos tenido y seguimos teniendo” Manresa (Barcelona), 1946. Empresaria y diseñadora de joyas. Se casó con Salvador Tous hace 40 años. Cuatro hijas.

     

    • ¿Disfrutar juntos es esencial?
      Ayuda a mantener vivo el amor. Todos tenemos necesidad de afecto y en el matrimonio esperas recibirlo del otro cada día.

       

    • ¿Casarse es más que enamorarse?
      Sí. Yo pasé una crisis que me ayudó a ser aún más consciente de que estaba casada porque quise. Tras contemplar y descartar la posibilidad de una separación me sentí mucho más cómoda.


     

  • Salvador Tous

    “Enamorarse es como una gripe que dura lo que dura; casarse es iniciar una historia de amor para toda la vida” Manresa (Barcelona), 1941. Empresario.

     

    • ¿El secreto de su matrimonio?
      Ninguno. En primer lugar es amor, luego respeto y después consideración.

       

    • ¿Cómo se evita la rutina?
      No lo sé. Todos acabamos envueltos en una especie de rutina. Evitarla es complicado, aunque se puede luchar contra ella.

       

    • Ante los defectos de su mujer actúa...
      Tiene bastantes menos que yo. Con lo cual, calladito estoy mucho mejor. Si veo alguna cosa que me gusta poco cierro los ojos o miro hacia otro lado.


     

  • Francisco Vázquez

    “El recuerdo de nuestra boda es aún más bonito e imborrable por haber sido la primera que se celebró en gallego”

    La Coruña, 1946. Alcalde de esa ciudad durante 23 años y embajador ante la Santa Sede. Se casó en 1973 con Mª del Carmen de la Iglesia (La Coruña, 1950). Dos hijos.

     

    • ¿La clave de su vida conyugal?
      El amor; renovarlo todos los días. Y con más años, más oportunidades y más bonito.

       

    • ¿Un enemigo?
      Confundir los cariños. A veces, un padre o una madre se centra en un hijo y se olvida de su cónyuge. No lo digo por mi matrimonio, sino por lo que veo en algunos amigos.


     

  • Disolución de la familia  

     

    IGNACIO SOTELO

     EL PAÍS  -  Opinión - 27-09-2006

          

     

    En una institución tan central como la familia queda patente la perennidad del orden social vigente. Las grandes modificaciones que trajo consigo la modernidad capitalista acabaron con el modelo tradicional de la gran familia, y hoy asistimos a la disolución veloz del nuevo tipo de familia nuclear que le había sucedido. Con el primer despliegue de la sociedad industrial se eclipsó la familia tradicional, vinculada desde sus orígenes a la sociedad rural. Con la agricultura nace la familia como entidad política, económica y social, y de la conjunción de varias familias, de creer a Aristóteles, la Ciudad-Estado, como una entidad política superior que absorbe la mayor parte de las funciones políticas y sociales que había ejercido la gran familia, reducida ahora a las tareas reproductora y económica. La familia tradicional se caracteriza justamente por el hecho de que en su interior se llevaron a cabo las labores económicas y sociales indispensables para cubrir las necesidades de sus miembros.

     

    Determinante de la familia nuclear moderna ha sido que las actividades económicas se hayan trasladado a la sociedad, lo que permite al individuo sobrevivir al margen de la familia. Cesa como coacción social y adquiere una primera dimensión voluntaria. La familia moderna se funda en el matrimonio contraído por el libre consentimiento de los cónyuges (entra en escena el amor romántico), expresión de la libertad individual que introduce la sociedad burguesa. La libertad de que gozan sus miembros da a la familia una nueva dimensión espiritual, pero también la hace perecedera. Surge del consentimiento libre y dura mientras se mantenga, a más tardar, hasta que los hijos lleguen a la mayoría de edad y se establezcan por su cuenta, funden o no una nueva familia.

     

    El rasgo fundamental que define a la familia nuclear es que la actividad económica se realiza fuera de la órbita familiar, por lo general a cargo del marido, mientras que la mujer se consagra a las labores domésticas y al cuidado de los hijos. En cuanto los hijos llegan a adultos se desprenden de la familia para trabajar por su cuenta, con lo que se elimina el carácter impositivo que tuvo en el pasado. El equilibrio de la familia nuclear, siempre inestable en libertad, proviene ahora de los distintos roles que desempeñan los cónyuges. El que sea el varón, el que con su trabajo fuera de casa aporte los bienes necesarios para el mantenimiento de la familia le otorga una cierta preeminencia que aprovecha para conservar algunos de los atributos que tuvo el patriarca. Cuando a finales del siglo XIX el salario alcanza a alimentar a una familia -en la primera etapa del capitalismo industrial apenas llegaba para una boca, obligados a trabajar mujeres y niños-, la familia nuclear se generaliza. Pues bien, este modelo es el que se disuelve a gran velocidad en la sociedad capitalista avanzada.

     

    Si la sobrevivencia dependía en el pasado de estar vinculado a una familia, se comprende que el matrimonio se hubiese declarado indisoluble por mandato divino. Sólo los muy ricos y poderosos podían permitirse el lujo de anularlo. En cambio, si la familia ha dejado de ser una imposición económica y se constituye por el libre consentimiento de los contrayentes, podrá disolverse cuando éste falte. El divorcio es así consustancial con la familia nuclear moderna, basada en la libertad. Al Estado incumbe únicamente regular las secuelas económicas y las que se deriven de la educación de los hijos.

     

    En la sociedad capitalista avanzada ya son pocos los que se oponen al divorcio, cobijándose la mayor parte en el principio de que un precepto religioso obliga en conciencia sólo a los creyentes, por lo que no puede convertirse sin más en derecho positivo. Que el Estado imponga las normas de la Iglesia, como ocurrió en el pasado, constituye una tiranía insufrible, que, sin embargo, el catolicismo español, a diferencia del de otros países europeos, no está todavía dispuesto a reconocer como tal.

     

    A la familia moderna caracteriza el que las actividades económicas se realicen fuera de casa, pero aun así la división de roles entre los cónyuges permitía un cierto equilibrio inestable, eso sí, al precio de colocar a la mujer en una situación de dependencia. El factor que ha puesto en cuestión este tipo de familia nuclear fue que la mujer empezase también a trabajar en actividades profesionales que exigen cada vez mejor preparación. Hasta comienzos del siglo XX, a la mujer no la admitieron en la Universidad; hoy la mitad de los estudiantes son mujeres y la mayor parte de los que terminan la carrera. Con ahínco los varones se opusieron a que la mujer trabajase fuera de casa -se toleraba sólo en el caso deshonroso de que el marido no ganase lo suficiente- y sobre todo a que se preparase para ejercer una profesión cualificada. La mujer de clase media empezó trabajando de enfermera, maestra o secretaria, y hoy accede a todas las profesiones y posiciones, un proceso que, si bien está aún lejos de haber concluido, ha dado saltos de gigante en los últimos decenios.

     

    La integración laboral de la mujer es el factor decisivo en la disolución de la familia nuclear burguesa, al liberar a la mujer de la necesidad de casarse o, si lo hace, de verse sometida a la voluntad del marido. Recuerdo que en los años cincuenta, cuando consiguió un puesto de telefonista, una prima mía gritó entusiasmada "ahora me caso si quiero, y con quien quiera". Desde el momento en que la separación no conlleva para la mujer el alto costo económico y social que tuvo en el pasado, se fortalece su posición en la familia, al imponer al marido una relación más igualitaria. A la vez que se reconoce a la mujer el derecho a una vida personal y profesional propias, cesa la coerción de tener hijos únicamente dentro del matrimonio. No hay control de natalidad tan eficaz como la educación y el trabajo de la mujer fuera de casa.

     

    El matrimonio pasa de ser una imposición social a ser una opción entre otras. La vida de la soltera deja de ser el martirio que en el pasado fue la de la solterona sujeta a la ayuda familiar, ahora el casarse representa una alternativa entre otras. No se persigue ya socialmente a las uniones libres, ni se descalifica a los nacidos fuera del matrimonio. Haber suprimido la distinción jurídica entre hijos legítimos y naturales significó un golpe muy duro a la familia, pero no creo que nadie pretenda reintroducirla para recuperar su anterior vigencia. Desde el momento en que el matrimonio es un contrato para el Estado y ha dejado de ser una imposición económica para los individuos, constituye una opción entre otras. Que se amplíe el derecho a contraer matrimonio a todas las uniones personales que así lo decidan, homosexuales o heterosexuales, es un corolario obvio del principio de igualdad jurídica, que cuenta con un amplio consenso social, pero en ningún caso, como han pretendido los sectores más retrógrados, causa de la disolución de la familia.

     

    Llama la atención que los mismos que se rasgan las vestiduras ante la rápida disolución de la familia nuclear apoyen con todo fervor el factor social que conduce a este resultado, a saber, la individualización del proceso económico que impone el desarrollo del capitalismo, que no conoce más que productores y consumidores individuales, sea cual fuere su estado familiar. Los mismos que se indignan ante la disgregación de la familia no dejan de reconocer que no se puede prescindir del trabajo productivo de la mitad de la población, máxime cuando ha adquirido un alto nivel profesional. No cabe, como hace la derecha, cantar las loas del capitalismo y luego enfurecerse por sus consecuencias sociales.

     

    Harina de otro costal son los muchos problemas que, vinculados a la disolución del tipo de familia burguesa, surgen en la sociedad capitalista avanzada, como una natalidad a la baja y una educación cada vez más deficiente de los hijos. Pero plantearlos en profundidad obligaría a analizar críticamente el orden socioeconómico establecido.

     

    Ignacio Sotelo es catedrático de Sociología y autor de A vueltas con España.

     

                                                                                                   

                                                                                    

     

     

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